[Recupero esta reseña de 2016 que estaba en Librosyliteratura.es, web que ya ha cerrado y ha sido sustituida por una casa de apuestas]
Cada vez que sale un nuevo tomo de las aventuras de Paul, de
Michel Rabagliati, sus seguidores le hacemos una ola. Este autor de
Montreal ha conseguido, durante los casi dieciocho años que lleva unido a
su personaje, congregar a un círculo de lectores muy fieles que
aprecian su talante como autor costumbrista. Rabagliati es un autor que
nunca se ha distanciado del género slice of life y ha creado un alter
ego que ha capturado distintos momentos, tanto de la vida personal como
de toda una época.
Paul en el norte es la séptima
entrega en castellano de las vivencias de Paul. Rabagliati no las ha
publicado en un orden cronológico, sino que ha atendido más bien a
razones sentimentales. En esta ocasión, nos trasladamos a 1976. Paul es
un adolescente y su única aspiración es conseguir dinero para comprar se
una moto. Ese ese momento en el que Paul, que se ha mudado
recientemente de barrio, empieza a alejarse de sus padres, su hermana se
va de casa y hace nuevos amigos. Precisamente el conocer a Marc, un
nuevo compañero de instituto, hará que Paul salga definitivamente de su
infancia para convertirse realmente en un adolescente. Le esperan
verdaderos ritos de paso, en un verano inolvidable por los juegos
olímpicos que su ciudad natal organizaba aquel año.
En
esa puerta de entrada a la madurez colaborará también su tío, esa
figura entre paternal y díscola que le proporcionará sus primeros
trabajos pero también sus primeros placeres como adulto: la bebida, el
tabaco y las primeras experiencias más cercanas al otro sexo.
En Paul en el norte podemos decir que nuestro protagonista va haciéndose adulto: no sólo por aquellas
experiencias que terminan por despertarle de su inocencia infantil (como
el conductor que le propone veladamente un encuentro sexual cuando hace
autoestop), sino también por el gran tema de este volumen: el
descubrimiento del amor. Paul se enamora locamente,
como sólo hacemos en la adolescencia, y repite, sin siquiera saberlo,
cada estereotipo del primer amor. Rabagliati es consciente de ello, y
una de las cosas que mejor se le dan es poder ver los hechos con una
distancia que permite algo más de objetividad. El retrato de Paul es
cariñoso, pero no exento de ironía. Nos vemos reflejados en Paul y eso
es precisamente el gran mérito de Rabagliati.
A pesar
de llevar ya casi veinte años con su saga, nuestro autor apenas ha
modificado su estilo, un trazo limpio y sinuoso que nos recuerda a los
caricaturistas americanos de los años 50 y 60. La única novedad que al
respecto ofrece este tomo es la inclusión de unas páginas en un color
muy vistoso, cuya intencionalidad está justificada dentro de la
historia.
Paul en el norte es una invitación a rememorar esos años de adolescencia en las que
hicimos cosas que hoy nos parecen absurdas. Una evocación nostálgica
pero alegre, con un humor natural, sin estridencias: el que encierran
las escenas cotidianas. Acercaos a Paul y acompañadle en sus
descubrimientos, caminad hacia el norte con él. Si no lo conocéis, es,
como cualquiera de sus volúmenes, una excelente manera de empezar. Y si,
como yo, lo sentís ya como un amigo, os encantará volver a saber de él.