Si ayer en Vida y obra de un titiritero encontrábamos a un músico metido a guionista de cómic, en La espera, tebeo editado por Garbuix Books, me alucina encontrar a Mario Trigo, que es traductor, y fue jefe de redacción de Altaïr Magazine (aunque hay que decir que también ha hecho trabajos de ilustración), dominando el medio que en esta ocasión le ocupa de forma tan bárbara. Y es que si me dais un par de párrafos os explicaré por qué creo que éste tiene que ser uno de los cómics de 2026.
Resulta que en 2015, Mario Trigo tuvo que cubrir un viaje a Riaño para documentar los avistamientos de lobos. Trigo, que de fotografía al parecer sabe un poquito menos que de dibujo, decidió documentar el encargo con ilustraciones, y ese fue el germen de esta obra, que se articula en torno a dos ideas: la primera, la del lobo. Con la excusa de ir a verlo, Trigo teje una fascinante historiografía de cómo hemos visto al lobo desde el punto de vista antropológico: animal totémico, temido, reverenciado, odiado... Protagonista de nuestra cultura popular desde el alba de las civilizaciones, cuando su primo hermano decidió acercarse a nosotros y hacerse su amigo. La segunda idea: la de la espera. Los avistamientos de lobos, como en general cualquier observación animal, requiere de una gran dosis de paciencia. Y Trigo se ve envuelto en una doble espera: la cuenta de los días hasta que avisten a los lobos (si lo consiguen), y la de la vuelta a casa, con su mujer a punto de dar a luz.
Entretanto, con esta excusa, puede jugar con un montón de elementos: los pueblos inundados por el pantano postfranquista de Riaño (tema relacionado con la identidad y la raigambre, además de con la lucha ecologista por el territorio), la polémica sobre la caza del lobo, la mitología nórdica, la poesía en prosa, los argumentos de autoridad... Y lo que parece que podría haber sido un tema anodino, Trigo lo convierte en una magnífica lección de cómic, jugando con la composición a su antojo, usando el lenguaje metafórico y disponiendo del texto como sólo alguien que domina perfectamente el medio (un Scott McCloud, un David Mazzuchelli) puede hacer.
De esta manera, Mario Trigo consigue en La espera un cómic que es algo así como un "documental de autor", donde las circunstancias y lo personal son tan importantes como el tema de fondo. Lo dicho, una maravilla, y para mí uno de los cómics del año.











