Fran es un escritor español que está de viaje de promoción por la Patagonia. La cancelación de un vuelo de regreso a España le dará unos días preciosos para reflexionar sobre el final de su relación de pareja, y sobre aquello que perdemos, cómo recordamos y qué nos gustaría haber dicho en aquel momento que podría haber determinado todo el devenir.
Paco Roca ha tenido siempre en su obra un tema recurrente: la memoria, y cómo la identidad se construye a través de esta. Ya fuera desde su primer gran aldabonazo con aquel Arrugas, sobre la enfermedad de alzheimer, la memoria familiar en Regreso al Edén o La casa, o la construcción de la memoria colectiva (o la deconstrucción y el olvido) en Los surcos del azar o El abismo del olvido, su trabajo sobre la identidad a través de los recuerdos siempre ha estado presente.
En El viaje, esta indagación en la memoria toma un carácter más íntimo, con la crónica del final de una historia del amor. Fran y Susana han acabado veinte años de convivencia, y las preguntas, los "¿y si...?, los reproches, hacen mella en lo que Fran entiende por su relación. Pero como éste reflexionará, desde el presente estamos constantemente forjando la idea de pasado. ¿La idea de relación que yo tengo es la que tenía ella? ¿Cuál es en realidad? (Spoiler: nunca podremos saberlo. Nadie sabe nada).
Con El viaje, Paco Roca vuelve a demostrar por qué es uno de los mejores autores de cómic de nuestro país. Lo que Fran vive, lo que está pensando, esos pasados que no fueron, que se solapan con la vida real... Jugando con la configuración del espacio y el color, Paco Roca sabe utilizar los medios propios del cómic para reflejar todo ello de forma magistral, de forma que ningún otro medio puede hacerlo. Así, aunque los saltos temporales y el narrador omnisciente que dirige la historia alteran constantemente el flujo cronológico de la historia, Roca hace que parezca sencillo de contar.
Es curioso, por lo demás, ver que Roca ha acabado adaptando el formato apaisado en sus últimas obras (La casa, El abismo del olvido y esta última obra). Me resulta intrigante esta decisión, aunque creo que puede que tenga que ver con que facilita que el autor pueda manipular el sentido de lectura, y por tanto el ritmo: a veces es totalmente horizontal, a veces es primero vertical y luego horizontal (depende del número de viñetas, y éstas, a su vez, dependen también de lo que se quiere contar).
En pocas palabras: no hay cómic malo de Paco Roca. Éste es de carácter más intimista (ignoro si tiene matices autobiográficos) que todos los anteriores, pero como siempre, el autor valenciano domina tan magistralmente la sintaxis del cómic, que puede contarte cualquier historia y salir con un sobresaliente. Esta es una de ellas. Queda como uno de los cómics del año.















