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17 octubre 2026

Breves: Bajo los árboles, donde nadie te ve - La consagración de la primavera, de Patrick Hovarth (Astiberri)

Ya he hablado aquí de mi dificultad por leer lo que Patrick Hovarth escribe (y dibuja). Ya comenté también mis impresiones de su anterior Bajo los árboles, donde nadie te ve, primera parte que ve aquí en La consagración de la primavera su continuación. No sé si se trata de una serie abierta, una serie limitada que el autor vio oportunidad de ir ampliando, si todo acabará con el "Fin" de este segundo tomo, o habrá un tercero. Pero yo sigo igual: con mi total imposibilidad por leer este cómic sin que asome mi más visceral rechazo al planteamiento de Hovarth de hacer protagonista a una asesina en serie, a relativizar (y banalizar) el mal absoluto y totalmente desprendido de la conciencia que representa.

Porque ya no es que en este segundo volumen la protagonista se salga con la suya, es que [spoiler] Samantha organiza una matanza de inocentes que escala de forma geométrica con cero consencuencias para ella. Sólo el pequeño viso de que Lewis, el hijo de una de las víctimas de la protagonista, pueda consumar una venganza en un tercer volumen me da la mínima luz para seguir leyendo esto. [fin del spoiler]

Si ése es el quid de la cuestión (retratar el mal por el mal, y darle carta de naturaleza como si cualquier otra cosa se tratara), si hay en el planteamiento de Hovarth algo de denuncia o crítica, o si lo que quiere es que como lector sienta una mezcla de indignación e impotencia por dar voz al mal y que siga leyendo para ver si, el algún momento, la protagonista recibirá su merecido, es algo que se me escapa. Lo siento, no puedo con este juego. Ni con el de las portadas alternativas que homenajean películas o carteles conocidos, todos con un ingrediente común: una violencia explícita y gratuita que nadie ha pedido y que me resulta repulsiva. Debo de estar haciéndome viejo.

14 octubre 2026

'L'Altre Empordà', de Toni Benages-Gallard i Ricard Martín Cortada (Finestres)


Horror folk a la Costa Brava. Així és com es presenta aquest còmic de Toni Benages-Gallard i Ricard Martín. A L'Altre Empordà, en Marc i la seva colla, com a bons jebis, decideixen anar de farra a un cementiri i, sense voler, posen en marxa forces que desconeixen. A partir d’aquí, s’iniciaran esdeveniments d'ultratomb que, encara que no vulguin, escaparan al seu control.

Jo no sé si l’etiqueta horror folk correspon exactament al que trobam aquí. És cert que el títol juga amb l’Alt Empordà per donar-nos una idea de les forces desconegudes amagades a aquest terra, propera i fins i tot anodina. Però la trama no deixa de ser una història de terror demoníac (i fins i tot un poc cthulhià), molt del gust dels anys vuitanta. Tot el còmic, de fet, respira aquest aire vintage, com de còmic d’El Víbora, tant pel que fa a la trama com a l’execució i la poca vergonya que demostra. El que sí que és més pròpiament horror folk és la capacitat d’acostar aquesta esfereïdora trama a un lloc proper i reconeixible com és l’Alt Empordà. I, en tot això, hi trobam referències interessants que el lector reconeixerà, des de Sangtraït fins al Vaquilla, passant per un curiós diàleg entre Dalí i Josep Pla.

Com a exercici de terror, L'Altre Empordà posa adolescents en moments clau de la seva vida com a personatges principals. És la sublimació d’aquest moment (el pas a la vida adulta, els dubtes i neguits provocats per les primeres experiències sexuals) la matèria primera de l’horror? De bon grat crec que mestres com Stephen King ens dirien que sí. Bon exercici de terror, doncs, tot i que, pel meu gust, la narrativa queda un poc atrapada en el llenguatge del còmic de fa unes dècades: tal vegada, la veu en off del narrador és una mica massa reiterativa respecte del que veim a les imatges i es podria estalviar qualque text.

En conclusió: voleu una lectura per a la Nit d’Ànimes que us demostri que a casa també es poden fer bones obres de terror? Aquí teniu L'Altre Empordà.

13 octubre 2026

'Jabalíes', de Lisa Blumen (Garbuix Books)


Jabalíes es un cómic de horror posmoderno, digno heredero de los presupuestos morales de las distopías de Black Mirror. Un infierno contemporáneo, rosa y cuqui, que bucea en las aguas más oscuras del mundo de los influencers. Y es que hay un círculo infernal especializado en esta rama de celebridades que viven para publicitar nuevos productos cosméticos, hacer morning routines en directo, homevlogs e ir a saraos pagados por las grandes marcas.

Y cuando he dicho horror, tal vez podría haber dicho más bien thriller, porque Jabalíes no tiene nada explícito, ningún desollamiento ni ninguna escena sumamente violenta (bueno, o tal vez sí). Pero lo que nos lleva al horror es el vacío y la superficialidad de la vida posmoderna, en la que el propio hecho de vivir se ha convertido, sencillamente, en publicitar y consumir.

Lo que espanta no son tanto las consecuencias de la fama del influencer (la pérdida de intimidad, los locos que puedan acosarlos —como en el triste caso real de la ilustradora Paula Bonet— o la presión constante por crear contenido), sino el desolador panorama que surge detrás: el abismo absoluto de la vacuidad, de la soledad, de la huida hacia delante que a menudo caracteriza a estas figuras públicas, dispuestas a inmolarse en el altar de una popularidad engañosa.

Todo esto viene envuelto en el buen hacer de Lisa Blumen, que, supongo que por su uso del rosa como color conductor del cómic, me hace pensar un poco en los cómics alienantes de Miguel Ángel Martín (Snuff, etc.), aunque Blumen me gusta más porque tiene una historia que contar y un personaje con el que empatizar.

Como reflexión final: Jabalíes es una fábula contemporánea en la que los elementos de terror los pone el turbocapitalismo que las pantallas nos vomitan constantemente. [Jabalíes también está disponible en catalán]

12 octubre 2026

'Astral Panic', de Katie Hicks (La Cúpula)


Gale es un chico con un gran talento para la ilustración, pero desgraciadamente, su talento social es nulo. Está enganchado a una gama de productos (Pura Pera) que prometen estabilidad emocional a través de consejos new age y productos de nutrición, pero su adicción a ellos indica que no están funcionando demasiado bien. Cuando Gale parecía que estaba en el pico de su ansiedad social, llega a su casa un nuevo compañero de piso que va a revolucionar su vida... ¿Para bien o para mal?

Astral Panic nos habla, sobre todo, de esa ansiedad social en un cómic con una estética rabiosamente siglo XXI. Katie Hicks, de la que no conocemos más obra larga que este cómic, ha trabajado sobre todo en ilustración. Su estilo parece nacer de la influencia que muchos autores jóvenes han recibido del legado de Pendleton Ward (Hora de Aventuras). Así, este dibujo tan redondeado y kawaii, de apagados colores pastel, parece tener un aire setentero, un deje manga, y un mucho de ese estilo que, a ratos, podemos ver también en Álvaro Ortiz, Anabel Colazo, Natasha Allegri... Os podréis hacer, así, una idea, de por dónde va Katie Hicks.

Astral Panic trata de manera amable, pero a la vez más cercana y realista, el que es su tema principal: la ansiedad y los problemas de relación social de personas introvertidas, que ven en esas interacciones una barrera que no son capaces de superar. También, asociado a este tema, está el de las promesas vacías de los productos comerciales, que buscan en la filosofía barata de la autoayuda el gancho para seguir lucrándose de quien más lo necesita. Y lo hace con una historia que es ciertamente algo trillada: persona introvertida ve su mundo puesto patas arriba por nuevo personaje totalmente distinto a ella. De esta unión tan improbable surge la amistad y un protagonista en vías de "mejorar" de lo suyo. Porque lo que más me ha gustado de Astral Panic es su franqueza. No hay recetas fáciles para alguien asocial. No hay Pura Pera que valga. Ni gurús, ni terapeutas. Hay mucho trabajo personal para, quizá, con mucha suerte, mejorar un poquito en algún aspecto de la vida. Y esto es lo que ocurre en Astral Panic. Por eso me parece creíble, y por ende, cercano y puedo empatizar (porque, por lo demás, son situaciones concretas que se escapan mucho, cada vez más, de mi experiencia personal). 

Yo veo Astral Panic como un producto muy de la época en la que vivimos, y no lo digo como cosa mala. Es la obra de una nueva autora pujante, con una temática actual, con una estética actual. Una obra que lidia con la salud mental y que puede ser una buena lectura desde jóvenes adultos en adelante, que verán aquí  representada su manera de ver el mundo.  

14 septiembre 2026

'Los gatos del Louvre', de Taiyo Matsumoto (Planeta)

 

En lo más recóndito de las buhardillas del Louvre vive una colonia de gatos. Desde que se tiene memoria, cuando el museo era un castillo, los gatos han habitado el lugar y convivido con los humanos. Entre ellos está Copo de Nieve, un pequeño gatito que parece haber quedado hechizado por la magia pictórica del museo: ha dejado de crecer y puede internarse a placer dentro de los cuadros de la galería. Y junto a esta colonia secreta de felinos, conoceremos a Cecile, una de las guías del museo, a Patrick, uno de los guardias, y a Marcel, el misterioso bedel que ha trabajado desde siempre en el museo, que custodia un extraño secreto.

Planeta recupera este mes Los gatos del Louvre, que antaño publicara en su momento ECC. ¿Conocéis a este autor? Porque el arte de Taiyō Matsumoto es simplemente espectacular. Ciertamente, Matsumoto es el menos mangaka de los mangakas que conozco. Lo descubrí en El samurái que vendió su alma (2006-2010) y me hechizó. Más tarde localicé algunas de sus primeras obras publicadas en español, Tekkonkinkreet (2008) y Sunny (publicada con posteridad en 2015, un manga que se inspiraba en su experiencia de niño acogido en un orfanato), y, aunque no me llamaron la atención en lo temático, estilísticamente ya apuntaban las maneras experimentales del autor. El samurái que vendió su alma ya era un manga que no parecía un manga, y en Los gatos del Louvre, encontramos al Matsumoto más europeo, nunca mejor dicho.

En 1986, cuando tenía 18 años, Matsumoto realizó un viaje a Francia que le resultaría de gran importancia en su carrera. Treinta años después, veía la luz este manga, una obra producida en colaboración con Musée du Louvre Éditions. Matsumoto nunca ha olvidado su influencia europea y esa visita parisina. Se nota, sobre todo, en el detalle de cómo reproduce los cuadros del Louvre, en cómo pone toda su atención en la arquitectura del museo (el autor hace un minucioso esfuerzo por recrear los alrededores y el contenido del Louvre). Pero, además, entre sus influencias declaradas se encuentran artistas europeos como Miguelanxo Prado, Moebius o Enki Bilal. Y efectivamente, en Los gatos del Louvre, creo que se pueden adivinar las líneas de Picasso, ¡las figuras estilizadas del Greco!, o las composiciones de mangakas clásicos como Shotaro Ishinomori, especialmente cuando Matsumoto retrata la cuadrilla de gatos del Louvre, que tienen la virtud de verse antropomorfizados cuando no hay seres humanos a su alrededor. Esta última característica debería ponernos sobre aviso de la manera que tiene encarar el mangaka la obra: la realidad se diluye en la ficción (el arte), especialmente con el planteamiento dual que hace Matsumoto entre el Louvre de día (el espacio de Cécile y el resto de seres humanos) y el de noche (posesión de los gatos, pero también de las obras de arte que habitan el museo). Y eso nos lleva a lo que el autor quiere contarnos.

Con Los gatos del Louvre, Matsumoto ganó su segundo Eisner. Y no es de extrañar para una historia de impecable y personalísima factura gráfica cuyo concepto gira, sobre todo, en torno a la mortalidad. La banda de gatos parecen habitar el museo desde tiempos inmemoriales: ellos mismos trascienden el tiempo, han estado ahí siempre. Pero es que, además, el propio Louvre actúa como ese testimonio de la inmortalidad del ser humano a través del arte: como esos gatos, el arte es eterno. Y aún más cuando Matsumoto explora el recuerdo, la infancia y la mortalidad en el personaje de Arrieta, la hermana perdida de Marcel. Ese recordatorio de la mortalidad, como tema (“el” tema) del arte, impregna todo el libro, desde el cuadro inicial que vemos (El cortejo fúnebre del Amor, de Antoine Charon) y un reloj detenido, a las pistas que nos van dando los personajes, como Copo de Nieve, eternamente joven como Arrieta, por su capacidad de introducirse en los cuadros, o ese fascinante y reflexivo personaje secundario de la araña que dialoga frecuentemente con el joven gato protagonista. Sabemos que los japoneses son muy fans de los mangas sobre gatos. Pero éste es diferente. No debería pasar desapercibido: Matsumoto eleva la propuesta a algo que trasciende un género aparentemente kawaii.

[Texto escrito para la revista Fórum] 

09 septiembre 2026

'Cello Song', de Jason (Astiberri)

Siempre que se edita una nueva obra de Jason ardo en deseos de ver qué ha armado. Pocos autores de cómic consiguen combinar de una forma tan particular la melancolía con la ironía y una apariencia gráfica sencilla con una enorme intensidad emocional como John Arne Sæterøy, conocido artísticamente como Jason. Nacido en Noruega en 1965, este autor ha construido a lo largo de su trayectoria un universo propio, reconocible a primera vista tanto por su particular estilo de dibujo como por su peculiar forma de contar historias.  

Una de las principales señas de identidad de su obra es su apartado gráfico. Sus protagonistas son animales antropomórficos representados mediante trazos precisos y depurados, deudores de la línea clara franco-belga, aunque eliminando cualquier elemento ornamental innecesario. Los rostros apenas muestran emociones, las figuras mantienen una actitud rígida y el color, cuando aparece, suele emplearse con gran moderación. Todo ello crea una apariencia distante y contenida que, de manera paradójica, consigue potenciar el impacto sentimental de sus historias. Jason utiliza esta simplicidad visual como una herramienta narrativa: detrás de unas imágenes aparentemente frías se esconden personajes y situaciones cargados de sentimientos.

En cuanto a los temas, la obra de Jason recorre territorios muy diversos, aunque existen determinadas preocupaciones que aparecen una y otra vez. La pérdida amorosa, el aislamiento, la fugacidad del tiempo, la muerte, el sinsentido de la vida y la añoranza por aquello que ya quedó atrás forman parte habitual de sus relatos. Esto puede comprobarse en su última obra, Cello Song, una novela gráfica que aborda la vida del músico Nick Drake. 

Nick Drake fue sin duda un tipo extraño. Hoy seguramente habría sido diagnosticado con algún tipo de trastorno del espectro autista, porque no pueden explicarse algunos de sus comportamientos de otra forma. Músico excepcionalmente dotado, publicó en vida tres largos maravillosos antes de dejarse morir con 26 años. No ayudó su actitud ante el márqueting de su propia música (no quería entrevistas, no sabía cómo interactuar con el público, tenía muy claras sus ideas respecto a cómo quería grabar sus canciones). Todo ellos hizo que su éxito en vida fuera nulo. Como un John Kennedy Toole, salvando las distancias, Drake fue retirándose del mundo, un mundo que de todas maneras no parecía interesarle. Años después de su muerte vendría el reconocimiento y el estatus de músico de culto. Siempre demasiado tarde.

Todo esto (el descubrimiento del músico, su firma con una discográfica, la lucha constante entre su visión de autor y la necesidad de vender, su deriva mental, su amargo final) es lo que Jason cuenta en Cello Song, ajustándose bastante a lo que sabemos de la biografía del músico. Su estilo, que antes esbozábamos, es ideal para contar esta historia de aislamiento, con soluciones gráficas muy bien halladas por parte de Jason para mostrar esa desconexión entre Drake y el mundo. 

Confieso que no había escuchado con atención la música de Nick Drake hasta el momento. Me sonaba su nombre, pero me faltaba contexto. Este cómic me ha descubierto la música de este ser tan especial. He de decir que seguramente si no hubiera tenido cierto bagaje en la música folk, neofolk, Leonard Cohen, etc., su música no me hubiera impactado de la manera que lo ha hecho. Pero debo a Jason el haberme enamorado de Five Leaves Left y de Pink Moon, dos álbums descarnados, de instrumentación íntima, donde aparece el Nick Drake más auténtico. Muy buena lectura.

31 agosto 2026

'Dos personas', de Teresa Ferreiro (La Cúpula)


Teresa Ferreiro, en su debut en la novela gráfica con Dos personas, demuestra que cualquier vida es digna de ser contada. Pero para que resulte una historia interesante, no basta sólo con una historia, sino en cómo es contada. Y eso es lo que precisamente consigue Teresa Ferreiro. 

Sin más ni más que la biografía de sus padres, una especie de Vidas paralelas de Plutarco, pero de andar por casa. Primero su padre José Manuel y luego su madre Teresa. La juventud de su padre, su paso por la mili, su años estando embarcado... Por su parte, su madre, que al principio de la obra dice no tener nada interesante que contar, se revela tanto o más reveladora que la biografía paternal, sobre todo en sus viajes en autoestop por la España de los 70/80, un periplo que para dos mujeres solos tenía mucho mérito (y si no, que se lo digan a Ulli Lust en Hoy es el último día del resto de tu vida). 

Ferreiro sorprende con un costumbrismo en un estilo que mezcla la línea barroca en blanco y negro de Robert Crumb con una formación estética más emparentada con el manga. Quizá su único defecto sea abusar de las cajas de texto cuando siente la necesidad de no obviar la información que quiere contar. 

En Dos personas, la autora ha sabido extraer de estos dos ejemplos de microhistoria el germen de toda buena historia.  Ferreiro no juzga ni siquiera apunta nada como narradora: simplemente da la voz a sus padres. Además, de forma muy inteligente, Ferreiro termina la historia cuando ambos personajes inician su relación, retratando así a sus padres como individuos completos antes de embarcarse en la paternidad (y en su resultado, que sería ella misma). Los anhelos, los miedos, las tragedias íntimas de quienes luego serán "los padres de..." son el tema principal de la obra, que no es más que la vida explicándose a sí misma.  Un muy buen tebeo que fue seleccionado entre los 30 esenciales de ACDCómic del primer trimestre de 2026. 

30 agosto 2026

'Historias de la guerra: Castillos en el cielo', de Garth Ennis y Matt Martin (Aleta)

 

 Garth Ennis, aparte de su faceta gamberra, cultivada en Predicador, Hitman o algunas de sus incursiones en Punisher, ha sabido labrarse un nombre de gran guionista, sobre todo al tratar temáticas bélicas. Sus series Battlefields y War Stories (Historias de la guerra en nuestro país) han demostrado cómo el interés que despierta al irlandés el tema bélico ha logrado sacar lo mejor de él, para escribir historias desgarradoras y crudas (sin duda, marca de la casa Ennis), pero basadas -o al menos inspiradas- en hechos reales. Aquí no se ensalzan las historias militares, esto no es un número añejo de Hazañas bélicas. La guerra es sucia, incoherente y sinsentido. Quienes se ven involucrados en ella pasan por un verdadero infierno. Y quizá el verdadero infierno es psicológico: la lucha por mantener la cordura cuando has visto y cometido todo tipo de atrocidades.

En esta nueva serie perteneciente a Historias de la guerra, titulada Castillos en el cielo (que recopila los primeros tres números de la serie), Ennis deja a la infantería y nos lleva a las tensas e imprevisibles batallas aéreas en la II Guerra Mundial, con el testimonio de aguerridos pilotos manejando verdaderas fortalezas volantes. Hemos visto muchas veces la épica de los pilotos de aviación, de las fortalezas volantes, de los B-17 "la reina de los cielos", pero había que ser muy aguerrido para montar dentro de un gigantesco armatoste que era un blanco perfecto en el cielo. Esto es lo que nos retrata este volumen de War Stories: la fragilidad de aquella lucha, en la que cuando despegabas nunca sabías si ese vuelo sería el último. Esa fragilidad es la que vuelve cínicos y/o vividores  a los pilotos, que ya no encontrarán jamás reposo ni en el aire ni en tierra.

En este primer tomo, el dibujante que acompaña a Ennis es Matt Martin, que recuerda en cierta forma a Tim Sale,  que se muestra algo irregular salvo en la reproducción de los aviones. No me acaba de convencer, pero por lo demás, está en la media de los dibujantes que suele tener Avatar Press. 

El Ennis bélico es siempre doloroso. Se encarga de recordarnos, casi a cada página, de un bofetazo en la cara, que no hay épica en la muerte, que la seguridad de la aniquilación es la que abre las conciencias del hombre, y que sin embargo en las horas más oscuras del ser humano brillan débiles rayos de luz que marcan precisamente su humanidad.

16 agosto 2026

[Retrorreseña] 'Paul en el norte', de Michel Rabagliati (Astiberri, 2016)


[Recupero esta reseña de 2016 que estaba en Librosyliteratura.es, web que ya ha cerrado y ha sido sustituida por una casa de apuestas]

Cada vez que sale un nuevo tomo de las aventuras de Paul, de Michel Rabagliati, sus seguidores le hacemos una ola. Este autor de Montreal ha conseguido, durante los casi dieciocho años que lleva unido a su personaje, congregar a un círculo de lectores muy fieles que aprecian su talante como autor costumbrista. Rabagliati es un autor que nunca se ha distanciado del género slice of life y ha creado un alter ego que ha capturado distintos momentos, tanto de la vida personal como de toda una época.

Paul en el norte es la séptima entrega en castellano de las vivencias de Paul. Rabagliati no las ha publicado en un orden cronológico, sino que ha atendido más bien a razones sentimentales. En esta ocasión, nos trasladamos a 1976. Paul es un adolescente y su única aspiración es conseguir dinero para comprar se una moto. Ese ese momento en el que Paul, que se ha mudado recientemente de barrio, empieza a alejarse de sus padres, su hermana se va de casa y hace nuevos amigos. Precisamente el conocer a Marc, un nuevo compañero de instituto, hará que Paul salga definitivamente de su infancia para convertirse realmente en un adolescente. Le esperan verdaderos ritos de paso, en un verano inolvidable por los juegos olímpicos que su ciudad natal organizaba aquel año.

En esa puerta de entrada a la madurez colaborará también su tío, esa figura entre paternal y díscola que le proporcionará sus primeros trabajos pero también sus primeros placeres como adulto: la bebida, el tabaco y las primeras experiencias más cercanas al otro sexo.

En Paul en el norte podemos decir que nuestro protagonista va haciéndose adulto: no sólo por aquellas experiencias que terminan por despertarle de su inocencia infantil (como el conductor que le propone veladamente un encuentro sexual cuando hace autoestop), sino también por el gran tema de este volumen: el descubrimiento del amor. Paul se enamora locamente, como sólo hacemos en la adolescencia, y repite, sin siquiera saberlo, cada estereotipo del primer amor. Rabagliati es consciente de ello, y una de las cosas que mejor se le dan es poder ver los hechos con una distancia que permite algo más de objetividad. El retrato de Paul es cariñoso, pero no exento de ironía. Nos vemos reflejados en Paul y eso es precisamente el gran mérito de Rabagliati.

A pesar de llevar ya casi veinte años con su saga, nuestro autor apenas ha modificado su estilo, un trazo limpio y sinuoso que nos recuerda a los caricaturistas americanos de los años 50 y 60. La única novedad que al respecto ofrece este tomo es la inclusión de unas páginas en un color muy vistoso, cuya intencionalidad está justificada dentro de la historia.

Paul en el norte es una invitación a rememorar esos años de adolescencia en las que hicimos cosas que hoy nos parecen absurdas. Una evocación nostálgica pero alegre, con un humor natural, sin estridencias: el que encierran las escenas cotidianas. Acercaos a Paul y acompañadle en sus descubrimientos, caminad hacia el norte con él. Si no lo conocéis, es, como cualquiera de sus volúmenes, una excelente manera de empezar. Y si, como yo, lo sentís ya como un amigo, os encantará volver a saber de él.

15 agosto 2026

'Anatomía de un esqueleto', de Pep Brocal (Astiberri)


Un dibujante de cómics muere arrollado en el metro en extrañas circunstancias. Una vez en el limbo y convertido en ectoplasma, la Muerte va a buscarlo para acompañarlo al hades, pero él se resiste y le explica que no le va bien morirse ahora que justamente tenía un maravilloso proyecto de cómic de 256 páginas que guarda bajo llave en un cajón de su estudio, pendiente de publicar. Con este argumento de película ligera de sobremesa, y que tantas veces hemos visto repetida, Pep Brocal monta en Anatomía de un esqueleto un cómic con un fondo de la Divina Comedia de Dante con formas de los tebeos de Bruguera. 

En Anatomía de un esqueleto tenemos aventura paranormal, tenemos caso detectivesco, inquietantes y minimalistas encuentros filosóficos con la muerte al estilo Max, parodia superheroica, grupos sectarios tintinescos, y en todo ello, una corrosiva crítica al mundo editorial, especialmente al de los cómics, donde burla burlando, Brocal se ríe de las miserias de autores, editores y arribistas en el panorama del cómic patrio. Todo ello con el habitual estilo de línea clara propia que caracteriza a Pep Brocal, formado en sus primeros años en las revistas Comix Internacional, Totem y Zona 84 

Pep Brocal, como Max, tiene un pie bien firme en la tradición del cómic y otro en la vanguardia, lo que le permite el conocimiento perfecto para experimentar y fusionar ambas tendencias en un cómic sumamente inteligente. Es un autor de una extraordinaria cultura (o quizá la que era habitual hace unas décadas, y ahora nos parece fuera de lo normal), y no tiene problemas para mezclar alta y baja cultura en sus cómics, porque, como entendió el propio Max o el poeta y teórico del cómic Luis Alberto de Cuenca, en realidad no existe tal diferenciación: un lugar donde Kafka y Munch y Kirby y Hergé puedan ir de la mano sin problema.  Todo esto no es nuevo: Brocal lo demuestra a cada cómic que hace, especialmente en la trilogía que conforman Cosmonauta, Inframundo y ahora este Anatomía de un esqueleto.

En definitiva, otro tebeardo de Pep Brocal, uno de los mejores de 2026. [Anatomía de un esqueleto ha estado también presente en la selección de los Esenciales ACDCómic 2026]  

14 agosto 2026

'El bosque de Oreka', de Paco Sordo (Astiberri)


Paco Sordo es otro de los grandes nombres del cómic español. Con El pacto, una deliciosa obra que homenajeaba la época Bruguera al mismo tiempo que le servía como campo de juego para jugar con su sintaxis, nuestro autor se hizo con el Premio Nacional de Cómic 2022. Además de haber colaborado con El Jueves, Sordo se ha enfocado en el cómic infantil-juvenil. Y con su nueva serie, El bosque de Oreka, ha dado con la fórmula para obtener el que quizá es el mejor cómic LIJ del año.

En El bosque de Oreka 1: Una larga noche, la protagonista, Hannah, una niña de ciudad, va a pasar el verano con su abuelo en el bosque. Lo que no sabe es que no es un guarda forestal cualquier ni el bosque tampoco es lo que parece: ¡los animales hablan! ¡hay un poblado de gnomos! Y en todo esto, parece que el Espíritu del Bosque, que una vez protegió a la familia de su abuelo, ahora no la quiere allí. Hannah deberá averiguar qué ocurre en el bosque de Oreka.

A Paco Sordo se le da muy bien esto del cómic infantil. Grandes viñetas, personajes expresivos, mucho humor y muy divertido (¡caracoles vampiro!, ¡lobos que discuten sobre recetas de cocina!), y aventuras morrocotudas.  Destaco de este cómic la visión de las relaciones familiares, el entrañable abuelo y su historia de fondo, el fantástico humor que destilan los diálogos con los animales y las criaturas del bosque, los golpes de imaginación (el cerdinfinito, el cuervo sacaojos), pero sobre todo, el hecho de que este volumen sea sólo la primera entrega de una serie que continuará. Una lectura obligatoria y uno de los cómics del año. Si esto no os ha convecido, mi hija de siete años lo hará: "¡Papá, este me ha gustado mucho, no lo dones a la biblioteca!" [El bosque de Oreka ha estado también presente en la selección de los Esenciales ACDCómic 2026] 

 

12 agosto 2026

'El vecino 4', de Santiago García y Pepo Pérez (Astiberri)


[Atención: esta reseña puede contener spóilers graves] Cuando Santiago García y Pepo Pérez iniciaron El vecino (ver post relacionado aquí), su idea era recrear el tropo del superhéroe y su identidad secreta en clave personal, y de ahí tuvimos los tres primeros volúmenes, que aparecieron entre 2004 y 2019, más otro volumen de historias cortas. Siete años más tarde, el tándem nos sorprende con un cuarto volumen (¿final?), en formato apaisado, de la historia de Javier alias Titán, y su vecino funcionario José Ramón.

Curioso, muy curioso este cuarto volumen. Hace tiempo que leí las recopilaciones de Astiberri, pero creo que éste rompe un poco la dinámica de los demás. Si los dos volúmenes anteriores era una demostración de que el género de superhéroes es más bien un medio, una herramienta con la que contar todo tipo de historias, y aprovechaba para el desarrollo de tramas relacionadas con los personajes, en esta entrega García y Pérez se centran no tanto en la historia que cuentan, como en la gramática del género de superhéroes y su intención de (re)pensarla al mismo tiempo que juegan con ella.

Esto es: en primer lugar, el formato apaisado. Creo que es una decisión estética muy meditada que busca poner énfasis en lo visual. Otro tanto para las planificaciones de página: muchas veces nos encontraremos con splash-pages, páginas de 2, ¡y hasta de cuatro cuerpos (desplegados)!, como hemos visto en momentos puntuales de obras de Grant Morrison o Frank Miller. Precisamente Frank Miller es la referencia obligada en este volumen. García y Pérez (sobre todo este último, que lo ha estudiado a fondo y ha publicado artículos académicos e incluso su tesis doctoral sobre el autor) conocen perfectamente los recursos del creador de Sin City, y aquí se vuelcan en un cómic que tiene mucho de homenaje y algo de usar sus herramientas en la misma dirección que Miller en, sobre todo, DK2 y DK3. 

En su rocambolesca historia de facciones malignas que convergen todas en un mismo punto de la ciudad, muy al estilo Stan Lee/Jack Kirby, esta entrega de El vecino  creo que busca la reflexión sobre los límites del género de superhéroes, y en sus convenciones llevadas al extremo. En lo que respecta a los límites de lo explícito: el género nos tiene acostumbrados a un gran nivel de violencia, pero no (al menos hasta las relecturas modernas del género) a sus consecuencias: no sólo a un nivel simpático, como el taxista que se queja de la destrucción de su taxi (y la posterior secuencia homenaje a los cómics Bruguera), sino que también tenemos amputaciones, golpes salvajes y muertes ultraviolentas. También en cuanto a lo que no es meramente violencia: Lamia bajándose la ropa y orinando en la cara de su agonizante enemigo. Otro tema que explora: nuestras tragaderas en lo que respecta al "deus ex machina", como con la llegada del Fantasma Azul para acabar con Lamia. 

Habría muchísimo que decir de El vecino 4. No ya sobre la historia que cuenta, que como hemos dicho es una aventura en la vena más clásica del género, sino en cómo se usa ese incipit para subvertirlo y convertirlo en un viaje en el que lo visual es la clave. El uso del color estridente, de las onomatopeyas que gritan, de los cambios súbitos de registro en el dibujo, de las elipsis algo más abiertas de lo habitual en el género... En el DK2 y DK3, Frank Miller demostró a los lectores que los cánones visuales del género podían ser subvertidos. Aquí pasa algo parecido. Siguiendo su estela (por eso decíamos que la deuda con Miller aquí es obvia), El vecino 4 es un cómic de superhéroes que no se toma en serio a sí mismo, con humor negro, secuencias de color y planificación sesentera, o la tranquilización final de un Titán fuera de sí... a base de sexo. Una gran aportación a la serie de García y Pérez.

 [El vecino 4 ha estado también presente en la selección de los Esenciales ACDCómic 2026] 

11 agosto 2026

'Armada de locura: Leonora Carrington, la última surrealista', de Mary M. y Bryan Talbot (La Cúpula)


El matrimonio Talbot ha enfocado su trabajo de los últimos años en rescatar historias de mujeres. Lo hizo con Sally Heathcote, sufragista, una pionera en la lucha del voto femenino; con La virgen roja (la vida de Louise Michel, una de las protagonistas de la comuna de París), y con La niña de sus ojos (donde se explora la biografía del padre de la autora y la de Lucia Joyce, la hija del escritor James Joyce). La última de sus colaboraciones, Armada de locura, se centra en la vida de la pintora surrealista Leonora Carrington, una biografía cuyo eje principal son el libro Memorias de abajo (Alpha Decay, 2017, traducción de Francisco Torres Oliver), donde la autora cuenta

Los Talbot siempre tienen una extraordinaria capacidad de encontrar personajes femeninos ricos en matices y dignos de rescatar de la intrahistoria. El caso de Leonora Carrington, nombre que a menudo se obvia cuando se habla de las auténticas vanguardias artísticas de entreguerras, es uno de ellos. De recibir una educación privilegiada en Inglaterra a vivir la vanguardia parisina de los años treinta, donde se fraguaría una apasionada relación sentimental con el artista Max Ernst, hasta su retiro final en México, Leonora Carrington vivió en primera persona algunas de las situaciones más complicadas de la historia del siglo XX en Europa: el advenimiento de la guerra en Europa y la guerra civil española. Leonora tuvo una tumultuosa vida en la que hubo de huir a España, fue internada en un manicomio de Santander, sufrió varios episodios psicóticos que marcarían su vida y, para más inri, fue víctima de una espantosa violación cuyas consecuencias resonarían para siempre en su cabeza.  

Por este fresco que es una verdadera muestra del siglo XX pasan artistas como el mencionado Ernst, Picasso, Remedios Varo, Dalí, Lee Miller... Tanto la historia, como el guion y la paleta de colores utilizada por la pareja Talbot demuestra un profundo conocimiento de la obra pictórica y literaria de la Leonora. El propio surrealismo en el que se vio envuelta Carrington da la clave a los Talbot para reinterpretar sus pasajes más oscuros. Aunque hay que decir también una cosa: hay tanto por contar, y tan interesante (imprescindible la lectura de las notas finales, con las referencias bibliográficas a todo lo que se desribe en el cómic), que a veces los autores se ven obligados a hacer elipsis, en mi opinión, demasiado extremas (quizá de no ser así, el cómic hubiera tenido el doble de extensión). Pero eso no es algo que lastre la obra. Muy acertadamente, Mary Talbot sabe prescindir de grandes bloques de texto que dirijan la narrativa, y son los personajes y sus acciones los que la hacen avanzar. De manera que Armada de locura es una obra que se lee de forma muy amena. Una nueva adición a esas biografías de mujeres que apuntábamos al principio que vale mucho la pena, sobre un personaje que también vale la pena recuperar. 

10 agosto 2026

'Space Scouts', de Matt Kindt y David Rubín (Astiberri)


El tándem Matt Kindt lleva tiempo colaborando juntos: primero fue Ether y tras ello Cosmic Detective, dos cómics que se entregaban a una ciencia-ficción llena de acción, casi al servicio del insultante talento de Rubín. Ahora llega la edición española de la tercera colaboración de esta pareja: Space Scouts, una nueva obra cerrada que Astiberri publica en gran formato.

En Space Scouts conoceremos el concurso galáctico homónimo, donde centenares de jóvenes se enfrentan a unas pruebas físicas y mentales excepcionales para ganar el privilegio de convertirse en Space Scout, los protectores de élite de los Planetas Unidos. Unos lo hacen por la fama, otros por sus ideales y otros pensando en sus planetas natales, que ganarán una importante suma de dinero. 

Así pues, una joven Ember, procedente de un modesto planeta agrícola al estilo de Tatooine, recibe la noticia de que ha sido seleccionada. No es lo que ella haría, pero la presión que siente por no fallarle a su planeta es muy grande. Contrariamente a lo que ella querría, va avanzando en la competición hasta llegar a lo más alto... y desvelar cuál es el destino real de los Space Scouts.

Matt Kindt entrega una nueva obra de ciencia-ficción clásica, de aventura y un personaje que recorre el camino trágico del héroe. Sus influencias claras son todo el género de "concursos de supervivencia" (Perseguido, Battle Royale... o como referencia más moderna, El juego del calamar), con algunos préstamos de El juego de Ender y Starship Troopers. No puedo decir que sea la obra más original que he leído en este sentido, pero mantiene la intriga durante toda la serie. 

Space Scouts tiene, narrativamente, una serie de decisiones arriesgadas por parte de Kindt: le dedica mucho espacio a la construcción de personajes (el equipo de personajes que se enfrentará en el concurso - personajes que luego serán aniquilados muy rápidamente), pero luego, a veces, la historia parece acelerarse sin motivo aparente (como en la última parte del concurso, o el final de la obra). Quizá la causa de ello es la división en tres capítulos de la obra. Me da la impresión de que la resolución es muy rápida y algo descompensada en el conjunto general. 

En lo tocante a lo visual, tenemos a David Rubín en estado de excepción. Las composiciones abiertas de página, el maravilloso trabajo de color desbordante a cada página, la imaginería visual que despliega, las escenas de acción ilustradas de forma soberbia y brutal, no exentas de escenas escabrosas... hasta detalles tan nimios como la separación "volcánica" de las viñetas en la presentación de Krystal, o la que hacen las propias patas de Aye-Aye en su flashback... o ese personaje sospechosamente parecido a Frank Miller. Todo el conjunto, desde la portada a la separación de capítulos, es una maravilla para la vista. 

Completa el tomo una serie de portadas originales USA y alternativas, unos dossieres sobre los principales personajes y el estudio de personajes de Rubín.  En suma: obra de género que los amantes de la ciencia-ficción disfrutarán, mucho más si, además, aprecian el dibujo de uno de nuestros dibujantes más internacionales. 

08 agosto 2026

'Meseta', de Luis Bustos (Astiberri)


Meseta nos lleva a un road trip cañí. En medio de la noche y en un país en situación excepcional, tres desconocidos, cada uno con una intención diferente, se reúnen para compartir una especie de cabify que cruce la Península... El primer problema será evitar los controles policiales de las autovías... Pero eso será sólo el principio de una noche infernal.

Luis Bustos, que ha colaborado frecuentemente con guionistas como David Muñoz (Rayos y centellas, Residuos) o la pentalogía llevada a la gran pantalla ¡García! (con Santiago García). Pero como autor completo tiene auténticas joyas: sin ir más lejos, Endurance, su versión de la historia de la expedición de Shackleton (reseña aquí), o Versus, sobre un texto de Jack London (reseña aquí). Y ahora se añade este Meseta, este road cómic que es a la vez cómic de acción, película de terror setentera y alegoría de una sociedad donde actualmente la extrema derecha avanza sin freno. 

Aquí encontraremos al Bustos más Bustos, y sin embargo, podemos apreciar en su dibujo desbocado su amor por Kirby, por Ditko, pero también por el manga (¿apocalipsis final al estilo Otomo? ¡compro!). El autor se ha puesto a prueba, al igual que sus protagonistas en este tour de force completamente oscuro, trazando los visos de una España en toque de queda, la España mesetaria de los locales de alterne de carretera, los olivares vacíos y las ruinas de iglesias ocupadas por algo mucho peor que los temidos okupas. Una aventura vibrante, que se lee de una tacada y que se disfruta de principio a fin.

07 agosto 2026

'Cuestión de suerte', de Cécily de Villepoix (Garbuix Books)


Garbuix Books está armando un catálogo de cómics realmente maravilloso, que alterna novela gráfica costumbrista o reinvidicativa, con multitud de cómic-ensayo o cómic divulgativo de clara vocación pedagógica sin olvidar que estamos ante un medio fundamentalmente de entretenimiento. En este sentido, ediciones como La espera, de Mario Trigo (aquí reseñada), La mujer como lo humano, de Ulli Lust, Historia del arte femeninio, o Cómo los ricos saquean el planeta (aquí) se revelan como título muy necesarios para la sociedad de hoy.

Otro acierto más de Garbuix Books, así pues: Cuestión de suerte, de Cécily de Villepoix. Un cómic dedicado no sólo a los descubrimientos científicos, sino también a la historia que llevó a ellos o las trabas que encontraron por el camino. 

He de empezar con una pequeña crítica constructiva: el título, Cuestión de suerte (matiz presente ya en el original Au petit bonheur la science, "la ciencia de manera improvisada"), parece incidir en la serendipia que llevó a algunos de los grandes descubrimientos de la ciencia. No nos quedemos en la anécdota: si en la ciencia moderna se llegó a los resultados a que se llegaron, fue porque los científicos estaban trabajando en esa dirección y un suceso inesperado consiguió encajar las piezas. En absoluto debemos tener el pensamiento simplista de que, por ejemlpo, Edison estaba durmiendo debajo de un árbol, le cayó una manzana en la cabeza, y ¡eureka!, he aquí la teoría de la gravedad.

En Cuestión de suerte, encontramos una primera sección de casualidades en el camino de la ciencia (el descubrimiento de la anestesia, la radioactividad), pero precisamente la autora se ocupa de darnos contexto suficiente para que entendamos los precedentes (¿no se había hecho ciencia hasta el siglo XVIII? ¡falso! Lo que no tenían era método científico), y sobre todo, los obstáculos, reticencias, incluso luchas personales por los que muchos descubrimientos pasaron.

Pero el título tampoco hace justicia al resto de secciones del cómic, porque nos encontramos otros tres capítulos, agrupados por temas: la ética y la moral relacionados con la ciencia (el descubrimiento del LSD, la bomba atómica...),  la importancia de los sesgos machistas en la medicina (el avance de la ginecología, la historai de los tests de embarazos...) y finalmente la práctica de disciplinas pseudocientíficas y su historia (hipnosis, homeopatía, pensamiento positivo). Especialmente interesante me parece este último capítulo, dedicado a desmontar falacias y chiringuitos que a día de hoy tienen en las redes sociales campos más que abonados para que piquen los tontos. Personalmente no había leído nada más contextualizado y razonado que "La formula mágica", cuando la autora se dedica a desmontar  el cuento de la atracción del pensamiento positivo, El secreto y otras supercherías de ese tipo. 

De Villepoix (ayudada por otros escritores en tres de las doce historias del volumen) sabe utilizar muy bien los resortes del cómic para hacer de esta una lectura didáctica pero amena. El dibujo es funcional y poco vistoso. Cierto que a veces abusa un poco del texto  (en el género documental, es algo que es difícil de rehuir), y que en algunos conceptos más complejos se hace más difícil de entender -cuando explica la estructura del átomo, por ejemplo-, pero con todo el balance final es más que positivo. Es más, considero que por su tono, tipo de lenguaje y estilo divulgativo, sería una lectura óptima en cualquier asignatura de ciencias en la ESO o Bachillerato. 

30 julio 2026

'Tedward', de Josh Pettinger (La Cúpula)


Hace ahora prácticamente un año que reseñé Goiter, el anterior cómic de Josh Pettinger, y ya entonces, reflexionaba sobre la dificultad para hacerlo. Ahora, con Tedward, me ocurre lo mismo. Pettinger teje en estas historias protagonizadas por Tedward, una especie de incel de peinado inverosímil, una especie de émulo de los perdedores de Daniel Clowes, en un extraño universo que apela a la estética de los años 50 con situaciones inverosímiles y extremas que nos recuerdan por qué estamos mezclando mainstream con underground. 

Tedward, abandonado por su novia sin motivo, limpiador de semen en orgías de alto copete, asesino por accidente, recaudador de alquiler de televisiones, concursante de maquetas de papel maché... Es prescriptivo abandonar toda lógica y entrar en este universo que camina de puntillas por el surrealismo para entrar en sintonía con la obra de Josh Pettinger.

Tedward transita los mismos senderos de Goiter, con la lección bien aprendida de los maestros del mainstream: un cómic hecho para hacerte sentir incómodo con su humor y sus situaciones absurdas, que yuxtaponen elementos dispares tal como un vanguardista hubiera hecho poniendo un paraguas en una mesa de quirófano. El resultado es desconcertante: una línea clara que sin embargo oculta un contenido inquietante y chungo. Es extraño esto de Josh Pettinger. Sus cómics raros siempre ta dan ganas de más: "A ver qué mierda* se le ha ocurrido ahora".

29 julio 2026

'Valentina y el amor verdadero', de Gene Luen Yang y LeUyen Pham (Astiberri)

El mejor día del año para Valentina es San Valentín (valga la redundancia). Desde pequeña ha celebrado con ilusión esta festividad, y ha felicitado a sus compañeros de colegio y a su padre con su manifiesta buena voluntad. Pero cuando llega la adolescencia algo pasa, y es que su abuela le advierte de que su familia está maldita en cuestión de amor: descubre que su madre les abandonó y que quizá esto del querer es más complicado de lo que ella pensaba. Por eso, su amigo invisible (una mezcla sacro-profana de Cupido y el San Valentín histórico) quiere hacer un trato con ello: tiene un año para encontrar el amor verdadero o entregarle su corazón, no querer más y por ende no sufrir. Y en todo ello, Valentina se cruza en el camino de Leslie. Y de Jae.

En Valentina y el amor verdadero (nombre con el que se publica la originalmente novela gráfica Lunar New Yor Love Story, título sin duda abigarrado para traducir), Gene Luen Yang y Leuyen Pham nos entregan una voluminosa novela gráfica coming-of-age en la que las dificultades del amor se ven tratadas desde el crisol de las diferentes emociones. Por una parte tenemos el amor y la pérdida, representados en el padre de Valentina, que oculta a su hija parte de su historia pasada; tenemos a Valentina entrando en la adolescencia y viviendo el amor de diferentes maneras, descubriendo sus emociones y también su correspondencia en la otra persona. Se habla de amor verdadero, amor "de usar y tirar", de amistad... Y en todo ello, el contexto de una comunidad asiático-americana (coreanos y vietnamitas), y el acierto de las autoras en usar las danzas del león del año nuevo lunar de su cultura, que finalmente se revela como una metáfora bastante acertada para el tema.

Gene Luen Yang (Superman contra el Klan, Chino americano) escribe este cómic que ilustra de forma primorosa LeUyen Pham. A esta última no hemos tenido el gusto de verla prodigarse mucho en nuestro país (ha ilustrado casi un centenar de libros infantiles), pero su estilo, que me recuerda en cierta forma a Jen Wang, mezcla de cartoon Disney y estilo vintage, se desarrolla con un lápiz sumamente expresivo: consigue con sólo unos gestos dotar a los personajes del matiz exacto que tienen que expresar. Ambos autores entregan una historia que podría ser muy de telefilme de sábado por la tarde, o de película de Pixar (de hecho, creo que sería muy adaptable, si no fuera porque no es exactamente para un público infantil), pero con decisiones narrativas y estéticas muy interesantes: todas los tocantes a la representación del fantasma de San Valentín, o la danza de los leones, o cuando la narración se hace más abstracta por un flashback.

Valentina y el amor verdadero resulta una lectura muy agradable que nos habla de que amor y dolor van unidos, lo queramos o no, y que no hay soluciones fáciles en la vida. 

22 julio 2026

Breves: 'El nirvana está aquí', de Mikael Ross (Astiberri)

En una extraña confluencia entre género negro europeo y manga japonés habíamos encontrado Los evaporados, de Isao Moutte, un autor franco-nipón que tomaba prestada la novela homónima de Thomas B. Reverdy para tejer un curioso cómic híbrido. Precisamente cuando leí El nirvana está aquí, de Mikael Ross (Astiberri, 2024) recordé esta curiosa combinación de elementos tan dispares que, sin embargo, funcionan tan bien.

Mikael Ross es un autor alemán con un trasfondo curioso. Se formó como diseñador de vestuario en la Ópera Estatal de Baviera y luego se especializó en la Escuela de Bellas Artes ESA Saint-Luc de Bruselaas. Es autor, por otro lado, de curiosidades como El joven Ludwig, donde recrea el estilo de la nueva ola francesa de bd y autores como Christophe Blain, y en El nirvana está aquí hace un viraje en su capacidad estilística y nos entrega un noir usando un depurado estilo manga. En la trama, una historia sobre el tráfico de personas donde dos adolescentes de ascendencia vietnamita que viven en un distrito popular de Berlín se encuentran a una joven que huye de algo o alguien y deciden ayudarla. 

El dibujo amable y hasta cierto punto europeo parece que nos quiere llevar hacia un tipo de historia, pero no es así: El nirvana está aquí es una historia realista y cruda, llena de acción y problemas, y sin querer hacer spoilers, un final agridulce. Narrada con muy buen pulso y con temática social (la integración en un país extranjero, el tráfico de personas y las mafias de personas) de fondo, se trata de un cómic que puede haber pasado muy desapercibido y que nos descubre a un autor excelente. 

21 julio 2026

'Cuando caiga mi venganza sobre ti', de Gus Moreno y Jakub Rebelka (Astiberri)

Un cómic de género: de esos que le gustan a El Torres, donde lo importante es contar una buena historia que te atrape y te remueva. Esto es Cuando caiga mi venganza sobre ti, una obra de Gus Moreno y Jakub Rebelka que apareció en Boom! Comics en cinco grapas y que Astiberri ha editado en un tomo único.

Cuando caiga mi venganza sobre ti, un título de resonancias tarantinianas (la espúrea cita de Ezequiel de Pulp Fiction, que realmente no es tal), es un thriller de terror sobre dos miembros de la Iglesia Católica que combaten el mal desde las sombras. El padre Stygian es la última salvaguarda en cuestión de exorcismos reales, y el padre Manuel es enviado con él tras un desafortunado incidente que le retira de dar homilias. Juntos, en una de las islas más meridionales del planeta, se van a enfrentar a un horror con el que carga Stygian desde hace mucho tiempo, en el que se ven envueltas corporizaciones demoníacas y secretos inconfesables.

Estamos ante un cómic de terror, subgénero posesiones y exorcismos, que está magníficamente llevado a través de sus cinco capítulos. La acción, el horror y los giros que crea Moreno hacen que la trama sea vibrante y uno no pueda abandonarla. Y luego está el arte de Jakub Rebelka (Judas, Orígenes, Cyberpunk 2077: XOXO), un ilustrador polaco con un trabajo exquisito que destaca por su plasticidad, y que no ahorra al lector ni una pesadilla. Rebelka tiene el don de hacer casi físicos los horrores que le plantea Moreno.

Cuando uno lee Cuando caiga mi venganza sobre ti entiende por qué no puede haber secuela de esta historia, pero no hubiera estado mal que hubiéramos conocido más historias de Stygian, porque su carisma le precede. El ambiente único (latino-meridional), los personajes con gancho, el dibujo subyugador... Como tebeo de género -sin buscar tener un gran mensaje ni plantear sesudas reflexiones, sino simplemente plantear una historia terrorífica- creo que puede destacar entre los mejores del año. Los lectores de Hellboy y aficionados al terror en general van a leer este cómic con profunda delectación. 

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