27 octubre 2007

Flashes

· Sócrates el semi-perro: Ulises, de Sfar y Blain (Sins Entido). Uno de los ejemplos de de que el cómic actual tiene todo tipo de público y puede tocar todo tipo de historias es este segundo volumen de Sócrates el semi-perro: Ulises, de los autores franceses Joann Sfar y Christophe Blain, ambos parte de una nueva generación de narradores gráficos que han revolucionado el panorama galo con la sencillez de sus trazos y lo atractivo de sus narraciones. Sócrates el semi-perro cuenta las andanzas de un cervantino can hablarín, que acompaña a Heracles en sus aventuras y desventuras, y que en este segundo tomo topa con otros personajes mitológicos como Ulises o el Cíclope, o bíblicos como Jonás. La perspectiva canina permite a Sfar, cuyos guiones ilustra como nadie Blain, divagar sobre la condición humana, sobre la naturaleza del amor y el sexo. El tándem galo borda el segundo tomo de una colección que flojeaba en la primera entrega y que ha sabido encauzar a la perfección.

· X-Statix presenta: Chica Muerta, de Milligan y Allred (Panini). ¿Por qué en el universo de los superhéroes algunos vuelven constantemente de la muerte y otros jamás vuelven a aparecer? Peter Milligan y Mike Allred, el dúo que firmó la magnífica serie X-Statix, una visión nihilista y pop de los superhéroes que se inició como un lavado de cara de una vieja cabecera mutante, X-Force, nos trae un dantesco viaje al infierno de la mano del Dr. Extraño y Chica Muerta, donde los verdaderos protagonistas son el humor y la irreverencia hacia el mundo Marvel.

· Período glaciar, de Nicolas de Crécy (Ponent Mon). El siempre interesante Nicolás de Crécy (Diario de un fantasma) trama en esta historia de supervivientes a una nueva era glaciar una verdadera teoría de la Historia del Arte y reflexiona sobre la visión que tenemos de la obra artística y cómo pesa en ella nuestro bagaje como lectores y nuestro condicionamiento social. Para amantes de la intertextualidad.

24 septiembre 2007

Flashes

· Desayuno por la tarde, de Andi Watson (Astiberri). Nunca me ha gustado del todo el género llamado slice of life. No porque en él no puedan contarse buenas historias, sino porque tiende a ser o bien ombliguista, o bien vacío. Andi Watson cuenta aquí la historia de una pareja en crisis por su despido en una fábrica de cuberterías y de cómo sus planes van lentamente a la deriva. El punto bueno: la caracterización de los personajes. Rob, el protagonista, está perfectamente construido, porque actúa como muchos hombres: terca e infantilmente. Demasiada suerte tiene al final del relato, creo yo. El autor, Andi Watson, es prácticamente una copia perfecta del trazo de Dupuy y Berberian (El señor Jean), ¿habrá trabajado para ellos como negro?, lo cual resta brillantez al conjunto.

· Voodoo Child: la leyenda de Jimi Hendrix, de Martin Green y Bill Sienkiewicz (Glénat). Tengo cierto proyecto en mente y cogí este cómic para ver cómo enfrentar la biografía de un icono musical del siglo XX. Y qué decir: es prodigioso. No sólo por el complejo trabajo de documentación (no figura un guionista como tal, sino un "creador y productor", a saber qué quiere decir eso) de la obra, sino por la magnífica forma de plantearla y de mostrarnos tanto el ídolo de masas como el hombre detrás de la guitarra. Sus pensamientos, sus letras -que con el contexto se hacen tan diáfanamente biográficas-, su voz guiándonos a través de las páginas, no pueden tener mejor traslado al papel que el gran, enorme Sienkiewicz, que aquí adopta un tono más realista, no exento de su habitual experimentación y brillante planificación de páginas. El conjunto es una obra monumental, al que lo único que le falta para tener un 10 como una casa es que se venda con un cd de la música de Hendrix para acompañar la lectura.

19 agosto 2007

Flashes

· El gran libro del infierno, de Matt Groening (Astiberri). La editorial vasca nos presenta un voluminoso libro recopilatorio de Groening que viene a añadirse a los anteriores El amor es el infierno y El trabajo es el infierno. Dividido en áreas temáticas, es una recopilación de las páginas que el autor de Los Simpson fue publicando en revistas durante los 80 y los 90. Groening tiene la chispa de siempre, pero en este tomo se le nota preocupado por otros aspectos de la realidad: en concreto, la política (los republicanos) y su paternidad (las páginas dedicadas a sus hijos y a sus cosas de niños es notable). Además, predomina en esta entrega las tiras protagonizadas por Akbar y Jeff, que tampoco es que sean mis personajes preferidos de Groening. En definitiva, una buena muestra del trabajo de Groening, quizá para los más completistas, pero interesante.

· Por encima de las nubes, de Jordan Crane (Bang Ediciones). Bang ha editado un tomo enorme (tapa dura, 24,5 x 31, color) y precioso con la obra de Jordan Crane, una historia tierna y onírica de un niño y su gato, que emprenden un viaje fantástico un día que aquél llega tarde al colegio. Brilla con su propia luz esa imaginería mckayniana del autor, ese trazo suave pero roto, que le aporta un toquecillo de feísmo en algún punto, y sobre todo, la planificación y el excelente color del álbum. Gráficamente, nos encontramos con una obra muy recomendable. Lástima de la penosísima traducción, que enturbia la lectura del lector algo quisquilloso. Por lo demás, chapeau para Bang.

· Betty Blues, de Renaud Dillies (Ponent Mon). Renaud Dillies construye una ficción sobre Rice Duck, un patito trompetista, y su tempestuosa relación con Betty. El desencuentro entre ambos -él, músico que sólo vive por la emoción de tocar; ella, perdida entre sus sentimientos y deslumbrada por el dinero de sus pretendientes- marca su relación y su destino final. Rice no será el único idealista de la trama: pronto conocerá a Bowen, un buho de aspiraciones anarquistas con el que se verá metido en diversos líos: personajes, en definitiva, que buscan seguir sus ideales y encontrar su lugar en el mundo. Fascina el trazo onírico de Dillies, que fluctua entre la expresividad del manga, la creación de un ambiente cargado y barroco de un Edward Gorey, y el uso de animales antropomorfizados con buen resultado. Dillies planifica bien las transiciones en la secuencias de sueño y compagina bien los momentos en que la acción se divide en dos líneas argumentales paralelas. Con todo, la intensidad inicial del argumento parece diluirse hacia el final y deja todo el peso de la obra en manos del carisma de los personajes. Magnífica edición de Ponent Mon para esta obra.

21 julio 2007

El juez ordena el secuestro de «El Jueves» por una caricatura de los Príncipes


¿La libertad de expresión tiene un precio?

El juez de la Audiencia Nacional, Juan del Olmo, ordenó ayer el secuestro del último número de la revista satírica «El Jueves», que se encuentra en los quioscos de toda España desde el pasado miércoles. El motivo de esta decisión es que el fiscal de la Audiencia Nacional Miguel Ángel Carballo considera que la portada del número 1.573 de la publicación podría se constitutiva de un delito de injurias a la Corona. En ella aparece una caricatura de los Príncipes de Asturias en una postura sexualmente explícita. El director de la revista, Albert Monteys, mostró su sorpresa por la decisión del juez Del Olmo, y adelantó que la semana que viene contestarán con un chiste de arrepentimiento.

25 mayo 2007

Flashes

· No llores, de Lance Hansen (Diábolo). La editorial madrileña nos trae la publicación de Don´t Cry, del desconocido en estas lares Lance Hansen, una pequeña colección de anécdotas infantiles, recuerdos de niñez que, por su universalidad, nos resultan cercanos y empáticos. La obra está estructurada en pequeños relatos de una página o dos, que más que contar una historia, parecen retazos, apuntes, recuerdos aislados de la infancia (como todos los que tenemos), en las que los detalles insignificantes -al menos desde la perspectiva adulta- son los que cobran importancia. El descubrimiento de la sexualidad, las películas de terror, las pesadillas, el primer amor son algunas de las anécdotas que el autor trata con un particular cariño y un dibujo muy acorde con la historia. Para descubrir.

· Di algo, de Flix (Bang). Di algo es la historia de una pareja. De como se conocen, se gustan, se unen y se separan. Y de todo el proceso traumático que (casi) siempre resulta de esa separación. Y nada más. Lo que otro podría haber contado en 5 páginas, Flix lo cuenta en 128. Esta anécdota de horas de bar con un amigo que te cuenta su vida amorosa tiene, no obstante, algunos aciertos: el estilo de dibujo de Flix, el hallazgo de alguna metáfora interesante, pero poco más. Quizá no me ha llegado porque esperaba otra cosa de esta obra.

· Klezmer 1: la conquista del Oeste, de Joann Sfar (Norma). Imparable sigue ese monstruo de Sfar con su multitud de series en marcha y sus proyectos de cine (Vampir y El gato del rabino). Norma ha editado hace poco en su colección Nómadas Klezmer, otra de las obras en que Sfar rinde homenaje a sus raíces hebreas contando la historia de unos músicos judíos ambulantes. El trazo de Sfar, más sencillo que nunca (y no acabo de ver que eso sea una virtud, al menos en esta ocasión), se ve reforzado por un color de acuarela lleno de contrastes y colores cálidos. Sfar sigue divagando sobre la vida y la muerte, la amistad y el amor, la sabiduría y la religión, sólo que desde la boca de otros personajes. Edición fantástica de Norma, con tapa dura. Muy recomendable leer esta obra con música klezmer de fondo.

· La maldición del paraguas, de Lewis Trondheim (Sins Entido). El tono autobiográfico de Mis circunstancias sigue en este La maldición del paraguas, en el que Trondheim cambia de formato para ofrecernos una serie de anécdotas, en este caso en color y con un ritmo más pausado, con viñetas sin caja, que dan un aire más suelto al cómic. El contenido, el de siempre: la asombrosa expresividad de Trondheim con sus personajes y la capacidad de entresacar buenas historias de trivialidades que a todos nos pueden ocurrir. El autor sigue autorretratándose sin piedad (maniático, hipocondríaco, algo friki), aunque se advierte del anterior tomo a éste una madurez, en todos los aspectos, mucho mayor. Los fans de Trondheim no pueden perderse esta obra.

25 febrero 2007

Flashes

· Snoopy y Carlitos (1957-1958), de Charles M. Schulz (Planeta). Tras un tercer tomo algo más flojo, el cuarto volumen de Peanuts retoma su pulso habitual forjando el universo de Charlie Brown y compañía. Hay gags ciertamente brillantes, momentos tiernos y hasta decididamente poéticos, como cuando Carlitos exclama "a veces creo que tengo el alma llena de malas hierbas". Un clásico que hay que conocer.

· Macanudo 2, de Liniers (Mondadori). Liniers es, como ya hemos dicho con anterioridad, el mejor autor de tiras cómicas en español. Sin discusión. Su universo particular es sorprendente, y auna lo mejor de los mejores maestros (Watterson, Schulz, Quino) a su personal visión del humor y del medio. Sus duendes, pingüinos, robots sensibles y toda la colección de sus itinerantes personajes pasarán a ser parte del acervo historietístico tarde o temprano. Imprescindible.

· La ascensión del gran mal 6 (de 6), de David B (Sins entido). David B. cierra en este tomo -el más largo de todos- la particular lucha de su familia contra la epilepsia de su hermano mayor. Me ha costado mucho leer este tomo: David B. cuenta una historia muy dura, no sólo por lo que pasa su hermano, sino por cómo lo afronta el autor, que sabe trasladar su desasosiego vital de forma inquietante al lector. Todo ello, con un estilo y una planificación de página soberbia y de una imaginación que pocas vece se ve. La ascensión del gran mal es un reto para el lector adulto.

16 febrero 2007

Una reflexión personal sobre El joven Lovecraft


Cuando me topé con la idea de El joven Lovecraft, vi que había encontrado un filón que me sorprende que aún no se haya explotado mucho más de lo que lo ha hecho hasta ahora. La posibilidad de jugar con referentes reales y ficticios, y de usar todo un océano de elementos literarios es tan atractiva y a la vez tan amplia, que me asombra que no se haya usado más. Se me ocurre una explicación, y con ella no pretendo parecer presuntuoso o altivo: para jugar con tantos referentes hace falta que uno los haya asimilado antes. Así se explican las obras de Neil Gaiman o las de Alan Moore: no quiero, por el amor de Dios, compararme con estos genios, pero hay que convenir en que, más que guionistas de cómic (y a pesar del gran amor que profesan por el medio), estos dos autores son buenos escritores, y sobre todo, grandes lectores. Como Lovecraft, todo hay que decirlo. Hay muchos casos de guionistas buenos en el cómic, pero pocos de ellos no proceden del mundo endogámico del mismo cómic. En Alan Moore los referentes son muchos más amplios -y ahora estoy pensando en obras como La liga de los caballeros extraordinarios o Promethea-: la literatura se entiende como un todo, se juega con ella, se tuerce, se interpreta o reinterpreta; se acumulan las referencias, pero no por capricho, sino que todo tiene un sentido. Algo parecido pasa en ciertos grupos de música (Therion, Tool), donde las referencias herméticas y los significados ocultos tienen una gran importancia en el resultado final. Todo esto no hace sino estimular al lector, incitarle a encontrar aquello que se oculta tras la superficie, darle a entender que más allá de unos dibujos (sonidos, en el caso de la música) hay algo más que espera a ser revelado. La obra se convierte así en el símbolo de algo mayor.
Puede parecer ahora que todo esto son palabras mayores, y que no tengan nada que ver con El joven Lovecraft. Ni siquiera que estoy seguro de que eso se capte bien en nuestra obra, pero mi intención al escribirla es trascender los límites de la tira cómica en sí e ir más allá: escribir el equivalente al Aenima de Tool en cómic, por pretencioso que suene y por imposible que resulte después. Pero ésa era la intención (y ya decía un escritor que los ideales no están para conseguirlos, sino para vivir de ellos). Espero con el tiempo llegar a un resultado que me satisfaga.

05 febrero 2007

Persépolis será llevada al cine


Persépolis, la obra más conocida de la autora iraní Marjane Satrapi y que cuenta el paso de la niñez a la adolescencia de la autora en plena Revolución Islámica, va a ser llevada al cine en lo que está siendo una adaptación muy esperada. La misma autora, junto a Vincent Paronnaud, dirige la cinta. Sin duda, una gran noticia, no sólo para el mundo del cómic, sino para la concienciación de los derechos humanos. Más información aquí.

09 enero 2007

Happiness is a warm... puppy

Uno de esos momentos tiernos de Peanuts: aparece en el tomo 4 de la obra completa (años 1957-1958). Y, si no me equivoco, esa frase de "Happiness is a warm puppy" fue invención de Schulz. Es muy probable que Lennon la tomara prestada para la canción "Happiness is a warm gun" del Album Blanco, pero no he logrado encontrar ninguna evidencia.

01 enero 2007

Cambio al nuevo Blogger

Atención: como Blogger Beta ha dejado de ser "beta", y como al final vamos a tener que migrar todos queramos o no, voy a probar de pasar Cisne Negro y el resto de blogs a la nueva versión, esperando no perder nada por el camino. Si vuelve a producirse algún problema y queréis comentarme algo, podéis hacerlo a través de mi correo (cisnenegro en gmail.com o a través del foro de El joven Lovecraft). Deseadme (más) suerte (que con el otro Cisne Negro).

26 diciembre 2006

Flashes

· Lapinot: La vida como viene / El acelerador atómico, de Lewis Trondheim. Planeta edita en un solo tomo dos historias de la serie Lapinot de Trondheim. En esta ocasión estamos ante dos historias de lo mejor que ha dado esta serie. En la primera, La vida como viene, Trondheim nos presenta una comedia agridulce sobre el destino y el valor de la amistad. En la segunda, El acelerador atómico, en la línea del cómic de aventuras más francobelga, los personajes se verán en una surrealista trama con un invento que permite detener el tiempo. Muy recomendable, y superior a anteriores tomos.

· Musculman, de Yudetamago. Glénat recupera esta obra editada por primera vez en 1983, y que, a pesar de que contenga númerosos chistes que sólo se entienden en el contexto en que fueron editados (referencias a series de la época, productos o personajes), conserva el mismo humor y estilo de la serie de televisión que pudimos ver. Con gran acierto, Glénat ha decidido respetar la traducción que se hizo para la serie animada en los territorios de habla catalana, y así, los personajes conservan esos nombres: Robin de les Estrelles, Menjatallarines, Decta Cubitus, etc. Las situaciones de humor absurdo y surrealista, los monstruos setenteros altos como fincas y el profundo amor por la lucha libre y su mundo son los principales protagonistas de una trama dividida en pequeños capítulos (que se publicaban semanalmente) que, en este primer tomo, tiene tiempo para contar más historias del Musculman pre-torneos de lucha que luego serían la tónica habitual de la serie. Quizá un cómic que tenga más valor para los nostálgicos y los lectores todoterrenos que para los lectores fashion de manga o para los ocasionales. Glénat ha editado esta obra tan sólo en catalán, tal como fue emitida. Esperemos que la jugada les haya salido bien.

· Zits, volumen 8, de Jerry Scott y Jim Borgman. De todas las tiras que ha ido publicando Norma, Zits ha sido la que ha tenido mejor suerte, y ha alcanzado estos días su octavo volumen en nuestro país. La serie de Scott y Borgman se ha ido desinflando lentamente, haciéndose monótona, previsible y aburrida. Si los primeros tomos brillaban por su frescura y su hilaridad, tras años de estar al frente de la tira cómica, vemos unas historias que no hacen sino dar vueltas a lo que se ha contado con anterioridad, incluso echando manos de ideas de otros autores (principalmente de la magistral, en todos los sentidos, Calvin y Hobbes). Cuando una obra no da más de sí, los autores tendrían que ir considerando su final.

· Lupin III (1 de 5), de Monkey Punch. Otro producto para nostálgicos que se ha editado en nuestro país recientemente ha sido este Lupin III. Recordada por su serie animada, que Telecinco emitió hace más de 10 años y en la que colaboró en cierta medida el genio de Hayao Miyazaki, esta obra topa con diversos handicaps a la hora de acercarnos a ella. El primero es la poca maña que tiene el autor en caracterizar a los personajes. Amén de usar demasiado el recurso caricaturesco, todos se parecen mucho físicamente entre sí, y muchas veces el lector se encontrará con auténticos problemas de identificación de los protagonistas. Pero, además, hay que indicar que la narración y la planificación de la página es caótica, contribuyendo aún más a que el lector se pierda. En lo tocante al género, y a su estilo inconfundiblemente setentero, yo diría que no constituye un problema, pero sí hay que convenir en que, a pesar de que el manga se editó por primera vez en 1969 en las páginas en la revista Weekly Manga Action, hay muchos otras obras que, aún siendo anteriores, han conservado mucha más vigencia. Como remate final, hay que decir que la edición de Mangaline es muy pobre: la calidad de las planchas es bastante mala (la editorial se ha defendido diciendo que eran las que se recibieron de Japón) y hay algunos errores ortográficos que duelen. Ni siquiera el ajustado precio/cantidad de páginas logra salvar esta edición. Posiblemente los lectores esperábamos otra cosa.
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