Y cuando he dicho horror, tal vez podría haber dicho más bien thriller, porque Jabalíes no tiene nada explícito, ningún desollamiento ni ninguna escena sumamente violenta (bueno, o tal vez sí). Pero lo que nos lleva al horror es el vacío y la superficialidad de la vida posmoderna, en la que el propio hecho de vivir se ha convertido, sencillamente, en publicitar y consumir.
Lo que espanta no son tanto las consecuencias de la fama del influencer (la pérdida de intimidad, los locos que puedan acosarlos —como en el triste caso real de la ilustradora Paula Bonet— o la presión constante por crear contenido), sino el desolador panorama que surge detrás: el abismo absoluto de la vacuidad, de la soledad, de la huida hacia delante que a menudo caracteriza a estas figuras públicas, dispuestas a inmolarse en el altar de una popularidad engañosa.
Todo esto viene envuelto en el buen hacer de Lisa Blumen, que, supongo que por su uso del rosa como color conductor del cómic, me hace pensar un poco en los cómics alienantes de Miguel Ángel Martín (Snuff, etc.), aunque Blumen me gusta más porque tiene una historia que contar y un personaje con el que empatizar.
Como reflexión final: Jabalíes es una fábula contemporánea en la que los elementos de terror los pone el turbocapitalismo que las pantallas nos vomitan constantemente. [Jabalíes también está disponible en catalán]

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