Es difícil de hablar de La medusa sin hacer spoiler, porque, además, ese spoiler no es tanto de la trama como del original hallazgo narrativo que utiliza la autora para ilustrar la historia de Odette. Por tanto, me da mucha rabia, pero no comentaré lo que me parece sin duda lo mejor y más original de esta novela gráfica, aunque sí puedo decir que tiene todo el sentido y que hace que el lector pueda ponerse en el lugar de la protagonista casi literalmente. Pocas veces la empatía con el protagonista ha sido mejor usada que en este cómic.
Pero sí que podemos decir que es una historia que habla sobre los diferentes estados de una pérdida. Esa "medusa" de Odette representa el deterioro de su visión, pero también el duelo y el miedo a perder el control sobre su propia vida.
Me gusta cómo el sencillo y claro dibujo acompaña el carácter íntimo y autobiográfico del relato. No me queda claro si la autora ha vivido una experiencia similar, en ella o en alguien cercano, a la que retrata en la obra, pero sin duda está narrada desde la autenticidad. Más que hablar de la historia sobre enfermedad, La medusa habla de sobre cómo ésta transforma las relaciones personales: el amor, la amistad o la familia se ven afectados por la dependencia y la vulnerabilidad, a veces para bien y muchas para mal. Esa dimensión tan íntimamente trágica si lo pensamos (la vida que sigue mientras todo se desmorona) es uno de los aspectos que más capturan de este cómic. No es de extrañar, pues, que esta obra haya sido galardonada con los premios Eisner Award, Doug Wright Award, Bédéis Causa Awards, Lynd Ward Graphic Novel Prize y el reconocimiento de las librerías y la crítica quebequesa. Si la leéis, entenderéis que encandiló a todos esos expertos.

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