17 julio 2026

'Rose en la isla', de Michel Rabagliati (Astiberri)


Michel Rabagliati es conocido por su serie Paul en..., una serie semiautobiográfica que le ha permitido contar prácticamente toda su vida, desde los tiempos de sus primeros trabajos veraniegos y sus campamentos, a una crónica de madurez en la que un Paul ya cuarentón se enfrenta a la muerte de sus padres (Paul en casa). Rose en la isla es una continuación lógica de ese trabajo, con nuevas historias sobre su alter ego Paul, sólo que aquí el autor cambia ligeramente de técnica y de enfoque. Originalmente, Rose en la isla debía de ser otro cómic más en su carrera, al estilo de la serie Paul en..., pero por su temática -las vacaciones del protagonista con su hija, temporalmente ubicadas tras el último álbum publicado, Paul en casa-, el propio Rabagliati comenta que se dejó llevar y terminó usando el formato que el paisaje le transmitió como más adecuado. ¿Cuál es ese formato? Yo no sé si lo llamaría "novela ilustrada", como dice la editorial, pero lo cierto es que ya no es puramente un cómic, porque alterna el texto con viñetas y con ilustraciones. No es tanto novela ni cómic como un híbrido que aprovecha las posibilidades de ambos medios. El texto le permite al autor reflexionar o profundizar en algunos de los recuerdos, monólogos interiores o historias que quiere contar, centrándose en el propio texto; mientras que las ilustraciones buscan conectar al lector con esa sensación de naturaleza absoluta que debía envolver a los personajes en su estancia en la isla remota de sus vacaciones. Para ello, Rabagliati utiliza sólo el lápiz en sus ilustraciones, de manera que el conjunto resulta, además, vinculado con las típicas libretas de apuntes de viajes.

Y en cuanto al enfoque, el título nos lo deja ver (y es algo de lo que no me di cuenta hasta ponerme a escribir esto): si antes era Paul en..., aquí es Rose en la isla, lo que ya nos da una pista de que en este nuevo capítulo, el foco no es sólo Paul (que sigue siéndolo), sino que se añade su hija Rose, y así, si no están juntos, la narración a veces pertenecerá a ella (sus sensaciones en la isla, sus exploraciones, el conocer a un chico allí...). Con todo, creo que en el fondo la batuta la lleva Paul, y Rose es una invitada de excepción que proporciona al personaje nuevas fuentes de reflexión. Pero ahí está el Paul de siempre: pensando en su vida y en el paso del tiempo, en lo que ha perdido recientemente, en un flirteo que no lleva a ningún sitio... Todo con esa inmensidad de la naturaleza que le proporciona el escenario y que cataliza esas reflexiones.

Rose en la isla es una buena continuación de la saga de Paul en... Demuestra que su costumbrismo, lejos de agotarse, puede tomar nuevos caminos y seguir contando buenas historias. 

13 julio 2026

'La espera', de Mario Trigo (Garbuix Books)

Si ayer en Vida y obra de un titiritero encontrábamos a un músico metido a guionista de cómic, en La espera, tebeo editado por Garbuix Books, me alucina encontrar a Mario Trigo, que es traductor, y fue jefe de redacción de Altaïr Magazine (aunque hay que decir que también ha hecho trabajos de ilustración), dominando el medio que en esta ocasión le ocupa de forma tan bárbara. Y es que si me dais un par de párrafos os explicaré por qué creo que éste tiene que ser uno de los cómics de 2026.

Resulta que en 2015, Mario Trigo tuvo que cubrir un viaje a Riaño para documentar los avistamientos de lobos. Trigo, que de fotografía al parecer sabe un poquito menos que de dibujo, decidió documentar el encargo con ilustraciones, y ese fue el germen de esta obra, que se articula en torno a dos ideas: la primera, la del lobo. Con la excusa de ir a verlo, Trigo teje una fascinante historiografía de cómo hemos visto al lobo desde el punto de vista antropológico: animal totémico, temido, reverenciado, odiado... Protagonista de nuestra cultura popular desde el alba de las civilizaciones, cuando su primo hermano decidió acercarse a nosotros y hacerse su amigo. La segunda idea: la de la espera. Los avistamientos de lobos, como en general cualquier observación animal, requiere de una gran dosis de paciencia. Y Trigo se ve envuelto en una doble espera: la cuenta de los días hasta que avisten a los lobos (si lo consiguen), y la de la vuelta a casa, con su mujer a punto de dar a luz.

Entretanto, con esta excusa, puede jugar con un montón de elementos: los pueblos inundados por el pantano postfranquista de Riaño (tema relacionado con la identidad y la raigambre, además de con la lucha ecologista por el territorio), la polémica sobre la caza del lobo, la mitología nórdica, la poesía en prosa, los argumentos de autoridad... Y lo que parece que podría haber sido un tema anodino, Trigo lo convierte en una magnífica lección de cómic, jugando con la composición a su antojo, usando el lenguaje metafórico y disponiendo del texto como sólo alguien que domina perfectamente el medio (un Scott McCloud, un David Mazzuchelli) puede hacer. 

De esta manera, Mario Trigo consigue en La espera un cómic que es algo así como un "documental de autor", donde las circunstancias y lo personal son tan importantes como el tema de fondo. Lo dicho, una maravilla, y para mí uno de los cómics del año. 

12 julio 2026

'Vida y obra de un titiritero', de Enric Montefusco y Oriol García Quera (Astiberri)


Enric Montefusco, el músico y líder de la banda Standstill, ideó Vida y obra de un titiritero como un complemento al disco de reunión de su banda, trece años después de su último trabajo (disco que se publica en otoño de 2026). Montefusco, aparte de músico, ha escrito un libro de relatos, dirigido un documental y hasta comisariado una exposición, entre otras cosas.

El problema de este cómic no estriba en su apartado visual. Oriol García es un dibujante de una amplia trayectoria en el cómic histórico (Cavall Fort, Temps d'espases, Traç del Temps). García Quera hace seguramente lo que le mandan, en un dibujo del que destaca sobre todo la fuerza del lápiz y un color análogico y muy contenido en su paleta, y que contribuye a delimitar pasado, futuro y sueño. 

Lo que ocurre es que Montefusco ha intentado poner en metáforas la historia de su banda, con unos inicios humildes, una entrada en la popularidad, la tentación de la industria, que pone en peligro tu propia identidad a cambio del éxito, y luego, a través del vínculo familiar y del amor, el redescubrimiento de por qué empezó todo. Esta historia, ambientada en un pasado medieval anacrónico, viene aliñada por unos textos que entiendo que son las letras de ese nuevo trabajo de la banda que se publicará en otoño y al que complementa el cómic (o me da la sensación, por el tipo de texto, su rima interna, etc.). El problema es que el conjunto chirría. Las letras -asumamos que lo son- van por un lado y las imágenes por otro, y para que ese recurso funcione tienes que ser muy bueno: los dos discursos, imagen y palabra, tienen que ser complementarios, no independientes. De hecho, en una segunda lectura en la que obvié todos los textos, la historia que parece contar el cómic me resultó más inteligible.

Lo dice el guionista en las primeras palabras de la primera página: "¿Cómo explico esto?". En general, me da la sensación de que Vida y obra de un titiritero es una obra muy personal, tanto, que las referencias (al menos, desde alguien que no conoce ni la trayectoria de su guionista, ni su grupo - ¿por qué el grupo de titiriteros borra un cartel de The Carpenters?) creo que quedan demasiado veladas (lo que la contraportada califica como "un universo simbólico íntimo") y algunas decisiones no llegan a entenderse. ¿Por qué hay personajes sin cara? ¿Quién es la mujer que el protagonista se encuentra en la cumbre, al final de la historia? ¿Qué representa el cordero sin las patas traseras de la portada? La pelota, al final, pasa al tejado del lector, y tal vez el lector sepa qué hacer con ella, o tal vez no. Quiero pensar que lo que realmente es Vida y obra de un titiritero es el storyboard de un videoclip para la vuelta de Standstill que hubiera resultado muy caro de realizar.

11 julio 2026

'Allí donde vas', de Étienne Davodeau (La Cúpula)

Étienne Davodeau tiene un especial talento para el cómic costumbrista, para la observación del ser humano, y eso hace que muchas veces sus obras transiten la frontera entre lo que es puramente narrativa de ficción y lo que es intencionalidad documental. Davodeau siempre se ha sentido cómodo en estos géneros, a la vez que los ha sabido explorar como nadie, por eso a veces da la impresión de ser el más cinematográfico de los autores de bd.

En su línea más documental tenemos obras como La mala gente, donde aborda el movimiento sindical en Francia; Rural, sobre las vicisitudes del sector agrario, o Los ignorantes, una de sus obras más conocidas y aclamadas, en la que hace un intercambio de conocimientos entre un ingenierio vitícola y él (el mundo editorial y artístico del cómic). En su última obra Allí donde vas, Davodeau combina de forma más íntima el aspecto personal con su vocación divulgadora, puesto que la inspiración para su argumento se lo da su pareja: ella, Françoise Roy, lleva muchos años atendiendo a personas afectadas por el alzhéimer. Asiste a sus allegados y acompaña a los afectados en su peor tránsito. Davodeau tenía en su propia casa un tema excelente, pero dudó durante años si volcarlo al cómic o no, debido a la especial sensibilidad a la que se presta el tema (recordemos que el tema del alzhéimer ya había aparecido en su obra en Caída de bici, quizá en ese momento ya le rondaba la idea de Allí donde vas). Pero finalmente Françoise accedió y Davodeau cumplió con las condiciones que ésta le pidió para poder realizar la novela gráfica. Así que aquí, a pesar de poner de su cuenta ya que es un experimentado narrador de cómic, Davodeau se planteó prácticamente levantar acta de lo que le fuera contando su mujer, siempre desde una perspectiva constructiva y asertiva.

Así pues, el autor nos cuenta cómo es el trabajo de Françoise, desde la perspectiva principal de respetar la dignidad de los afectados por el alzhéimer. Porque más allá de preservar la memoria de los afectados (trabajo que es casi como construir castillos de arena), lo que ella busca es crear vínculos humanos, relaciones de reconocimiento, y sobre todo, rutinas y pautas que puedan otorgar calidad a estos seres humanos a los que el olvido va engullendo lentamente.

El alzhéimer es una afección que va claramente relacionada con la identidad y la pérdida de ésta: no sólo por el que la padece, sino también -y sobre todo- por las personas que tiene alrededor el afectado. Es terrible ver cómo se vacía ese ser querido hasta llegar a un punto en que ya no es quien fue. Se ha ido. Ha quedado, como una impronta, su cuerpo, pero lo que amábamos de esa persona, ya no está ahí. Por eso no os voy a negar que ésta sea una novela gráfica dura, y que te agita por dentro si has vivido algún caso o ves que tienes en el horizonte alguno. Pero no es la intención de Davodeau, en absoluto. Su historia está precisamente marcando los aspectos positivos de esta tragedia. Que en este mar de confusión, sólo queda el amor, la ternura y la comprensión. Y, sobre todo, la empatía y el conocimiento. De eso se encarga precisamente este cómic. Se trata de un trabajo muy didáctico. La intención de Davodeau es mostrar cómo se trabaja con estas personas, lo duro que resulta para todos (¡incluso para los cuidadores externos!), el trabajo que hay por hacer aún, y cómo a veces, incluso el humor aflora en situaciones tan dramáticas.

Como siempre, Étienne Davodeau ejecuta un magnífico cómic. Su experiencia como narrador le permite que, hasta un tebeo dedicado a los cuidados del alzhéimer resulte interesante y conmovedor.  

[Todas las reseñas de Étienne Davodeau en Iconotropía]

10 julio 2026

'La vida toda', de Ángel de la Calle, Jordi Sempere y Anna Maria Ruiz (Garbuix Books)


Garbuix Books recupera La vida toda, obra escrita por Ángel de la Calle, para la que el guionista tuvo en 2017 una beca de la Fundación Marguerite Yourcenar bajo el nombre Hoy que ya pasó la vida

De la Calle entrega un guion intimista para contar una historia de pérdidas: Daniel, expatriado de Argentina en París, se entera, tras veinte años de ausencia en su país, de que tiene una hija… La vuelta a su tierra natal, que dejó sin mirar atrás un momento, el reencuentro con propios y extraños, marcan un argumento que habla del momento más oscuro de Argentina, de represión militar y de miedo, pero también de cómo construimos nuestra identidad, del perdón y la redención, del paso del tiempo, que no es ajeno a nada… De la Calle sabe un manejar de forma muy efectiva la retrospección  para ir contando el pasado y el presente, uniendo ambos, mientras que Jordi Sempere ilustra en tonos apagados y grises (en su estilo de dibujo que a mí me recuerda mucho al de mi paisano Rafel Vaquer: ambos están relacionados por Saco Roto Ediciones... me pregunto si tienen algo más en común) esta dura historia. El volumen se completa con un largo artículo de Ramiro Manduca que nos pone en contexto sobre la historia reciente de Argentina para los que conocemos poco su devenir.

09 julio 2026

'Marcie. Punto de inflexión', de Cati Baur (Garbuix Books)


La historia de Marcie: punto de inflexión (Garbuix Books, 2026) actúa como un mcguffin, o como uno de esos episodios de Los Simpson que empieza de una forma que es prácticamente una excusa, para luego virar hacia otra cosa totalmente diferente. Caro (Marcie Caroline) es una mujer que está llegando a los cincuenta. Piensa que no lo puede ir peor... y resulta que pierde su empleo. Se siente invisible a todos los niveles: como mujer, como target comercial, como ser deseado... (Una historia que todas las mujeres de cierta edad tristemente reconocerán). Pero eso invisibilidad le da la excusa para lanzarse a una meta que no habría esperado: convertirse en detective privado, donde la clave está precisamente en pasar inadvertido en la gran ciudad.

A partir de aquí, este planteamiento que parece sacado de la última comedia francesa de moda, da un giro curioso cuando en una de sus rondas, Marcie, que se dedica sobre todo a la localización de perros perdidos o hurtados, se enfrenta a un caso mucho más importante.

Cati Baur ya nos deleitó con Aguachirri (que en español también publicó Garbuix y que comentamos aquí), que era como una de esas deliciosas comedias costumbristas francesas, llenas de guiños a la vida cotidiana. En Marcie, este planteamiento va un poco más allá y, por una parte, sirve como escaparate para hablar del tema de la mujer de mediana edad, invisibilizada en todos los aspectos de la vida, y por otra armar una trama de investigación de detective aficionada y torpe al estilo de Woody Allen (o del cozy mistery, que está tan de moda actualmente). El resultado es una obra muy completa, divertida y cercana, amable y entrañable. Marcie demuestra lo buena autora que es Cati Baur aún más que en su anterior obra.

08 julio 2026

'El Dorado: El delirio de Lope de Aguirre', de Alberto Breccia y Carlos Albiac (Astiberri)


El Dorado fue la última obra que Alberto Breccia vio publicada en vida: editada originalmente en 1992, Breccia viviría tan sólo un año más. El autor de obras maestras como Mort Cinder, parte de El Eternauta,  y otras grandes adaptaciones como las de los Mitos de Lovecraft o los cuentos de Poe, el uruguayo a lo largo de su trayectoria desarrolló un estilo sincrético, ecléctico pero totalmente reconocible por el magistral uso del color y, más adelante, del collage. Enfrentarnos con las páginas de Breccia nos da aquella sensación de ir "a hombros de gigantes", porque el dominio de la narrativa gráfica del autor es total.

En El Dorado, Breccia trabajó junto a Carlos Albiac (1928-2012) en un encargo con motivo del Quinto Centenario y que hasta hoy no se había reeditado en España. La novela gráfica cuenta la conocida historia de la traición de Lope de Aguirre, que alentó un motín en una expedición que buscaba El Dorado y finalmente una revuelta contra la corona. Una figura incómoda para el panteón de leyendas del Imperio Español, y que ha tenido diferentes aproximaciones desde el cómic y el cine. 

Me llama la atención que una de las citas de autoridad que usa el cómic (Andrés Accorsi) dice de Breccia que es un autor "ya mayor que no se guarda absolutamente nada". Es la sensación que tuve yo. Breccia a estas alturas no tenía que demostrar nada, y menos en una obra de encargo. En El Dorado, opta por el uso de un color vibrante, chillón, con clara preferencia por una paleta que orbita alrededor del violeta. El dibujo se somete a las posibilidades del color: parece, casi, como si Breccia no hubiera dibujado, sino directamente configurado formas de color que hubieran ido tomando forma. Mucho más claro en su dibujo, pero al mismo tiempo más expresionista,  el dibujante puede concentrarse en la historia bajo el prisma enloquecido de Aguirre, con Clavijo, el músico que convierte su triste devenir en un romance recitado. 

De El Dorado apenas vemos nada, pues es sólo un espejismo provocado por la sed de poder y la violencia que éste conlleva. El libertador se ha convertido en tirano, pero otro tirano acaba con él. Esta es la triste historia, por cierto de Latinoamérica, lo que convierte El delirio de Lope de Aguirre en una especie de cuento universal.  

07 julio 2026

'Carretera fantasma 3', de Jeff Lemire y Gabriel H. Walta (Astiberri)

Un objeto misterioso que se adueña de la voluntad de los que lo recogen para ponerse a salvo, unas gasolineras misteriosamente vinculadas a unas líneas de fuerza geománticas… En este tercer volumen de Carretera fantasma se cierra el primer arco argumental (¡pero ojo, que no termina!) de la serie de Lemire en la que el guionista se adentra en territorios que entrecruzan

Con el tiempo me he vuelto más y más escéptico con el trabajo de Lemire. Durante una época fue la niña de los ojos del cómic mainstream americano, produciendo series una tras otra, y la crítica deshaciéndose en halagos por su revisión de temáticas como la superheroica (Black Hammer), pero cuantas más obras suyas leo (y mira que he leído), menos me convence. Y no es que sea un mal guionista: es un tío muy capaz, muy válido y muy profesional, y entrega historias con gancho, bien pensadas y ejecutadas, pero a mí no me terminan de llenar, porque a cada serie nueva que leo suya, pienso "ah, sí, aquí ha mezclado X, Y y Z". Esto es básicamente lo que ha ido haciendo en sus últimas entregas, las referencias-homenajes en esta ocasión las he puesto en el párrafo anterior y son diáfanas. La cuestión es: ¿puede Lemire con estos mimbres tejer una historia que sea interesante al nivel de los referentes que toma? Yo cada vez soy más escéptico. En Carretera fantasma ha necesitado casi 300 páginas para llevar la serie a... ¿dónde? Lemire no busca resolver las preguntas que va planteando, y me da que a veces terminará marcándose un Perdidos. Me pregunto si será capaz de tragar lo que está masticando. En todo caso, tiene a G.H. Walta (Visión), que hace un muy buen trabajo a los lápices y que aporta el tono sombrío que la serie necesita.

05 julio 2026

'El hombre que podía hacer milagros', de José Luis Munuera (Astiberri)


José Luis Munuera continúa con su línea de adaptaciones de autores del siglo XIX, tras haber versionado a Melville (Bartleby, el escribiente), Dickens (Cuento de Navidad) o J.M. Barrie (Peter Pan de Kensington, la primera encarnación del inmortal personaje). En esta ocasión le llega el turno a H.G. Wells, el gran autor de ficción científica de la literatura inglesa. Para ello, Munuera elige un cuento menos conocido del autor británico, El hombre que podía hacer milagros, publicado por primera vez en 1898 y más tarde antologado en 1911. Todas estas adaptaciones han sido publicadas originalmente en francés y aquí traducidas por Astiberri.

El hombre que podía hacer milagros es una historia muy de su tiempo, en la que un hombre corriente recibe el extrañe e involuntario de hacer realidad todo aquello que desea. Empieza desde ahí su intento de explicar qué le está ocurriendo y para ello Munuera adapta el texto para darle más empaque a esta parte: consulta con médiums, psiquiatras, médicos hasta dar con el sacerdote -originalmente ya en Wells- que es quien por primera vez le cree y le orienta en el uso de su "poder", si bien se revela que éste también tiene intereses propios para hacerlo.

No quiero desvelar mucho más de la trama, porque estaría feo si no se conoce la historia. Baste saber que la trama va un poco en la línea del famoso relato -adaptado en Los Simpsons- de La pata de mono de  W.W. Jacobs. En realidad, ni siquiera sabemos por qué a ese administrativo corriente y moliente le ha sido concedido tamaño poder. Lo que a Wells, y a Munuera le interesa, es hablar sobre el poder, la fe y las creencias, el determinismo y la libertad, y como diría Stan Lee, un gran poder conlleva una gran responsabilidad. Temas complejos y profundos que Munuera arropa con un humor resultón, sobre todo con su gran capacidad para la caricaturesca expresividad de sus rostros. 

A nivel gráfico, como siempre Munuera está pletórico y nos otorga -con la ayuda del color de Sedyas, que mucho tiene que ver aquí- unas grandes viñetas de magnífica factura pictórica, sobre todo en las que retratan el campo o la ciudad a toda página.

En definitiva, una historia sobre el uso y el abuso del poder, que José Luis Munuera y Sedyas ilustran de una manera excepcional.

04 julio 2026

'Sunny', de Taiyo Matsumoto (ECC)


Taiyo Matsumoto es, al menos en lo visual, uno de los mangakas más atractivos del panorama nipón actual. En Tekkon Kinkreet (Glénat) daba rienda suelta a las aventuras urbanas de una pareja de chicos descastados, que hacían de la ciudad su pequeño imperio. Con El samurái que vendió su alma (EdT) llegaba su mejor obra hasta el momento, una historia ambientada en el periodo Edo de Japón en la que un peculiar ronin se ve mezclado en una investigación de asesinatos. Matsumoto, en ambas obras, hace gala de un eclecticismo apabullante. Sus referencias son diversas: desde el ukiyo-e tradicional hasta la obra del inglés Dave McKean.

En Sunny, Matsumoto se acerca de nuevo al mundo de los niños para ofrecer la historia de un grupo muy especial: chavales abandonados u obligados por las circunstancias a estar lejos de sus familias. Imaginativos, inquietos y gamberros, pero también nostálgicos e inevitablemente marcados por las circunstancias, aprovechan cada ocasión que se les presenta para jugar en el Sunny 1200 situado en el jardín del refugio, un viejo coche convertido en su pasatiempo preferido y del que la obra toma el título.

Avalada por nominaciones en el Festival Internacional de Angoulême y en los Premios Harvey, y ganadora del Cartoonist Studio Prize a la mejor novela gráfica, Sunny es una obra parcialmente autobiográfica (Matsumoto vivió de pequeño en un orfanato) que vuelve a dejar patente el talento de Taiyō Matsumoto y su capacidad para entregarnos obras que fusionan elementos costumbristas con pasajes poéticos, en esta ocasión para dar forma a un emotivo retrato de la infancia.

En Sunny nos encontramos a un pequeño grupo de niños que conviven en una casa de acogida regentada por un anciano de venerable pose monjil. No pueden ser más diferentes entre ellos (y eso incluye desde adolescentes hasta bebés, pasando por alguno con deficiencias mentales), pero tienen algo que les une, y es el tener que compartir ese espacio debido a alguna circunstancia trágica. Pese a lo dramático de la situación que viven, son al fin y al cabo niños, y así, el Sunny se convierte en un espacio de libertad donde soñar, evadirse o simplemente esconderse. Cada uno de ellos lo usará de forma distinta: uno se imaginará ser un miembro de la yakuza huyendo de la policía; otro será el chófer de algún otro niño; alguno lo usará para volver a casa imaginariamente… y otro simplemente para ver pornografía lejos de los adultos.

De esta manera se va tejiendo una historia que fluye tranquilamente, como un mediodía de verano. Somos testigos de las ilusiones, esperanzas y miedos de estos Niños de las Estrellas, esta comunidad de marginados que ha conseguido ser una nueva familia, como así lo vemos en el capítulo donde el más joven de ellos se pierde y hay que ir a buscarlo.

Dotada de una especial ternura, Sunny es una obra melancólica y sentimental, quizá la más realista de las que ha realizado. Una obra en la que realmente no pasa nada especial: todo lo consigue Matsumoto con la evocación sincera de una época que, aunque puede estar cuajada de dolor, sigue siendo el territorio de la libertad.

ECC ha publicado Sunny en tomos y en un volumen integral que ahora está descatalogado, a la espera de que otra editorial la retome. 

03 julio 2026

'Saquen sus muertos', de Rayco Pulido (Astiberri)

Saquen sus muertos es la adaptación al cómic que Rayco Pulido ha realizado de la novela corta Verano de Juan “el Chino” (1971), del escritor canario Claudio de la Torre. Se trata de un autor injustamente olvidado en las Canarias y prácticamente desconocido en la península, a pesar de haber ganado dos premios nacionales de literatura.
 
La obra original de Claudio de la Torre es una novela costumbrista, de marcado carácter autobiográfico, existencial e intimista (y actualmente totalmente inencontrable). Ambientada en Las Palmas de Gran Canaria y otros municipios de la isla (aunque nunca mencionados los lugares - se habla de cierta "isla atlántica"), describe con crudeza la situación económica, social e insular tras un brote de cólera en el verano de 1851. Esta epidemia funciona como telón de fondo y catalizador de una poderosa historia de amor protagonizada por Néstor, que da sentido y vida a la trama en medio de circunstancias extremas.
 
La novela (y su adaptación, desde las guardas llenas de moscas) nos traslada a un tiempo y un entorno donde la muerte está omnipresente. Pulido la convierte en una obra sobria, luminosa, calcinada por el sol, y áspera al mismo tiempo, en la que la enfermedad, la exclusión social, el miedo y la desigualdad configuran el paisaje. Usa una línea clara, con apenas uso del color -de ahí esa sensación de terrible luz que transmite- que a veces parece falsamente caricaturesca y humorística para el terrible relato que presenta. Con todo, también hay espacio para el viaje, el amor y un atisbo de esperanza, aunque sea un mero espejismo.
 
Rayco Pulido explica que eligió este texto precisamente por su profunda reflexión sobre la condición humana, su atmósfera casi apocalíptica y, sobre todo, por su afilada crítica social, elementos que otorgan densidad a una historia que, en apariencia, podría parecer ligera. El autor, que ya venía con experiencia previa en adaptaciones literarias (como la Marianela del también canario Galdós, que refundió en Nela en 2021), realiza un trabajo fiel al contenido original, pero lo transforma en un lenguaje visual propio. El resultado en Saquen sus muertos es una obra independiente que adquiere un tono aún más sobrio y contundente que la novela gracias a la maestría narrativa del autor.
 
El tomo se complementa con unas notas sobre la novela, la epidemia sufrida en Canarias en 1851 (por cierto, ironías del destino, la pandemia global pilló a Rayco Pulido ocupado en esta obra), y el oscuro autor de la obra original, todas muy de agradecer para entender mejor el contexto de esta adaptación. 

02 julio 2026

'El viaje', de Paco Roca (Astiberri)

Fran es un escritor español que está de viaje de promoción por la Patagonia. La cancelación de un vuelo de regreso a España le dará unos días preciosos para reflexionar sobre el final de su relación de pareja, y sobre aquello que perdemos, cómo recordamos y qué nos gustaría haber dicho en aquel momento que podría haber determinado todo el devenir.

Paco Roca ha tenido siempre en su obra un tema recurrente: la memoria, y cómo la identidad se construye a través de esta. Ya fuera desde su primer gran aldabonazo con aquel Arrugas, sobre la enfermedad de alzheimer, la memoria familiar en Regreso al Edén o La casa, o la construcción de la memoria colectiva (o la deconstrucción y el olvido) en Los surcos del azar o El abismo del olvido, su trabajo sobre la identidad a través de los recuerdos siempre ha estado presente.

En El viaje, esta indagación en la memoria toma un carácter más íntimo, con la crónica del final de una historia del amor. Fran y Susana han acabado veinte años de convivencia, y las preguntas, los "¿y si...?, los reproches, hacen mella en lo que Fran entiende por su relación. Pero como éste reflexionará, desde el presente estamos constantemente forjando la idea de pasado. ¿La idea de relación que yo tengo es la que tenía ella? ¿Cuál es en realidad? (Spoiler: nunca podremos saberlo. Nadie sabe nada).

Con El viaje, Paco Roca vuelve a demostrar por qué es uno de los mejores autores de cómic de nuestro país. Lo que Fran vive, lo que está pensando, esos pasados que no fueron, que se solapan con la vida real... Jugando con la configuración del espacio y el color, Paco Roca sabe utilizar los medios propios del cómic para reflejar todo ello de forma magistral, de forma que ningún otro medio puede hacerlo. Así, aunque los saltos temporales y el narrador omnisciente que dirige la historia alteran constantemente el flujo cronológico de la historia, Roca hace que parezca sencillo de contar. 

Es curioso, por lo demás, ver que Roca ha acabado adaptando el formato apaisado en sus últimas obras (La casa, El abismo del olvido y esta última obra). Me resulta intrigante esta decisión, aunque creo que puede que tenga que ver con que facilita que el autor pueda manipular el sentido de lectura, y por tanto el ritmo: a veces es totalmente horizontal, a veces es primero vertical y luego horizontal (depende del número de viñetas, y éstas, a su vez, dependen también de lo que se quiere contar).

En pocas palabras: no hay cómic malo de Paco Roca. Éste es de carácter más intimista (ignoro si tiene matices autobiográficos) que todos los anteriores, pero como siempre, el autor valenciano domina tan magistralmente la sintaxis del cómic, que puede contarte cualquier historia y salir con un sobresaliente. Esta es una de ellas. Queda como uno de los cómics del año. 

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