A partir de aquí, este planteamiento que parece sacado de la última comedia francesa de moda, da un giro curioso cuando en una de sus rondas, Marcie, que se dedica sobre todo a la localización de perros perdidos o hurtados, se enfrenta a un caso mucho más importante.
Cati Baur ya nos deleitó con Aguachirri (que en español también publicó Garbuix y que comentamos aquí), que era como una de esas deliciosas comedias costumbristas francesas, llenas de guiños a la vida cotidiana. En Marcie, este planteamiento va un poco más allá y, por una parte, sirve como escaparate para hablar del tema de la mujer de mediana edad, invisibilizada en todos los aspectos de la vida, y por otra armar una trama de investigación de detective aficionada y torpe al estilo de Woody Allen (o del cozy mistery, que está tan de moda actualmente). El resultado es una obra muy completa, divertida y cercana, amable y entrañable. Marcie demuestra lo buena autora que es Cati Baur aún más que en su anterior obra.

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