04 julio 2026

'Sunny', de Taiyo Matsumoto (ECC)


Taiyo Matsumoto es, al menos en lo visual, uno de los mangakas más atractivos del panorama nipón actual. En Tekkon Kinkreet (Glénat) daba rienda suelta a las aventuras urbanas de una pareja de chicos descastados, que hacían de la ciudad su pequeño imperio. Con El samurái que vendió su alma (EdT) llegaba su mejor obra hasta el momento, una historia ambientada en el periodo Edo de Japón en la que un peculiar ronin se ve mezclado en una investigación de asesinatos. Matsumoto, en ambas obras, hace gala de un eclecticismo apabullante. Sus referencias son diversas: desde el ukiyo-e tradicional hasta la obra del inglés Dave McKean.

En Sunny, Matsumoto se acerca de nuevo al mundo de los niños para ofrecer la historia de un grupo muy especial: chavales abandonados u obligados por las circunstancias a estar lejos de sus familias. Imaginativos, inquietos y gamberros, pero también nostálgicos e inevitablemente marcados por las circunstancias, aprovechan cada ocasión que se les presenta para jugar en el Sunny 1200 situado en el jardín del refugio, un viejo coche convertido en su pasatiempo preferido y del que la obra toma el título.

Avalada por nominaciones en el Festival Internacional de Angoulême y en los Premios Harvey, y ganadora del Cartoonist Studio Prize a la mejor novela gráfica, Sunny es una obra parcialmente autobiográfica (Matsumoto vivió de pequeño en un orfanato) que vuelve a dejar patente el talento de Taiyō Matsumoto y su capacidad para entregarnos obras que fusionan elementos costumbristas con pasajes poéticos, en esta ocasión para dar forma a un emotivo retrato de la infancia.

En Sunny nos encontramos a un pequeño grupo de niños que conviven en una casa de acogida regentada por un anciano de venerable pose monjil. No pueden ser más diferentes entre ellos (y eso incluye desde adolescentes hasta bebés, pasando por alguno con deficiencias mentales), pero tienen algo que les une, y es el tener que compartir ese espacio debido a alguna circunstancia trágica. Pese a lo dramático de la situación que viven, son al fin y al cabo niños, y así, el Sunny se convierte en un espacio de libertad donde soñar, evadirse o simplemente esconderse. Cada uno de ellos lo usará de forma distinta: uno se imaginará ser un miembro de la yakuza huyendo de la policía; otro será el chófer de algún otro niño; alguno lo usará para volver a casa imaginariamente… y otro simplemente para ver pornografía lejos de los adultos.

De esta manera se va tejiendo una historia que fluye tranquilamente, como un mediodía de verano. Somos testigos de las ilusiones, esperanzas y miedos de estos Niños de las Estrellas, esta comunidad de marginados que ha conseguido ser una nueva familia, como así lo vemos en el capítulo donde el más joven de ellos se pierde y hay que ir a buscarlo.

Dotada de una especial ternura, Sunny es una obra melancólica y sentimental, quizá la más realista de las que ha realizado. Una obra en la que realmente no pasa nada especial: todo lo consigue Matsumoto con la evocación sincera de una época que, aunque puede estar cuajada de dolor, sigue siendo el territorio de la libertad.

ECC ha publicado Sunny en tomos y en un volumen integral que ahora está descatalogado, a la espera de que otra editorial la retome. 

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