En Space Scouts conoceremos el concurso galáctico homónimo, donde centenares de jóvenes se enfrentan a unas pruebas físicas y mentales excepcionales para ganar el privilegio de convertirse en Space Scout, los protectores de élite de los Planetas Unidos. Unos lo hacen por la fama, otros por sus ideales y otros pensando en sus planetas natales, que ganarán una importante suma de dinero.
Así pues, una joven Ember, procedente de un modesto planeta agrícola al estilo de Tatooine, recibe la noticia de que ha sido seleccionada. No es lo que ella haría, pero la presión que siente por no fallarle a su planeta es muy grande. Contrariamente a lo que ella querría, va avanzando en la competición hasta llegar a lo más alto... y desvelar cuál es el destino real de los Space Scouts.
Matt Kindt entrega una nueva obra de ciencia-ficción clásica, de aventura y un personaje que recorre el camino trágico del héroe. Sus influencias claras son todo el género de "concursos de supervivencia" (Perseguido, Battle Royale... o como referencia más moderna, El juego del calamar), con algunos préstamos de El juego de Ender y Starship Troopers. No puedo decir que sea la obra más original que he leído en este sentido, pero mantiene la intriga durante toda la serie.
Space Scouts tiene, narrativamente, una serie de decisiones arriesgadas por parte de Kindt: le dedica mucho espacio a la construcción de personajes (el equipo de personajes que se enfrentará en el concurso - personajes que luego serán aniquilados muy rápidamente), pero luego, a veces, la historia parece acelerarse sin motivo aparente (como en la última parte del concurso, o el final de la obra). Quizá la causa de ello es la división en tres capítulos de la obra. Me da la impresión de que la resolución es muy rápida y algo descompensada en el conjunto general.
En lo tocante a lo visual, tenemos a David Rubín en estado de excepción. Las composiciones abiertas de página, el maravilloso trabajo de color desbordante a cada página, la imaginería visual que despliega, las escenas de acción ilustradas de forma soberbia y brutal, no exentas de escenas escabrosas... hasta detalles tan nimios como la separación "volcánica" de las viñetas en la presentación de Krystal, o la que hacen las propias patas de Aye-Aye en su flashback... o ese personaje sospechosamente parecido a Frank Miller. Todo el conjunto, desde la portada a la separación de capítulos, es una maravilla para la vista.
Completa el tomo una serie de portadas originales USA y alternativas, unos dossieres sobre los principales personajes y el estudio de personajes de Rubín. En suma: obra de género que los amantes de la ciencia-ficción disfrutarán, mucho más si, además, aprecian el dibujo de uno de nuestros dibujantes más internacionales.

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