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09 septiembre 2026

'Cello Song', de Jason (Astiberri)

Siempre que se edita una nueva obra de Jason ardo en deseos de ver qué ha armado. Pocos autores de cómic consiguen combinar de una forma tan particular la melancolía con la ironía y una apariencia gráfica sencilla con una enorme intensidad emocional como John Arne Sæterøy, conocido artísticamente como Jason. Nacido en Noruega en 1965, este autor ha construido a lo largo de su trayectoria un universo propio, reconocible a primera vista tanto por su particular estilo de dibujo como por su peculiar forma de contar historias.  

Una de las principales señas de identidad de su obra es su apartado gráfico. Sus protagonistas son animales antropomórficos representados mediante trazos precisos y depurados, deudores de la línea clara franco-belga, aunque eliminando cualquier elemento ornamental innecesario. Los rostros apenas muestran emociones, las figuras mantienen una actitud rígida y el color, cuando aparece, suele emplearse con gran moderación. Todo ello crea una apariencia distante y contenida que, de manera paradójica, consigue potenciar el impacto sentimental de sus historias. Jason utiliza esta simplicidad visual como una herramienta narrativa: detrás de unas imágenes aparentemente frías se esconden personajes y situaciones cargados de sentimientos.

En cuanto a los temas, la obra de Jason recorre territorios muy diversos, aunque existen determinadas preocupaciones que aparecen una y otra vez. La pérdida amorosa, el aislamiento, la fugacidad del tiempo, la muerte, el sinsentido de la vida y la añoranza por aquello que ya quedó atrás forman parte habitual de sus relatos. Esto puede comprobarse en su última obra, Cello Song, una novela gráfica que aborda la vida del músico Nick Drake. 

Nick Drake fue sin duda un tipo extraño. Hoy seguramente habría sido diagnosticado con algún tipo de trastorno del espectro autista, porque no pueden explicarse algunos de sus comportamientos de otra forma. Músico excepcionalmente dotado, publicó en vida tres largos maravillosos antes de dejarse morir con 26 años. No ayudó su actitud ante el márqueting de su propia música (no quería entrevistas, no sabía cómo interactuar con el público, tenía muy claras sus ideas respecto a cómo quería grabar sus canciones). Todo ellos hizo que su éxito en vida fuera nulo. Como un John Kennedy Toole, salvando las distancias, Drake fue retirándose del mundo, un mundo que de todas maneras no parecía interesarle. Años después de su muerte vendría el reconocimiento y el estatus de músico de culto. Siempre demasiado tarde.

Todo esto (el descubrimiento del músico, su firma con una discográfica, la lucha constante entre su visión de autor y la necesidad de vender, su deriva mental, su amargo final) es lo que Jason cuenta en Cello Song, ajustándose bastante a lo que sabemos de la biografía del músico. Su estilo, que antes esbozábamos, es ideal para contar esta historia de aislamiento, con soluciones gráficas muy bien halladas por parte de Jason para mostrar esa desconexión entre Drake y el mundo. 

Confieso que no había escuchado con atención la música de Nick Drake hasta el momento. Me sonaba su nombre, pero me faltaba contexto. Este cómic me ha descubierto la música de este ser tan especial. He de decir que seguramente si no hubiera tenido cierto bagaje en la música folk, neofolk, Leonard Cohen, etc., su música no me hubiera impactado de la manera que lo ha hecho. Pero debo a Jason el haberme enamorado de Five Leaves Left y de Pink Moon, dos álbums descarnados, de instrumentación íntima, donde aparece el Nick Drake más auténtico. Muy buena lectura.

31 agosto 2026

'Dos personas', de Teresa Ferreiro (La Cúpula)


Teresa Ferreiro, en su debut en la novela gráfica con Dos personas, demuestra que cualquier vida es digna de ser contada. Pero para que resulte una historia interesante, no basta sólo con una historia, sino en cómo es contada. Y eso es lo que precisamente consigue Teresa Ferreiro. 

Sin más ni más que la biografía de sus padres, una especie de Vidas paralelas de Plutarco, pero de andar por casa. Primero su padre José Manuel y luego su madre Teresa. La juventud de su padre, su paso por la mili, su años estando embarcado... Por su parte, su madre, que al principio de la obra dice no tener nada interesante que contar, se revela tanto o más reveladora que la biografía paternal, sobre todo en sus viajes en autoestop por la España de los 70/80, un periplo que para dos mujeres solos tenía mucho mérito (y si no, que se lo digan a Ulli Lust en Hoy es el último día del resto de tu vida). 

Ferreiro sorprende con un costumbrismo en un estilo que mezcla la línea barroca en blanco y negro de Robert Crumb con una formación estética más emparentada con el manga. Quizá su único defecto sea abusar de las cajas de texto cuando siente la necesidad de no obviar la información que quiere contar. 

En Dos personas, la autora ha sabido extraer de estos dos ejemplos de microhistoria el germen de toda buena historia.  Ferreiro no juzga ni siquiera apunta nada como narradora: simplemente da la voz a sus padres. Además, de forma muy inteligente, Ferreiro termina la historia cuando ambos personajes inician su relación, retratando así a sus padres como individuos completos antes de embarcarse en la paternidad (y en su resultado, que sería ella misma). Los anhelos, los miedos, las tragedias íntimas de quienes luego serán "los padres de..." son el tema principal de la obra, que no es más que la vida explicándose a sí misma.  Un muy buen tebeo que fue seleccionado entre los 30 esenciales de ACDCómic del primer trimestre de 2026

30 agosto 2026

'Historias de la guerra: Castillos en el cielo', de Garth Ennis y Matt Martin (Aleta)

 

 Garth Ennis, aparte de su faceta gamberra, cultivada en Predicador, Hitman o algunas de sus incursiones en Punisher, ha sabido labrarse un nombre de gran guionista, sobre todo al tratar temáticas bélicas. Sus series Battlefields y War Stories (Historias de la guerra en nuestro país) han demostrado cómo el interés que despierta al irlandés el tema bélico ha logrado sacar lo mejor de él, para escribir historias desgarradoras y crudas (sin duda, marca de la casa Ennis), pero basadas -o al menos inspiradas- en hechos reales. Aquí no se ensalzan las historias militares, esto no es un número añejo de Hazañas bélicas. La guerra es sucia, incoherente y sinsentido. Quienes se ven involucrados en ella pasan por un verdadero infierno. Y quizá el verdadero infierno es psicológico: la lucha por mantener la cordura cuando has visto y cometido todo tipo de atrocidades.

En esta nueva serie perteneciente a Historias de la guerra, titulada Castillos en el cielo (que recopila los primeros tres números de la serie), Ennis deja a la infantería y nos lleva a las tensas e imprevisibles batallas aéreas en la II Guerra Mundial, con el testimonio de aguerridos pilotos manejando verdaderas fortalezas volantes. Hemos visto muchas veces la épica de los pilotos de aviación, de las fortalezas volantes, de los B-17 "la reina de los cielos", pero había que ser muy aguerrido para montar dentro de un gigantesco armatoste que era un blanco perfecto en el cielo. Esto es lo que nos retrata este volumen de War Stories: la fragilidad de aquella lucha, en la que cuando despegabas nunca sabías si ese vuelo sería el último. Esa fragilidad es la que vuelve cínicos y/o vividores  a los pilotos, que ya no encontrarán jamás reposo ni en el aire ni en tierra.

En este primer tomo, el dibujante que acompaña a Ennis es Matt Martin, que recuerda en cierta forma a Tim Sale,  que se muestra algo irregular salvo en la reproducción de los aviones. No me acaba de convencer, pero por lo demás, está en la media de los dibujantes que suele tener Avatar Press. 

El Ennis bélico es siempre doloroso. Se encarga de recordarnos, casi a cada página, de un bofetazo en la cara, que no hay épica en la muerte, que la seguridad de la aniquilación es la que abre las conciencias del hombre, y que sin embargo en las horas más oscuras del ser humano brillan débiles rayos de luz que marcan precisamente su humanidad.

16 agosto 2026

[Retrorreseña] 'Paul en el norte', de Michel Rabagliati (Astiberri, 2016)


[Recupero esta reseña de 2016 que estaba en Librosyliteratura.es, web que ya ha cerrado y ha sido sustituida por una casa de apuestas]

Cada vez que sale un nuevo tomo de las aventuras de Paul, de Michel Rabagliati, sus seguidores le hacemos una ola. Este autor de Montreal ha conseguido, durante los casi dieciocho años que lleva unido a su personaje, congregar a un círculo de lectores muy fieles que aprecian su talante como autor costumbrista. Rabagliati es un autor que nunca se ha distanciado del género slice of life y ha creado un alter ego que ha capturado distintos momentos, tanto de la vida personal como de toda una época.

Paul en el norte es la séptima entrega en castellano de las vivencias de Paul. Rabagliati no las ha publicado en un orden cronológico, sino que ha atendido más bien a razones sentimentales. En esta ocasión, nos trasladamos a 1976. Paul es un adolescente y su única aspiración es conseguir dinero para comprar se una moto. Ese ese momento en el que Paul, que se ha mudado recientemente de barrio, empieza a alejarse de sus padres, su hermana se va de casa y hace nuevos amigos. Precisamente el conocer a Marc, un nuevo compañero de instituto, hará que Paul salga definitivamente de su infancia para convertirse realmente en un adolescente. Le esperan verdaderos ritos de paso, en un verano inolvidable por los juegos olímpicos que su ciudad natal organizaba aquel año.

En esa puerta de entrada a la madurez colaborará también su tío, esa figura entre paternal y díscola que le proporcionará sus primeros trabajos pero también sus primeros placeres como adulto: la bebida, el tabaco y las primeras experiencias más cercanas al otro sexo.

En Paul en el norte podemos decir que nuestro protagonista va haciéndose adulto: no sólo por aquellas experiencias que terminan por despertarle de su inocencia infantil (como el conductor que le propone veladamente un encuentro sexual cuando hace autoestop), sino también por el gran tema de este volumen: el descubrimiento del amor. Paul se enamora locamente, como sólo hacemos en la adolescencia, y repite, sin siquiera saberlo, cada estereotipo del primer amor. Rabagliati es consciente de ello, y una de las cosas que mejor se le dan es poder ver los hechos con una distancia que permite algo más de objetividad. El retrato de Paul es cariñoso, pero no exento de ironía. Nos vemos reflejados en Paul y eso es precisamente el gran mérito de Rabagliati.

A pesar de llevar ya casi veinte años con su saga, nuestro autor apenas ha modificado su estilo, un trazo limpio y sinuoso que nos recuerda a los caricaturistas americanos de los años 50 y 60. La única novedad que al respecto ofrece este tomo es la inclusión de unas páginas en un color muy vistoso, cuya intencionalidad está justificada dentro de la historia.

Paul en el norte es una invitación a rememorar esos años de adolescencia en las que hicimos cosas que hoy nos parecen absurdas. Una evocación nostálgica pero alegre, con un humor natural, sin estridencias: el que encierran las escenas cotidianas. Acercaos a Paul y acompañadle en sus descubrimientos, caminad hacia el norte con él. Si no lo conocéis, es, como cualquiera de sus volúmenes, una excelente manera de empezar. Y si, como yo, lo sentís ya como un amigo, os encantará volver a saber de él.

15 agosto 2026

'Anatomía de un esqueleto', de Pep Brocal (Astiberri)


Un dibujante de cómics muere arrollado en el metro en extrañas circunstancias. Una vez en el limbo y convertido en ectoplasma, la Muerte va a buscarlo para acompañarlo al hades, pero él se resiste y le explica que no le va bien morirse ahora que justamente tenía un maravilloso proyecto de cómic de 256 páginas que guarda bajo llave en un cajón de su estudio, pendiente de publicar. Con este argumento de película ligera de sobremesa, y que tantas veces hemos visto repetida, Pep Brocal monta en Anatomía de un esqueleto un cómic con un fondo de la Divina Comedia de Dante con formas de los tebeos de Bruguera. 

En Anatomía de un esqueleto tenemos aventura paranormal, tenemos caso detectivesco, inquietantes y minimalistas encuentros filosóficos con la muerte al estilo Max, parodia superheroica, grupos sectarios tintinescos, y en todo ello, una corrosiva crítica al mundo editorial, especialmente al de los cómics, donde burla burlando, Brocal se ríe de las miserias de autores, editores y arribistas en el panorama del cómic patrio. Todo ello con el habitual estilo de línea clara propia que caracteriza a Pep Brocal, formado en sus primeros años en las revistas Comix Internacional, Totem y Zona 84 

Pep Brocal, como Max, tiene un pie bien firme en la tradición del cómic y otro en la vanguardia, lo que le permite el conocimiento perfecto para experimentar y fusionar ambas tendencias en un cómic sumamente inteligente. Es un autor de una extraordinaria cultura (o quizá la que era habitual hace unas décadas, y ahora nos parece fuera de lo normal), y no tiene problemas para mezclar alta y baja cultura en sus cómics, porque, como entendió el propio Max o el poeta y teórico del cómic Luis Alberto de Cuenca, en realidad no existe tal diferenciación: un lugar donde Kafka y Munch y Kirby y Hergé puedan ir de la mano sin problema.  Todo esto no es nuevo: Brocal lo demuestra a cada cómic que hace, especialmente en la trilogía que conforman Cosmonauta, Inframundo y ahora este Anatomía de un esqueleto.

En definitiva, otro tebeardo de Pep Brocal, uno de los mejores de 2026. [Anatomía de un esqueleto ha estado también presente en la selección de los Esenciales ACDCómic 2026]  

14 agosto 2026

'El bosque de Oreka', de Paco Sordo (Astiberri)


Paco Sordo es otro de los grandes nombres del cómic español. Con El pacto, una deliciosa obra que homenajeaba la época Bruguera al mismo tiempo que le servía como campo de juego para jugar con su sintaxis, nuestro autor se hizo con el Premio Nacional de Cómic 2022. Además de haber colaborado con El Jueves, Sordo se ha enfocado en el cómic infantil-juvenil. Y con su nueva serie, El bosque de Oreka, ha dado con la fórmula para obtener el que quizá es el mejor cómic LIJ del año.

En El bosque de Oreka 1: Una larga noche, la protagonista, Hannah, una niña de ciudad, va a pasar el verano con su abuelo en el bosque. Lo que no sabe es que no es un guarda forestal cualquier ni el bosque tampoco es lo que parece: ¡los animales hablan! ¡hay un poblado de gnomos! Y en todo esto, parece que el Espíritu del Bosque, que una vez protegió a la familia de su abuelo, ahora no la quiere allí. Hannah deberá averiguar qué ocurre en el bosque de Oreka.

A Paco Sordo se le da muy bien esto del cómic infantil. Grandes viñetas, personajes expresivos, mucho humor y muy divertido (¡caracoles vampiro!, ¡lobos que discuten sobre recetas de cocina!), y aventuras morrocotudas.  Destaco de este cómic la visión de las relaciones familiares, el entrañable abuelo y su historia de fondo, el fantástico humor que destilan los diálogos con los animales y las criaturas del bosque, los golpes de imaginación (el cerdinfinito, el cuervo sacaojos), pero sobre todo, el hecho de que este volumen sea sólo la primera entrega de una serie que continuará. Una lectura obligatoria y uno de los cómics del año. Si esto no os ha convecido, mi hija de siete años lo hará: "¡Papá, este me ha gustado mucho, no lo dones a la biblioteca!" [El bosque de Oreka ha estado también presente en la selección de los Esenciales ACDCómic 2026

 

12 agosto 2026

'El vecino 4', de Santiago García y Pepo Pérez (Astiberri)


[Atención: esta reseña puede contener spóilers graves] Cuando Santiago García y Pepo Pérez iniciaron El vecino (ver post relacionado aquí), su idea era recrear el tropo del superhéroe y su identidad secreta en clave personal, y de ahí tuvimos los tres primeros volúmenes, que aparecieron entre 2004 y 2019, más otro volumen de historias cortas. Siete años más tarde, el tándem nos sorprende con un cuarto volumen (¿final?), en formato apaisado, de la historia de Javier alias Titán, y su vecino funcionario José Ramón.

Curioso, muy curioso este cuarto volumen. Hace tiempo que leí las recopilaciones de Astiberri, pero creo que éste rompe un poco la dinámica de los demás. Si los dos volúmenes anteriores era una demostración de que el género de superhéroes es más bien un medio, una herramienta con la que contar todo tipo de historias, y aprovechaba para el desarrollo de tramas relacionadas con los personajes, en esta entrega García y Pérez se centran no tanto en la historia que cuentan, como en la gramática del género de superhéroes y su intención de (re)pensarla al mismo tiempo que juegan con ella.

Esto es: en primer lugar, el formato apaisado. Creo que es una decisión estética muy meditada que busca poner énfasis en lo visual. Otro tanto para las planificaciones de página: muchas veces nos encontraremos con splash-pages, páginas de 2, ¡y hasta de cuatro cuerpos (desplegados)!, como hemos visto en momentos puntuales de obras de Grant Morrison o Frank Miller. Precisamente Frank Miller es la referencia obligada en este volumen. García y Pérez (sobre todo este último, que lo ha estudiado a fondo y ha publicado artículos académicos e incluso su tesis doctoral sobre el autor) conocen perfectamente los recursos del creador de Sin City, y aquí se vuelcan en un cómic que tiene mucho de homenaje y algo de usar sus herramientas en la misma dirección que Miller en, sobre todo, DK2 y DK3

En su rocambolesca historia de facciones malignas que convergen todas en un mismo punto de la ciudad, muy al estilo Stan Lee/Jack Kirby, esta entrega de El vecino  creo que busca la reflexión sobre los límites del género de superhéroes, y en sus convenciones llevadas al extremo. En lo que respecta a los límites de lo explícito: el género nos tiene acostumbrados a un gran nivel de violencia, pero no (al menos hasta las relecturas modernas del género) a sus consecuencias: no sólo a un nivel simpático, como el taxista que se queja de la destrucción de su taxi (y la posterior secuencia homenaje a los cómics Bruguera), sino que también tenemos amputaciones, golpes salvajes y muertes ultraviolentas. También en cuanto a lo que no es meramente violencia: Lamia bajándose la ropa y orinando en la cara de su agonizante enemigo. Otro tema que explora: nuestras tragaderas en lo que respecta al "deus ex machina", como con la llegada del Fantasma Azul para acabar con Lamia. 

Habría muchísimo que decir de El vecino 4. No ya sobre la historia que cuenta, que como hemos dicho es una aventura en la vena más clásica del género, sino en cómo se usa ese incipit para subvertirlo y convertirlo en un viaje en el que lo visual es la clave. El uso del color estridente, de las onomatopeyas que gritan, de los cambios súbitos de registro en el dibujo, de las elipsis algo más abiertas de lo habitual en el género... En el DK2 y DK3, Frank Miller demostró a los lectores que los cánones visuales del género podían ser subvertidos. Aquí pasa algo parecido. Siguiendo su estela (por eso decíamos que la deuda con Miller aquí es obvia), El vecino 4 es un cómic de superhéroes que no se toma en serio a sí mismo, con humor negro, secuencias de color y planificación sesentera, o la tranquilización final de un Titán fuera de sí... a base de sexo. Una gran aportación a la serie de García y Pérez.

 [El vecino 4 ha estado también presente en la selección de los Esenciales ACDCómic 2026

11 agosto 2026

'Armada de locura: Leonora Carrington, la última surrealista', de Mary M. y Bryan Talbot (La Cúpula)


El matrimonio Talbot ha enfocado su trabajo de los últimos años en rescatar historias de mujeres. Lo hizo con Sally Heathcote, sufragista, una pionera en la lucha del voto femenino; con La virgen roja (la vida de Louise Michel, una de las protagonistas de la comuna de París), y con La niña de sus ojos (donde se explora la biografía del padre de la autora y la de Lucia Joyce, la hija del escritor James Joyce). La última de sus colaboraciones, Armada de locura, se centra en la vida de la pintora surrealista Leonora Carrington, una biografía cuyo eje principal son el libro Memorias de abajo (Alpha Decay, 2017, traducción de Francisco Torres Oliver), donde la autora cuenta

Los Talbot siempre tienen una extraordinaria capacidad de encontrar personajes femeninos ricos en matices y dignos de rescatar de la intrahistoria. El caso de Leonora Carrington, nombre que a menudo se obvia cuando se habla de las auténticas vanguardias artísticas de entreguerras, es uno de ellos. De recibir una educación privilegiada en Inglaterra a vivir la vanguardia parisina de los años treinta, donde se fraguaría una apasionada relación sentimental con el artista Max Ernst, hasta su retiro final en México, Leonora Carrington vivió en primera persona algunas de las situaciones más complicadas de la historia del siglo XX en Europa: el advenimiento de la guerra en Europa y la guerra civil española. Leonora tuvo una tumultuosa vida en la que hubo de huir a España, fue internada en un manicomio de Santander, sufrió varios episodios psicóticos que marcarían su vida y, para más inri, fue víctima de una espantosa violación cuyas consecuencias resonarían para siempre en su cabeza.  

Por este fresco que es una verdadera muestra del siglo XX pasan artistas como el mencionado Ernst, Picasso, Remedios Varo, Dalí, Lee Miller... Tanto la historia, como el guion y la paleta de colores utilizada por la pareja Talbot demuestra un profundo conocimiento de la obra pictórica y literaria de la Leonora. El propio surrealismo en el que se vio envuelta Carrington da la clave a los Talbot para reinterpretar sus pasajes más oscuros. Aunque hay que decir también una cosa: hay tanto por contar, y tan interesante (imprescindible la lectura de las notas finales, con las referencias bibliográficas a todo lo que se desribe en el cómic), que a veces los autores se ven obligados a hacer elipsis, en mi opinión, demasiado extremas (quizá de no ser así, el cómic hubiera tenido el doble de extensión). Pero eso no es algo que lastre la obra. Muy acertadamente, Mary Talbot sabe prescindir de grandes bloques de texto que dirijan la narrativa, y son los personajes y sus acciones los que la hacen avanzar. De manera que Armada de locura es una obra que se lee de forma muy amena. Una nueva adición a esas biografías de mujeres que apuntábamos al principio que vale mucho la pena, sobre un personaje que también vale la pena recuperar. 

10 agosto 2026

'Space Scouts', de Matt Kindt y David Rubín (Astiberri)


El tándem Matt Kindt lleva tiempo colaborando juntos: primero fue Ether y tras ello Cosmic Detective, dos cómics que se entregaban a una ciencia-ficción llena de acción, casi al servicio del insultante talento de Rubín. Ahora llega la edición española de la tercera colaboración de esta pareja: Space Scouts, una nueva obra cerrada que Astiberri publica en gran formato.

En Space Scouts conoceremos el concurso galáctico homónimo, donde centenares de jóvenes se enfrentan a unas pruebas físicas y mentales excepcionales para ganar el privilegio de convertirse en Space Scout, los protectores de élite de los Planetas Unidos. Unos lo hacen por la fama, otros por sus ideales y otros pensando en sus planetas natales, que ganarán una importante suma de dinero. 

Así pues, una joven Ember, procedente de un modesto planeta agrícola al estilo de Tatooine, recibe la noticia de que ha sido seleccionada. No es lo que ella haría, pero la presión que siente por no fallarle a su planeta es muy grande. Contrariamente a lo que ella querría, va avanzando en la competición hasta llegar a lo más alto... y desvelar cuál es el destino real de los Space Scouts.

Matt Kindt entrega una nueva obra de ciencia-ficción clásica, de aventura y un personaje que recorre el camino trágico del héroe. Sus influencias claras son todo el género de "concursos de supervivencia" (Perseguido, Battle Royale... o como referencia más moderna, El juego del calamar), con algunos préstamos de El juego de Ender y Starship Troopers. No puedo decir que sea la obra más original que he leído en este sentido, pero mantiene la intriga durante toda la serie. 

Space Scouts tiene, narrativamente, una serie de decisiones arriesgadas por parte de Kindt: le dedica mucho espacio a la construcción de personajes (el equipo de personajes que se enfrentará en el concurso - personajes que luego serán aniquilados muy rápidamente), pero luego, a veces, la historia parece acelerarse sin motivo aparente (como en la última parte del concurso, o el final de la obra). Quizá la causa de ello es la división en tres capítulos de la obra. Me da la impresión de que la resolución es muy rápida y algo descompensada en el conjunto general. 

En lo tocante a lo visual, tenemos a David Rubín en estado de excepción. Las composiciones abiertas de página, el maravilloso trabajo de color desbordante a cada página, la imaginería visual que despliega, las escenas de acción ilustradas de forma soberbia y brutal, no exentas de escenas escabrosas... hasta detalles tan nimios como la separación "volcánica" de las viñetas en la presentación de Krystal, o la que hacen las propias patas de Aye-Aye en su flashback... o ese personaje sospechosamente parecido a Frank Miller. Todo el conjunto, desde la portada a la separación de capítulos, es una maravilla para la vista. 

Completa el tomo una serie de portadas originales USA y alternativas, unos dossieres sobre los principales personajes y el estudio de personajes de Rubín.  En suma: obra de género que los amantes de la ciencia-ficción disfrutarán, mucho más si, además, aprecian el dibujo de uno de nuestros dibujantes más internacionales. 

08 agosto 2026

'Meseta', de Luis Bustos (Astiberri)


Meseta nos lleva a un road trip cañí. En medio de la noche y en un país en situación excepcional, tres desconocidos, cada uno con una intención diferente, se reúnen para compartir una especie de cabify que cruce la Península... El primer problema será evitar los controles policiales de las autovías... Pero eso será sólo el principio de una noche infernal.

Luis Bustos, que ha colaborado frecuentemente con guionistas como David Muñoz (Rayos y centellas, Residuos) o la pentalogía llevada a la gran pantalla ¡García! (con Santiago García). Pero como autor completo tiene auténticas joyas: sin ir más lejos, Endurance, su versión de la historia de la expedición de Shackleton (reseña aquí), o Versus, sobre un texto de Jack London (reseña aquí). Y ahora se añade este Meseta, este road cómic que es a la vez cómic de acción, película de terror setentera y alegoría de una sociedad donde actualmente la extrema derecha avanza sin freno. 

Aquí encontraremos al Bustos más Bustos, y sin embargo, podemos apreciar en su dibujo desbocado su amor por Kirby, por Ditko, pero también por el manga (¿apocalipsis final al estilo Otomo? ¡compro!). El autor se ha puesto a prueba, al igual que sus protagonistas en este tour de force completamente oscuro, trazando los visos de una España en toque de queda, la España mesetaria de los locales de alterne de carretera, los olivares vacíos y las ruinas de iglesias ocupadas por algo mucho peor que los temidos okupas. Una aventura vibrante, que se lee de una tacada y que se disfruta de principio a fin.

07 agosto 2026

'Cuestión de suerte', de Cécily de Villepoix (Garbuix Books)


Garbuix Books está armando un catálogo de cómics realmente maravilloso, que alterna novela gráfica costumbrista o reinvidicativa, con multitud de cómic-ensayo o cómic divulgativo de clara vocación pedagógica sin olvidar que estamos ante un medio fundamentalmente de entretenimiento. En este sentido, ediciones como La espera, de Mario Trigo (aquí reseñada), La mujer como lo humano, de Ulli Lust, Historia del arte femeninio, o Cómo los ricos saquean el planeta (aquí) se revelan como título muy necesarios para la sociedad de hoy.

Otro acierto más de Garbuix Books, así pues: Cuestión de suerte, de Cécily de Villepoix. Un cómic dedicado no sólo a los descubrimientos científicos, sino también a la historia que llevó a ellos o las trabas que encontraron por el camino. 

He de empezar con una pequeña crítica constructiva: el título, Cuestión de suerte (matiz presente ya en el original Au petit bonheur la science, "la ciencia de manera improvisada"), parece incidir en la serendipia que llevó a algunos de los grandes descubrimientos de la ciencia. No nos quedemos en la anécdota: si en la ciencia moderna se llegó a los resultados a que se llegaron, fue porque los científicos estaban trabajando en esa dirección y un suceso inesperado consiguió encajar las piezas. En absoluto debemos tener el pensamiento simplista de que, por ejemlpo, Edison estaba durmiendo debajo de un árbol, le cayó una manzana en la cabeza, y ¡eureka!, he aquí la teoría de la gravedad.

En Cuestión de suerte, encontramos una primera sección de casualidades en el camino de la ciencia (el descubrimiento de la anestesia, la radioactividad), pero precisamente la autora se ocupa de darnos contexto suficiente para que entendamos los precedentes (¿no se había hecho ciencia hasta el siglo XVIII? ¡falso! Lo que no tenían era método científico), y sobre todo, los obstáculos, reticencias, incluso luchas personales por los que muchos descubrimientos pasaron.

Pero el título tampoco hace justicia al resto de secciones del cómic, porque nos encontramos otros tres capítulos, agrupados por temas: la ética y la moral relacionados con la ciencia (el descubrimiento del LSD, la bomba atómica...),  la importancia de los sesgos machistas en la medicina (el avance de la ginecología, la historai de los tests de embarazos...) y finalmente la práctica de disciplinas pseudocientíficas y su historia (hipnosis, homeopatía, pensamiento positivo). Especialmente interesante me parece este último capítulo, dedicado a desmontar falacias y chiringuitos que a día de hoy tienen en las redes sociales campos más que abonados para que piquen los tontos. Personalmente no había leído nada más contextualizado y razonado que "La formula mágica", cuando la autora se dedica a desmontar  el cuento de la atracción del pensamiento positivo, El secreto y otras supercherías de ese tipo. 

De Villepoix (ayudada por otros escritores en tres de las doce historias del volumen) sabe utilizar muy bien los resortes del cómic para hacer de esta una lectura didáctica pero amena. El dibujo es funcional y poco vistoso. Cierto que a veces abusa un poco del texto  (en el género documental, es algo que es difícil de rehuir), y que en algunos conceptos más complejos se hace más difícil de entender -cuando explica la estructura del átomo, por ejemplo-, pero con todo el balance final es más que positivo. Es más, considero que por su tono, tipo de lenguaje y estilo divulgativo, sería una lectura óptima en cualquier asignatura de ciencias en la ESO o Bachillerato. 

30 julio 2026

'Tedward', de Josh Pettinger (La Cúpula)


Hace ahora prácticamente un año que reseñé Goiter, el anterior cómic de Josh Pettinger, y ya entonces, reflexionaba sobre la dificultad para hacerlo. Ahora, con Tedward, me ocurre lo mismo. Pettinger teje en estas historias protagonizadas por Tedward, una especie de incel de peinado inverosímil, una especie de émulo de los perdedores de Daniel Clowes, en un extraño universo que apela a la estética de los años 50 con situaciones inverosímiles y extremas que nos recuerdan por qué estamos mezclando mainstream con underground

Tedward, abandonado por su novia sin motivo, limpiador de semen en orgías de alto copete, asesino por accidente, recaudador de alquiler de televisiones, concursante de maquetas de papel maché... Es prescriptivo abandonar toda lógica y entrar en este universo que camina de puntillas por el surrealismo para entrar en sintonía con la obra de Josh Pettinger.

Tedward transita los mismos senderos de Goiter, con la lección bien aprendida de los maestros del mainstream: un cómic hecho para hacerte sentir incómodo con su humor y sus situaciones absurdas, que yuxtaponen elementos dispares tal como un vanguardista hubiera hecho poniendo un paraguas en una mesa de quirófano. El resultado es desconcertante: una línea clara que sin embargo oculta un contenido inquietante y chungo. Es extraño esto de Josh Pettinger. Sus cómics raros siempre ta dan ganas de más: "A ver qué mierda* se le ha ocurrido ahora".

29 julio 2026

'Valentina y el amor verdadero', de Gene Luen Yang y LeUyen Pham (Astiberri)

El mejor día del año para Valentina es San Valentín (valga la redundancia). Desde pequeña ha celebrado con ilusión esta festividad, y ha felicitado a sus compañeros de colegio y a su padre con su manifiesta buena voluntad. Pero cuando llega la adolescencia algo pasa, y es que su abuela le advierte de que su familia está maldita en cuestión de amor: descubre que su madre les abandonó y que quizá esto del querer es más complicado de lo que ella pensaba. Por eso, su amigo invisible (una mezcla sacro-profana de Cupido y el San Valentín histórico) quiere hacer un trato con ello: tiene un año para encontrar el amor verdadero o entregarle su corazón, no querer más y por ende no sufrir. Y en todo ello, Valentina se cruza en el camino de Leslie. Y de Jae.

En Valentina y el amor verdadero (nombre con el que se publica la originalmente novela gráfica Lunar New Yor Love Story, título sin duda abigarrado para traducir), Gene Luen Yang y Leuyen Pham nos entregan una voluminosa novela gráfica coming-of-age en la que las dificultades del amor se ven tratadas desde el crisol de las diferentes emociones. Por una parte tenemos el amor y la pérdida, representados en el padre de Valentina, que oculta a su hija parte de su historia pasada; tenemos a Valentina entrando en la adolescencia y viviendo el amor de diferentes maneras, descubriendo sus emociones y también su correspondencia en la otra persona. Se habla de amor verdadero, amor "de usar y tirar", de amistad... Y en todo ello, el contexto de una comunidad asiático-americana (coreanos y vietnamitas), y el acierto de las autoras en usar las danzas del león del año nuevo lunar de su cultura, que finalmente se revela como una metáfora bastante acertada para el tema.

Gene Luen Yang (Superman contra el Klan, Chino americano) escribe este cómic que ilustra de forma primorosa LeUyen Pham. A esta última no hemos tenido el gusto de verla prodigarse mucho en nuestro país (ha ilustrado casi un centenar de libros infantiles), pero su estilo, que me recuerda en cierta forma a Jen Wang, mezcla de cartoon Disney y estilo vintage, se desarrolla con un lápiz sumamente expresivo: consigue con sólo unos gestos dotar a los personajes del matiz exacto que tienen que expresar. Ambos autores entregan una historia que podría ser muy de telefilme de sábado por la tarde, o de película de Pixar (de hecho, creo que sería muy adaptable, si no fuera porque no es exactamente para un público infantil), pero con decisiones narrativas y estéticas muy interesantes: todas los tocantes a la representación del fantasma de San Valentín, o la danza de los leones, o cuando la narración se hace más abstracta por un flashback.

Valentina y el amor verdadero resulta una lectura muy agradable que nos habla de que amor y dolor van unidos, lo queramos o no, y que no hay soluciones fáciles en la vida. 

22 julio 2026

Breves: 'El nirvana está aquí', de Mikael Ross (Astiberri)

En una extraña confluencia entre género negro europeo y manga japonés habíamos encontrado Los evaporados, de Isao Moutte, un autor franco-nipón que tomaba prestada la novela homónima de Thomas B. Reverdy para tejer un curioso cómic híbrido. Precisamente cuando leí El nirvana está aquí, de Mikael Ross (Astiberri, 2024) recordé esta curiosa combinación de elementos tan dispares que, sin embargo, funcionan tan bien.

Mikael Ross es un autor alemán con un trasfondo curioso. Se formó como diseñador de vestuario en la Ópera Estatal de Baviera y luego se especializó en la Escuela de Bellas Artes ESA Saint-Luc de Bruselaas. Es autor, por otro lado, de curiosidades como El joven Ludwig, donde recrea el estilo de la nueva ola francesa de bd y autores como Christophe Blain, y en El nirvana está aquí hace un viraje en su capacidad estilística y nos entrega un noir usando un depurado estilo manga. En la trama, una historia sobre el tráfico de personas donde dos adolescentes de ascendencia vietnamita que viven en un distrito popular de Berlín se encuentran a una joven que huye de algo o alguien y deciden ayudarla. 

El dibujo amable y hasta cierto punto europeo parece que nos quiere llevar hacia un tipo de historia, pero no es así: El nirvana está aquí es una historia realista y cruda, llena de acción y problemas, y sin querer hacer spoilers, un final agridulce. Narrada con muy buen pulso y con temática social (la integración en un país extranjero, el tráfico de personas y las mafias de personas) de fondo, se trata de un cómic que puede haber pasado muy desapercibido y que nos descubre a un autor excelente. 

21 julio 2026

'Cuando caiga mi venganza sobre ti', de Gus Moreno y Jakub Rebelka (Astiberri)

Un cómic de género: de esos que le gustan a El Torres, donde lo importante es contar una buena historia que te atrape y te remueva. Esto es Cuando caiga mi venganza sobre ti, una obra de Gus Moreno y Jakub Rebelka que apareció en Boom! Comics en cinco grapas y que Astiberri ha editado en un tomo único.

Cuando caiga mi venganza sobre tiun título de resonancias tarantinianas (la espúrea cita de Ezequiel de Pulp Fiction, que realmente no es tal), es un thriller de terror sobre dos miembros de la Iglesia Católica que combaten el mal desde las sombras. El padre Stygian es la última salvaguarda en cuestión de exorcismos reales, y el padre Manuel es enviado con él tras un desafortunado incidente que le retira de dar homilias. Juntos, en una de las islas más meridionales del planeta, se van a enfrentar a un horror con el que carga Stygian desde hace mucho tiempo, en el que se ven envueltas corporizaciones demoníacas y secretos inconfesables.

Estamos ante un cómic de terror, subgénero posesiones y exorcismos, que está magníficamente llevado a través de sus cinco capítulos. La acción, el horror y los giros que crea Moreno hacen que la trama sea vibrante y uno no pueda abandonarla. Y luego está el arte de Jakub Rebelka (Judas, Orígenes, Cyberpunk 2077: XOXO), un ilustrador polaco con un trabajo exquisito que destaca por su plasticidad, y que no ahorra al lector ni una pesadilla. Rebelka tiene el don de hacer casi físicos los horrores que le plantea Moreno.

Cuando uno lee Cuando caiga mi venganza sobre ti entiende por qué no puede haber secuela de esta historia, pero no hubiera estado mal que hubiéramos conocido más historias de Stygian, porque su carisma le precede. El ambiente único (latino-meridional), los personajes con gancho, el dibujo subyugador... Como tebeo de género -sin buscar tener un gran mensaje ni plantear sesudas reflexiones, sino simplemente plantear una historia terrorífica- creo que puede destacar entre los mejores del año. Los lectores de Hellboy y aficionados al terror en general van a leer este cómic con profunda delectación. 

20 julio 2026

'Marvel Limited Ed.: El Castigador #1' de Mike Baron, Klaus Janson y otros (Panini)

El tomo Marvel Limited Edition El Castigador recoge los primeros 20 números (o casi, porque se cuela un número de Daredevil) de la primera serie regular del entrañable Punisher. Y digo entrañable porque este personaje que apareció en las páginas de Spiderman, si no recuerdo mal, como una figura ambigua, más malo que bueno, y que siempre se ha enfrentado al Trepamuros y a Daredevil por sus métodos expeditivos, es fruto de una época muy particular, y en esta serie eso es precisamente lo que encontraremos. Frank Castle, alias Castigador, es fruto de una época conservadorista, de desconfianza en el estado, donde se ha perdido la fe en las instituciones y sólo queda la justicia privada, y qué mejor época mundial para ello que los 80. Es la época de las películas de Stallone, de Chuck Norris, de los vigilantes... Y efectivamente, esto es lo que vamos a encontrar aquí. Este Castigador es como ver una película de Charles Bronson, con todo lo bueno y lo malo.

Porque el Castigador es un retahíla de tópicos de los 80 (bueno, en ese momento quizá no eran tópicos, era lo que se respiraba): carteles de droga latinoamericanos, supremacistas, radicales islamistas, sectas religiosas, psicópatas... ¡incluso una referencia nada velada a los asesinatos de Charles Manson! En definitiva, un festival de testosterona y muertes que ponían a prueba el Comics Code, y una tendencia de Mike Baron -el guionista- de convertir en los secundarios en personajes desechables que hoy Marvel seguramente le prohibiría. Pero esa retahíla no impide que el cómic funcione, al contrario. Este Castigador, que incluye números publicados entre 1987 y 1989, se lee de forma muy agradable, sobre todo si te gusta el cómic de la época o sabes a lo que vas.  

El plantel es de admirar ciertamente: Mike Baron (Nexus), Klaus Janson (entintador habitual de Miller y de Byrne, y aquí dibujante), Whilce Portacio, Scott Williams, Kevin Nowlan, Ann Nocenti y Romita Jr. (guionista y dibujante, respectivamente del número de Daredevil), Mark Texeira (aunque sólo un número e irreconocible). Una de las cosas que uno piensa mientras lee es la suma importancia que tienen los entintadores sobre el lápiz que entintan. Aquí, al ver el arte de Klaus Janson, uno no puede evitar pensar en Miller y en cierta forma en Byrne, y con Scott Williams, también entintador habitual de Jim Lee, sobre los dibujos de Portacio me pregunto ¿qué tomaron unos de los otros y viceversa). No es que Portacio, que toma los lápices a partir del número 8, sea muy santo de mi devoción, pero la nómina de por sí ya anima a tomar el libro. Uno de los puntos álgidos del tomo, por cierto, es una historia incluida en un Punisher Annual, en el que Microchip obtiene una historia como protagonista, y está realizada por dos autores desconocido. Y sin embargo, su soplo de aire fresco vale la pena.

En definitiva: muertes a cascoporro, sólo los crossover imprescindibles (en 20 números, Punisher sólo se había cruzado con Daredevil), incluso algo de sexo, y todos los enemigos de la América de los 80 representados y castigados por nuestro personaje. Poco más se puede pedir a este personaje. Otros guionistas (Garth Ennis, por ejemplo), ya se encargaría de darle más profundida y madurez, y de renovar su cabecera Pero en estas páginas es donde se encuentra la esencia del Castigador.  

Y una última apreciación: me encanta que Panini (o Marvel) saque estas ediciones bien gordas, en tapa dura, con papel poroso y no satinado, que permiten disfrutar mucho más del color, que también es el original. No he visto errores peores en las ediciones de los últimos 15 o 20 años que el sustituir el color de la época por otro digital. Aquí, afortunadamente, tenemos el material tal como se publicó, en formato de calidad (aunque el encolado no me acaba de gusta), y con un buen puñado de extras. De seguro voy a caer con el tomo o tomos siguientes. 


 

19 julio 2026

'Cómic radical', de Antonio Hitos (Astiberri)

He demorado mucho la reseña de Cómic radical, la última propuesta de Antonio Hitos, porque me pareció que algunos divulgadores ya habían dicho todo lo que yo hubiera podido decir, y encima mejor. Intentaré hacerlo lo mejor posible. Ahí va:

Cómic radical no es un cómic fácil. O más bien: no es que no sea un cómic fácil, porque en su extrema sencillez, sí que lo es, sino que no es un cómic para todos los públicos. Es fruto de una reflexión sobre el medio, es una investigación, es, sobre todo un ejercicio de estilo.

Porque Antonio Hitos, que ha demostrado en sus obras anteriores (Inercia, Materia, etc.) dominar completamente la sintaxis del cómic, propone un ejercicio de lo que quizá habría llamado Juan Ramón Jiménez poesía pura, pero en cómic, o una exploración hacia los elementos más intrínsecos del cómic, buscando que su sencillo mecanismo emerja como la narrativa-per-se del cómic. En Cómic radical, el medio es el mensaje, como hubiera dicho McLuhan. 

Porque, como hace notar el propio autor en el extenso epílogo de la obra (procedente de los textos que acompañaban a la exposición de la que Cómic radical es la base), "radical" viene de raíz. La obra, pues, constituye un viaje al mecanismo base de los tebeos, su propio milagro: que el tiempo se convierta en espacio. 

Hitos diferencia entre cómic radical y experimental, aunque ambos en algunas ocasiones tiendan puentes. Si en el segundo caso, el autor busca forzar los límites del lenguaje del medio, en el primero lo que se hace es precisamente señalar los elementos más característicos para que, despojados de todo el resto de elementos que configura un cómic (temática, estilo), aparezcan estos como los principales protagonistas. Cómic radical es una metarreflexión sobre el medio (en ese sentido podría considerarse experimental). Por ello Hitos escoge formatos muy cerrados (cuatro viñetas), una figura sencilla (apenas esbozada, pero siempre consistente) como personaje principal para movilizar los elementos del cómic, y se pone a demostrar su idea de cómic "radical". Y elige cuatro viñetas, como podría haber elegido tres, o cinco, o siete, porque lo importante es mostrar ese movimiento en la zona del "cerrado" entre viñetas. No se trata pues de un grupo de cuatro viñetas con un remate final en forma de chiste, como en Calvin & Hobbes, Garfield o cualquier otra tira cómica. Porque aquí se está poniendo el énfasis en el propio proceso.

Por tanto, no espere el lector encontrar aquí una historia, una trama, unos personajes. Cómic radical es otra cosa. Por eso decía al principio que no es para todos los públicos. Es una investigación, y es contemplar cómo funciona la singularidad que hace que el cómic sea cómic. Sólo una persona con una vocación y las ideas tan claras como Antonio Hitos podía llegar a este estudio-cómic.

18 julio 2026

'Plantasia', de Vincent Dock (La Cúpula)

 Debemos reconocer ya a Hayao Miyazaki como una de las grandes influencias que han tenido los autores de cómic en los últimos 30 años. Ya no hablamos sólo de manga: no sólo su estilo, sino su temática y sus enfoques, han impactado en la cultura popular hasta el punto de que podríamos casi crear un subgénero de cómics de estilo "ghibli" y muchos lectores podrían adivinar sus características: esto es, dibujo amable (hoy seguramente le llamarían cozy) colorido, predominio de escenarios en la naturaleza, temática ecologista, mensaje ético de fondo.

Estas son ciertamente las características que comparte Plantasia, de Vincent Dock, que publica en español La Cúpula en su colección Brúfalo. En Plantasia, encontramos a dos hermanas húerfanas que regentan una floristería, diríamos, mágica, aunque ella no son del todo conscientes. Cuando lleguen dos misteriosos ancianos, que se hacen pasar por reporteros, se darán cuenta de que su tienda alberga un secreto más grande de lo que podrían imaginar. 

Plantasia tiene un poco de las exhuberantes islas adriáticas de Porco Rosso, con el ambiente cozy urbano de Kiki's Delivery Service, aderezado con el panteísmo habitual de Miyazaki y guiños ocasionales como los de algunos cuadros (imposible no ver 'La isla de los muertos' de Bocklin en una de las viñetas). El universo de la obra no es ciertamente el nuestro pero tiene nexos en común: hay referencias visuales de David Bowie, ET o Ramones. El dibujo de Vincent Dock es agradable y colorido, y sobre todo destaca su trabajo con las acuarelas de tonos pastel, que dotan al libro de una capa extra de fantasía y ensueño. Una historia que no necesita épica para funcionar porque el peso de la historia está en el zambullirse en el universo que el autor nos propone, disfrutar de la vívida naturaleza que retrata como marco de esta historia de descubrimientos, aventura ligera y amistad fraternal. Me ha faltado, personalmente, un tono de humor con el que retratar a los antagonistas, para que fuera más ghibli, pero en general, teniendo en cuenta al público al que se dirige (por eso La Cúpula lo edita en Brúfalo), es un cómic que hará volar la imaginación de sus lectores. 

P.S: Por cierto, las hermanas protagonistas llaman a su tienda Plantasia en homenaje a un álbum de Mort Garson de 1976, un disco de uno de los pioneros de la música electrónica que contiene composiciones específicamente para ser escuchadas por plantas. Si no lo conocéis, es una experiencia muy interesante escucharlo de fondo mientras leéis el cómic. 

17 julio 2026

'Rose en la isla', de Michel Rabagliati (Astiberri)


Michel Rabagliati es conocido por su serie Paul en..., una serie semiautobiográfica que le ha permitido contar prácticamente toda su vida, desde los tiempos de sus primeros trabajos veraniegos y sus campamentos, a una crónica de madurez en la que un Paul ya cuarentón se enfrenta a la muerte de sus padres (Paul en casa). Rose en la isla es una continuación lógica de ese trabajo, con nuevas historias sobre su alter ego Paul, sólo que aquí el autor cambia ligeramente de técnica y de enfoque. Originalmente, Rose en la isla debía de ser otro cómic más en su carrera, al estilo de la serie Paul en..., pero por su temática -las vacaciones del protagonista con su hija, temporalmente ubicadas tras el último álbum publicado, Paul en casa-, el propio Rabagliati comenta que se dejó llevar y terminó usando el formato que el paisaje le transmitió como más adecuado. ¿Cuál es ese formato? Yo no sé si lo llamaría "novela ilustrada", como dice la editorial, pero lo cierto es que ya no es puramente un cómic, porque alterna el texto con viñetas y con ilustraciones. No es tanto novela ni cómic como un híbrido que aprovecha las posibilidades de ambos medios. El texto le permite al autor reflexionar o profundizar en algunos de los recuerdos, monólogos interiores o historias que quiere contar, centrándose en el propio texto; mientras que las ilustraciones buscan conectar al lector con esa sensación de naturaleza absoluta que debía envolver a los personajes en su estancia en la isla remota de sus vacaciones. Para ello, Rabagliati utiliza sólo el lápiz en sus ilustraciones, de manera que el conjunto resulta, además, vinculado con las típicas libretas de apuntes de viajes.

Y en cuanto al enfoque, el título nos lo deja ver (y es algo de lo que no me di cuenta hasta ponerme a escribir esto): si antes era Paul en..., aquí es Rose en la isla, lo que ya nos da una pista de que en este nuevo capítulo, el foco no es sólo Paul (que sigue siéndolo), sino que se añade su hija Rose, y así, si no están juntos, la narración a veces pertenecerá a ella (sus sensaciones en la isla, sus exploraciones, el conocer a un chico allí...). Con todo, creo que en el fondo la batuta la lleva Paul, y Rose es una invitada de excepción que proporciona al personaje nuevas fuentes de reflexión. Pero ahí está el Paul de siempre: pensando en su vida y en el paso del tiempo, en lo que ha perdido recientemente, en un flirteo que no lleva a ningún sitio... Todo con esa inmensidad de la naturaleza que le proporciona el escenario y que cataliza esas reflexiones.

Rose en la isla es una buena continuación de la saga de Paul en... Demuestra que su costumbrismo, lejos de agotarse, puede tomar nuevos caminos y seguir contando buenas historias. 

13 julio 2026

'La espera', de Mario Trigo (Garbuix Books)

Si ayer en Vida y obra de un titiritero encontrábamos a un músico metido a guionista de cómic, en La espera, tebeo editado por Garbuix Books, me alucina encontrar a Mario Trigo, que es traductor, y fue jefe de redacción de Altaïr Magazine (aunque hay que decir que también ha hecho trabajos de ilustración), dominando el medio que en esta ocasión le ocupa de forma tan bárbara. Y es que si me dais un par de párrafos os explicaré por qué creo que éste tiene que ser uno de los cómics de 2026.

Resulta que en 2015, Mario Trigo tuvo que cubrir un viaje a Riaño para documentar los avistamientos de lobos. Trigo, que de fotografía al parecer sabe un poquito menos que de dibujo, decidió documentar el encargo con ilustraciones, y ese fue el germen de esta obra, que se articula en torno a dos ideas: la primera, la del lobo. Con la excusa de ir a verlo, Trigo teje una fascinante historiografía de cómo hemos visto al lobo desde el punto de vista antropológico: animal totémico, temido, reverenciado, odiado... Protagonista de nuestra cultura popular desde el alba de las civilizaciones, cuando su primo hermano decidió acercarse a nosotros y hacerse su amigo. La segunda idea: la de la espera. Los avistamientos de lobos, como en general cualquier observación animal, requiere de una gran dosis de paciencia. Y Trigo se ve envuelto en una doble espera: la cuenta de los días hasta que avisten a los lobos (si lo consiguen), y la de la vuelta a casa, con su mujer a punto de dar a luz.

Entretanto, con esta excusa, puede jugar con un montón de elementos: los pueblos inundados por el pantano postfranquista de Riaño (tema relacionado con la identidad y la raigambre, además de con la lucha ecologista por el territorio), la polémica sobre la caza del lobo, la mitología nórdica, la poesía en prosa, los argumentos de autoridad... Y lo que parece que podría haber sido un tema anodino, Trigo lo convierte en una magnífica lección de cómic, jugando con la composición a su antojo, usando el lenguaje metafórico y disponiendo del texto como sólo alguien que domina perfectamente el medio (un Scott McCloud, un David Mazzuchelli) puede hacer. 

De esta manera, Mario Trigo consigue en La espera un cómic que es algo así como un "documental de autor", donde las circunstancias y lo personal son tan importantes como el tema de fondo. Lo dicho, una maravilla, y para mí uno de los cómics del año. 

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