09 julio 2026

'Marcie. Punto de inflexión', de Cati Baur (Garbuix Books)


La historia de Marcie: punto de inflexión (Garbuix Books, 2026) actúa como un mcguffin, o como uno de esos episodios de Los Simpson que empieza de una forma que es prácticamente una excusa, para luego virar hacia otra cosa totalmente diferente. Caro (Marcie Caroline) es una mujer que está llegando a los cincuenta. Piensa que no lo puede ir peor... y resulta que pierde su empleo. Se siente invisible a todos los niveles: como mujer, como target comercial, como ser deseado... (Una historia que todas las mujeres de cierta edad tristemente reconocerán). Pero eso invisibilidad le da la excusa para lanzarse a una meta que no habría esperado: convertirse en detective privado, donde la clave está precisamente en pasar inadvertido en la gran ciudad.

A partir de aquí, este planteamiento que parece sacado de la última comedia francesa de moda, da un giro curioso cuando en una de sus rondas, Marcie, que se dedica sobre todo a la localización de perros perdidos o hurtados, se enfrenta a un caso mucho más importante.

Cati Baur ya nos deleitó con Aguachirri (que en español también publicó Garbuix y que comentamos aquí), que era como una de esas deliciosas comedias costumbristas francesas, llenas de guiños a la vida cotidiana. En Marcie, este planteamiento va un poco más allá y, por una parte, sirve como escaparate para hablar del tema de la mujer de mediana edad, invisibilizada en todos los aspectos de la vida, y por otra armar una trama de investigación de detective aficionada y torpe al estilo de Woody Allen (o del cozy mistery, que está tan de moda actualmente). El resultado es una obra muy completa, divertida y cercana, amable y entrañable. Marcie demuestra lo buena autora que es Cati Baur aún más que en su anterior obra.

08 julio 2026

'El Dorado: El delirio de Lope de Aguirre', de Alberto Breccia y Carlos Albiac (Astiberri)


El Dorado fue la última obra que Alberto Breccia vio publicada en vida: editada originalmente en 1992, Breccia viviría tan sólo un año más. El autor de obras maestras como Mort Cinder, parte de El Eternauta,  y otras grandes adaptaciones como las de los Mitos de Lovecraft o los cuentos de Poe, el uruguayo a lo largo de su trayectoria desarrolló un estilo sincrético, ecléctico pero totalmente reconocible por el magistral uso del color y, más adelante, del collage. Enfrentarnos con las páginas de Breccia nos da aquella sensación de ir "a hombros de gigantes", porque el dominio de la narrativa gráfica del autor es total.

En El Dorado, Breccia trabajó junto a Carlos Albiac (1928-2012) en un encargo con motivo del Quinto Centenario y que hasta hoy no se había reeditado en España. La novela gráfica cuenta la conocida historia de la traición de Lope de Aguirre, que alentó un motín en una expedición que buscaba El Dorado y finalmente una revuelta contra la corona. Una figura incómoda para el panteón de leyendas del Imperio Español, y que ha tenido diferentes aproximaciones desde el cómic y el cine. 

Me llama la atención que una de las citas de autoridad que usa el cómic (Andrés Accorsi) dice de Breccia que es un autor "ya mayor que no se guarda absolutamente nada". Es la sensación que tuve yo. Breccia a estas alturas no tenía que demostrar nada, y menos en una obra de encargo. En El Dorado, opta por el uso de un color vibrante, chillón, con clara preferencia por una paleta que orbita alrededor del violeta. El dibujo se somete a las posibilidades del color: parece, casi, como si Breccia no hubiera dibujado, sino directamente configurado formas de color que hubieran ido tomando forma. Mucho más claro en su dibujo, pero al mismo tiempo más expresionista,  el dibujante puede concentrarse en la historia bajo el prisma enloquecido de Aguirre, con Clavijo, el músico que convierte su triste devenir en un romance recitado. 

De El Dorado apenas vemos nada, pues es sólo un espejismo provocado por la sed de poder y la violencia que éste conlleva. El libertador se ha convertido en tirano, pero otro tirano acaba con él. Esta es la triste historia, por cierto de Latinoamérica, lo que convierte El delirio de Lope de Aguirre en una especie de cuento universal.  

07 julio 2026

'Carretera fantasma 3', de Jeff Lemire y Gabriel H. Walta (Astiberri)

Un objeto misterioso que se adueña de la voluntad de los que lo recogen para ponerse a salvo, unas gasolineras misteriosamente vinculadas a unas líneas de fuerza geománticas… En este tercer volumen de Carretera fantasma se cierra el primer arco argumental (¡pero ojo, que no termina!) de la serie de Lemire en la que el guionista se adentra en territorios que entrecruzan

Con el tiempo me he vuelto más y más escéptico con el trabajo de Lemire. Durante una época fue la niña de los ojos del cómic mainstream americano, produciendo series una tras otra, y la crítica deshaciéndose en halagos por su revisión de temáticas como la superheroica (Black Hammer), pero cuantas más obras suyas leo (y mira que he leído), menos me convence. Y no es que sea un mal guionista: es un tío muy capaz, muy válido y muy profesional, y entrega historias con gancho, bien pensadas y ejecutadas, pero a mí no me terminan de llenar, porque a cada serie nueva que leo suya, pienso "ah, sí, aquí ha mezclado X, Y y Z". Esto es básicamente lo que ha ido haciendo en sus últimas entregas, las referencias-homenajes en esta ocasión las he puesto en el párrafo anterior y son diáfanas. La cuestión es: ¿puede Lemire con estos mimbres tejer una historia que sea interesante al nivel de los referentes que toma? Yo cada vez soy más escéptico. En Carretera fantasma ha necesitado casi 300 páginas para llevar la serie a... ¿dónde? Lemire no busca resolver las preguntas que va planteando, y me da que a veces terminará marcándose un Perdidos. Me pregunto si será capaz de tragar lo que está masticando. En todo caso, tiene a G.H. Walta (Visión), que hace un muy buen trabajo a los lápices y que aporta el tono sombrío que la serie necesita.

05 julio 2026

'El hombre que podía hacer milagros', de José Luis Munuera (Astiberri)


José Luis Munuera continúa con su línea de adaptaciones de autores del siglo XIX, tras haber versionado a Melville (Bartleby, el escribiente), Dickens (Cuento de Navidad) o J.M. Barrie (Peter Pan de Kensington, la primera encarnación del inmortal personaje). En esta ocasión le llega el turno a H.G. Wells, el gran autor de ficción científica de la literatura inglesa. Para ello, Munuera elige un cuento menos conocido del autor británico, El hombre que podía hacer milagros, publicado por primera vez en 1898 y más tarde antologado en 1911. Todas estas adaptaciones han sido publicadas originalmente en francés y aquí traducidas por Astiberri.

El hombre que podía hacer milagros es una historia muy de su tiempo, en la que un hombre corriente recibe el extrañe e involuntario de hacer realidad todo aquello que desea. Empieza desde ahí su intento de explicar qué le está ocurriendo y para ello Munuera adapta el texto para darle más empaque a esta parte: consulta con médiums, psiquiatras, médicos hasta dar con el sacerdote -originalmente ya en Wells- que es quien por primera vez le cree y le orienta en el uso de su "poder", si bien se revela que éste también tiene intereses propios para hacerlo.

No quiero desvelar mucho más de la trama, porque estaría feo si no se conoce la historia. Baste saber que la trama va un poco en la línea del famoso relato -adaptado en Los Simpsons- de La pata de mono de  W.W. Jacobs. En realidad, ni siquiera sabemos por qué a ese administrativo corriente y moliente le ha sido concedido tamaño poder. Lo que a Wells, y a Munuera le interesa, es hablar sobre el poder, la fe y las creencias, el determinismo y la libertad, y como diría Stan Lee, un gran poder conlleva una gran responsabilidad. Temas complejos y profundos que Munuera arropa con un humor resultón, sobre todo con su gran capacidad para la caricaturesca expresividad de sus rostros. 

A nivel gráfico, como siempre Munuera está pletórico y nos otorga -con la ayuda del color de Sedyas, que mucho tiene que ver aquí- unas grandes viñetas de magnífica factura pictórica, sobre todo en las que retratan el campo o la ciudad a toda página.

En definitiva, una historia sobre el uso y el abuso del poder, que José Luis Munuera y Sedyas ilustran de una manera excepcional.

04 julio 2026

'Sunny', de Taiyo Matsumoto (ECC)


Taiyo Matsumoto es, al menos en lo visual, uno de los mangakas más atractivos del panorama nipón actual. En Tekkon Kinkreet (Glénat) daba rienda suelta a las aventuras urbanas de una pareja de chicos descastados, que hacían de la ciudad su pequeño imperio. Con El samurái que vendió su alma (EdT) llegaba su mejor obra hasta el momento, una historia ambientada en el periodo Edo de Japón en la que un peculiar ronin se ve mezclado en una investigación de asesinatos. Matsumoto, en ambas obras, hace gala de un eclecticismo apabullante. Sus referencias son diversas: desde el ukiyo-e tradicional hasta la obra del inglés Dave McKean.

En Sunny, Matsumoto se acerca de nuevo al mundo de los niños para ofrecer la historia de un grupo muy especial: chavales abandonados u obligados por las circunstancias a estar lejos de sus familias. Imaginativos, inquietos y gamberros, pero también nostálgicos e inevitablemente marcados por las circunstancias, aprovechan cada ocasión que se les presenta para jugar en el Sunny 1200 situado en el jardín del refugio, un viejo coche convertido en su pasatiempo preferido y del que la obra toma el título.

Avalada por nominaciones en el Festival Internacional de Angoulême y en los Premios Harvey, y ganadora del Cartoonist Studio Prize a la mejor novela gráfica, Sunny es una obra parcialmente autobiográfica (Matsumoto vivió de pequeño en un orfanato) que vuelve a dejar patente el talento de Taiyō Matsumoto y su capacidad para entregarnos obras que fusionan elementos costumbristas con pasajes poéticos, en esta ocasión para dar forma a un emotivo retrato de la infancia.

En Sunny nos encontramos a un pequeño grupo de niños que conviven en una casa de acogida regentada por un anciano de venerable pose monjil. No pueden ser más diferentes entre ellos (y eso incluye desde adolescentes hasta bebés, pasando por alguno con deficiencias mentales), pero tienen algo que les une, y es el tener que compartir ese espacio debido a alguna circunstancia trágica. Pese a lo dramático de la situación que viven, son al fin y al cabo niños, y así, el Sunny se convierte en un espacio de libertad donde soñar, evadirse o simplemente esconderse. Cada uno de ellos lo usará de forma distinta: uno se imaginará ser un miembro de la yakuza huyendo de la policía; otro será el chófer de algún otro niño; alguno lo usará para volver a casa imaginariamente… y otro simplemente para ver pornografía lejos de los adultos.

De esta manera se va tejiendo una historia que fluye tranquilamente, como un mediodía de verano. Somos testigos de las ilusiones, esperanzas y miedos de estos Niños de las Estrellas, esta comunidad de marginados que ha conseguido ser una nueva familia, como así lo vemos en el capítulo donde el más joven de ellos se pierde y hay que ir a buscarlo.

Dotada de una especial ternura, Sunny es una obra melancólica y sentimental, quizá la más realista de las que ha realizado. Una obra en la que realmente no pasa nada especial: todo lo consigue Matsumoto con la evocación sincera de una época que, aunque puede estar cuajada de dolor, sigue siendo el territorio de la libertad.

ECC ha publicado Sunny en tomos y en un volumen integral que ahora está descatalogado, a la espera de que otra editorial la retome. 

03 julio 2026

'Saquen sus muertos', de Rayco Pulido (Astiberri)

Saquen sus muertos es la adaptación al cómic que Rayco Pulido ha realizado de la novela corta Verano de Juan “el Chino” (1971), del escritor canario Claudio de la Torre. Se trata de un autor injustamente olvidado en las Canarias y prácticamente desconocido en la península, a pesar de haber ganado dos premios nacionales de literatura.
 
La obra original de Claudio de la Torre es una novela costumbrista, de marcado carácter autobiográfico, existencial e intimista (y actualmente totalmente inencontrable). Ambientada en Las Palmas de Gran Canaria y otros municipios de la isla (aunque nunca mencionados los lugares - se habla de cierta "isla atlántica"), describe con crudeza la situación económica, social e insular tras un brote de cólera en el verano de 1851. Esta epidemia funciona como telón de fondo y catalizador de una poderosa historia de amor protagonizada por Néstor, que da sentido y vida a la trama en medio de circunstancias extremas.
 
La novela (y su adaptación, desde las guardas llenas de moscas) nos traslada a un tiempo y un entorno donde la muerte está omnipresente. Pulido la convierte en una obra sobria, luminosa, calcinada por el sol, y áspera al mismo tiempo, en la que la enfermedad, la exclusión social, el miedo y la desigualdad configuran el paisaje. Usa una línea clara, con apenas uso del color -de ahí esa sensación de terrible luz que transmite- que a veces parece falsamente caricaturesca y humorística para el terrible relato que presenta. Con todo, también hay espacio para el viaje, el amor y un atisbo de esperanza, aunque sea un mero espejismo.
 
Rayco Pulido explica que eligió este texto precisamente por su profunda reflexión sobre la condición humana, su atmósfera casi apocalíptica y, sobre todo, por su afilada crítica social, elementos que otorgan densidad a una historia que, en apariencia, podría parecer ligera. El autor, que ya venía con experiencia previa en adaptaciones literarias (como la Marianela del también canario Galdós, que refundió en Nela en 2021), realiza un trabajo fiel al contenido original, pero lo transforma en un lenguaje visual propio. El resultado en Saquen sus muertos es una obra independiente que adquiere un tono aún más sobrio y contundente que la novela gracias a la maestría narrativa del autor.
 
El tomo se complementa con unas notas sobre la novela, la epidemia sufrida en Canarias en 1851 (por cierto, ironías del destino, la pandemia global pilló a Rayco Pulido ocupado en esta obra), y el oscuro autor de la obra original, todas muy de agradecer para entender mejor el contexto de esta adaptación. 

02 julio 2026

'El viaje', de Paco Roca (Astiberri)

Fran es un escritor español que está de viaje de promoción por la Patagonia. La cancelación de un vuelo de regreso a España le dará unos días preciosos para reflexionar sobre el final de su relación de pareja, y sobre aquello que perdemos, cómo recordamos y qué nos gustaría haber dicho en aquel momento que podría haber determinado todo el devenir.

Paco Roca ha tenido siempre en su obra un tema recurrente: la memoria, y cómo la identidad se construye a través de esta. Ya fuera desde su primer gran aldabonazo con aquel Arrugas, sobre la enfermedad de alzheimer, la memoria familiar en Regreso al Edén o La casa, o la construcción de la memoria colectiva (o la deconstrucción y el olvido) en Los surcos del azar o El abismo del olvido, su trabajo sobre la identidad a través de los recuerdos siempre ha estado presente.

En El viaje, esta indagación en la memoria toma un carácter más íntimo, con la crónica del final de una historia del amor. Fran y Susana han acabado veinte años de convivencia, y las preguntas, los "¿y si...?, los reproches, hacen mella en lo que Fran entiende por su relación. Pero como éste reflexionará, desde el presente estamos constantemente forjando la idea de pasado. ¿La idea de relación que yo tengo es la que tenía ella? ¿Cuál es en realidad? (Spoiler: nunca podremos saberlo. Nadie sabe nada).

Con El viaje, Paco Roca vuelve a demostrar por qué es uno de los mejores autores de cómic de nuestro país. Lo que Fran vive, lo que está pensando, esos pasados que no fueron, que se solapan con la vida real... Jugando con la configuración del espacio y el color, Paco Roca sabe utilizar los medios propios del cómic para reflejar todo ello de forma magistral, de forma que ningún otro medio puede hacerlo. Así, aunque los saltos temporales y el narrador omnisciente que dirige la historia alteran constantemente el flujo cronológico de la historia, Roca hace que parezca sencillo de contar. 

Es curioso, por lo demás, ver que Roca ha acabado adaptando el formato apaisado en sus últimas obras (La casa, El abismo del olvido y esta última obra). Me resulta intrigante esta decisión, aunque creo que puede que tenga que ver con que facilita que el autor pueda manipular el sentido de lectura, y por tanto el ritmo: a veces es totalmente horizontal, a veces es primero vertical y luego horizontal (depende del número de viñetas, y éstas, a su vez, dependen también de lo que se quiere contar).

En pocas palabras: no hay cómic malo de Paco Roca. Éste es de carácter más intimista (ignoro si tiene matices autobiográficos) que todos los anteriores, pero como siempre, el autor valenciano domina tan magistralmente la sintaxis del cómic, que puede contarte cualquier historia y salir con un sobresaliente. Esta es una de ellas. Queda como uno de los cómics del año. 

01 julio 2026

'Los artesanos del barrio', de Akihito Sakaue (Panini)

 

Los que me leáis habitualmente habréis comprobado que soy lector habitual de manga, pero aunque puedo decir que fue el tipo de cómic que me enganchó definitivamente a la lectura cuando Dragon Ball provocó el boom del manga a principios de los 90, con el tiempo he ido seleccionando cada vez más mis lecturas. Y es que a los 40 y muchos para que un manga me interese le pido algo, alguna cosita, extraordinaria: o un dibujo fuera de lo común, o un planteamiento original, o un tema poco visto. Acepto, sobre todo, las obras más seinen, porque suelen encajar más en mis patrones de señor mayor. Y es por eso que quise leer Los artesanos del barrio, de Akihito Sakaue, un manga que Panini empezó a publicar este pasado mayo, casi de tapadillo, con apenas información disponible sobre él (ahora que me he puesto a buscarla, he encontrado una nota de prensa, pero el lector apenas va a tener información en la librería -y pensemos que el mercado del manga en la librería especializada está sobresaturado y es ultracompetitivo: la información es vital para que se pueda vender una obra).

Los artesanos del barrio es un cómic de puro costumbrismo: en su primer tomo, se nos cuentan cinco historias de otros tantos oficios tradicionales (el último de ellos, ocupa más: tres capítulos) del período Edo, en el barrio tokiota de Kanda. Sin más ni menos nos vemos inmersos en la rutina diaria de toneleros, herreros, tintoreros, tapiceros y enlucidores (algo así como un enyesador): los problemas diarios a los que se enfrentan, el mimo con el que trabajan, la puesta en valor de lo artesano, casi como insultante contraste con la deriva asquerosa que estamos viviendo poniéndonos de rodillas ante la IA. Algunos oficios tienen más épica que otros (la maestra herrera, que experimenta la fundición sin núcleo para una katana), pero el resultado final se salda con historias en las que poco pasa. Eso es muy japonés, en el fondo, porque a lo que asistimos es al ejercicio de la paciencia, al peso de la personalidad del artesano sobre su trabajo, la explicación de oficios perdidos que demandaban tiempo y reflexión. En definitiva: los misterios de la artesanía.

Por cierto, ojo: no sé si es histórico o no, pero de esos cinco oficios, el representante que conocemos en cuatro casos es una mujer. Ese detalle me ha gustado y me hubiera gustado saber más sobre el tema de la representación de géneros y su realidad en la época. Y aquí viene mi pero a este manga: creo que el autor, centrado en destacar la importancia de esos procesos artesanos, olvida la pedagogía que muchas veces el manga aprovecha para hacer en obras como ésta. No hubiera estado de más que, al final de los capítulos, se nos diera un poco más de contexto sobre cada oficio, su tipo de trabajo, los materiales, las técnicas... Porque en el propio manga, eso tampoco aparece. Quiero decir, el cómic no es divulgativo en sí mismo. No está hecho con esa función. Lo podría ser y mi demanda va por ahí: algunos artículos de apoyo, o un texto al final del tomo hablando un poco desde la divulgación histórica a mí me hubiera gustado mucho. En cambio, el autor prefiere encuadrar la obra de otra manera. En  Los artesanos del barrio, lo importante es el día a día, el trabajo que sale, las preocupaciones del maestro artesano. No es un manga para que aprendamos cosas históricas. En sí mismo es  muy zen. Por eso me parece arriesgado, y mucho más aún su publicación en español. Pero es curioso, cuando menos, que este enfoque haya tenido su reconocimiento: el Premio Cultural Osamu Tezuka a mejor autor debutante, la nominación al famoso galardón Manga Taishô o el tercer puesto de la prestigiosa lista Kono manga ga sugoi! en la categoría de lectores masculinos, todo en 2024. No está nada mal. Le deseo todo lo mejor a este manga, porque no lo va a tener nada fácil en el mercado.

30 junio 2026

'Tantos futuros como puedas imaginar', de Shinsuke Yoshitake (Pastel de Luna)

[Este libro está disponible en catalán y en castellano por Pastel de Luna]

Shinsuke Yoshitake es el autor que, en mi opinión, más buen trabajo está haciendo para llevar la Filosofía a los más pequeños. Sus libros siempre orbitan sobre temas aparentemente inocuos, pero que llevan implícita una reflexión profunda sobre aspectos inherentes al ser humano: la identidad, la muerte, la eternidad... Si a esto le añadimos su exagerada y fecunda imaginación para crear situaciones estrambóticas y divertidas, nos encontramos con uno de los autores LIJ más originales del panorama.

No hay libro de Yoshitake que uno no pueda recomendar: La curiosa librería es una carta de amor al mundo de los libros, que se complementa aquí con la desbordante imaginación del autor; ¿Cómo será el más allá? es una mirada reflexiva (y esperanzada) a la muerte y a las preguntas que plantea; la autopercepción y la corporalida en Este robot soy yo... 

Pues bien, en Tantos futuros como puedas imaginar Yoshitake se permite ejercer de optimista irredento, y planta cara a los agoreros del determinismo para hablar de que el futuro no está escrito: de que el ser humano tiene la magnífica capacidad de poder transformarlo. Y esa poderosa arma tiene que ser utilizada con sentido común y esperanza. El futuro no está marcado por el destino: será lo bueno, malo o divertido que nosotros queramos que sea (y ahí, como marca de la casa, el autor tiene la gracia de usar su desaforada imaginación para construirlo). 

Yo creo que la virtud de Yoshitake es precisamente su honestidad, su facilidad para tratar temas adultos, y a veces disparatados, con los niños. Y el autor lo demuestra a cada nuevo título que publica. Y este nuevo álbum, Tantos futuros como puedas imaginar, es una prueba de ello.

29 junio 2026

'Wonder Woman: Tierra Muerta', de Daniel Warren Johnson (Panini)

 

La princesa Diana de Temiscira dejó atrás el paraíso para salvar el Mundo del Hombre de él mismo. Al despertar de un sueño que ha durado siglos y encontrarse con la Tierra reducida a un yermo nuclear, se da cuenta de que ha fallado. Atrapada en un lúgubre futuro, Diana tendrá que proteger la última ciudad humana de los titánicos monstruos. 

Tierra Muerta (originalmente publicada en 2019: servidor llega con 7 años de retraso a esta obra) es un cómic sobre Wonder Woman al final de los tiempos. Si Diana de Temiscira se movió siempre en un génesis mítico e impecable propio de las imaginerías de la mitología clásica, aquí el punto de vista se invierte y la amazona está íntimamente relacionada con el apocalipsis que barre el planeta.

Diana, como Kal-El, siempre han representado la esperanza en el ser humano: que dos extranjeros se convirtieran en los paladines de la Humanidad hablaba a muchos niveles de su posibilidad de redención, apelando a esa idea hebrea de "el mundo tiene que salvarse aunque sólo quede un hombre justo". Tierra Muerta gira mucho en torno a este concepto: a pesar de toda la destrucción mutua, el resentimiento, Wonder Woman representa la voluntad de seguir adelante. Aquí, el peso de la trama está basado en la idea de traición: la de los seres humanos a sí mismos, la que provoca la destrucción de Temiscira, la de Wonder Woman a sus propios ideales... Y cómo los personajes lidian con esa traición para afrontar, con resiliencia, una situación límite (y si, se me permite, con un mensaje un poco naïf, o superficial, de fondo).

Y si el en fondo la trama de Tierra Muerta es muy pulp, donde verdaderamente brilla es en la fuerza de los lápices de Daniel Warren Johnson. Desconocido en el mainstream (tiene algún trabajo para Image, Extremity, Do a Powerbomb!, pero yo personalmente desconocía su obra), es un autor que el lector puede ubicar entre el dinámico lápiz de un David Rubín, la elegancia de un Frederik Peeters y el trazo grueso y cargado de Paul Pope, combinados con la agilidad del lenguaje del manga de Katsuhiro Otomo. El resultado es una épica sucia, una facilidad casi insultante para componer viñetas heroicas y magníficas, llenas de movimiento, splash-pages que te dejan sin aliento, o encuadres que beben del cine. Efectivamente, Warren Johnson es un narrador nato y se especializa en magníficas secuencias de acción y todo el cómic es una montaña rusa de secuencias que combinan la tensión trágica de los flashbacks con la velocidad cinética de las del presente.

Esta edición de Panini en versión DC Black Label pone en valor precisamente el maravilloso trabajo del autor en sus ilustraciones. Un tamaño superior (24,5x31,5), tapa dura, sobrecubierta, y unos contenidos extra en forma de esbozos de los personajes hacen de ésta una edición especialmente buena para poder disfrutar de Tierra Muerta.  

27 junio 2026

Destacados de las novedades de Panini de junio 2026

 

 De las novedades que anuncia Panini para junio, destaco estas:

DC COMICS

 

Panini publica una nueva edición del DKR, pero en formato facsímil, es decir, en este caso, tal como se publicó por primera vez. Una oportunidad para nostálgicos y coleccionistas.  

 

Ahora que Supergirl está en el candelero por su adaptación cinematográfica, qué mejor que un one-shot como éste (Supergirl: el mundo), en el que un nutrido grupo de autores de todo el mundo toma el personaje y lo embarca en aventuras alrededor del globo.

 

Si tuviera que comprar un solo cómic de junio, sería esta recopilación de las aventuras más conocidas de Lobo, con, además, sus autores estrella (Keith Giffen, Simon Bisley, Alan Grant, Kevin O'Neill): Lobo, la rajada colección completa.  

MARVEL COMICS

De Marvel me llama la atención, sobre todo, una gran cantidad de material nostálgico de primera calidad. En primer lugar, este tomo de Marvel Superheroes: Doctor Muerte, que presenta historias sueltas clásicas en las que Muerte es el protagonista (con autores de postín, como Kirby, Thomas o Wally Wood). En el segundo caso, el tomo recopilatorio del inicio de la serie regular del Punisher, con un plantel extraordinario, como son Mike Baron, Klaus Janson, Whilce Portacio, Ann Nocenti,Romita Jr., ¡Mark Texeira! Sin duda, mi compra obligada del mes. Luego, tenemos el Omnibus 13 de Patrulla-X, que llega a la época dorada de Jim Lee tras la salida de Claremont. 

 

También tenemos la reedición del Punisher: Nacimiento de Ennis y Darick Robertson, que podéis ver reseñada aquí, y otras dos reediciones de material interesante de Spiderman, el Toda una vida, de Chip Zdarsky y Mark Bagley,  en una edición integral incluye tanto la miniserie original como el Annual contado desde el punto de vista de J. Jonah Jameson, que se añadió poco después; y otro clásico: el Spiderman: Azul, de la serie de revisiones "de color" que hicieron Tim Sale y Jeph Loeb. 

 


Y como colofón, me resulta curioso el aluvión de la colección Spiderman Team-Up que Panini plantea para este mes, con un montón de títulos que recopilan historias que cruzan al Trepamuros con otros héroes del universo Marvel: con Patrulla-X, Hulk, Punisher, Gata Negra, 4F, Vengadores, Masacre, Lobezno... Para todos los gustos.

Todo el boletín completo de las novedades de Panini (DC, Marvel, manga, etc.), lo tenéis [aquí].

26 junio 2026

‘Marvel Must-Have: El Castigador - Nacimiento’ (Panini)

El Castigador, o Punisher en su alternativa anglófona, es uno de esos personajes extremos de la Casa de las Ideas que realmente retrata el momento que le vio nacer. El vigilante por antonomasia nació en el 74 de manos de Gerry Conway y Ross Andru y originalmente era uno de los adversarios con los que se topa Spiderman. Pero el carisma y las circunstancias históricas hicieron pronto de él un personaje a explotar y en los años 80 se erigiría como uno de los máximos exponentes de lo que representó la era Reagan en la cultura popular norteamericana. Frank Castle se convirtió en el antihéroe, el justiciero fuera de la ley que los lectores buscaban. No obstante, su carrera ha sido algo irregular: ser poco más que la mano ejecutora de la justicia poética dejaba poco margen a quienes tenían que encargarse con él.

Uno de los que escritores que se ha aproximado de manera más exitosa a la figura del Castigador ha sido Garth Ennis. El polémico autor irlandés ya había dado prueba de su genio para la sátira y al mismo tiempo para llevar a los personajes a su límite. Tras su paso por Hellblazer y su puesta de largo con Predicador, Ennis estaba preparado para dar el salto a Marvel. En la primera saga que escribió Ennis decidió tirar por una perspectiva humorística, llena de los excesos que acostumbra con su habitual pareja artística Steve Dillon. Pero en siguientes entregas, Ennis se puso serio y por fin realizó una reflexión certera sobre la naturaleza de nuestro protagonista. 

Panini edita ahora en su colección Must Have la miniserie Born (Nacimiento) que sitúa a Frank Castle antes de su conversión en Castigador. Ennis elige conscientemente, obviando cualquier cuestión de cronología interna de Marvel, situar a Castle en la guerra de Vietnam. En la guerra que abrió los ojos de Estados Unidos y que hizo perder su inocencia encuentra Ennis el caldo de cultivo perfecto para encontrar las motivaciones del personaje. Castle no es fruto (solamente) de una locura postraumática, sino que hay mucho más detrás. El irlandés, como siempre que se acerca al tema bélico, escribe un cómic muy crítico con el conflicto armado, y su habitual crudeza en este caso está totalmente justificada al mostrar en todo su esplendor los horrores de la guerra. Acompaña a Ennis en esta serie Darick Robertson (Transmetropolitan), que deja de lado su vena más caricaturesca para aportar la seriedad que la serie demanda. Un cómic que marca el canon de lo que sería la aventura de Garth Ennis en Punisher. [Cómpralo ya aquí]

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