11 julio 2026

'Allí donde vas', de Étienne Davodeau (La Cúpula)

Étienne Davodeau tiene un especial talento para el cómic costumbrista, para la observación del ser humano, y eso hace que muchas veces sus obras transiten la frontera entre lo que es puramente narrativa de ficción y lo que es intencionalidad documental. Davodeau siempre se ha sentido cómodo en estos géneros, a la vez que los ha sabido explorar como nadie, por eso a veces da la impresión de ser el más cinematográfico de los autores de bd.

En su línea más documental tenemos obras como La mala gente, donde aborda el movimiento sindical en Francia; Rural, sobre las vicisitudes del sector agrario, o Los ignorantes, una de sus obras más conocidas y aclamadas, en la que hace un intercambio de conocimientos entre un ingenierio vitícola y él (el mundo editorial y artístico del cómic). En su última obra Allí donde vas, Davodeau combina de forma más íntima el aspecto personal con su vocación divulgadora, puesto que la inspiración para su argumento se lo da su pareja: ella, Françoise Roy, lleva muchos años atendiendo a personas afectadas por el alzhéimer. Asiste a sus allegados y acompaña a los afectados en su peor tránsito. Davodeau tenía en su propia casa un tema excelente, pero dudó durante años si volcarlo al cómic o no, debido a la especial sensibilidad a la que se presta el tema (recordemos que el tema del alzhéimer ya había aparecido en su obra en Caída de bici, quizá en ese momento ya le rondaba la idea de Allí donde vas). Pero finalmente Françoise accedió y Davodeau cumplió con las condiciones que ésta le pidió para poder realizar la novela gráfica. Así que aquí, a pesar de poner de su cuenta ya que es un experimentado narrador de cómic, Davodeau se planteó prácticamente levantar acta de lo que le fuera contando su mujer, siempre desde una perspectiva constructiva y asertiva.

Así pues, el autor nos cuenta cómo es el trabajo de Françoise, desde la perspectiva principal de respetar la dignidad de los afectados por el alzhéimer. Porque más allá de preservar la memoria de los afectados (trabajo que es casi como construir castillos de arena), lo que ella busca es crear vínculos humanos, relaciones de reconocimiento, y sobre todo, rutinas y pautas que puedan otorgar calidad a estos seres humanos a los que el olvido va engullendo lentamente.

El alzhéimer es una afección que va claramente relacionada con la identidad y la pérdida de ésta: no sólo por el que la padece, sino también -y sobre todo- por las personas que tiene alrededor el afectado. Es terrible ver cómo se vacía ese ser querido hasta llegar a un punto en que ya no es quien fue. Se ha ido. Ha quedado, como una impronta, su cuerpo, pero lo que amábamos de esa persona, ya no está ahí. Por eso no os voy a negar que ésta sea una novela gráfica dura, y que te agita por dentro si has vivido algún caso o ves que tienes en el horizonte alguno. Pero no es la intención de Davodeau, en absoluto. Su historia está precisamente marcando los aspectos positivos de esta tragedia. Que en este mar de confusión, sólo queda el amor, la ternura y la comprensión. Y, sobre todo, la empatía y el conocimiento. De eso se encarga precisamente este cómic. Se trata de un trabajo muy didáctico. La intención de Davodeau es mostrar cómo se trabaja con estas personas, lo duro que resulta para todos (¡incluso para los cuidadores externos!), el trabajo que hay por hacer aún, y cómo a veces, incluso el humor aflora en situaciones tan dramáticas.

Como siempre, Étienne Davodeau ejecuta un magnífico cómic. Su experiencia como narrador le permite que, hasta un tebeo dedicado a los cuidados del alzhéimer resulte interesante y conmovedor.  

[Todas las reseñas de Étienne Davodeau en Iconotropía]

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