Todo lo que he leído de Aude Picault a lo largo de los años (Papá, Travesía, Diosa, Ideal estandarizado...) me ha gustado. Además, la autora y yo somos de la misma quinta, y es inevitable para mí sentir cierta conexión con ella. Me encanta su dibujo paródico, sencillo, deudor del manga cuando busca ser humorístico y expresivo en su faceta más chibi. Picault tiene (siempre digo lo mismo) una insultante facilidad para que sus personajes se expresen con apenas unas pocas líneas. En esta nueva obra que Garbuix Books nos trae de la autora francesa, Mis rollos de cuarentona (guiño a un título anterior: Mis rollos), explora de nuevo el territorio que había avanzado ya en Ideal estandarizado. En esta ocasión, el retrato es de ella misma, puesto que aparece como protagonista, junto a su compañero Mathieu y a su Zélie, y las historias que encontramos son pequeñas cápsulas, de una o dos páginas, que retratan un momento cotidiano de la vida familiar que todo adulto reconocerá, pero, sobre todo, toda mujer cercana a la edad de Aude. En esas páginas, el estrés del trabajo fuera de casa, las tareas domésticas, la crianza, la carga mental dibujan un terrible panorama femenino. Yo soy hombre, y me veo horriblemente reflejado en Mathieu, porque pese a que no deseo para mi compañera la terrible losa que es vivir jugando a los platos chinos constantemente, e intento llevar con ella los deberes domésticos, no sé si es machismo atávico o pura incompetencia lo que me hace sentirme mal por lo que Picault cuenta. Pero, y que conste, Aude lo ve desde una perspectiva no del todo pesimista. Cabe la luz, la esperanza, y cabe el reírse de sí misma pese a todos los "rollos de cuarentona". Porque la autora hace una crítica amable y tierna, en el fondo, de una situación que es, creo, la más común para las mujeres de su edad. Una mujer que reinvidica su propio espacio (y tiempo), que constantemente busca su identidad entre profesional, madre y compañera, y tiene la valentía, encima de sonsacarnos una sonrisa con ello. Niñas que no se peinan, maridos que roncan o piden sexo a quien no tiene tiempo ni de pensar en ello, y, en definitiva, mujeres que son heroínas cotidianas. Todo ello, con el trazo delicioso de siempre de Aude Picault. Me encantan sus viñetas sueltas, abiertas, su expresividad con cuatro líneas, su parco pero tan bien aplicado color... En definitiva, siempre me encanta volver a leer a esta autora y en esta ocasión, con un tema que me toca tan de cerca -aunque me produzca cierta vergüenza- aún más.

No hay comentarios:
Publicar un comentario