30 junio 2026

'Tantos futuros como puedas imaginar', de Shinsuke Yoshitake (Pastel de Luna)

[Este libro está disponible en catalán y en castellano por Pastel de Luna]

Shinsuke Yoshitake es el autor que, en mi opinión, más buen trabajo está haciendo para llevar la Filosofía a los más pequeños. Sus libros siempre orbitan sobre temas aparentemente inocuos, pero que llevan implícita una reflexión profunda sobre aspectos inherentes al ser humano: la identidad, la muerte, la eternidad... Si a esto le añadimos su exagerada y fecunda imaginación para crear situaciones estrambóticas y divertidas, nos encontramos con uno de los autores LIJ más originales del panorama.

No hay libro de Yoshitake que uno no pueda recomendar: La curiosa librería es una carta de amor al mundo de los libros, que se complementa aquí con la desbordante imaginación del autor; ¿Cómo será el más allá? es una mirada reflexiva (y esperanzada) a la muerte y a las preguntas que plantea; la autopercepción y la corporalida en Este robot soy yo... 

Pues bien, en Tantos futuros como puedas imaginar Yoshitake se permite ejercer de optimista irredento, y planta cara a los agoreros del determinismo para hablar de que el futuro no está escrito: de que el ser humano tiene la magnífica capacidad de poder transformarlo. Y esa poderosa arma tiene que ser utilizada con sentido común y esperanza. El futuro no está marcado por el destino: será lo bueno, malo o divertido que nosotros queramos que sea (y ahí, como marca de la casa, el autor tiene la gracia de usar su desaforada imaginación para construirlo). 

Yo creo que la virtud de Yoshitake es precisamente su honestidad, su facilidad para tratar temas adultos, y a veces disparatados, con los niños. Y el autor lo demuestra a cada nuevo título que publica. Y este nuevo álbum, Tantos futuros como puedas imaginar, es una prueba de ello.

29 junio 2026

'Wonder Woman: Tierra Muerta', de Daniel Warren Johnson (Panini)

 

La princesa Diana de Temiscira dejó atrás el paraíso para salvar el Mundo del Hombre de él mismo. Al despertar de un sueño que ha durado siglos y encontrarse con la Tierra reducida a un yermo nuclear, se da cuenta de que ha fallado. Atrapada en un lúgubre futuro, Diana tendrá que proteger la última ciudad humana de los titánicos monstruos. 

Tierra Muerta (originalmente publicada en 2019: servidor llega con 7 años de retraso a esta obra) es un cómic sobre Wonder Woman al final de los tiempos. Si Diana de Temiscira se movió siempre en un génesis mítico e impecable propio de las imaginerías de la mitología clásica, aquí el punto de vista se invierte y la amazona está íntimamente relacionada con el apocalipsis que barre el planeta.

Diana, como Kal-El, siempre han representado la esperanza en el ser humano: que dos extranjeros se convirtieran en los paladines de la Humanidad hablaba a muchos niveles de su posibilidad de redención, apelando a esa idea hebrea de "el mundo tiene que salvarse aunque sólo quede un hombre justo". Tierra Muerta gira mucho en torno a este concepto: a pesar de toda la destrucción mutua, el resentimiento, Wonder Woman representa la voluntad de seguir adelante. Aquí, el peso de la trama está basado en la idea de traición: la de los seres humanos a sí mismos, la que provoca la destrucción de Temiscira, la de Wonder Woman a sus propios ideales... Y cómo los personajes lidian con esa traición para afrontar, con resiliencia, una situación límite (y si, se me permite, con un mensaje un poco naïf, o superficial, de fondo).

Y si el en fondo la trama de Tierra Muerta es muy pulp, donde verdaderamente brilla es en la fuerza de los lápices de Daniel Warren Johnson. Desconocido en el mainstream (tiene algún trabajo para Image, Extremity, Do a Powerbomb!, pero yo personalmente desconocía su obra), es un autor que el lector puede ubicar entre el dinámico lápiz de un David Rubín, la elegancia de un Frederik Peeters y el trazo grueso y cargado de Paul Pope, combinados con la agilidad del lenguaje del manga de Katsuhiro Otomo. El resultado es una épica sucia, una facilidad casi insultante para componer viñetas heroicas y magníficas, llenas de movimiento, splash-pages que te dejan sin aliento, o encuadres que beben del cine. Efectivamente, Warren Johnson es un narrador nato y se especializa en magníficas secuencias de acción y todo el cómic es una montaña rusa de secuencias que combinan la tensión trágica de los flashbacks con la velocidad cinética de las del presente.

Esta edición de Panini en versión DC Black Label pone en valor precisamente el maravilloso trabajo del autor en sus ilustraciones. Un tamaño superior (24,5x31,5), tapa dura, sobrecubierta, y unos contenidos extra en forma de esbozos de los personajes hacen de ésta una edición especialmente buena para poder disfrutar de Tierra Muerta.  

27 junio 2026

Destacados de las novedades de Panini de junio 2026

 

 De las novedades que anuncia Panini para junio, destaco estas:

DC COMICS

 

Panini publica una nueva edición del DKR, pero en formato facsímil, es decir, en este caso, tal como se publicó por primera vez. Una oportunidad para nostálgicos y coleccionistas.  

 

Ahora que Supergirl está en el candelero por su adaptación cinematográfica, qué mejor que un one-shot como éste (Supergirl: el mundo), en el que un nutrido grupo de autores de todo el mundo toma el personaje y lo embarca en aventuras alrededor del globo.

 

Si tuviera que comprar un solo cómic de junio, sería esta recopilación de las aventuras más conocidas de Lobo, con, además, sus autores estrella (Keith Giffen, Simon Bisley, Alan Grant, Kevin O'Neill): Lobo, la rajada colección completa.  

MARVEL COMICS

De Marvel me llama la atención, sobre todo, una gran cantidad de material nostálgico de primera calidad. En primer lugar, este tomo de Marvel Superheroes: Doctor Muerte, que presenta historias sueltas clásicas en las que Muerte es el protagonista (con autores de postín, como Kirby, Thomas o Wally Wood). En el segundo caso, el tomo recopilatorio del inicio de la serie regular del Punisher, con un plantel extraordinario, como son Mike Baron, Klaus Janson, Whilce Portacio, Ann Nocenti,Romita Jr., ¡Mark Texeira! Sin duda, mi compra obligada del mes. Luego, tenemos el Omnibus 13 de Patrulla-X, que llega a la época dorada de Jim Lee tras la salida de Claremont. 

 

También tenemos la reedición del Punisher: Nacimiento de Ennis y Darick Robertson, que podéis ver reseñada aquí, y otras dos reediciones de material interesante de Spiderman, el Toda una vida, de Chip Zdarsky y Mark Bagley,  en una edición integral incluye tanto la miniserie original como el Annual contado desde el punto de vista de J. Jonah Jameson, que se añadió poco después; y otro clásico: el Spiderman: Azul, de la serie de revisiones "de color" que hicieron Tim Sale y Jeph Loeb. 

 


Y como colofón, me resulta curioso el aluvión de la colección Spiderman Team-Up que Panini plantea para este mes, con un montón de títulos que recopilan historias que cruzan al Trepamuros con otros héroes del universo Marvel: con Patrulla-X, Hulk, Punisher, Gata Negra, 4F, Vengadores, Masacre, Lobezno... Para todos los gustos.

Todo el boletín completo de las novedades de Panini (DC, Marvel, manga, etc.), lo tenéis [aquí].

26 junio 2026

‘Marvel Must-Have: El Castigador - Nacimiento’ (Panini)

El Castigador, o Punisher en su alternativa anglófona, es uno de esos personajes extremos de la Casa de las Ideas que realmente retrata el momento que le vio nacer. El vigilante por antonomasia nació en el 74 de manos de Gerry Conway y Ross Andru y originalmente era uno de los adversarios con los que se topa Spiderman. Pero el carisma y las circunstancias históricas hicieron pronto de él un personaje a explotar y en los años 80 se erigiría como uno de los máximos exponentes de lo que representó la era Reagan en la cultura popular norteamericana. Frank Castle se convirtió en el antihéroe, el justiciero fuera de la ley que los lectores buscaban. No obstante, su carrera ha sido algo irregular: ser poco más que la mano ejecutora de la justicia poética dejaba poco margen a quienes tenían que encargarse con él.

Uno de los que escritores que se ha aproximado de manera más exitosa a la figura del Castigador ha sido Garth Ennis. El polémico autor irlandés ya había dado prueba de su genio para la sátira y al mismo tiempo para llevar a los personajes a su límite. Tras su paso por Hellblazer y su puesta de largo con Predicador, Ennis estaba preparado para dar el salto a Marvel. En la primera saga que escribió Ennis decidió tirar por una perspectiva humorística, llena de los excesos que acostumbra con su habitual pareja artística Steve Dillon. Pero en siguientes entregas, Ennis se puso serio y por fin realizó una reflexión certera sobre la naturaleza de nuestro protagonista. 

Panini edita ahora en su colección Must Have la miniserie Born (Nacimiento) que sitúa a Frank Castle antes de su conversión en Castigador. Ennis elige conscientemente, obviando cualquier cuestión de cronología interna de Marvel, situar a Castle en la guerra de Vietnam. En la guerra que abrió los ojos de Estados Unidos y que hizo perder su inocencia encuentra Ennis el caldo de cultivo perfecto para encontrar las motivaciones del personaje. Castle no es fruto (solamente) de una locura postraumática, sino que hay mucho más detrás. El irlandés, como siempre que se acerca al tema bélico, escribe un cómic muy crítico con el conflicto armado, y su habitual crudeza en este caso está totalmente justificada al mostrar en todo su esplendor los horrores de la guerra. Acompaña a Ennis en esta serie Darick Robertson (Transmetropolitan), que deja de lado su vena más caricaturesca para aportar la seriedad que la serie demanda. Un cómic que marca el canon de lo que sería la aventura de Garth Ennis en Punisher. [Cómpralo ya aquí]

11 junio 2026

'Un mago de Terramar', de Fred Fordham (Planeta)

Creo firmemente que el mundo de la literatura tiene aún una deuda con Ursula K. Le Guin como una de las autoras de género fantástico más influyentes e importantes del siglo XX. Su huella profunda y transformadora se deja ver en sus aportaciones a la ficción especulativa y en el campo de la fantasía, especialmente a través de su célebre saga de Terramar. No se ha reconocido suficiente su trabajo, pero la adaptación de Fred Fordham de Un mago de Terramar es una de esas pruebas de que estamos ante la obra maestra de una de las grandes voces de la literatura.

Un mago de Terramar cuenta la historia de Ged, un joven con un talento innato para la magia que crece en una humilde aldea del archipiélago de Terramar. Tras descubrir su poder y aprender de su primer maestro, Ged decide ampliar sus horizontes partiendo al lugar donde se forman los grandes hechiceros de Terramar. Allí, su orgullo lo lleva a cometer un acto imprudente que desata una fuerza antigua y extraña. De esta manera, Ged emprende un viaje por mares y tierras lejanas, enfrentándose a peligros, aprendiendo el verdadero significado del equilibrio y la responsabilidad, y tratando de comprender la naturaleza del poder que ha liberado. Un mago de Terramar es una bildungsroman o novela de aprendizaje (como David Copperfield o El lazarillo de Tormes, para que me entendáis), pero disfrazada de novela de fantasía, donde hay mucho más de lo que el lector espera encontrar.

A diferencia de la fantasía tradicional centrada en la épica heroica y los conflictos externos, Le Guin introduce una narrativa más introspectiva, donde el verdadero viaje es interior a la vez que exterior. Introduciendo nociones de filosofía clásica y taoísmo, en Un mago de Terramar  Le Guin vincula el poder mágico al lenguaje y al conocimiento verdadero de las cosas (una cuestión abordada en el seno de la filosofía desde Platón). Además, rompe con muchos estereotipos del género al presentar protagonistas diversos y un mundo que se aleja del modelo inspirado por la mitología eurocéntrica.

Esta adaptación de Fred Forham a la novela gráfica por fin hace justicia a uno de los grandes pilares de la literatura fantástica, tras una fallida adaptación por parte del Studio Ghibli en 2006 (pero sin Hayao Miyazaki, ojo, adaptación de la que la propia autora renegó) o el despropósito de su serialización para la pequeña pantalla en 2004, con tantos cambios que hacían prácticamente irreconocible el espíritu de la saga.

Fordham aborda su adaptación como un intento de ser espiritualmente muy fiel al texto de Le Guin, y lo hace no sólo siguiendo los acontecimientos de la novela, sino evocando en sus acuarelas la atmósfera introspectiva y el tono meditativo de la obra original. Observad las imágenes que acompañan este texto: cada viñeta de Fordham es una pequeña maravilla digna de ser enmarcada. Su estilo se acerca al estilo pictórico que tan bien dominaban autores como Scott Hampton (Batman: Gritos en la noche), Kent Williams (Dime, Oscuro) o Jon J. Muth (Un misterio religioso). Pero no ya por su mérito artístico, sino porque ha acertado plenamente en recrear el universo de Terramar: un universo de archipiélagos, con habitantes y geografías más cercanas a Oceanía que a una fantasía medieval europea, donde el inmenso mar azul es uno de los protagonistas del cómic. El dominio de Fordham en el color es aquí absoluto. El sentido que tiene la novela de aprendizaje de un viaje interior y exterior está plenamente conseguido con esas viñetas que se abren al horizonte infinito del mar, que dejan espacio a la reflexión y al silencio, elementos tan importantes en la novela original. 

Fordham lo tenía complicado para trasladar a imágenes un texto en el que la palabra es -literalmente- tan importante como esta. Pero, en definitiva, podemos decir que estamos ante una monumental adaptación del texto de Ursula K. Le Guin. Teniendo la lectura fresca de la novela, puedo decir que Fordham ha capturado exactamente el espíritu de Un mago de Terramar .

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