02 julio 2026

'El viaje', de Paco Roca (Astiberri)

Fran es un escritor español que está de viaje de promoción por la Patagonia. La cancelación de un vuelo de regreso a España le dará unos días preciosos para reflexionar sobre el final de su relación de pareja, y sobre aquello que perdemos, cómo recordamos y qué nos gustaría haber dicho en aquel momento que podría haber determinado todo el devenir.

Paco Roca ha tenido siempre en su obra un tema recurrente: la memoria, y cómo la identidad se construye a través de esta. Ya fuera desde su primer gran aldabonazo con aquel Arrugas, sobre la enfermedad de alzheimer, la memoria familiar en Regreso al Edén o La casa, o la construcción de la memoria colectiva (o la deconstrucción y el olvido) en Los surcos del azar o El abismo del olvido, su trabajo sobre la identidad a través de los recuerdos siempre ha estado presente.

En El viaje, esta indagación en la memoria toma un carácter más íntimo, con la crónica del final de una historia del amor. Fran y Susana han acabado veinte años de convivencia, y las preguntas, los "¿y si...?, los reproches, hacen mella en lo que Fran entiende por su relación. Pero como éste reflexionará, desde el presente estamos constantemente forjando la idea de pasado. ¿La idea de relación que yo tengo es la que tenía ella? ¿Cuál es en realidad? (Spoiler: nunca podremos saberlo. Nadie sabe nada).

Con El viaje, Paco Roca vuelve a demostrar por qué es uno de los mejores autores de cómic de nuestro país. Lo que Fran vive, lo que está pensando, esos pasados que no fueron, que se solapan con la vida real... Jugando con la configuración del espacio y el color, Paco Roca sabe utilizar los medios propios del cómic para reflejar todo ello de forma magistral, de forma que ningún otro medio puede hacerlo. Así, aunque los saltos temporales y el narrador omnisciente que dirige la historia alteran constantemente el flujo cronológico de la historia, Roca hace que parezca sencillo de contar. 

Es curioso, por lo demás, ver que Roca ha acabado adaptando el formato apaisado en sus últimas obras (La casa, El abismo del olvido y esta última obra). Me resulta intrigante esta decisión, aunque creo que puede que tenga que ver con que facilita que el autor pueda manipular el sentido de lectura, y por tanto el ritmo: a veces es totalmente horizontal, a veces es primero vertical y luego horizontal (depende del número de viñetas, y éstas, a su vez, dependen también de lo que se quiere contar).

En pocas palabras: no hay cómic malo de Paco Roca. Éste es de carácter más intimista (ignoro si tiene matices autobiográficos) que todos los anteriores, pero como siempre, el autor valenciano domina tan magistralmente la sintaxis del cómic, que puede contarte cualquier historia y salir con un sobresaliente. Esta es una de ellas. Queda como uno de los cómics del año. 

01 julio 2026

'Los artesanos del barrio', de Akihito Sakaue (Panini)

 

Los que me leáis habitualmente habréis comprobado que soy lector habitual de manga, pero aunque puedo decir que fue el tipo de cómic que me enganchó definitivamente a la lectura cuando Dragon Ball provocó el boom del manga a principios de los 90, con el tiempo he ido seleccionando cada vez más mis lecturas. Y es que a los 40 y muchos para que un manga me interese le pido algo, alguna cosita, extraordinaria: o un dibujo fuera de lo común, o un planteamiento original, o un tema poco visto. Acepto, sobre todo, las obras más seinen, porque suelen encajar más en mis patrones de señor mayor. Y es por eso que quise leer Los artesanos del barrio, de Akihito Sakaue, un manga que Panini empezó a publicar este pasado mayo, casi de tapadillo, con apenas información disponible sobre él (ahora que me he puesto a buscarla, he encontrado una nota de prensa, pero el lector apenas va a tener información en la librería -y pensemos que el mercado del manga en la librería especializada está sobresaturado y es ultracompetitivo: la información es vital para que se pueda vender una obra).

Los artesanos del barrio es un cómic de puro costumbrismo: en su primer tomo, se nos cuentan cinco historias de otros tantos oficios tradicionales (el último de ellos, ocupa más: tres capítulos) del período Edo, en el barrio tokiota de Kanda. Sin más ni menos nos vemos inmersos en la rutina diaria de toneleros, herreros, tintoreros, tapiceros y enlucidores (algo así como un enyesador): los problemas diarios a los que se enfrentan, el mimo con el que trabajan, la puesta en valor de lo artesano, casi como insultante contraste con la deriva asquerosa que estamos viviendo poniéndonos de rodillas ante la IA. Algunos oficios tienen más épica que otros (la maestra herrera, que experimenta la fundición sin núcleo para una katana), pero el resultado final se salda con historias en las que poco pasa. Eso es muy japonés, en el fondo, porque a lo que asistimos es al ejercicio de la paciencia, al peso de la personalidad del artesano sobre su trabajo, la explicación de oficios perdidos que demandaban tiempo y reflexión. En definitiva: los misterios de la artesanía.

Por cierto, ojo: no sé si es histórico o no, pero de esos cinco oficios, el representante que conocemos en cuatro casos es una mujer. Ese detalle me ha gustado y me hubiera gustado saber más sobre el tema de la representación de géneros y su realidad en la época. Y aquí viene mi pero a este manga: creo que el autor, centrado en destacar la importancia de esos procesos artesanos, olvida la pedagogía que muchas veces el manga aprovecha para hacer en obras como ésta. No hubiera estado de más que, al final de los capítulos, se nos diera un poco más de contexto sobre cada oficio, su tipo de trabajo, los materiales, las técnicas... Porque en el propio manga, eso tampoco aparece. Quiero decir, el cómic no es divulgativo en sí mismo. No está hecho con esa función. Lo podría ser y mi demanda va por ahí: algunos artículos de apoyo, o un texto al final del tomo hablando un poco desde la divulgación histórica a mí me hubiera gustado mucho. En cambio, el autor prefiere encuadrar la obra de otra manera. En  Los artesanos del barrio, lo importante es el día a día, el trabajo que sale, las preocupaciones del maestro artesano. No es un manga para que aprendamos cosas históricas. En sí mismo es  muy zen. Por eso me parece arriesgado, y mucho más aún su publicación en español. Pero es curioso, cuando menos, que este enfoque haya tenido su reconocimiento: el Premio Cultural Osamu Tezuka a mejor autor debutante, la nominación al famoso galardón Manga Taishô o el tercer puesto de la prestigiosa lista Kono manga ga sugoi! en la categoría de lectores masculinos, todo en 2024. No está nada mal. Le deseo todo lo mejor a este manga, porque no lo va a tener nada fácil en el mercado.

30 junio 2026

'Tantos futuros como puedas imaginar', de Shinsuke Yoshitake (Pastel de Luna)

[Este libro está disponible en catalán y en castellano por Pastel de Luna]

Shinsuke Yoshitake es el autor que, en mi opinión, más buen trabajo está haciendo para llevar la Filosofía a los más pequeños. Sus libros siempre orbitan sobre temas aparentemente inocuos, pero que llevan implícita una reflexión profunda sobre aspectos inherentes al ser humano: la identidad, la muerte, la eternidad... Si a esto le añadimos su exagerada y fecunda imaginación para crear situaciones estrambóticas y divertidas, nos encontramos con uno de los autores LIJ más originales del panorama.

No hay libro de Yoshitake que uno no pueda recomendar: La curiosa librería es una carta de amor al mundo de los libros, que se complementa aquí con la desbordante imaginación del autor; ¿Cómo será el más allá? es una mirada reflexiva (y esperanzada) a la muerte y a las preguntas que plantea; la autopercepción y la corporalida en Este robot soy yo... 

Pues bien, en Tantos futuros como puedas imaginar Yoshitake se permite ejercer de optimista irredento, y planta cara a los agoreros del determinismo para hablar de que el futuro no está escrito: de que el ser humano tiene la magnífica capacidad de poder transformarlo. Y esa poderosa arma tiene que ser utilizada con sentido común y esperanza. El futuro no está marcado por el destino: será lo bueno, malo o divertido que nosotros queramos que sea (y ahí, como marca de la casa, el autor tiene la gracia de usar su desaforada imaginación para construirlo). 

Yo creo que la virtud de Yoshitake es precisamente su honestidad, su facilidad para tratar temas adultos, y a veces disparatados, con los niños. Y el autor lo demuestra a cada nuevo título que publica. Y este nuevo álbum, Tantos futuros como puedas imaginar, es una prueba de ello.

29 junio 2026

'Wonder Woman: Tierra Muerta', de Daniel Warren Johnson (Panini)

 

La princesa Diana de Temiscira dejó atrás el paraíso para salvar el Mundo del Hombre de él mismo. Al despertar de un sueño que ha durado siglos y encontrarse con la Tierra reducida a un yermo nuclear, se da cuenta de que ha fallado. Atrapada en un lúgubre futuro, Diana tendrá que proteger la última ciudad humana de los titánicos monstruos. 

Tierra Muerta (originalmente publicada en 2019: servidor llega con 7 años de retraso a esta obra) es un cómic sobre Wonder Woman al final de los tiempos. Si Diana de Temiscira se movió siempre en un génesis mítico e impecable propio de las imaginerías de la mitología clásica, aquí el punto de vista se invierte y la amazona está íntimamente relacionada con el apocalipsis que barre el planeta.

Diana, como Kal-El, siempre han representado la esperanza en el ser humano: que dos extranjeros se convirtieran en los paladines de la Humanidad hablaba a muchos niveles de su posibilidad de redención, apelando a esa idea hebrea de "el mundo tiene que salvarse aunque sólo quede un hombre justo". Tierra Muerta gira mucho en torno a este concepto: a pesar de toda la destrucción mutua, el resentimiento, Wonder Woman representa la voluntad de seguir adelante. Aquí, el peso de la trama está basado en la idea de traición: la de los seres humanos a sí mismos, la que provoca la destrucción de Temiscira, la de Wonder Woman a sus propios ideales... Y cómo los personajes lidian con esa traición para afrontar, con resiliencia, una situación límite (y si, se me permite, con un mensaje un poco naïf, o superficial, de fondo).

Y si el en fondo la trama de Tierra Muerta es muy pulp, donde verdaderamente brilla es en la fuerza de los lápices de Daniel Warren Johnson. Desconocido en el mainstream (tiene algún trabajo para Image, Extremity, Do a Powerbomb!, pero yo personalmente desconocía su obra), es un autor que el lector puede ubicar entre el dinámico lápiz de un David Rubín, la elegancia de un Frederik Peeters y el trazo grueso y cargado de Paul Pope, combinados con la agilidad del lenguaje del manga de Katsuhiro Otomo. El resultado es una épica sucia, una facilidad casi insultante para componer viñetas heroicas y magníficas, llenas de movimiento, splash-pages que te dejan sin aliento, o encuadres que beben del cine. Efectivamente, Warren Johnson es un narrador nato y se especializa en magníficas secuencias de acción y todo el cómic es una montaña rusa de secuencias que combinan la tensión trágica de los flashbacks con la velocidad cinética de las del presente.

Esta edición de Panini en versión DC Black Label pone en valor precisamente el maravilloso trabajo del autor en sus ilustraciones. Un tamaño superior (24,5x31,5), tapa dura, sobrecubierta, y unos contenidos extra en forma de esbozos de los personajes hacen de ésta una edición especialmente buena para poder disfrutar de Tierra Muerta.  

27 junio 2026

Destacados de las novedades de Panini de junio 2026

 

 De las novedades que anuncia Panini para junio, destaco estas:

DC COMICS

 

Panini publica una nueva edición del DKR, pero en formato facsímil, es decir, en este caso, tal como se publicó por primera vez. Una oportunidad para nostálgicos y coleccionistas.  

 

Ahora que Supergirl está en el candelero por su adaptación cinematográfica, qué mejor que un one-shot como éste (Supergirl: el mundo), en el que un nutrido grupo de autores de todo el mundo toma el personaje y lo embarca en aventuras alrededor del globo.

 

Si tuviera que comprar un solo cómic de junio, sería esta recopilación de las aventuras más conocidas de Lobo, con, además, sus autores estrella (Keith Giffen, Simon Bisley, Alan Grant, Kevin O'Neill): Lobo, la rajada colección completa.  

MARVEL COMICS

De Marvel me llama la atención, sobre todo, una gran cantidad de material nostálgico de primera calidad. En primer lugar, este tomo de Marvel Superheroes: Doctor Muerte, que presenta historias sueltas clásicas en las que Muerte es el protagonista (con autores de postín, como Kirby, Thomas o Wally Wood). En el segundo caso, el tomo recopilatorio del inicio de la serie regular del Punisher, con un plantel extraordinario, como son Mike Baron, Klaus Janson, Whilce Portacio, Ann Nocenti,Romita Jr., ¡Mark Texeira! Sin duda, mi compra obligada del mes. Luego, tenemos el Omnibus 13 de Patrulla-X, que llega a la época dorada de Jim Lee tras la salida de Claremont. 

 

También tenemos la reedición del Punisher: Nacimiento de Ennis y Darick Robertson, que podéis ver reseñada aquí, y otras dos reediciones de material interesante de Spiderman, el Toda una vida, de Chip Zdarsky y Mark Bagley,  en una edición integral incluye tanto la miniserie original como el Annual contado desde el punto de vista de J. Jonah Jameson, que se añadió poco después; y otro clásico: el Spiderman: Azul, de la serie de revisiones "de color" que hicieron Tim Sale y Jeph Loeb. 

 


Y como colofón, me resulta curioso el aluvión de la colección Spiderman Team-Up que Panini plantea para este mes, con un montón de títulos que recopilan historias que cruzan al Trepamuros con otros héroes del universo Marvel: con Patrulla-X, Hulk, Punisher, Gata Negra, 4F, Vengadores, Masacre, Lobezno... Para todos los gustos.

Todo el boletín completo de las novedades de Panini (DC, Marvel, manga, etc.), lo tenéis [aquí].

26 junio 2026

‘Marvel Must-Have: El Castigador - Nacimiento’ (Panini)

El Castigador, o Punisher en su alternativa anglófona, es uno de esos personajes extremos de la Casa de las Ideas que realmente retrata el momento que le vio nacer. El vigilante por antonomasia nació en el 74 de manos de Gerry Conway y Ross Andru y originalmente era uno de los adversarios con los que se topa Spiderman. Pero el carisma y las circunstancias históricas hicieron pronto de él un personaje a explotar y en los años 80 se erigiría como uno de los máximos exponentes de lo que representó la era Reagan en la cultura popular norteamericana. Frank Castle se convirtió en el antihéroe, el justiciero fuera de la ley que los lectores buscaban. No obstante, su carrera ha sido algo irregular: ser poco más que la mano ejecutora de la justicia poética dejaba poco margen a quienes tenían que encargarse con él.

Uno de los que escritores que se ha aproximado de manera más exitosa a la figura del Castigador ha sido Garth Ennis. El polémico autor irlandés ya había dado prueba de su genio para la sátira y al mismo tiempo para llevar a los personajes a su límite. Tras su paso por Hellblazer y su puesta de largo con Predicador, Ennis estaba preparado para dar el salto a Marvel. En la primera saga que escribió Ennis decidió tirar por una perspectiva humorística, llena de los excesos que acostumbra con su habitual pareja artística Steve Dillon. Pero en siguientes entregas, Ennis se puso serio y por fin realizó una reflexión certera sobre la naturaleza de nuestro protagonista. 

Panini edita ahora en su colección Must Have la miniserie Born (Nacimiento) que sitúa a Frank Castle antes de su conversión en Castigador. Ennis elige conscientemente, obviando cualquier cuestión de cronología interna de Marvel, situar a Castle en la guerra de Vietnam. En la guerra que abrió los ojos de Estados Unidos y que hizo perder su inocencia encuentra Ennis el caldo de cultivo perfecto para encontrar las motivaciones del personaje. Castle no es fruto (solamente) de una locura postraumática, sino que hay mucho más detrás. El irlandés, como siempre que se acerca al tema bélico, escribe un cómic muy crítico con el conflicto armado, y su habitual crudeza en este caso está totalmente justificada al mostrar en todo su esplendor los horrores de la guerra. Acompaña a Ennis en esta serie Darick Robertson (Transmetropolitan), que deja de lado su vena más caricaturesca para aportar la seriedad que la serie demanda. Un cómic que marca el canon de lo que sería la aventura de Garth Ennis en Punisher. [Cómpralo ya aquí]

11 junio 2026

'Un mago de Terramar', de Fred Fordham (Planeta)

Creo firmemente que el mundo de la literatura tiene aún una deuda con Ursula K. Le Guin como una de las autoras de género fantástico más influyentes e importantes del siglo XX. Su huella profunda y transformadora se deja ver en sus aportaciones a la ficción especulativa y en el campo de la fantasía, especialmente a través de su célebre saga de Terramar. No se ha reconocido suficiente su trabajo, pero la adaptación de Fred Fordham de Un mago de Terramar es una de esas pruebas de que estamos ante la obra maestra de una de las grandes voces de la literatura.

Un mago de Terramar cuenta la historia de Ged, un joven con un talento innato para la magia que crece en una humilde aldea del archipiélago de Terramar. Tras descubrir su poder y aprender de su primer maestro, Ged decide ampliar sus horizontes partiendo al lugar donde se forman los grandes hechiceros de Terramar. Allí, su orgullo lo lleva a cometer un acto imprudente que desata una fuerza antigua y extraña. De esta manera, Ged emprende un viaje por mares y tierras lejanas, enfrentándose a peligros, aprendiendo el verdadero significado del equilibrio y la responsabilidad, y tratando de comprender la naturaleza del poder que ha liberado. Un mago de Terramar es una bildungsroman o novela de aprendizaje (como David Copperfield o El lazarillo de Tormes, para que me entendáis), pero disfrazada de novela de fantasía, donde hay mucho más de lo que el lector espera encontrar.

A diferencia de la fantasía tradicional centrada en la épica heroica y los conflictos externos, Le Guin introduce una narrativa más introspectiva, donde el verdadero viaje es interior a la vez que exterior. Introduciendo nociones de filosofía clásica y taoísmo, en Un mago de Terramar  Le Guin vincula el poder mágico al lenguaje y al conocimiento verdadero de las cosas (una cuestión abordada en el seno de la filosofía desde Platón). Además, rompe con muchos estereotipos del género al presentar protagonistas diversos y un mundo que se aleja del modelo inspirado por la mitología eurocéntrica.

Esta adaptación de Fred Forham a la novela gráfica por fin hace justicia a uno de los grandes pilares de la literatura fantástica, tras una fallida adaptación por parte del Studio Ghibli en 2006 (pero sin Hayao Miyazaki, ojo, adaptación de la que la propia autora renegó) o el despropósito de su serialización para la pequeña pantalla en 2004, con tantos cambios que hacían prácticamente irreconocible el espíritu de la saga.

Fordham aborda su adaptación como un intento de ser espiritualmente muy fiel al texto de Le Guin, y lo hace no sólo siguiendo los acontecimientos de la novela, sino evocando en sus acuarelas la atmósfera introspectiva y el tono meditativo de la obra original. Observad las imágenes que acompañan este texto: cada viñeta de Fordham es una pequeña maravilla digna de ser enmarcada. Su estilo se acerca al estilo pictórico que tan bien dominaban autores como Scott Hampton (Batman: Gritos en la noche), Kent Williams (Dime, Oscuro) o Jon J. Muth (Un misterio religioso). Pero no ya por su mérito artístico, sino porque ha acertado plenamente en recrear el universo de Terramar: un universo de archipiélagos, con habitantes y geografías más cercanas a Oceanía que a una fantasía medieval europea, donde el inmenso mar azul es uno de los protagonistas del cómic. El dominio de Fordham en el color es aquí absoluto. El sentido que tiene la novela de aprendizaje de un viaje interior y exterior está plenamente conseguido con esas viñetas que se abren al horizonte infinito del mar, que dejan espacio a la reflexión y al silencio, elementos tan importantes en la novela original. 

Fordham lo tenía complicado para trasladar a imágenes un texto en el que la palabra es -literalmente- tan importante como esta. Pero, en definitiva, podemos decir que estamos ante una monumental adaptación del texto de Ursula K. Le Guin. Teniendo la lectura fresca de la novela, puedo decir que Fordham ha capturado exactamente el espíritu de Un mago de Terramar .

17 mayo 2026

Destacados de las novedades de Panini de mayo 2026

Del boletín de novedades que anuncia Panini para mayo de 2026, hacemos esta breve selección. En cuanto a títulos de DC:

 


Recopilatorio del Wonder Woman: Tierra muerta, de Daniel W. Johnson, del que se ha hablado muy bien.

Una recopilación de material clásico: el primer volumen del origen de La cosa del pantano, con el material de Len Wein y Bernie Wrightson.

Más material: el inicio de la recuperación de la etapa de Peter David (y Gary Frank, ojo) en Supergirl, la continuación del clásico Batman: Luz de Gas con Andy Diggle a los guiones en Gotham a luz de gas: Una liga por la justicia.

La mayoría de estas novedades saldrán a la venta el 28 de mayo. Tenéis el pdf con la lista completa de novedades de Panini aquí

12 mayo 2026

'El escultor', de Scott McCloud (Planeta)

Scott McCloud es uno de esos nombres que mejor representan al mundo del cómic. Más que por sus obras narrativas, McCloud ha hecho un gran trabajo como teórico y sus esfuerzos se han centrado en la divulgación. Sus volúmenes Entender el cómic, Hacer cómics o más recientemente El club de los dibujantes son guías imprescindibles para saber cómo funciona este medio.

Este mes Planeta reedita El escultor, una impresionante novela gráfica, publicada originalmente en 2015 y es un verdadero tour de force: casi quinientas páginas de una historia vibrante y plena de implicaciones que van más allá de la pura anécdota. En la obra, David Smith, un joven escultor, tienen una charla con un pariente fallecido, que resulta ser la Parca. Con ella, hace un trato: tiene doscientos días para dejar una obra que le recuerde como artista. Entre tanto, David conocerá a una chica y su relación marcará lo que le queda de vida.

David vive obsesionado por hacerse un nombre. Es lo que le prometió a su padre, y ese pensamiento es el que le motiva como personaje. De hecho tiene un nombre de lo más común (él mismo lo ve en la guía, hay decenas de personas que se llaman igual que él), y lo más importante en su vida es su obra. Tener un nombre representa tener una identidad, pero también que esa identidad sea reconocida por los demás. En el fondo, se trata de una cuestión de trascendencia que todo ser humano se plantea en algún momento de su vida.

El tío Harry/la Parca sabe qué será de la vida de David. Él mismo se la pronostica. Sabe que esa gloria en olor de multitud le será negada, pero tendrá una buena vida en todo lo demás. Como le dice Harry a David, “la vida no siempre sale tal y como la planeamos”. Pero David busca más, y es capaz de trocar el destino amable que le ofrece la muerte por otro destinado al arte. Este pacto fáustico dará un giro a su vida, que se ha acortado ostensiblemente para poder alcanzar su objetivo. Con todo, la irrupción de Meg en la vida de David será decisiva, porque con su ayuda se replanteará qué valor tiene su obra, a quién quiere llegar, por qué quiere ser recordado.

El protagonista se está preguntando por las certezas absolutas. En un momento importante de su vida en que todo se desmorona, necesita algo a lo que agarrarse: “Pero entonces, ¿todo es moda? ¿No hay ningún absoluto?”. Y no lo hay. No hay certezas absolutas, verdades eternas; sólo una: la muerte. Si David puede atisbar el increíble vacío existencial que hay tras la muerte por un segundo, el desolador vértigo de la no existencia, también puede replantearse qué “vida de la fama” quiere. Para Jorge Manrique, había tres vidas: una era la mortal, que vivimos con nuestro cuerpo físico. Otra, la inmortal, la vida eterna del alma que se unirá a Dios tras nuestra muerte. Para Manrique, ésta era la verdadera, pero, mientras tanto, quizá como consuelo, existía una tercera vida, esa “vida de la fama” que consistía en vivir en el recuerdo de los demás. Una vida finita, como la primera, pero significativamente más larga.

El pacto que hace David le sumerge en una espiral de frenética actividad. Ahora, todo ese mundo interior debe pasar al exterior a través de un filtro. Y ese filtro es el mercado. Si McCloud ponía en juego temas como arte y vida, trascendencia y muerte, también se apunta aquí otro: arte y mercado, y la dolorosa relación que tienen uno y otro, cuando las sublimes aspiraciones del artista se ven sometidas a leyes de oferta y demanda como paso previo a ese reconocimiento ansiado, leyes que nada tienen que ver con su propósito original.

Así pues, cada vez más desesperado por dejar un legado, David finalmente se dará cuenta de qué recuerdo quiere dejar. El arte otorga trascendencia al hombre de alguna forma; es una forma de superar a la muerte. Pero la vida, como dice el protagonista “siempre encuentra una manera de abrirse camino”. Vivimos no sólo en nosotros, sino también en los demás. Si la “vida de la fama” que proporciona el arte tiene una fecha de caducidad (aún recordamos al padre de Jorge Manrique por sus Coplas, pero… ¿alguien recuerda quién era el rey de Castilla en ese momento?) como la tiene el recuerdo que dejamos de nosotros en los demás, ¿cuál es más valiosa? La conclusión a la que llega McCloud y el cómic es conmovedora, el y final del cómic es sencillamente sublime.

El escultor es una lectura que me dejó tocado varios días después de finalizarla. Agitó algo dentro de mí y me entristeció, pero también me hizo pensar. En una primera lectura, la novela gráfica se hace algo larga, con escenas que demoran la acción más de lo deseable. Pero es sólo una primera impresión: en una segunda lectura, todo tiene sentido, y se perciben mejor los detalles que hacen de esta una obra redonda. En general, McCloud domina perfectamente la narrativa: sabe dotarla de velocidad cuando lo necesita o demorarse en un detalle que le otorga dramatismo. Fruto de su intenso trabajo de investigación teórica, McCloud ha llegado a una depuración técnica soberbia, asimilando elementos de la narración del cómic americano o del japonés en una mezcla única.

Labor titánica de su autor, El escultor podría considerarse la obra definitiva de Scott McCloud. La que, curiosamente, le recuerde a él como autor de cómic.

13 abril 2026

'Mecanoscrito del segundo origen', de Martín Pardo (Planeta)

Manuel de Pedrolo quizá sea un nombre que al lector común le suene poco o de pasada, pero en la literatura catalana (y yo aun diría española, si atendemos al país y no a la lengua) la importancia de Pedrolo es capital. Se trata de uno de los (sino el principal) autores de género más brillantes que ha dado el siglo XX. Y a pesar de tener una ingente producción, que abarca poesía, teatro, cuento, novela o traducciones, su obra principal, la más conocida y versionada, la más influyente, que avanza ideas que luego se convertirían en lugares comunes de la ciencia ficción, es sin duda Mecanoscrito del segundo origen, novela publicada originalmente en 1974. Ahora tenemos la suerte de poder leer una fiel adaptación al cómic de manos de Martín Pardo.

Los que tenemos una cierta edad la conocemos muy bien. Yo creo que no hay persona del ámbito de la lengua catalana que tenga más de 30 años a la que no le hicieran leer Mecanoscrito en algún momento de la adolescencia. Somos muchos los que la leímos, y también los que vimos la adaptación que hizo Televisió de Catalunya en 1985. La novela tiene incluso una adaptación reciente (Segundo origen, Carles Porta) que se alejaba por momentos del material original y que pasó sin pena ni gloria por las salas de cine en 2015.

Pedrolo parte de una tropo clásico en la ficción científica, que se remonta de forma moderna a Wells, como es la invasión extraterrestre,. La Tierra es invadida y limpiada de humanos por una civilización que luego cambia de opinión y decide no colonizar el planeta (existencialismo contemporáneo: el creador ausente se convierte en el destructor ausente). Sólo los que en el momento de la fatal radiación estaban bajo el agua sobreviven al horrible destino de la humanidad. A partir de aquí la historia vira a otro tropo: el de la supervivencia posapocalíptica. La Tierra es un lienzo en blanco sobre el que recrear la civilización, de manos de los dos protagonistas, Alba y Dídac, los nuevos Adán y Eva del páramo desierto en que se ha convertido el planeta. Pedrolo insufla un espíritu humanista en los protagonistas (¿legado de Bradbury?), puesto que una de sus principales preocupaciones es reunir una biblioteca de saberes que poder conservar para poder utilizar en el futuro. Mecanoscrito es una novela riquísima en reflexiones. Incluso su final, en el que relaciona historia, religión y feminismo, se anticipa al modelo que eligió Margaret Atwood para el de El cuento de la criada, novela publicada una década después de la de Pedrolo.

Martín Pardo ha buscado una adaptación centrada en el poder de la imagen. Casi como si nos encontráramos delante de un storyboard cinematográfico, la adaptación busca narrar a través de lo visual, y el autor prescinde de cuadros para el narrador excepto para momentos muy puntuales que enlazan con el final y la explicación del elocuente título de la historia. Pardo se alinea con una línea clara muy realista: le interesan los grandes planos y que la historia respire, que exprese con los propios dibujos. Sabe situar al lector en el tiempo con sus transiciones, usando los colores, los detalles de las viñetas. A veces, incluso, parece jugar con los homenajes, como la splash-page de los protagonistas dirigiéndose hacia una Barcelona en ruinas, que remite al icónico plano de The Walking Dead con Atlanta de fondo.

Manuel de Pedrolo, a pesar de ser también un autor realista, con clara preferencia por el género negro, siguió cultivando la ciencia ficción. En su antología Trajecte final, por ejemplo, nos encontramos con un puñado de cuentos de género que anticipan muchas de las pesadillas contemporáneas relacionadas con la identidad corporal y la tecnología, con claves que se retomarían en productos actuales como Black Mirror. Su legado es extensísimo y creo que no se le ha hecho suficiente justicia a un autor que tuvo innumerables problemas con la censura franquista. Con todo, Mecanoscrito del segundo origen, ha permanecido, más de 50 años después, como su obra maestra y con esta adaptación podemos revisitarla de forma fresca y fiel. 

[Texto originalmente escrito para Fórum]

05 abril 2026

'La medusa', de Boum (La Cúpula)

La medusa nos cuenta la historia de Odette, una joven independiente, que trabaja en una librería y acaba de conocer a una chica que le gusta mucho. Sólo tiene una pequeña preocupación: una mancha en su visión a la que ella llama "una medusa" y que insiste en enturbiarle la vista cada vez más. 

Es difícil de hablar de La medusa sin hacer spoiler, porque, además, ese spoiler no es tanto de la trama como del original hallazgo narrativo que utiliza la autora para ilustrar la historia de Odette. Por tanto, me da mucha rabia, pero no comentaré lo que me parece sin duda lo mejor y más original de esta novela gráfica, aunque sí puedo decir que tiene todo el sentido y que hace que el lector pueda ponerse en el lugar de la protagonista casi literalmente. Pocas veces la empatía con el protagonista ha sido mejor usada que en este cómic.

Pero sí que podemos decir que es una historia que habla sobre los diferentes estados de una pérdida. Esa "medusa" de Odette representa el deterioro de su visión, pero también el duelo y el miedo a perder el control sobre su propia vida. 

Me gusta cómo el sencillo y claro dibujo acompaña el carácter íntimo y autobiográfico del relato. No me queda claro si la autora ha vivido una experiencia similar, en ella o en alguien cercano, a la que retrata en la obra, pero sin duda está narrada desde la autenticidad. Más que hablar de la historia sobre enfermedad, La medusa habla de sobre cómo ésta transforma las relaciones personales: el amor, la amistad o la familia se ven afectados por la dependencia y la vulnerabilidad, a veces para bien y muchas para mal. Esa dimensión tan íntimamente trágica si lo pensamos (la vida que sigue mientras todo se desmorona) es uno de los aspectos que más capturan de este cómic. No es de extrañar, pues, que esta obra haya sido galardonada con los premios Eisner Award, Doug Wright Award, Bédéis Causa Awards, Lynd Ward Graphic Novel Prize y el reconocimiento de las librerías y la crítica quebequesa. Si la leéis, entenderéis que encandiló a todos esos expertos.

03 abril 2026

'La barca de los cinco colores', de Yoko Kondo (Gallo Nero)

Me resulta muy intrigante encontrarme en La barca de los cinco colores con un manga gekiga (evidentemente, editado por Gallo Nero en español, la editorial que lleva la batuta de este género en castellano), pero de una autora contemporánea. Es decir: esta obra no es, como los Tsuge o Tatsumi, un gekiga de la época en la que este surge, sino que es una muestra de que el género sigue en buen estado de salud hoy en día. De Yoko Kondo ya leímos Una mujer y la guerra y en esa ocasión ya destacamos el lirismo y la delicadeza con la que la autora contribuía al relato original. Entonces la autora ya adaptaba un texto (dos relatos de Ango Sakaguchi); aquí hace lo propio con uno del tristemente fallecido Yasumi Tsuhara.

Ambientada en un Japón sumido en la guerra, la obra sigue a un grupo de artistas de feria —de los que hoy denominaríamos freaks, cuerpos considerados “anómalos”— que, lejos de ser tratados como simples símbolos de sufrimiento, se convierten en una familia profundamente humana. Recorren el país ofreciendo su espectáculo, pese a las estrecheces que pasan por culpa del conflicto bélico, pero las cosas cambiarán cuando se ven empujados a ir tras la pista de una criatura mítica (el kudan) que conoce el futuro y no puede mentir. 

La autora, Yoko Kondo (1957), transforma el relato original de Yasumi Tsuhara (1964-2022) en una delicada experiencia visual. Al mismo tiempo que su trazo, deudor del feísmo del género, lo supera y le da una apariencia más amable, la destreza de Kondo estriba, sobre todo, en el uso del espacio y de la composición sobre los propios diálogos. Como en Una mujer y la guerra, hay una tristeza suspendida en cada página, pero también una extraña serenidad, y ambas las consigue la autora con el dominio de los elocuentes silencios.  

Lo más interesante es cómo la obra desdibuja sus propios límites. En un gekiga no esperamos encontrar elementos fantásticos, y aquí la búsqueda de una criatura mágica (el kudan) por parte de la familia de freaks hace irrumpir un realismo mágico inesperado al lector, que se ve arrastrado a un terreno incierto donde lo posible y lo imposible conviven sin jerarquía. Pero ese elemento fantástico funciona, sobre todo, a nivel simbólico, como la barca del título, que deja de ser solo un escenario para convertirse en metáfora de un destino colectivo, de un Japón flotando entre versiones de sí mismo.  

El resultado es una historia que rehúye las respuestas fáciles. La propia autora se encontraba ante un gran reto a la hora de adaptar el texto de Tsuhara, el cual también manifestó sus dudas sobre cómo podría tener sentido un manga sobre su obra.  Si el gekiga es en el fondo un género que podría resumirse en "el ser humano, en busca de un sentido", La barca de los cinco colores podría ser su epítome. Porque, desde ese colectivo de freaks que se han reunido y formado una familia por encima de los lazos de sangre, pasando por las individualidades de esa familia -o del médico que les atiende y aconseja-, todos buscan su destino: el kudan es una forma de preguntarle a la pitia sobre ese destino, y los diferentes "mundos" que la criatura fantástica propone, las encrucijadas de la fortuna. Como ya hemos dicho, esa barca zozobrante, puede ser también un trasunto del país entero, imagen del mundo flotante (recuerden, el significado literal de "ukiyo-e"), perdido entre la tradición y la modernidad, traicionado por su clase gobernante.

Cuando uno se enfrenta a una obra de estas características ya sabe más o menos qué esperar o en qué mood nos va a disponer. En el caso de La barca de los cinco colores, considero que los autores introducen un factor nuevo -lo fantástico- que hace que el género respire un aire nuevo y revelador.  

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