21 julio 2026

'Cuando caiga mi venganza sobre ti', de Gus Moreno y Jakub Rebelka (Astiberri)

Un cómic de género: de esos que le gustan a El Torres, donde lo importante es contar una buena historia que te atrape y te remueva. Esto es Cuando caiga mi venganza sobre ti, una obra de Gus Moreno y Jakub Rebelka que apareció en Boom! Comics en cinco grapas y que Astiberri ha editado en un tomo único.

Cuando caiga mi venganza sobre tiun título de resonancias tarantinianas (la espúrea cita de Ezequiel de Pulp Fiction, que realmente no es tal), es un thriller de terror sobre dos miembros de la Iglesia Católica que combaten el mal desde las sombras. El padre Stygian es la última salvaguarda en cuestión de exorcismos reales, y el padre Manuel es enviado con él tras un desafortunado incidente que le retira de dar homilias. Juntos, en una de las islas más meridionales del planeta, se van a enfrentar a un horror con el que carga Stygian desde hace mucho tiempo, en el que se ven envueltas corporizaciones demoníacas y secretos inconfesables.

Estamos ante un cómic de terror, subgénero posesiones y exorcismos, que está magníficamente llevado a través de sus cinco capítulos. La acción, el horror y los giros que crea Moreno hacen que la trama sea vibrante y uno no pueda abandonarla. Y luego está el arte de Jakub Rebelka (Judas, Orígenes, Cyberpunk 2077: XOXO), un ilustrador polaco con un trabajo exquisito que destaca por su plasticidad, y que no ahorra al lector ni una pesadilla. Rebelka tiene el don de hacer casi físicos los horrores que le plantea Moreno.

Cuando uno lee Cuando caiga mi venganza sobre ti entiende por qué no puede haber secuela de esta historia, pero no hubiera estado mal que hubiéramos conocido más historias de Stygian, porque su carisma le precede. El ambiente único (latino-meridional), los personajes con gancho, el dibujo subyugador... Como tebeo de género -sin buscar tener un gran mensaje ni plantear sesudas reflexiones, sino simplemente plantear una historia terrorífica- creo que puede destacar entre los mejores del año. Los lectores de Hellboy y aficionados al terror en general van a leer este cómic con profunda delectación. 

20 julio 2026

'Marvel Limited Ed.: El Castigador #1' de Mike Baron, Klaus Janson y otros (Panini)

El tomo Marvel Limited Edition El Castigador recoge los primeros 20 números (o casi, porque se cuela un número de Daredevil) de la primera serie regular del entrañable Punisher. Y digo entrañable porque este personaje que apareció en las páginas de Spiderman, si no recuerdo mal, como una figura ambigua, más malo que bueno, y que siempre se ha enfrentado al Trepamuros y a Daredevil por sus métodos expeditivos, es fruto de una época muy particular, y en esta serie eso es precisamente lo que encontraremos. Frank Castle, alias Castigador, es fruto de una época conservadorista, de desconfianza en el estado, donde se ha perdido la fe en las instituciones y sólo queda la justicia privada, y qué mejor época mundial para ello que los 80. Es la época de las películas de Stallone, de Chuck Norris, de los vigilantes... Y efectivamente, esto es lo que vamos a encontrar aquí. Este Castigador es como ver una película de Charles Bronson, con todo lo bueno y lo malo.

Porque el Castigador es un retahíla de tópicos de los 80 (bueno, en ese momento quizá no eran tópicos, era lo que se respiraba): carteles de droga latinoamericanos, supremacistas, radicales islamistas, sectas religiosas, psicópatas... ¡incluso una referencia nada velada a los asesinatos de Charles Manson! En definitiva, un festival de testosterona y muertes que ponían a prueba el Comics Code, y una tendencia de Mike Baron -el guionista- de convertir en los secundarios en personajes desechables que hoy Marvel seguramente le prohibiría. Pero esa retahíla no impide que el cómic funcione, al contrario. Este Castigador, que incluye números publicados entre 1987 y 1989, se lee de forma muy agradable, sobre todo si te gusta el cómic de la época o sabes a lo que vas.  

El plantel es de admirar ciertamente: Mike Baron (Nexus), Klaus Janson (entintador habitual de Miller y de Byrne, y aquí dibujante), Whilce Portacio, Scott Williams, Kevin Nowlan, Ann Nocenti y Romita Jr. (guionista y dibujante, respectivamente del número de Daredevil), Mark Texeira (aunque sólo un número e irreconocible). Una de las cosas que uno piensa mientras lee es la suma importancia que tienen los entintadores sobre el lápiz que entintan. Aquí, al ver el arte de Klaus Janson, uno no puede evitar pensar en Miller y en cierta forma en Byrne, y con Scott Williams, también entintador habitual de Jim Lee, sobre los dibujos de Portacio me pregunto ¿qué tomaron unos de los otros y viceversa). No es que Portacio, que toma los lápices a partir del número 8, sea muy santo de mi devoción, pero la nómina de por sí ya anima a tomar el libro. Uno de los puntos álgidos del tomo, por cierto, es una historia incluida en un Punisher Annual, en el que Microchip obtiene una historia como protagonista, y está realizada por dos autores desconocido. Y sin embargo, su soplo de aire fresco vale la pena.

En definitiva: muertes a cascoporro, sólo los crossover imprescindibles (en 20 números, Punisher sólo se había cruzado con Daredevil), incluso algo de sexo, y todos los enemigos de la América de los 80 representados y castigados por nuestro personaje. Poco más se puede pedir a este personaje. Otros guionistas (Garth Ennis, por ejemplo), ya se encargaría de darle más profundida y madurez, y de renovar su cabecera Pero en estas páginas es donde se encuentra la esencia del Castigador.  

Y una última apreciación: me encanta que Panini (o Marvel) saque estas ediciones bien gordas, en tapa dura, con papel poroso y no satinado, que permiten disfrutar mucho más del color, que también es el original. No he visto errores peores en las ediciones de los últimos 15 o 20 años que el sustituir el color de la época por otro digital. Aquí, afortunadamente, tenemos el material tal como se publicó, en formato de calidad (aunque el encolado no me acaba de gusta), y con un buen puñado de extras. De seguro voy a caer con el tomo o tomos siguientes. 

19 julio 2026

'Cómic radical', de Antonio Hitos (Astiberri)

He demorado mucho la reseña de Cómic radical, la última propuesta de Antonio Hitos, porque me pareció que algunos divulgadores ya habían dicho todo lo que yo hubiera podido decir, y encima mejor. Intentaré hacerlo lo mejor posible. Ahí va:

Cómic radical no es un cómic fácil. O más bien: no es que no sea un cómic fácil, porque en su extrema sencillez, sí que lo es, sino que no es un cómic para todos los públicos. Es fruto de una reflexión sobre el medio, es una investigación, es, sobre todo un ejercicio de estilo.

Porque Antonio Hitos, que ha demostrado en sus obras anteriores (Inercia, Materia, etc.) dominar completamente la sintaxis del cómic, propone un ejercicio de lo que quizá habría llamado Juan Ramón Jiménez poesía pura, pero en cómic, o una exploración hacia los elementos más intrínsecos del cómic, buscando que su sencillo mecanismo emerja como la narrativa-per-se del cómic. En Cómic radical, el medio es el mensaje, como hubiera dicho McLuhan. 

Porque, como hace notar el propio autor en el extenso epílogo de la obra (procedente de los textos que acompañaban a la exposición de la que Cómic radical es la base), "radical" viene de raíz. La obra, pues, constituye un viaje al mecanismo base de los tebeos, su propio milagro: que el tiempo se convierta en espacio. 

Hitos diferencia entre cómic radical y experimental, aunque ambos en algunas ocasiones tiendan puentes. Si en el segundo caso, el autor busca forzar los límites del lenguaje del medio, en el primero lo que se hace es precisamente señalar los elementos más característicos para que, despojados de todo el resto de elementos que configura un cómic (temática, estilo), aparezcan estos como los principales protagonistas. Cómic radical es una metarreflexión sobre el medio (en ese sentido podría considerarse experimental). Por ello Hitos escoge formatos muy cerrados (cuatro viñetas), una figura sencilla (apenas esbozada, pero siempre consistente) como personaje principal para movilizar los elementos del cómic, y se pone a demostrar su idea de cómic "radical". Y elige cuatro viñetas, como podría haber elegido tres, o cinco, o siete, porque lo importante es mostrar ese movimiento en la zona del "cerrado" entre viñetas. No se trata pues de un grupo de cuatro viñetas con un remate final en forma de chiste, como en Calvin & Hobbes, Garfield o cualquier otra tira cómica. Porque aquí se está poniendo el énfasis en el propio proceso.

Por tanto, no espere el lector encontrar aquí una historia, una trama, unos personajes. Cómic radical es otra cosa. Por eso decía al principio que no es para todos los públicos. Es una investigación, y es contemplar cómo funciona la singularidad que hace que el cómic sea cómic. Sólo una persona con una vocación y las ideas tan claras como Antonio Hitos podía llegar a este estudio-cómic.

18 julio 2026

'Plantasia', de Vincent Dock (La Cúpula)

 Debemos reconocer ya a Hayao Miyazaki como una de las grandes influencias que han tenido los autores de cómic en los últimos 30 años. Ya no hablamos sólo de manga: no sólo su estilo, sino su temática y sus enfoques, han impactado en la cultura popular hasta el punto de que podríamos casi crear un subgénero de cómics de estilo "ghibli" y muchos lectores podrían adivinar sus características: esto es, dibujo amable (hoy seguramente le llamarían cozy) colorido, predominio de escenarios en la naturaleza, temática ecologista, mensaje ético de fondo.

Estas son ciertamente las características que comparte Plantasia, de Vincent Dock, que publica en español La Cúpula en su colección Brúfalo. En Plantasia, encontramos a dos hermanas húerfanas que regentan una floristería, diríamos, mágica, aunque ella no son del todo conscientes. Cuando lleguen dos misteriosos ancianos, que se hacen pasar por reporteros, se darán cuenta de que su tienda alberga un secreto más grande de lo que podrían imaginar. 

Plantasia tiene un poco de las exhuberantes islas adriáticas de Porco Rosso, con el ambiente cozy urbano de Kiki's Delivery Service, aderezado con el panteísmo habitual de Miyazaki y guiños ocasionales como los de algunos cuadros (imposible no ver 'La isla de los muertos' de Bocklin en una de las viñetas). El universo de la obra no es ciertamente el nuestro pero tiene nexos en común: hay referencias visuales de David Bowie, ET o Ramones. El dibujo de Vincent Dock es agradable y colorido, y sobre todo destaca su trabajo con las acuarelas de tonos pastel, que dotan al libro de una capa extra de fantasía y ensueño. Una historia que no necesita épica para funcionar porque el peso de la historia está en el zambullirse en el universo que el autor nos propone, disfrutar de la vívida naturaleza que retrata como marco de esta historia de descubrimientos, aventura ligera y amistad fraternal. Me ha faltado, personalmente, un tono de humor con el que retratar a los antagonistas, para que fuera más ghibli, pero en general, teniendo en cuenta al público al que se dirige (por eso La Cúpula lo edita en Brúfalo), es un cómic que hará volar la imaginación de sus lectores. 

P.S: Por cierto, las hermanas protagonistas llaman a su tienda Plantasia en homenaje a un álbum de Mort Garson de 1976, un disco de uno de los pioneros de la música electrónica que contiene composiciones específicamente para ser escuchadas por plantas. Si no lo conocéis, es una experiencia muy interesante escucharlo de fondo mientras leéis el cómic. 

17 julio 2026

'Rose en la isla', de Michel Rabagliati (Astiberri)


Michel Rabagliati es conocido por su serie Paul en..., una serie semiautobiográfica que le ha permitido contar prácticamente toda su vida, desde los tiempos de sus primeros trabajos veraniegos y sus campamentos, a una crónica de madurez en la que un Paul ya cuarentón se enfrenta a la muerte de sus padres (Paul en casa). Rose en la isla es una continuación lógica de ese trabajo, con nuevas historias sobre su alter ego Paul, sólo que aquí el autor cambia ligeramente de técnica y de enfoque. Originalmente, Rose en la isla debía de ser otro cómic más en su carrera, al estilo de la serie Paul en..., pero por su temática -las vacaciones del protagonista con su hija, temporalmente ubicadas tras el último álbum publicado, Paul en casa-, el propio Rabagliati comenta que se dejó llevar y terminó usando el formato que el paisaje le transmitió como más adecuado. ¿Cuál es ese formato? Yo no sé si lo llamaría "novela ilustrada", como dice la editorial, pero lo cierto es que ya no es puramente un cómic, porque alterna el texto con viñetas y con ilustraciones. No es tanto novela ni cómic como un híbrido que aprovecha las posibilidades de ambos medios. El texto le permite al autor reflexionar o profundizar en algunos de los recuerdos, monólogos interiores o historias que quiere contar, centrándose en el propio texto; mientras que las ilustraciones buscan conectar al lector con esa sensación de naturaleza absoluta que debía envolver a los personajes en su estancia en la isla remota de sus vacaciones. Para ello, Rabagliati utiliza sólo el lápiz en sus ilustraciones, de manera que el conjunto resulta, además, vinculado con las típicas libretas de apuntes de viajes.

Y en cuanto al enfoque, el título nos lo deja ver (y es algo de lo que no me di cuenta hasta ponerme a escribir esto): si antes era Paul en..., aquí es Rose en la isla, lo que ya nos da una pista de que en este nuevo capítulo, el foco no es sólo Paul (que sigue siéndolo), sino que se añade su hija Rose, y así, si no están juntos, la narración a veces pertenecerá a ella (sus sensaciones en la isla, sus exploraciones, el conocer a un chico allí...). Con todo, creo que en el fondo la batuta la lleva Paul, y Rose es una invitada de excepción que proporciona al personaje nuevas fuentes de reflexión. Pero ahí está el Paul de siempre: pensando en su vida y en el paso del tiempo, en lo que ha perdido recientemente, en un flirteo que no lleva a ningún sitio... Todo con esa inmensidad de la naturaleza que le proporciona el escenario y que cataliza esas reflexiones.

Rose en la isla es una buena continuación de la saga de Paul en... Demuestra que su costumbrismo, lejos de agotarse, puede tomar nuevos caminos y seguir contando buenas historias. 

13 julio 2026

'La espera', de Mario Trigo (Garbuix Books)

Si ayer en Vida y obra de un titiritero encontrábamos a un músico metido a guionista de cómic, en La espera, tebeo editado por Garbuix Books, me alucina encontrar a Mario Trigo, que es traductor, y fue jefe de redacción de Altaïr Magazine (aunque hay que decir que también ha hecho trabajos de ilustración), dominando el medio que en esta ocasión le ocupa de forma tan bárbara. Y es que si me dais un par de párrafos os explicaré por qué creo que éste tiene que ser uno de los cómics de 2026.

Resulta que en 2015, Mario Trigo tuvo que cubrir un viaje a Riaño para documentar los avistamientos de lobos. Trigo, que de fotografía al parecer sabe un poquito menos que de dibujo, decidió documentar el encargo con ilustraciones, y ese fue el germen de esta obra, que se articula en torno a dos ideas: la primera, la del lobo. Con la excusa de ir a verlo, Trigo teje una fascinante historiografía de cómo hemos visto al lobo desde el punto de vista antropológico: animal totémico, temido, reverenciado, odiado... Protagonista de nuestra cultura popular desde el alba de las civilizaciones, cuando su primo hermano decidió acercarse a nosotros y hacerse su amigo. La segunda idea: la de la espera. Los avistamientos de lobos, como en general cualquier observación animal, requiere de una gran dosis de paciencia. Y Trigo se ve envuelto en una doble espera: la cuenta de los días hasta que avisten a los lobos (si lo consiguen), y la de la vuelta a casa, con su mujer a punto de dar a luz.

Entretanto, con esta excusa, puede jugar con un montón de elementos: los pueblos inundados por el pantano postfranquista de Riaño (tema relacionado con la identidad y la raigambre, además de con la lucha ecologista por el territorio), la polémica sobre la caza del lobo, la mitología nórdica, la poesía en prosa, los argumentos de autoridad... Y lo que parece que podría haber sido un tema anodino, Trigo lo convierte en una magnífica lección de cómic, jugando con la composición a su antojo, usando el lenguaje metafórico y disponiendo del texto como sólo alguien que domina perfectamente el medio (un Scott McCloud, un David Mazzuchelli) puede hacer. 

De esta manera, Mario Trigo consigue en La espera un cómic que es algo así como un "documental de autor", donde las circunstancias y lo personal son tan importantes como el tema de fondo. Lo dicho, una maravilla, y para mí uno de los cómics del año. 

12 julio 2026

'Vida y obra de un titiritero', de Enric Montefusco y Oriol García Quera (Astiberri)


Enric Montefusco, el músico y líder de la banda Standstill, ideó Vida y obra de un titiritero como un complemento al disco de reunión de su banda, trece años después de su último trabajo (disco que se publica en otoño de 2026). Montefusco, aparte de músico, ha escrito un libro de relatos, dirigido un documental y hasta comisariado una exposición, entre otras cosas.

El problema de este cómic no estriba en su apartado visual. Oriol García es un dibujante de una amplia trayectoria en el cómic histórico (Cavall Fort, Temps d'espases, Traç del Temps). García Quera hace seguramente lo que le mandan, en un dibujo del que destaca sobre todo la fuerza del lápiz y un color análogico y muy contenido en su paleta, y que contribuye a delimitar pasado, futuro y sueño. 

Lo que ocurre es que Montefusco ha intentado poner en metáforas la historia de su banda, con unos inicios humildes, una entrada en la popularidad, la tentación de la industria, que pone en peligro tu propia identidad a cambio del éxito, y luego, a través del vínculo familiar y del amor, el redescubrimiento de por qué empezó todo. Esta historia, ambientada en un pasado medieval anacrónico, viene aliñada por unos textos que entiendo que son las letras de ese nuevo trabajo de la banda que se publicará en otoño y al que complementa el cómic (o me da la sensación, por el tipo de texto, su rima interna, etc.). El problema es que el conjunto chirría. Las letras -asumamos que lo son- van por un lado y las imágenes por otro, y para que ese recurso funcione tienes que ser muy bueno: los dos discursos, imagen y palabra, tienen que ser complementarios, no independientes. De hecho, en una segunda lectura en la que obvié todos los textos, la historia que parece contar el cómic me resultó más inteligible.

Lo dice el guionista en las primeras palabras de la primera página: "¿Cómo explico esto?". En general, me da la sensación de que Vida y obra de un titiritero es una obra muy personal, tanto, que las referencias (al menos, desde alguien que no conoce ni la trayectoria de su guionista, ni su grupo - ¿por qué el grupo de titiriteros borra un cartel de The Carpenters?) creo que quedan demasiado veladas (lo que la contraportada califica como "un universo simbólico íntimo") y algunas decisiones no llegan a entenderse. ¿Por qué hay personajes sin cara? ¿Quién es la mujer que el protagonista se encuentra en la cumbre, al final de la historia? ¿Qué representa el cordero sin las patas traseras de la portada? La pelota, al final, pasa al tejado del lector, y tal vez el lector sepa qué hacer con ella, o tal vez no. Quiero pensar que lo que realmente es Vida y obra de un titiritero es el storyboard de un videoclip para la vuelta de Standstill que hubiera resultado muy caro de realizar.

11 julio 2026

'Allí donde vas', de Étienne Davodeau (La Cúpula)

Étienne Davodeau tiene un especial talento para el cómic costumbrista, para la observación del ser humano, y eso hace que muchas veces sus obras transiten la frontera entre lo que es puramente narrativa de ficción y lo que es intencionalidad documental. Davodeau siempre se ha sentido cómodo en estos géneros, a la vez que los ha sabido explorar como nadie, por eso a veces da la impresión de ser el más cinematográfico de los autores de bd.

En su línea más documental tenemos obras como La mala gente, donde aborda el movimiento sindical en Francia; Rural, sobre las vicisitudes del sector agrario, o Los ignorantes, una de sus obras más conocidas y aclamadas, en la que hace un intercambio de conocimientos entre un ingenierio vitícola y él (el mundo editorial y artístico del cómic). En su última obra Allí donde vas, Davodeau combina de forma más íntima el aspecto personal con su vocación divulgadora, puesto que la inspiración para su argumento se lo da su pareja: ella, Françoise Roy, lleva muchos años atendiendo a personas afectadas por el alzhéimer. Asiste a sus allegados y acompaña a los afectados en su peor tránsito. Davodeau tenía en su propia casa un tema excelente, pero dudó durante años si volcarlo al cómic o no, debido a la especial sensibilidad a la que se presta el tema (recordemos que el tema del alzhéimer ya había aparecido en su obra en Caída de bici, quizá en ese momento ya le rondaba la idea de Allí donde vas). Pero finalmente Françoise accedió y Davodeau cumplió con las condiciones que ésta le pidió para poder realizar la novela gráfica. Así que aquí, a pesar de poner de su cuenta ya que es un experimentado narrador de cómic, Davodeau se planteó prácticamente levantar acta de lo que le fuera contando su mujer, siempre desde una perspectiva constructiva y asertiva.

Así pues, el autor nos cuenta cómo es el trabajo de Françoise, desde la perspectiva principal de respetar la dignidad de los afectados por el alzhéimer. Porque más allá de preservar la memoria de los afectados (trabajo que es casi como construir castillos de arena), lo que ella busca es crear vínculos humanos, relaciones de reconocimiento, y sobre todo, rutinas y pautas que puedan otorgar calidad a estos seres humanos a los que el olvido va engullendo lentamente.

El alzhéimer es una afección que va claramente relacionada con la identidad y la pérdida de ésta: no sólo por el que la padece, sino también -y sobre todo- por las personas que tiene alrededor el afectado. Es terrible ver cómo se vacía ese ser querido hasta llegar a un punto en que ya no es quien fue. Se ha ido. Ha quedado, como una impronta, su cuerpo, pero lo que amábamos de esa persona, ya no está ahí. Por eso no os voy a negar que ésta sea una novela gráfica dura, y que te agita por dentro si has vivido algún caso o ves que tienes en el horizonte alguno. Pero no es la intención de Davodeau, en absoluto. Su historia está precisamente marcando los aspectos positivos de esta tragedia. Que en este mar de confusión, sólo queda el amor, la ternura y la comprensión. Y, sobre todo, la empatía y el conocimiento. De eso se encarga precisamente este cómic. Se trata de un trabajo muy didáctico. La intención de Davodeau es mostrar cómo se trabaja con estas personas, lo duro que resulta para todos (¡incluso para los cuidadores externos!), el trabajo que hay por hacer aún, y cómo a veces, incluso el humor aflora en situaciones tan dramáticas.

Como siempre, Étienne Davodeau ejecuta un magnífico cómic. Su experiencia como narrador le permite que, hasta un tebeo dedicado a los cuidados del alzhéimer resulte interesante y conmovedor.  

[Todas las reseñas de Étienne Davodeau en Iconotropía]

10 julio 2026

'La vida toda', de Ángel de la Calle, Jordi Sempere y Anna Maria Ruiz (Garbuix Books)


Garbuix Books recupera La vida toda, obra escrita por Ángel de la Calle, para la que el guionista tuvo en 2017 una beca de la Fundación Marguerite Yourcenar bajo el nombre Hoy que ya pasó la vida

De la Calle entrega un guion intimista para contar una historia de pérdidas: Daniel, expatriado de Argentina en París, se entera, tras veinte años de ausencia en su país, de que tiene una hija… La vuelta a su tierra natal, que dejó sin mirar atrás un momento, el reencuentro con propios y extraños, marcan un argumento que habla del momento más oscuro de Argentina, de represión militar y de miedo, pero también de cómo construimos nuestra identidad, del perdón y la redención, del paso del tiempo, que no es ajeno a nada… De la Calle sabe un manejar de forma muy efectiva la retrospección  para ir contando el pasado y el presente, uniendo ambos, mientras que Jordi Sempere ilustra en tonos apagados y grises (en su estilo de dibujo que a mí me recuerda mucho al de mi paisano Rafel Vaquer: ambos están relacionados por Saco Roto Ediciones... me pregunto si tienen algo más en común) esta dura historia. El volumen se completa con un largo artículo de Ramiro Manduca que nos pone en contexto sobre la historia reciente de Argentina para los que conocemos poco su devenir.

09 julio 2026

'Marcie. Punto de inflexión', de Cati Baur (Garbuix Books)


La historia de Marcie: punto de inflexión (Garbuix Books, 2026) actúa como un mcguffin, o como uno de esos episodios de Los Simpson que empieza de una forma que es prácticamente una excusa, para luego virar hacia otra cosa totalmente diferente. Caro (Marcie Caroline) es una mujer que está llegando a los cincuenta. Piensa que no lo puede ir peor... y resulta que pierde su empleo. Se siente invisible a todos los niveles: como mujer, como target comercial, como ser deseado... (Una historia que todas las mujeres de cierta edad tristemente reconocerán). Pero eso invisibilidad le da la excusa para lanzarse a una meta que no habría esperado: convertirse en detective privado, donde la clave está precisamente en pasar inadvertido en la gran ciudad.

A partir de aquí, este planteamiento que parece sacado de la última comedia francesa de moda, da un giro curioso cuando en una de sus rondas, Marcie, que se dedica sobre todo a la localización de perros perdidos o hurtados, se enfrenta a un caso mucho más importante.

Cati Baur ya nos deleitó con Aguachirri (que en español también publicó Garbuix y que comentamos aquí), que era como una de esas deliciosas comedias costumbristas francesas, llenas de guiños a la vida cotidiana. En Marcie, este planteamiento va un poco más allá y, por una parte, sirve como escaparate para hablar del tema de la mujer de mediana edad, invisibilizada en todos los aspectos de la vida, y por otra armar una trama de investigación de detective aficionada y torpe al estilo de Woody Allen (o del cozy mistery, que está tan de moda actualmente). El resultado es una obra muy completa, divertida y cercana, amable y entrañable. Marcie demuestra lo buena autora que es Cati Baur aún más que en su anterior obra.

08 julio 2026

'El Dorado: El delirio de Lope de Aguirre', de Alberto Breccia y Carlos Albiac (Astiberri)


El Dorado fue la última obra que Alberto Breccia vio publicada en vida: editada originalmente en 1992, Breccia viviría tan sólo un año más. El autor de obras maestras como Mort Cinder, parte de El Eternauta,  y otras grandes adaptaciones como las de los Mitos de Lovecraft o los cuentos de Poe, el uruguayo a lo largo de su trayectoria desarrolló un estilo sincrético, ecléctico pero totalmente reconocible por el magistral uso del color y, más adelante, del collage. Enfrentarnos con las páginas de Breccia nos da aquella sensación de ir "a hombros de gigantes", porque el dominio de la narrativa gráfica del autor es total.

En El Dorado, Breccia trabajó junto a Carlos Albiac (1928-2012) en un encargo con motivo del Quinto Centenario y que hasta hoy no se había reeditado en España. La novela gráfica cuenta la conocida historia de la traición de Lope de Aguirre, que alentó un motín en una expedición que buscaba El Dorado y finalmente una revuelta contra la corona. Una figura incómoda para el panteón de leyendas del Imperio Español, y que ha tenido diferentes aproximaciones desde el cómic y el cine. 

Me llama la atención que una de las citas de autoridad que usa el cómic (Andrés Accorsi) dice de Breccia que es un autor "ya mayor que no se guarda absolutamente nada". Es la sensación que tuve yo. Breccia a estas alturas no tenía que demostrar nada, y menos en una obra de encargo. En El Dorado, opta por el uso de un color vibrante, chillón, con clara preferencia por una paleta que orbita alrededor del violeta. El dibujo se somete a las posibilidades del color: parece, casi, como si Breccia no hubiera dibujado, sino directamente configurado formas de color que hubieran ido tomando forma. Mucho más claro en su dibujo, pero al mismo tiempo más expresionista,  el dibujante puede concentrarse en la historia bajo el prisma enloquecido de Aguirre, con Clavijo, el músico que convierte su triste devenir en un romance recitado. 

De El Dorado apenas vemos nada, pues es sólo un espejismo provocado por la sed de poder y la violencia que éste conlleva. El libertador se ha convertido en tirano, pero otro tirano acaba con él. Esta es la triste historia, por cierto de Latinoamérica, lo que convierte El delirio de Lope de Aguirre en una especie de cuento universal.  

07 julio 2026

'Carretera fantasma 3', de Jeff Lemire y Gabriel H. Walta (Astiberri)

Un objeto misterioso que se adueña de la voluntad de los que lo recogen para ponerse a salvo, unas gasolineras misteriosamente vinculadas a unas líneas de fuerza geománticas… En este tercer volumen de Carretera fantasma se cierra el primer arco argumental (¡pero ojo, que no termina!) de la serie de Lemire en la que el guionista se adentra en territorios que entrecruzan

Con el tiempo me he vuelto más y más escéptico con el trabajo de Lemire. Durante una época fue la niña de los ojos del cómic mainstream americano, produciendo series una tras otra, y la crítica deshaciéndose en halagos por su revisión de temáticas como la superheroica (Black Hammer), pero cuantas más obras suyas leo (y mira que he leído), menos me convence. Y no es que sea un mal guionista: es un tío muy capaz, muy válido y muy profesional, y entrega historias con gancho, bien pensadas y ejecutadas, pero a mí no me terminan de llenar, porque a cada serie nueva que leo suya, pienso "ah, sí, aquí ha mezclado X, Y y Z". Esto es básicamente lo que ha ido haciendo en sus últimas entregas, las referencias-homenajes en esta ocasión las he puesto en el párrafo anterior y son diáfanas. La cuestión es: ¿puede Lemire con estos mimbres tejer una historia que sea interesante al nivel de los referentes que toma? Yo cada vez soy más escéptico. En Carretera fantasma ha necesitado casi 300 páginas para llevar la serie a... ¿dónde? Lemire no busca resolver las preguntas que va planteando, y me da que a veces terminará marcándose un Perdidos. Me pregunto si será capaz de tragar lo que está masticando. En todo caso, tiene a G.H. Walta (Visión), que hace un muy buen trabajo a los lápices y que aporta el tono sombrío que la serie necesita.

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