16 febrero 2026

'Violencia gratuita', de Patrick Hovarth (Astiberri)

Cuando se publicó el anterior trabajo de Patrick Hovarth (Bajo los árboles, donde nadie te ve, que reseñé aquí), ya comenté que no me había impresionado en absoluto su supuesta originalidad combinando el aspecto de una fábula infantil protagonizada por peluchitos con un contenido totalmente pasado de rosca y adulto. Y con la siguiente obra que Astiberri ha editado de este autor, Violencia gratuita, pasa tres cuartos de lo mismo, sólo que el autor quiere epatarnos ya desde la portada con una cabeza diseccionada, y es que el título de la novela gráfica da lo promete.

Violencia gratuita es una miniserie publicada originalmente por Oni-Lion Forge que nos lleva a un presente-futuro utópico donde los ricos son obligados a donar la mitad de su fortuna o a luchar en un combate a muerte: una especie de vuelta de tuerca del Perseguido de Stephen King, aderezado con pizcas de Los juegos del hambre, Battle Royale y Black Mirror y en lo formal una estética incómoda a lo Miguel Brieva. No deja de ser una curiosidad, un divertimento con una lectura social, un desahogo a través de una fantasía de izquierdas y a la vez una denuncia de los excesos de una sociedad turbocapitalista como la que vivimos.  

Lo digo porque, ¿qué podemos esperar de esta serie, que no sea lo ya dicho? Desde el primer momento sabemos qué va a ocurrir, y ni Hovarth es especialmente un buen narrador, ni tampoco destaca mucho en su dibujo. Su único aliciente parecen ser las escenas especialmente crudas, las gamberradas explícitas de piernas sajadas o cráneos reventados. Y, por encima de ello, y supongo que consciente y voluntariamente, los personajes amorales, en los que el autor se ceba: sólo son monigotes víctimas de sus propias bajas pasiones. Por eso empleaba "utópico" en el párrafo anterior, y no distópico, como podría parecer a priori: la sátira que propone no creo que sea crítica, sino sólo catártica, y maniquea si me apuráis, porque no hay por dónde empatizar con sus protagonistas. Es como si invitara al lector a sentarse, a disfrutar de la carnicería, y al final le pegara un codazo y le dijera "¿a que molaría, eh?".

En la entrevista final al autor, Russ Burlingame le dice "eres uno de los nombres más comentados del cómic". De verdad que no puedo entender todo el revuelo que está causando este autor; viene del sector audiovisual, y, aunque tiene madera para ser autor de cómic (no dibuja mal y narra con soltura), tiene dos obras que, a mi juicio, no tienen absolutamente nada de original, sólo esa aura de enfant terrible que parece flotar sobre lo que de momento ha hecho por su extrema crudeza (¿es porque lo ha hecho en pleno mainstream?). Por eso me cuesta creer que ganara un Harvey a obra del año y que fuera candidato al Eisner por el mejor dibujo con su anterior cómic. 

Evidentemente, si el lector ha llegado hasta aquí, entenderá que este cómic no era para mí y que leo, o voy a leer, lo que publique este hombre con pinzas.

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