El Dorado fue la última obra que Alberto Breccia vio publicada en vida: editada originalmente en 1992, Breccia viviría tan sólo un año más. El autor de obras maestras como Mort Cinder, parte de El Eternauta, y otras grandes adaptaciones como las de los Mitos de Lovecraft o los cuentos de Poe, el uruguayo a lo largo de su trayectoria desarrolló un estilo sincrético, ecléctico pero totalmente reconocible por el magistral uso del color y, más adelante, del collage. Enfrentarnos con las páginas de Breccia nos da aquella sensación de ir "a hombros de gigantes", porque el dominio de la narrativa gráfica del autor es total.
En El Dorado, Breccia trabajó junto a Carlos Albiac (1928-2012) en un encargo con motivo del Quinto Centenario y que hasta hoy no se había reeditado en España. La novela gráfica cuenta la conocida historia de la traición de Lope de Aguirre, que alentó un motín en una expedición que buscaba El Dorado y finalmente una revuelta contra la corona. Una figura incómoda para el panteón de leyendas del Imperio Español, y que ha tenido diferentes aproximaciones desde el cómic y el cine.
Me llama la atención que una de las citas de autoridad que usa el cómic (Andrés Accorsi) dice de Breccia que es un autor "ya mayor que no se guarda absolutamente nada". Es la sensación que tuve yo. Breccia a estas alturas no tenía que demostrar nada, y menos en una obra de encargo. En El Dorado, opta por el uso de un color vibrante, chillón, con clara preferencia por una paleta que orbita alrededor del violeta. El dibujo se somete a las posibilidades del color: parece, casi, como si Breccia no hubiera dibujado, sino directamente configurado formas de color que hubieran ido tomando forma. Mucho más claro en su dibujo, pero al mismo tiempo más expresionista, el dibujante puede concentrarse en la historia bajo el prisma enloquecido de Aguirre, con Clavijo, el músico que convierte su triste devenir en un romance recitado.
De El Dorado apenas vemos nada, pues es sólo un espejismo provocado por la sed de poder y la violencia que éste conlleva. El libertador se ha convertido en tirano, pero otro tirano acaba con él. Esta es la triste historia, por cierto de Latinoamérica, lo que convierte El delirio de Lope de Aguirre en una especie de cuento universal.

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