El hombre que podía hacer milagros es una historia muy de su tiempo, en la que un hombre corriente recibe el extrañe e involuntario de hacer realidad todo aquello que desea. Empieza desde ahí su intento de explicar qué le está ocurriendo y para ello Munuera adapta el texto para darle más empaque a esta parte: consulta con médiums, psiquiatras, médicos hasta dar con el sacerdote -originalmente ya en Wells- que es quien por primera vez le cree y le orienta en el uso de su "poder", si bien se revela que éste también tiene intereses propios para hacerlo.
No quiero desvelar mucho más de la trama, porque estaría feo si no se conoce la historia. Baste saber que la trama va un poco en la línea del famoso relato -adaptado en Los Simpsons- de La pata de mono de W.W. Jacobs. En realidad, ni siquiera sabemos por qué a ese administrativo corriente y moliente le ha sido concedido tamaño poder. Lo que a Wells, y a Munuera le interesa, es hablar sobre el poder, la fe y las creencias, el determinismo y la libertad, y como diría Stan Lee, un gran poder conlleva una gran responsabilidad. Temas complejos y profundos que Munuera arropa con un humor resultón, sobre todo con su gran capacidad para la caricaturesca expresividad de sus rostros.
A nivel gráfico, como siempre Munuera está pletórico y nos otorga -con la ayuda del color de Sedyas, que mucho tiene que ver aquí- unas grandes viñetas de magnífica factura pictórica, sobre todo en las que retratan el campo o la ciudad a toda página.
En definitiva, una historia sobre el uso y el abuso del poder, que José Luis Munuera y Sedyas ilustran de una manera excepcional.

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