La princesa Diana de Temiscira dejó atrás el paraíso para salvar el Mundo del Hombre de él mismo. Al despertar de un sueño que ha durado siglos y encontrarse con la Tierra reducida a un yermo nuclear, se da cuenta de que ha fallado. Atrapada en un lúgubre futuro, Diana tendrá que proteger la última ciudad humana de los titánicos monstruos.
Tierra Muerta (originalmente publicada en 2019: servidor llega con 7 años de retraso a esta obra) es un cómic sobre Wonder Woman al final de los tiempos. Si Diana de Temiscira se movió siempre en un génesis mítico e impecable propio de las imaginerías de la mitología clásica, aquí el punto de vista se invierte y la amazona está íntimamente relacionada con el apocalipsis que barre el planeta.
Diana, como Kal-El, siempre han representado la esperanza en el ser humano: que dos extranjeros se convirtieran en los paladines de la Humanidad hablaba a muchos niveles de su posibilidad de redención, apelando a esa idea hebrea de "el mundo tiene que salvarse aunque sólo quede un hombre justo". Tierra Muerta gira mucho en torno a este concepto: a pesar de toda la destrucción mutua, el resentimiento, Wonder Woman representa la voluntad de seguir adelante. Aquí, el peso de la trama está basado en la idea de traición: la de los seres humanos a sí mismos, la que provoca la destrucción de Temiscira, la de Wonder Woman a sus propios ideales... Y cómo los personajes lidian con esa traición para afrontar, con resiliencia, una situación límite (y si, se me permite, con un mensaje un poco naïf, o superficial, de fondo).
Y si el en fondo la trama de Tierra Muerta es muy pulp, donde verdaderamente brilla es en la fuerza de los lápices de Daniel Warren Johnson. Desconocido en el mainstream (tiene algún trabajo para Image, Extremity, Do a Powerbomb!, pero yo personalmente desconocía su obra), es un autor que el lector puede ubicar entre el dinámico lápiz de un David Rubín, la elegancia de un Frederik Peeters y el trazo grueso y cargado de Paul Pope, combinados con la agilidad del lenguaje del manga de Katsuhiro Otomo. El resultado es una épica sucia, una facilidad casi insultante para componer viñetas heroicas y magníficas, llenas de movimiento, splash-pages que te dejan sin aliento, o encuadres que beben del cine. Efectivamente, Warren Johnson es un narrador nato y se especializa en magníficas secuencias de acción y todo el cómic es una montaña rusa de secuencias que combinan la tensión trágica de los flashbacks con la velocidad cinética de las del presente.
Esta edición de Panini en versión DC Black Label pone en valor precisamente el maravilloso trabajo del autor en sus ilustraciones. Un tamaño superior (24,5x31,5), tapa dura, sobrecubierta, y unos contenidos extra en forma de esbozos de los personajes hacen de ésta una edición especialmente buena para poder disfrutar de Tierra Muerta.















