10 febrero 2026

'Elmer', de Gerry Alanguilan (La Cúpula)

Haciendo un juego de palabras con su personaje principal y la trama, Elmer es una rara avis. Una muestra del cómic filipino, de un autor que desempeñó parte de su carrera en las grandes editoriales norteamericanas, pero también produjo trabajos más personales, como el cómic que tenemos delante. Alanguilan falleció en 2019, y en 2025, La Cúpula recuperó este cómic que se publicó originalmente en 2010.

Pero no es sólo una curiosidad este cómic por su procedencia. Su punto de partida es absurdamente original: ha ocurrido algo en el mundo de la obra por lo que los gallos y gallinas han alcanzado un raciocinio superior, similar al del ser humano. Primero titubeantes, y progresivamente más autoconscientes, esas aves alzan su voz para reivindicar su estatus. Los seres humanos tardan en reaccionar. Al principio no pueden verlos sino como meros animales de granjas: nada ha cambiado. Pero a medida que se prueba que son animales racionales, las relaciones entre hombres y gallos se va complicando. ¿Tenemos aún derecho a comérnoslos? ¿A esclavizarlos, a producirlos? ¿Qué son? ¿Puede haber amor entre ambas razas? Las preguntas de carácter moral y ético se disparan, pero la violencia sigue. Conocemos esta situación a través del protagonista, Jake Gallo, y, a su vez, éste va descubriendo la historia de su padre, Elmer, que vivió de primera mano los primeros días de odio contra sus congéneres, pero también encontró la amistad y el amor.

Elmer es una parábola durísima sobre la tolerancia y el racismo. Alanguilan utiliza un estilo realista, con unas tintas detalladas hasta el límite del grabado. No ahorra ningún tipo de detalle escabroso, porque estamos ante una historia muy dura, que nos enfrenta a lo peor del ser humano: la intolerancia, la incomprensión, la absoluta falta de empatía, las posiciones de superioridad moral fundamentadas en mitos. Elmer tiene la excusa de las gallinas haciéndose inteligentes (como aquel microrrelato de Cortázar, ¿lo recordáis? "Por escrito gallina una"), pero podría tratar de negros, de judíos, de gays, de cualquier colectivo marginado que haya sufrido el odio de una sociedad a la que no le gustan las diferencias. La alegoría es cristalina, pero precisamente porque la situación es absurda podemos reflexionar más profundamente sobre ella si la aplicamos interiormente a nuestra sociedad.

Alanguilan sabe jugar muy bien con el tono, y es que en Elmer cabe todo. Casi desde el humor inicial, con la viñeta del gallo en una oficina diciendo "¿Es porque soy un pollo, no?", cuando no tenemos apenas contexto, y eso nos hace reír porque es la típica situación humorística sobre una discriminación. Pero la cosa se complica aún más, y el autor sabe apelar al drama -hay sentimientos a flor de piel, y bien llevados, es más, ¿cómo se las ingenia para emocionarnos con una historia de amistad y amor... con gallos, gallinas y seres humanos?-, y hasta al terror, porque hay situaciones límites en los que la violencia que genera la intolerancia explota en la cara al lector.

En fin: toda una sorpresa este cómic. Aunque en el aspecto gráfico no me acaba de convencer el autor, la historia es tan potente, que sin duda la recomiendo. Una pena que hayamos perdido su talento. Esperamos que La Cúpula nos pueda descubrir el resto de su obra fuera del mainstream.

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