Como dramaturgo, Lorca exploró a fondo el teatro popular, y le apasionaban las obras de guiñol. Se cuenta que tenía una mente prodigiosa y que, en su época de la Residencia de Estudiantes, era capaz de recitar obras enteras interpretando a todos los personajes. Entre sus obras más destacadas, están Bodas de sangre, Yerma y La casa de Bernarda Alba. Estas tres obras son las que Santi Rubio ha querido homenajear y amalgamar en Lorquiana, su nueva novela gráfica, junto a la joven ilustradora María Badía.
En Lorquiana, Rubio ha querido yuxtaponer estos tres dramas de Lorca y, por tanto los tres conflictos que estos plantean. En Bodas de sangre, la protagonista se encuentra en la encrucijada de un amor prohibido y trágico: a punto de casarse con un hombre al que no ama, y con un amante que le pide que se fugue con él. En la obra, Lorca busca captar toda la esencia de un pueblo que admiraba por su arrojo: el gitano.
En Yerma, el conflicto se traslada a la esfera íntima: Lorca explora de manera trágica la opresión del deseo y las normas sociales a través de la figura de la protagonista (en esta versión, Lorquiana, que ha hecho borrón y cuenta nueva desde lo ocurrido en Bodas), una mujer cuya identidad y destino parecen quedar reducidos a su incapacidad para concebir un hijo. Su anhelo estéril no es solo personal, sino también social y simbólico, pues la presión de la comunidad y las expectativas de su matrimonio la empujan hacia un encierro emocional que acaba destruyéndola. Esta tensión entre deseo íntimo y mandato colectivo enlaza profundamente con la temática general del teatro de Lorca, donde el choque entre la libertad interior y las fuerzas represoras —familia, tradición, moral, destino— marca el camino hacia lo inevitablemente trágico, como ocurrirá también en la tercera parte de este tríptico: La casa de Bernarda Alba.
Finalmente, la historia de Salva Rubio y realiza una tercera y última pirueta para convertir a una anciana Lorquiana en la matriarca por excelencia, Bernarda Alba, en La casa de Lorquiana. Aquí el conflicto es, efectivamente, el choque entre la realidad y el deseo, y, sobre todo, el mundo hipócrita del aparentar de las gentes del pueblo.
Una de las virtudes de esta novela gráfica es que al amalgamar esta trilogía dramática, uno puede ver con mucho más claridad y detalle cómo los temas de Lorca se desarrollan, se amplifican y se pulen en las tres obras, puesto que siempre están allí presentes.
Otra de las virtudes, esta la saco a relucir como profesor de literatura castellana en secundaria, es la absoluta fidelidad del guion sobre las palabras de Lorca. Rubio no ha adaptado las palabras. Lo sé porque conozco muy bien las obras (leo en clase La casa de Bernarda Alba desde hace quince años y me sé la obra prácticamente de memoria) y literalmente los personajes están recitando las palabras originales. Y eso para mí es un gran valor, porque al ser las palabras totalmente fieles al original, podemos disfrutar de la maravilla de las expresiones de Lorca, y además es un rasgo que cohesiona aún más este tríptico.
No puedo ser imparcial con el teatro de Lorca: vuela tan alto, conjuga tan bien la expresión de los conflictos personales con un uso tan rico del lenguaje, que siempre es un placer leerlo. Aquí la pericia de los autores ha sido notable, al ingeniar coherentemente una trabazón para las tres obras, tanto estética como literaria.



















