Un objeto misterioso que se adueña de la voluntad de los que lo recogen para ponerse a salvo, unas gasolineras misteriosamente vinculadas a unas líneas de fuerza geománticas… En este tercer volumen de Carretera fantasma se cierra el primer arco argumental (¡pero ojo, que no termina!) de la serie de Lemire en la que el guionista se adentra en territorios que entrecruzan
Con el tiempo me he vuelto más y más escéptico con el trabajo de Lemire. Durante una época fue la niña de los ojos del cómic mainstream americano, produciendo series una tras otra, y la crítica deshaciéndose en halagos por su revisión de temáticas como la superheroica (Black Hammer), pero cuantas más obras suyas leo (y mira que he leído), menos me convence. Y no es que sea un mal guionista: es un tío muy capaz, muy válido y muy profesional, y entrega historias con gancho, bien pensadas y ejecutadas, pero a mí no me terminan de llenar, porque a cada serie nueva que leo suya, pienso "ah, sí, aquí ha mezclado X, Y y Z". Esto es básicamente lo que ha ido haciendo en sus últimas entregas, las referencias-homenajes en esta ocasión las he puesto en el párrafo anterior y son diáfanas. La cuestión es: ¿puede Lemire con estos mimbres tejer una historia que sea interesante al nivel de los referentes que toma? Yo cada vez soy más escéptico. En Carretera fantasma ha necesitado casi 300 páginas para llevar la serie a... ¿dónde? Lemire no busca resolver las preguntas que va planteando, y me da que a veces terminará marcándose un Perdidos. Me pregunto si será capaz de tragar lo que está masticando. En todo caso, tiene a G.H. Walta (Visión), que hace un muy buen trabajo a los lápices y que aporta el tono sombrío que la serie necesita.

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