Cuando
Dragon
Ball
empezó
a emitirse en TV3, servidor tenía 10 años. El día que se emitió
el primer capítulo, iba yo contento a poner Dr.
Slump,
cuando vi perplejo que no lo hacían, sino que emitían otra cosa,
algo de un niño con una cola. No me interesó: cambié en canal y
conecté mi MSX para jugar a algún juego.
Y
aquí estamos, 35 años más tarde, cuando, después de haber
comprado toda la primera Edición Blanca y Edición Roja en grapa (y
lomito), y cinco tomos de la edición kanzeban ultimate, encargo el
cofre Dragon Ball Legend.
A lo largo de las semanas pasé por varios estados de ánimo sobre el
dispendio que estaba a punto de hacer/había hecho.
En
primer lugar, al ver el anuncio y las características, pensé “Buf,
qué pasada. Es la hora de tener Bola de Drac
(porque,
además, la edición está disponible en catalán y castellano, y
para mí,
Dragon
Ball está
unida inextricablemente a su versión en catalán) completa en una
edición chula. A por ella.”
Cuando
pasé por caja, con mi triste cartera vacía, mi pensamiento fue “Me
he pasado. Compraré este cofre (es el primero de tres) y ya está.
Al fin y al cabo, es la etapa de Bola de Drac
que
más me gusta”. Justo en ese momento mi librero me dijo “¿Te
guardo las otras?”, y mi cerebro reptiliano contestó: “¡Sí!”.
Seis
tomos y casi tres mil páginas después, mis pensamientos son “buf,
qué pasada. Voy a comprarlo todo”. Os voy a explicar por qué he
llegado a esta decisión.
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Porque
ciertamente, la edición no es barata. ¿Vale lo que cuesta? La
edición del cofre es inicialmente 150€, es decir, 25€ por tomo,
tomos que son de extensión variable, pero que suman 2750 páginas en
total. 25€ es una pasta, considerando que son de tapa blanda y que
es una obra que está amortizadísima de tantas ediciones que ha
tenido. Por otro lado, la edición es buena, el tamaño del formato
Shonen Jump permite disfrutar bien del dibujo de Toriyama (¡cuánto
agradezco que hayamos desterrado el formato de los primeros y
diminutos tomos manga que conocimos en los 90!), se incluyen las
páginas a color y bitono, cada tomo aporta dos pequeños pósters
desplegables, y hasta lo que yo sé, la traducción (y por tanto, la
rotulación) es nueva. En el interior, tenemos algunas páginas
de información histórica, cronologías y curiosidades, y se
incluyen todas las portadillas de Shonen Jump delante de cada
capítulo. Además del recio y bonito cofre para guardar los tomos.
Así pues, ¿vale lo que cuesta? Francamente, a pesar de todo lo que
ofrece, me sigue pareciendo un dineral. Pero lo he pagado y no me
arrepiento.
Este
primer cofre incluye seis tomos que van desde el inicio de la serie
hasta la muerte de Piccolo/Satanás Cor Petit, cuando Goku sube la
torre de Karin para entrenarse con el Todopoderoso. Los tomos se
dividen en: la primera búsqueda de las bolas, el primero torneo de
artes marciales, la saga del Ejército de la Cinta Roja (en dos
tomos), el segundo torneo y la saga de Piccolo.
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La
serie, que empieza con un tono de aventura y humor, y si queréis,
con un toque que ahora se nos antoja naïf (y, paradójicamente, con
escenas sexistas que han envejecido muy mal), con la búsqueda de las
bolas de dragón, y es la que muchos recordamos con más cariño. El
estilo de Toriyama enlaza con la de su anterior serie, Dr.
Slump,
a pesar de que aquí el humor no es tan disparatado. Tori está
pletórico en el dibujo: los homenajes a la cultura popular
occidental son continuos, el interés del autor por la maquinaria…
La serie es tan divertida como recordaba. Y, ojo, porque no había
vuelto a leer algunas de las sagas, desde su publicación primera en
castellano, es decir, hace unos 30 años.
Es
curioso, por eso, releerla ahora con otra perspectiva. Es casi como
si la hubiera leído en otra vida, y ahora la edad, la experiencia, y
el resto de lecturas, te la hacen ver diferente (pero al mismo tiempo
disfrutarla como el niño que fui: no sé cómo expresar esta
paradoja). Por ejemplo: la serie continúa con el tono de aventura y
progresivamente da paso a la acción e incluso la épica (con los
torneos, la Cinta Roja). Pero creo que hay un punto de inflexión en
el final del segundo torneo de artes marciales, cuando aparece la
amenaza de Piccolo. La muerte de Krilín (Ia primera muerte
importante entre el elenco, a pesar de que Bola de Drac
ha
sido una obra en la que la muerte era algo… poco definitivo)
arranca un tono más sombrío en la serie.
Ese tomo inaugura, a mi parecer, un tono más adulto en la historia, en la que los combates van a ser, a partir de ese momento, el motor que mueva la serie. Se ha perdido la candidez de Goku y la ligereza de esas primeras aventuras, donde un adversario podía ser un conejo humanoide que convertía en zanahorias a sus adversarios. Esta dinámica de entrenar para ser más fuerte, y luchar, y volver a entrenar, y luchar, y vencer al súper guerrero que vence al súper guerrero que vence al súper guerrero ya no abandonaría la serie, y sería la piedra de toque que conformaría otras series (sí, hablo de vosotros, Narutos y One Pieces). Toriyama influyó de forma determinante en toda una generación de mangakas.
No os voy a mentir: me gusta esta primera parte de la serie, me gustaron las siguientes sagas de los saiyajins que llegan a la Tierra, me gustó todo lo de Namek, la inacabable agonía del planeta Namek, y la saga de los androides de Cèl·lula (Cell), pero a partir de ahí (Bu) dejó de interesarme, y por suerte, Toriyama quiso poner punto a la serie (pese a que continuase de otras formas). No sé nada ni quiero saber de nada posterior en el universo de Dragon Ball. De hecho, para mí podría haber finalizado mucho antes de esa última saga.
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Leer estas casi 3000 páginas de Bola de Drac ha sido como volver a tener 15 años, a disfrutar de una obra que fue fundamental para mí como lector. Porque a pesar de haber leído Mortadelos, Tintíns y Astérixs, lo que hizo que me convirtiera en lector de cómics (y de mangas, sobre todo), fue Bola de Drac. Así, que, sí, terminaré esta edición. Porque es fantástica, y me lleva a esa época de mi vida, y qué puñetas, ahora tengo 45 tacos y me lo puedo permitir. Y Planeta lo sabe.