
29 agosto 2011
Reseñas: especial Capitán América y Els Barrufets

18 agosto 2011
Un cómic al día: Hellblazer de Peter Milligan y Camuncoli-Bisley (5)

[Anteriormente:
· Reseña del volumen 2
· Reseña del volumen 3]
15 agosto 2011
Destacados de las novedades de Glénat de agosto



14 agosto 2011
Algunas lecturas de verano (II)



[En verano aprovechamos para retomar lecturas que no pudimos hacer durante el curso, cómics que no son novedad pero que vale la pena reseñar, o volvemos sobre aquellos que no pudimos comentar con profundidad anteriormente]
09 agosto 2011
Stray Toasters como mindfuck
08 agosto 2011
Reseña: Powers ¿Quién mató a Retro Girl?

07 agosto 2011
Algunas lecturas de verano

Otro de los cómics que he retomado después de, más o menos, once años de haberlo comprado, ha sido El amnios natal (The Birth Caul), cómic de Alan Moore y Eddie Campbell (responsables también de From Hell) que se basa en una performance que dio Moore. Hay que tener en cuenta, por tanto, la naturaleza original del texto: se trata, más que nada, de una divagación poética en la que la tela amniótica que recubre la cabeza con la que algunos niños vienen al mundo es el centro de una reflexión sobre la vida y la muerte, el sentido de la existencia, los recuerdos de la juventud... Se trata de un cómic en el que Campbell ha tenido que hacer un esfuerzo extra para poner en imágenes las abigarradas metáforas de Moore, el discurso inconexo, el agolpamiento de símbolos e imágenes que se van acumulando a lo largo de las páginas. No es una obra fácil, necesita de un lector que ponga todos los sentidos, e incluso diversas lecturas nos harán disfrutar de su valor. Porque, como determinada poesía, es una obra que a veces puede parecer complicada (un poco sí lo es) e incluso deslavazada, pero en realidad está muy bien tejida y Moore conduce al lector, aunque a distancia, por los caminos que él quiere. No es el Alan Moore memorable de sus grandes trabajos en el mainstream, sino un Moore más personal, más en contacto con sus intereses actuales, un Moore que gustará a quien admire a este hombre independientemente de sus obras más conocidas.
Finalmente, he cogido el Dr. Slump volumen 8, como ya he indicado muchas veces, mi obra favorita de Akira Toriyama. En este tomo, destacamos como hitos argumentales el paso de la cuadrilla de Arale de la escuela primaria a la superior, la llegada de los Tsun desde China en su tetera voladora, y el arco largo argumental de las olimpiadas escolares en la Villa del Pingüino. Humor de primera marca Toriyama, lleno de absurdos, de algunos momentos picantes (dentro de la inocencia del autor, claro)... Toriyama sigue en sus mejores años, cuando su trazo sigue siendo amable y curvilíneo, y no tiene la dureza que iría adquiriendo a medida que se adentrara en los 90 y su Dragon Ball... Esta edición Ultimate que publica Planeta incluye las páginas que originalmente estaban en color, además de una sobrecubierta que Toriyama ha realizado para la ocasión en la edición japonesa. Repito: no hay que perderse Dr. Slump.
[En verano aprovechamos para retomar lecturas que no pudimos hacer durante el curso, cómics que no son novedad pero que vale la pena reseñar, o volvemos sobre aquellos que no pudimos comentar con profundidad anteriormente]
06 agosto 2011
Groenlandia-Manhattan, de Chloé Cruchaudet (Norma)

Groenlandia-Manhattan es el relato de esta historia basada en hechos reales, una historia que habla fundamentalmente de la búsqueda de la identidad y de la pérdida de raíces, de las consecuencias brutales del colonialismo europeo. Minik se convierte en un ser desarraigado, puesto que es arrancando de su hábitat habitual y, al morir su familia natural, adquiere los modos y formas de la cultura europea. Pero nunca deja de buscar sus orígenes e intenta volver a su hogar. Cuando lo hace, muchos años después, se siente un extraño en su tierra: sus parientes y conocidos han muerto, y los que quedan no creen sus relatos en el mundo "civilizado". Finalmente, Minik termina por volver a Inglaterra a buscarse la vida como pueda. Una historia dramática y bella, muy bien ilustrada por Chloé Cruchaudet.
05 agosto 2011
El sindrome Hundlebert (VVAA, Ultrarradio)
04 agosto 2011
Unspeakable Vault (of Doom)
03 agosto 2011
Capitán América: Servir y proteger
A finales de los años 90, el título del Capitán América pasaba por horas bajas tras una época mediocre guionizada por Mark Gruenwald, hasta que, poco antes del reseteo que significó Heroes Reborn en Marvel (cuando el Capitán América pasó a las infames manos de Rob Liefield), tomó las riendas de la colección Mark Waid, un autor que supo insuflar nueva vida al título, y que estuvo acompañado a los lápices del fantástico Ron Garney, una etapa que Panini recopiló en dos tomos titulados Operación Renacimiento. Una vez pasado el hiato Liefield, el título se reinició y la tarea volvió a recaer en el susodicho tándem. Ese primer año es el que se recopila en Servir y proteger, la continuación del primer año truncado de Waid al frente del Capitán América. En la obra, Steve Rogers debe enfrentarse a varios enemigos, como el Superskrull o Pesadilla, enemigos que permiten a Waid plantear temas como la globalización mundial (por parte de los valores norteamericanos) y sus efectos colaterales, o la definición de sueño americano -ideal por el que lucha el Capitán América-, la credibilidad de los políticos y la fanatización de las masas. Se trata de una visión más humana y realista que la de los 60, cuando Steve Rogers actúa como un simple icono que ha memorizado sus consignas, pero con todo se aprecia cierto apego a los valores tradicionales norteamericanos, sin llegar -eso sí- a extremos ridículos. Podríamos decir que este Steve Rogers es el último en que brillará la estrella del sueño americano antes del ocaso de éste con el advenimiento del 11-S, y la posterior Civil War de Marvel, y la simbólica muerte del Capitán América.
En el aspecto visual, hemos de destacar el trabajo de Ron Garney y de su entintador Bob Wiacek, cuyo trabajo junto a John Romita Jr. ha dejado en su trazo una huella más que reconocible. A mitad de tomo se nos presenta el sustituo de Garney, un Andy Kubert en horas altas que también trabajó con Wais en la serie regular de Ka-Zar. En resumen, una magnífica etapa que leer de este héroe, aunque no se simpatice mucho con él.
02 agosto 2011
Capitán América: La leyenda viviente
El Capitán América se ha convertido con el tiempo en un icono, un símbolo de la americanidad y del estilo de vida estadounidense. Vinculado su origen a los años 40, con claras intenciones patrióticas, ha llegado intacto hasta nuestros días en la continuidad del universo Marvel. Hace relativamente poco, fue objeto de polémica por su muerte en la saga Civil War -una muerte que, como siempre en el mundo Marvel, tiene que tomarse con reservas-, una muerte con una clara lectura ideológica post 11-S.
Pero antes de todo ello, allá por los años 60, el personaje su segunda época de oro, cuando fue rescatado y lanzado en paralelo junto a todos aquellos personajes que habían creado Stan Lee y Jack Kirby y que empezaban a fundar la Era Marvel de los cómics: Los 4F, Hulk, los Vengadores, Spiderman... Stan Lee, el cerebro de esa fiebre superheroica, había rescatado de los años 40 dos personajes con éxito: la Antorcha Humana y Namor, y se atrevió con un tercero, con el beneplácito de los lectores: el Centinela de la Libertad, el Capitán América. Sus historias, además de aparecer en Los Vengadores, se publicaron en Tales of Suspense, donde aparecía junto a Iron Man, hasta que en el número 100, la colección pasó a ser Capitán América. El personaje había ido creciendo y tomando matices gracias a los guiones de Stan Lee, donde vemos a un héroe diferente, sin poderes especiales, sintiéndose desplazado de su época, y cuyo recuerdo de la IIGM, fundamentalmente de la muerte de su compañero Buckey, le atormenta. El personaje, pues, fue adquiriendo una humanidad que le convertía en un personaje más redondo. En el apartado gráfico, un Jack Kirby en el mejor momento de su carrera se encargó de fijar el aspecto visual del Capitán América con su dibujo potente, elegante y dinámico. Junto a él, terminan de redondear el aspecto visual dos de los entintadores que mejor entendieron los bocetos de Kirby: Chic Stone y Joe Sinnott.
Ideológicamente habría mucha tela que cortar en esta obra: el maniqueísmo de los personajes es memorable ("¡Dejad paso!"-dice uno de los villanos- "¡Soy un nazi, soy superior!"), y la exaltación de los sentimientos patrióticos está a la orden del día. Los personajes están aún lejos del viraje que sufrirían en los años 80, cuando todo ese candor se perdería. Pero lo ideal es olvidar este tipo de cuestiones -o al menos no prestarles mucha atención-, para sumergirse en la aventura desenfrenada que supone tan tamaño volumen: historias trepidantes, con buenos cliffhangers, llenas de fantásticas amenazas y peligros para el Centinela de la Libertad. Panini edita esta etapa del Capitán América: La leyenda viviente (principalmente del año 1964 a 1968) en un colosal volumen de 568 páginas en tapa dura con interesantes artículos complementarios de Raimon Fonseca.