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09 septiembre 2026

'Cello Song', de Jason (Astiberri)

Siempre que se edita una nueva obra de Jason ardo en deseos de ver qué ha armado. Pocos autores de cómic consiguen combinar de una forma tan particular la melancolía con la ironía y una apariencia gráfica sencilla con una enorme intensidad emocional como John Arne Sæterøy, conocido artísticamente como Jason. Nacido en Noruega en 1965, este autor ha construido a lo largo de su trayectoria un universo propio, reconocible a primera vista tanto por su particular estilo de dibujo como por su peculiar forma de contar historias.  

Una de las principales señas de identidad de su obra es su apartado gráfico. Sus protagonistas son animales antropomórficos representados mediante trazos precisos y depurados, deudores de la línea clara franco-belga, aunque eliminando cualquier elemento ornamental innecesario. Los rostros apenas muestran emociones, las figuras mantienen una actitud rígida y el color, cuando aparece, suele emplearse con gran moderación. Todo ello crea una apariencia distante y contenida que, de manera paradójica, consigue potenciar el impacto sentimental de sus historias. Jason utiliza esta simplicidad visual como una herramienta narrativa: detrás de unas imágenes aparentemente frías se esconden personajes y situaciones cargados de sentimientos.

En cuanto a los temas, la obra de Jason recorre territorios muy diversos, aunque existen determinadas preocupaciones que aparecen una y otra vez. La pérdida amorosa, el aislamiento, la fugacidad del tiempo, la muerte, el sinsentido de la vida y la añoranza por aquello que ya quedó atrás forman parte habitual de sus relatos. Esto puede comprobarse en su última obra, Cello Song, una novela gráfica que aborda la vida del músico Nick Drake. 

Nick Drake fue sin duda un tipo extraño. Hoy seguramente habría sido diagnosticado con algún tipo de trastorno del espectro autista, porque no pueden explicarse algunos de sus comportamientos de otra forma. Músico excepcionalmente dotado, publicó en vida tres largos maravillosos antes de dejarse morir con 26 años. No ayudó su actitud ante el márqueting de su propia música (no quería entrevistas, no sabía cómo interactuar con el público, tenía muy claras sus ideas respecto a cómo quería grabar sus canciones). Todo ellos hizo que su éxito en vida fuera nulo. Como un John Kennedy Toole, salvando las distancias, Drake fue retirándose del mundo, un mundo que de todas maneras no parecía interesarle. Años después de su muerte vendría el reconocimiento y el estatus de músico de culto. Siempre demasiado tarde.

Todo esto (el descubrimiento del músico, su firma con una discográfica, la lucha constante entre su visión de autor y la necesidad de vender, su deriva mental, su amargo final) es lo que Jason cuenta en Cello Song, ajustándose bastante a lo que sabemos de la biografía del músico. Su estilo, que antes esbozábamos, es ideal para contar esta historia de aislamiento, con soluciones gráficas muy bien halladas por parte de Jason para mostrar esa desconexión entre Drake y el mundo. 

Confieso que no había escuchado con atención la música de Nick Drake hasta el momento. Me sonaba su nombre, pero me faltaba contexto. Este cómic me ha descubierto la música de este ser tan especial. He de decir que seguramente si no hubiera tenido cierto bagaje en la música folk, neofolk, Leonard Cohen, etc., su música no me hubiera impactado de la manera que lo ha hecho. Pero debo a Jason el haberme enamorado de Five Leaves Left y de Pink Moon, dos álbums descarnados, de instrumentación íntima, donde aparece el Nick Drake más auténtico. Muy buena lectura.

10 febrero 2026

'Elmer', de Gerry Alanguilan (La Cúpula)

Haciendo un juego de palabras con su personaje principal y la trama, Elmer es una rara avis. Una muestra del cómic filipino, de un autor que desempeñó parte de su carrera en las grandes editoriales norteamericanas, pero también produjo trabajos más personales, como el cómic que tenemos delante. Alanguilan falleció en 2019, y en 2025, La Cúpula recuperó este cómic que se publicó originalmente en 2010.

Pero no es sólo una curiosidad este cómic por su procedencia. Su punto de partida es absurdamente original: ha ocurrido algo en el mundo de la obra por lo que los gallos y gallinas han alcanzado un raciocinio superior, similar al del ser humano. Primero titubeantes, y progresivamente más autoconscientes, esas aves alzan su voz para reivindicar su estatus. Los seres humanos tardan en reaccionar. Al principio no pueden verlos sino como meros animales de granjas: nada ha cambiado. Pero a medida que se prueba que son animales racionales, las relaciones entre hombres y gallos se va complicando. ¿Tenemos aún derecho a comérnoslos? ¿A esclavizarlos, a producirlos? ¿Qué son? ¿Puede haber amor entre ambas razas? Las preguntas de carácter moral y ético se disparan, pero la violencia sigue. Conocemos esta situación a través del protagonista, Jake Gallo, y, a su vez, éste va descubriendo la historia de su padre, Elmer, que vivió de primera mano los primeros días de odio contra sus congéneres, pero también encontró la amistad y el amor.

Elmer es una parábola durísima sobre la tolerancia y el racismo. Alanguilan utiliza un estilo realista, con unas tintas detalladas hasta el límite del grabado. No ahorra ningún tipo de detalle escabroso, porque estamos ante una historia muy dura, que nos enfrenta a lo peor del ser humano: la intolerancia, la incomprensión, la absoluta falta de empatía, las posiciones de superioridad moral fundamentadas en mitos. Elmer tiene la excusa de las gallinas haciéndose inteligentes (como aquel microrrelato de Cortázar, ¿lo recordáis? "Por escrito gallina una"), pero podría tratar de negros, de judíos, de gays, de cualquier colectivo marginado que haya sufrido el odio de una sociedad a la que no le gustan las diferencias. La alegoría es cristalina, pero precisamente porque la situación es absurda podemos reflexionar más profundamente sobre ella si la aplicamos interiormente a nuestra sociedad.

Alanguilan sabe jugar muy bien con el tono, y es que en Elmer cabe todo. Casi desde el humor inicial, con la viñeta del gallo en una oficina diciendo "¿Es porque soy un pollo, no?", cuando no tenemos apenas contexto, y eso nos hace reír porque es la típica situación humorística sobre una discriminación. Pero la cosa se complica aún más, y el autor sabe apelar al drama -hay sentimientos a flor de piel, y bien llevados, es más, ¿cómo se las ingenia para emocionarnos con una historia de amistad y amor... con gallos, gallinas y seres humanos?-, y hasta al terror, porque hay situaciones límites en los que la violencia que genera la intolerancia explota en la cara al lector.

En fin: toda una sorpresa este cómic. Aunque en el aspecto gráfico no me acaba de convencer el autor, la historia es tan potente, que sin duda la recomiendo. Una pena que hayamos perdido su talento. Esperamos que La Cúpula nos pueda descubrir el resto de su obra fuera del mainstream.

Puedes comprarlo aquí en la editorial o en Amazon

04 enero 2026

Lobezno y Veneno: Garras y fauces, de Howard Mackie y Sam Kieth (Panini, 2025)

Esto es un hecho: a medida que voy haciéndome viejo revisito con más fruición los cómics de los 90 que me forjaron como lector de Marvel. En 2025 fui recuperando los títulos y las cabeceras cuyos autores más me fascinaron de aquella época, que quizá no fue la mejor de Marvel objetivamente, pero para mí forma parte de mi educación sentimental. Así que cuando vi en las novedades de Panini la reedición de Lobezno y Veneno: garras y fauces, de Howard Mackie y Sam Kieth no me lo pensé.

Lobezno y Veneno: garras y fauces es una miniserie que originalmente se publicó en el Marvel Comics Presents 117-122, entre los años 1992 y 1993, justo en mi época más fanática como lector de cómics Marvel en Fórum. Este volumen me sonaba de haberlo visto en aquel momento, pero nunca llegué a leerlo, a pesar de que sus dos protagonistas son dos de mis favoritos de la época. Junto a esto, lo que me llamaba más atención del cómic son sus autores: Howard Mackie, el guionista, es un peso pesado en la Marvel de la época: responsable de la reencarnación del Motorista Fantasma como Danny Ketch, mítico encargado de la sección "tenebrosa" de la editorial, y escritor de miniseries como Gambito o Pícara. Por otro lado tenemos al dibujante, Sam Kieth. ¿Qué decir de él? Una auténtica rara avis en el panorama mainstream del cómic americano, alejado de la anatomía delirante de Rob Liefeld, y más interesado en la distorsión de las formas, la composición excéntrica de las páginas, conectando -de alguna forma inverosímil- con el sí, arte rupestre. Uno de los padres fundadores de la imaginería del Sandman de Gaiman, Kieth sería sobre todo recordado al mudarse a Image para crear su propia serie, The Maxx, con Messner-Loebs.

Pues aquí tenemos a estos dos aclamados titanes de la época (con el añadido del correcto color dado por Mike Thomas) en la clásica historia de enfrentamiento que se vuelve team up, en la que el mutante canadiense, acosado en sus sueños por Pesadilla, tiene sus toma y daca con el simbionte negro. La recuperación de este cómic, que originalmente estaba pensado para compartir páginas con otras historias, y que por tanto tiene un formato más breve de lo habitual en sus capítulos, es sobre todo para el lucimiento de Kieth. Desde las portadas en las que juega con romper los elementos típicos como la cabecera, o las cajetillas de precio y el Comics Code, pasando por las planificaciones de la página -no encontraremos dos iguales- o sus personajes grotescos, con larguísimos cuellos y abultados abdómenes, Kieth se muestra como un orfebre barroco en sus páginas, yuxtaponiendo pinups con cuerpos hiperbólicos, estiramientos imposibles, y llenando de tensión cada viñeta de cada página. La historia en sí misma no tiene mucho tiempo para desarrollarse -y aún menos para no finalizar casi en un deus ex machina-, pero el formato era el que era y los autores crean con lo que tienen un espectáculo de testosterona y sangre que era justo lo que se esperaba de este encuentro. (No en vano Sam Kieth realizaría, más adelante, algunos cómics de Lobo).


Vais a perdonarme que termine esta reseña apelando a mi espíritu adolescente, tal como indicaba al principio de ella: en definitiva, si la vibra de los 90 es tu rollo, si te gusta la visión radical del mainstream que plantea Sam Kieth en cada obra que entrega, o si te llama la atención el choque de dos personajes emblemáticos como Lobezno y Veneno, yo no me lo pensaría más, este cómic es para ti. 

30 julio 2025

'Piensa', de Shinsuke Yoshitake (Pastel de Luna)

Si yo tuviera clases en Primaria y pudiera hacer unas sesiones de Filosofía 3-18, utilizaría como guía, sin duda, esta obra de. De  Shinsuke Yoshitake ya he hablado alguna vez: es un autor japonés, a medio camino entre el manga y el libro infantil ilustrado, que siempre plantea temas filosóficos en su obra, pero de manera muy natural y siempre embellecidos por las respuestas fantásticas que una mente infantil daría a preguntas tan en el fondo complejas. Ha hablado de identidad (Ese robot soy yo), de las infinitas circunstancias de la vida (Ser o no ser una manzana), de la muerte (¿Cómo será el más allá?), de la noción de justicia (¡No es justo!), y en Piensa (publicado en 2022), de una forma muy sutil, va encadenando situaciones y personajes para plantearnos preguntas. Algunas tienen respuestas y otras no, pero lo principal en la búsqueda de la sabiduría -es decir, la filosofía- es hacérselas. Por ejemplo, en el bloque "Miguel piensa en las mentiras", tenemos una batería de reflexiones que hacer con los más pequeños: ¿qué es una mentira? ¿Una mentira deja de serlo si se descubre? ¿Ocultar una cosa importante es mentir? ¿Hay que decir siempre la verdad? Sólo en un bloque temático tenemos ya un montón de preguntas que hacerle a nuestr@s lectores y lectoras y de ellas pueden surgir multitud de interesantes debates.

Siempre digo que el último Shinsuke Yoshitake que he leído es el que me gusta más, pero en esta ocasión creo que esta pequeña cápsula de socratismo gana por goleada. Edita Pastel de Luna en castellano y catalán.

26 febrero 2025

Dragon Ball Legend y lo que pasó cuando compré el cofre

 

Cuando Dragon Ball empezó a emitirse en TV3, servidor tenía 10 años. El día que se emitió el primer capítulo, iba yo contento a poner Dr. Slump, cuando vi perplejo que no lo hacían, sino que emitían otra cosa, algo de un niño con una cola. No me interesó: cambié en canal y conecté mi MSX para jugar a algún juego. 

Y aquí estamos, 35 años más tarde, cuando, después de haber comprado toda la primera Edición Blanca y Edición Roja en grapa (y lomito), y cinco tomos de la edición kanzeban ultimate, encargo el cofre Dragon Ball Legend. A lo largo de las semanas pasé por varios estados de ánimo sobre el dispendio que estaba a punto de hacer/había hecho. 

En primer lugar, al ver el anuncio y las características, pensé “Buf, qué pasada. Es la hora de tener Bola de Drac (porque, además, la edición está disponible en catalán y castellano, y para mí, Dragon Ball está unida inextricablemente a su versión en catalán) completa en una edición chula. A por ella.”

Cuando pasé por caja, con mi triste cartera vacía, mi pensamiento fue “Me he pasado. Compraré este cofre (es el primero de tres) y ya está. Al fin y al cabo, es la etapa de Bola de Drac que más me gusta”. Justo en ese momento mi librero me dijo “¿Te guardo las otras?”, y mi cerebro reptiliano contestó: “¡Sí!”.

Seis tomos y casi tres mil páginas después, mis pensamientos son “buf, qué pasada. Voy a comprarlo todo”. Os voy a explicar por qué he llegado a esta decisión.


 

Porque ciertamente, la edición no es barata. ¿Vale lo que cuesta? La edición del cofre es inicialmente 150€, es decir, 25€ por tomo, tomos que son de extensión variable, pero que suman 2750 páginas en total. 25€ es una pasta, considerando que son de tapa blanda y que es una obra que está amortizadísima de tantas ediciones que ha tenido. Por otro lado, la edición es buena, el tamaño del formato Shonen Jump permite disfrutar bien del dibujo de Toriyama (¡cuánto agradezco que hayamos desterrado el formato de los primeros y diminutos tomos manga que conocimos en los 90!), se incluyen las páginas a color y bitono, cada tomo aporta dos pequeños pósters desplegables, y hasta lo que yo sé, la traducción (y por tanto, la rotulación) es nueva.  En el interior, tenemos algunas páginas de información histórica, cronologías y curiosidades, y se incluyen todas las portadillas de Shonen Jump delante de cada capítulo. Además del recio y bonito cofre para guardar los tomos. Así pues, ¿vale lo que cuesta? Francamente, a pesar de todo lo que ofrece, me sigue pareciendo un dineral. Pero lo he pagado y no me arrepiento.

Este primer cofre incluye seis tomos que van desde el inicio de la serie hasta la muerte de Piccolo/Satanás Cor Petit, cuando Goku sube la torre de Karin para entrenarse con el Todopoderoso. Los tomos se dividen en: la primera búsqueda de las bolas, el primero torneo de artes marciales, la saga del Ejército de la Cinta Roja (en dos tomos), el segundo torneo y la saga de Piccolo. 


 

La serie, que empieza con un tono de aventura y humor, y si queréis, con un toque que ahora se nos antoja naïf (y, paradójicamente, con escenas sexistas que han envejecido muy mal), con la búsqueda de las bolas de dragón, y es la que muchos recordamos con más cariño. El estilo de Toriyama enlaza con la de su anterior serie, Dr. Slump, a pesar de que aquí el humor no es tan disparatado. Tori está pletórico en el dibujo: los homenajes a la cultura popular occidental son continuos, el interés del autor por la maquinaria… La serie es tan divertida como recordaba. Y, ojo, porque no había vuelto a leer algunas de las sagas, desde su publicación primera en castellano, es decir, hace unos 30 años.

Es curioso, por eso, releerla ahora con otra perspectiva. Es casi como si la hubiera leído en otra vida, y ahora la edad, la experiencia, y el resto de lecturas, te la hacen ver diferente (pero al mismo tiempo disfrutarla como el niño que fui: no sé cómo expresar esta paradoja). Por ejemplo: la serie continúa con el tono de aventura y progresivamente da paso a la acción e incluso la épica (con los torneos, la Cinta Roja). Pero creo que hay un punto de inflexión en el final del segundo torneo de artes marciales, cuando aparece la amenaza de Piccolo. La muerte de Krilín (Ia primera muerte importante entre el elenco, a pesar de que Bola de Drac ha sido una obra en la que la muerte era algo… poco definitivo) arranca un tono más sombrío en la serie. 

Ese tomo inaugura, a mi parecer, un tono más adulto en la historia, en la que los combates van a ser, a partir de ese momento, el motor que mueva la serie. Se ha perdido la candidez de Goku y la ligereza de esas primeras aventuras, donde un adversario podía ser un conejo humanoide que convertía en zanahorias a sus adversarios. Esta dinámica de entrenar para ser más fuerte, y luchar, y volver a entrenar, y luchar, y vencer al súper guerrero que vence al súper guerrero que vence al súper guerrero ya no abandonaría la serie, y sería la piedra de toque que conformaría otras series (sí, hablo de vosotros, Narutos y One Pieces). Toriyama influyó de forma determinante en toda una generación de mangakas.  

No os voy a mentir: me gusta esta primera parte de la serie, me gustaron las siguientes sagas de los saiyajins que llegan a la Tierra, me gustó todo lo de Namek, la inacabable agonía del planeta Namek, y la saga de los androides de Cèl·lula (Cell), pero a partir de ahí (Bu) dejó de interesarme, y por suerte, Toriyama quiso poner punto a la serie (pese a que continuase de otras formas). No sé nada ni quiero saber de nada posterior en el universo de Dragon Ball. De hecho, para mí podría haber finalizado mucho antes de esa última saga.  


Leer estas casi 3000 páginas de Bola de Drac  ha sido como volver a tener 15 años, a disfrutar de una obra que fue fundamental para mí como lector. Porque a pesar de haber leído Mortadelos, Tintíns y Astérixs, lo que hizo que me convirtiera en lector de cómics (y de mangas, sobre todo), fue Bola de Drac. Así, que, sí, terminaré esta edición. Porque es fantástica, y me lleva a esa época de mi vida, y qué puñetas, ahora tengo 45 tacos y me lo puedo permitir. Y Planeta lo sabe. 

04 noviembre 2024

Reseña: 'El prolongado sueño del sr. T', de Max (La Cúpula, 2024).

 


Voy a empezar con una anécdota personal al hablar de este cómic, y es que cuando fue presentado en Palma cuando apareció por primera vez en 1998, servidor, junto a un amigo, estuvo presente. Era un momento en que, como lector de cómics, me movía entre el manga y los superhéroes, y El prolongado sueño del sr. T fue una de las obras que me lanzó a abrir mis perspectivas en el noveno arte a todo un panorama que no era el de la corriente principal. Por eso, a este Max le tengo un aprecio muy especial. Años más tarde, siendo ya guionista yo mismo, y habiendo escrito mucho en los medios sobre cómics, tendría el honor de presentar al propio Max en la presentación de otra de sus obras ‘¡Oh, diabólica ficción!’, en una librería de Palma. No deja de ser algo bonito, ¿verdad?

En 1998 Max llevaba ya más de dieciséis años de carrera en el cómic, y era uno de los abanderados del comix español que había surgido del underground ochentero. Max había estado en el equipo fundador de El Víbora y estaba en la base de la línea chunga que caracterizó la revista (esto es, un enfoque adulto y alternativo, con fuerte experimentación en el trazo). Entre los autores que destacaban en aquel momento, Max era, por decirlo de alguna manera, el que reclamaba referencias intelectual y filosóficas más ambiciosas: el que veía de forma más clara el potencial narrativo y estético del cómic, y quien podía pensar en él como un artefacto de la alta cultura, sin nada que envidiar de la literatura o el cine. Cinco años, Max y Pere Joan fundaron Nosotros Somos Los Muertos, una revista de cómics de vanguardia, al estilo de la Raw de Art Spiegelman. La conjunción de autores de todo el globo que apostaban por la experimentación gráfica sin duda habría de influir en su estilo posterior.

Y aquí estamos, cuando La Cúpula publica la nueva obra de Francesc Capdevila, nuestro mallorquín de adopción. Soy de la opinión de que El prolongado sueño del sr. T marca un hito en la obra de Max. Con un inicio muy literario (el testimonio que leeremos es el de un personaje que escribe después de un hecho traumático, muy en la vena de Lovecraft o Kafka), el cómic despliega una narrativa que se va enhebrando dentro de sí misma como si de un fractal se tratara. El protagonista va contando el sueño que tiene y cómo va interactuando con los personajes que en él encuentra. 

El prolongado sueño del sr. T es una galería onírica en la que Max puede aprovechar su estructura para replicar las obras medievales y renacentistas que conoce bien: la de historias dentro de historias. Aquí, de la misma manera que en El libro del buen amor o El quijote -obra que sabemos que Max conoce bien- en estas historias dentro de historias se unen al cóctel referencias de todo tipo: el surrealismo (y el interés de este movimiento por el mundo de los sueños), los anacoretas (que Max revisitará en otras obras posteriores, como la gloriosa novela gráfica Vapor), los homenajes a Van Gogh o a Thomas Ott (cuya obra había sido publicada en El Víbora)... Y el resultado es un gran paso adelante en la carrera de Max. Ojo: ya dijimos más arriba que, a estas alturas de su carrera, Max era un autor importante en el panorama nacional. Pero creo que con El prolongado sueño del sr. Tes la primera vez que reclama su sitio entre los grandes de los grandes del cómic español. En su obra posterior no ha ido más que a mejor, al mismo tiempo refinando su trazo, escogiendo cada vez más el jugar con los elementos básicos e imprescindibles para su historia. Él, que había sido un autor inequívocamente barroco, ha pasado por un proceso de estilización digno de los padres del desierto que han poblado algunas de sus páginas. El prolongado sueño del sr. T es una obra clave para entender la obra de Max que se zambullirá en el siglo XXI en la experimentación con los elementos de la gramática del cómic, buscando cuáles son los elementos básicos que la constituyen. No la dejéis de leer.

14 octubre 2024

Cierre de una época

Este septiembre se cerró la sección de Ultima Hora que ha albergado mi página de cómic, Tebeo De Verdad, y que fui aquí colgando regularmente como imágenes de la página publicada. Han sido casi 17 años publicando en la prensa balear, primero de forma regular y luego de manera más esporádica debido a cambios de dirección editorial. Me siento bastante triste por este final de etapa, pero ante todo debo agradecer la oportunidad que se me dio para poder hablar con total de libertad de cómics y de esta manera contribuir a la divulgación de este medio que amo, que es el cómic.

Pero esto no quiere decir que deje de charrar de tebeos. Seguiré desde este propio blog, que ha resultado tener un impacto en visitas muchísimo más grande de lo que yo pensaba, y en la web que dirijo, Papel en Blanco

La primera página en aparecer en Ultima Hora. Enero de 2008.

07 octubre 2024

Un vistazo a 'Raíces de ginseng' (Craig Thompson, Astiberri 2024)

 

Hoy le echamos un vistazo a Raíces de ginseng, la nueva obra de Craig Thompson, el autor de la celebrada novela gráfica Blankets, y Adiós Chunky Rice. Publica Astiberri. 

 Algunos datos: 

· Tapa dura 

· Tamaño 16,5×23 cm 

· Bitono. 

· 448 páginas.

18 agosto 2024

'Libres para pensar', de VVAA (Garbuix Books, 2024)

 

Que las mujeres han sido sistemáticamente ignoradas en todos los cánones de la historia es un hecho incontestable. Sólo con tremendos esfuerzos, en pleno siglo XXI, seguimos intentando (re)colocar las aportaciones femeninas a la literatura, la filosofía o la ciencia en su justo lugar. Sólo así alcanzaremos la verdadera igualdad: en el conocimiento de los grandes hitos que las mujeres (y hombres) de antaño lograron alcanzar. 

Detalle de la vida de Hildegard von Bingen. 

Libres para pensar, obra de Marie Dubois, con la supervisión extra de Jérôme Vermer, Anne Idoux, bajo una idea de Jean-Philippe Thivet, es una de esas obras que intentar dar voz a las mujeres silencias por un canon secularmente androcéntrico

Por las páginas de Libres para pensar pasan algunas mujeres conocidas como Simone de Beauvoir, Hipatia de Alejnadría, Hildegarda von Bingen o Sei Shonagon (la autora de El libro de la almohada), y otras más desconocidas, quizá, para el gran público, como la poetisa griega Cleobulina, la filósofa francesa Gabrielle Suchon, Louise Michel “la virgen roja”, o la ensayista rusa Nathalie Sarraute. 

Cada una de ellas protagoniza un capítulo narrado por sí misma o por un narrador externo, capítulo en el que de forma cronológica conocemos la vida y obra de estas personalidades, con unas pequeñas píldoras de conocimiento teórico que sintetizan las ideas principales de cada una.

El dibujo de Marie Dubois, de estilo muy sencillo, parece en deuda obligatoria con el de Marjane Satrapi. Pero ese estilo sencillo, con detalles de humor, le sienta muy bien a la obra porque contrarresta el efecto de página saturada que causa el texto, que en no pocas ocasiones es algo excesivo debido a la naturaleza de la obra. En muchas ocasiones, este tipo de novela gráfica tiende a ser demasiado didáctica, y por ende, a cargar con mucho texto la página, lo cual puede llegar a agobiar al lector. No es el caso de ésta, pues Marie Dubois (y hemos de concederle esto a ella, autora casi completa de la obra a pesar de la nómina de portada) se esfuerza en hacer un cómic ligero, muy legible, y además solventando cada minibiografía en el mismo número de páginas. Gráficamente es una delicia de libro.

Detalle de la vida de Hipatia de Alejandría.

Aunque la selección tiene vocación de universal, y me imagino que en algún momento tenían que decidir a quién incluir y a quién no, como obra francesa no puede evitar cierto barrer para casa. Echamos de menos a alguna mujer fuera del ámbito galo como Teresa de Ávila, Gabriela Mistral, Clara Campoamor o Maria Montessori. También hay que decir que se valora el hecho de que no aparezcan las mujeres de siempre en este tipo de obras, como Marie Curie o Ada Lovelace. 

Libres para pensar será otro de los cómics que colocaré en mi top anual. Su conjunción entre el aspecto didáctico y el buen uso del lenguaje del cómic, así como lo brillante de su presentación visual lo hacen merecedor de un puesto privilegiado en las ediciones de 2024. 

[Esta reseña se publica también en Papel en Blanco]

17 agosto 2024

'Lo sabes aunque no te lo he dicho', de Candela Sierra (Astiberri, 2024)

 

Un descubrimiento inesperado. Confieso que el trazo estético y feísta de Candela Sierra no me invitaban a emprender la lectura de Lo sabes aunque no te lo he dicho (Astiberri, 2024), pero una vez empezado no he tenido otro remedio que rendirme a su trabajo. Mediante una serie de breves historias, cuasi cápsulas narrativas o gags, entrelazadas unas con otras con algún elemento secundario a modo de travelling cinematográfico, la autora nos habla de forma despiadada sobre la incomunicación de la sociedad de nuestros días, una sociedad marcada por el vacío de las relaciones personales y la egolatría que nos convierte en descerebrados chauvinistas digitales. 

Y Candela Sierra juega con esa idea, insiste, la retuerce y genera variaciones, poniendo sobre la mesa los recursos del lenguaje del cómic para crear la secuencialidad de las historias. Un profundo conocimiento de la gramática del medio le permite hacer juegos metanarrativos que encajan bien en su propuesta, e incluso se permite algo de humor en esta propuesta inmisericorde, un humor reivindicativo y ácido que por momentos se hermana con el de Flavita Banana. 

¿Escucharnos en diagonal, editar nuestros comentarios orales, comer helados de caca porque es trendy? Si nos está quedando un mundo en el que las relaciones humanas se aniquilan en favor del postureo, los likes y las suscripciones, sólo queda denunciarlo. Y si es de la forma sorprendentemente original, como lo hace Candela Sierra, mejor que mejor. 

Estamos ante una talentosa autora que tiene mucho que aportar al panorama del cómic de nuestro país y que seguiremos con detenimiento. Atent@s, porque Lo sabes aunque no te lo he dicho estará dentro de mi selección anual. No en vano también este cómic estuvo presente también en la selección de la ACDCómic del primer semestre del año.

26 julio 2024

'Melodía sentimental', de Tadao Tsuge (2024)

Tras publicar Mi vida en barco (2019), Gallo Nero recoge en Melodía sentimental una antología de historias cortas de Tadao Tsuge, hermano de Yoshiharu Tsuge y uno de los principales exponentes del manga gekiga. Las historias aquí presentes fueron publicadas originalmente entre 1969 y 1972 y entre ellas hay algunas de las preferidas por el propio autor.

En estos relatos, Tsuge traza un relato desesperado de las clases humildes del Japón urbano tras el final de la Segunda Guerra Mundial: “cuando la gente sólo podía dedicarse a vagar por las ciudades, por los callejones, cabizbajos a causa de la pobreza, por culpa de la escasez de comida”, dice el autor en su epílogo.

Y es que Tsuge vivió en primera persona las penurias económicas y el desempleo de los años que siguieron al desmoronamiento del Japón imperial. En estas historias costumbristas (“tuve que aceptar el hecho de que siguieran considerándome un autor sin risas”, comenta el autor) no hay margen para la esperanza o un nuevo amanecer.

Un ecléctico grupo de personas que esperan su turno para donar sangre y así ganar unos yenes; la vida en el “barrio de las cloacas”, donde un artista frustrado flirtea con una banda de medio pelo donde hay un compañero del colegio; un hombre al que, tras años de leal servicio a la empresa, trasladan a una sede fuera de la ciudad… En estas historias el denominador común es el sordo silencio del fracaso existencial de sus protagonistas y el progresivo desapego que sienten por todo lo que les rodea.

La antología de Gallo Nero recoge seis relatos creados en solo tres años de trabajo de Tsuge, pero aún así se puede observar cierto desarrollo en su trazo, desde un estilo más caricaturesco (Melodía sentimental) a un uso muy inteligente de las sombras y los claroscuros (El barrio de las cloacas). La edición se cierra con un epílogo del autor para la edición española muy revelador para saber cómo se crearon estas historias. 

Con Melodía sentimental, Gallo Nero sigue una línea valiosísima que recupera los tesoros de este particular género del manga para adultos.

[Reseña también compartida en Papel en Blanco]

18 julio 2024

'Cuando veo cables me acuerdo de ti', de Arnau Sanz (Astiberri, 2023)

 Arnau Sanz (Barcelona, 1984), a pesar de tener una trayectoria que arranca en 2013, nos sorprendió en Un fantasma (Astiberri, 2021), donde presentaba una narrativa de ciencia ficción con una estética fría pero muy personal. La combinación creaba un resultado asombroso y original. En Cuando veo cables me acuerdo de ti (Astiberri, 2023), Sanz confirma sus hallazgos en una novela gráfica que no hace sino depurar su voz.

Recogiendo tópicos de la ciencia ficción, Arnau Sanz plantea un mundo donde los robots funcionan de forma autónoma y trabajan como ayudantes de segunda clase. Allí, Sandra es una androide que enseña a otros robots, y convive con una compañera androide que está quedando obsoleta. Justo lo que le ocurre también a su antigua mentora humana.

Lo que pudiera parecer una simple historia tecnofuturista vira pronto a una trama de notable carga social, en la que Sanz expresa su preocupación, sobre todo, por temas como la salud geriátrica, la pérdida, y en consecuencia, el papel de los mayores en la sociedad, la discriminación y la empatía. 

Sandra, la androide protagonista, está inmersa en una sociedad en la que la obsolescencia no perdona. Su mejor amiga, Adriana, es un robot obsoleto al que no le queda mucho. Y ella misma sufre un rápido deterioro, análogo al de su anciana maestra, que padece alzhéimer. Sanz pone en paralelo esos tres procesos de declive para tratar qué hace y cómo trata una sociedad a los elementos de ésta que dejan de ser “útiles” desde el punto de vista pragmático. Y no es nada optimista.

La buena ficción científica siempre es humanista, esto es, en el fondo, lo importante en estas historias no es la tecnología sino su impacto en el ser humano, y Sanz bien lo sabe porque usa la arquitectura del género para construir una historia cuyo peso es profundamente reflexivo. Su trazo, en relación a Un fantasma, aquí se concreta más, pero sigue apostando por las formas geométricas sencillas, con una paleta de colores muy vistosos: la primera impresión puede parecer muy vanguardista, pero ésta se desvanece con las páginas, porque aquí el dibujo está al servicio de la historia y no al revés.

Cuando veo cables me acuerdo de ti muestra a un Arnau Sanz en plena forma y se postula como una de las mejores novelas gráficas publicadas el año pasado.

15 julio 2024

'Kneel', de Víctor Puchalski (Ediciones Inuit, 2024)

En Enter the Kann (Autsaider, 2016), conocimos el trabajo de Víctor Puchalski, un autor cuya estética bebe directamente de fuentes que nos son muy queridas: la épica del manga de autores como Tetsuo Hara o Masami Kurumada. Esas influencias convergen en él para dar a un cómic valiente, sin restricciones, en libertad, que no tiene necesidad de buscar el aplauso del público. Ese afán se confirmaba más tarde en La balada de Jolene Blackcountry (Autosaider, 2017), un cómic que tenía el atrevimiento de meter tintas fotoluminiscentes que dejan ver nuevos dibujos si apagamos la luz con la que leemos. Ahora vemos el fruto del trabajo de los últimos meses del autor en Kneel!!, publicado por Ediciones Iniut.

Kneel, un joven de las zonas degradadas del reino, se dirige al gran coliseo para enfrentarse contra los altos señores del hierro negro por petición de su amada, la No-Emperatriz Kim Tarleen. Su petición, no obstante, es extraña. Porque allí se celebra una salvaje competición en la que quien salga ganador podrá dar muerte a Kim y gobernar en Blastover iniciando una nueva dinastía. La única arma de Kneel es, a su vez, su punto débil: el odio que siente hacia el reino de Blastover y sus leyes. ¿Se abrirá paso Kneel por un camino de sangre hasta la No-Emperatriz?

Puchalski crea en Kneel!! un universo inspirado en aglunas de las obras y autores que más le han marcado: Mad Max, El Puño de la Estrella del Norte, Los Caballeros del Zodíaco, El cuervo… y el resultado es un brutal tour de force de epicidad y estética de la violencia, un homenaje a todos aquellos combates inverosímiles que nos hacían disfrutar tanto, en los que el realismo -como en los partidos de Captain Tsubasa/Campeones- queda atrás para centrarnos en la épica y la velocidad. 

Una de las cosas que me llama la atención de páginas de Kneel!! es la capacidad de Víctor Puchalski de cambiar de registro de una página, e incluso de una viñeta, a otra, sin una aparente intención narrativa, como hacia a menudo James O’Barr, un autor que sin duda el autor conoce (y me atrevería a decir que ama).

Kneel!! es un camino de excesos y no lo digo como defecto, sino al contrario: su barroquismo visual, su glorificación estética de la sangre, el sexo sucio, la ambientación pesimista… todo contribuye a crear un universo personal y atrayente (digna de ambientar toda una saga o cualquier otro producto cultural, como videojuegos o juegos de rol), y hacen de Kneel!! una experiencia de lectura muy gratificante.

14 julio 2024

'Soy un desastre: manual para vidas desordenadas', de Einat Tsarfati (Libros del Zorro Rojo, 2023)

Einat Tsarfati es un desastre. El título nos lo dice a las claras. Porque hay gente como ella, para la que el caos es un compañero de vida. Puede ser una elección voluntaria o puede ser cosa del propio carácter. Yo me siento plenamente identificado con Tsarfati, aunque no sea a su nivel. Yo también soy un caos, y posiblemente en mi vejez el alzheimer venga a visitarme. Para las personas que, como yo o la autora, sientan que la metáfora de la contraportada (una cabeza llena de trastos en completo totum revolutum), este libro es idóneo.

Soy un desastre es un libro difícil de etiquetar: es sobre todo cómic, pero también tiene algo de libro de autoayuda, aunque no del todo, porque no podemos, como luego veremos, tomarnos demasiado en serio las recomendaciones de la autora.

Es, más que nada, un desahogo, un “así soy yo, qué le vamos a hacer”, un intento por empatizar con aquellas personas que no tienen remedio. Insisto: me siento identificado, porque por más que intento poner orden en mi vida, termino en el mismo caos primigenio de siempre. No lo puedo atajar: sólo prevenir mínimamente. Quizá sea un TDAH sin diagnosticar, aunque eso le quitaría glamour a lo de “genio despistado”. Pero volvamos a Soy un desastre. A pesar de ser una oda al carácter inconsistente, la obrá está muy bien estructurada en capítulos claros y concisos: ¿Eres un desastre? Cómo gestionar el desastre. Cómo organizar sin organizarte. Cuándo hay que rendirse… En cada uno de ellos, Tsarfati desgrana verdades, exageraciones y soluciones con humor acerca del desorden. Pero una cosa nos va quedando clara a medida que leemos: la autora no ha escrito esta obra para darnos soluciones reales. Soy un desastre es una palmadita en la espalda diciéndonos “sí, así somos”, una aceptación, con humor, de lo que hay; una meditación de la experiencia abrumadora, inaprensible, que resulta de ser una persona despistada y olvidadiza.

Tsarfati, que ya había publicado antes algunos álbumes infantiles, debuta con esta obra en el mercado para adultos, con un trazo muy definido, que quizá recuerda un poco al de Penélope Bagieu (Valerosas), con una gran expresividad y gusto por el detalle. 

Soy un desastre no te va a dar soluciones, pero quizá te sientas un poco mejor -o más acompañada- en tu caos mental después de leer este cómic. Soy un desastre. Einat Tsarfati. Libros del Zorro Rojo, 2023.

[Reseña publicada también en Papel en Blanco]

01 enero 2024

Lo mejor de 2023

Este año he leído un total de 87 cómics, una cifra risible si comparamos 2022 (130) y en general todos los años pasados, que nunca bajaron del centenar de títulos.  De la misma manera, me costó de esos 87 destacar un puñado que realmente considere imprescindibles del año y que hubieran sido editados en 2023. Los seis que destacaría son estos: 



Tenéis el post recopilatorio comunitario en el que participé en Papel en Blanco aquí.

30 septiembre 2015

Resumen de reseñas (septiembre)

He vuelto con los motores a tope en este arranque de curso. Las reseñas que he publicado online este pasado mes de septiembre:

En Fancueva:
· ‘Los mundos de Valken’, de Nacho Fernández, y ‘Chorizos: atraco a la española’, de Ricard González y Ricardo Vilbor, la última propuesta de Grafito Editorial
· ‘Contra-X: Generación-X’, Warren Ellis y Brian Wood dan carpetazo a la saga mutante (Panini)

En Papel en Blanco:
· 'Ghetto Brother': buscando las raíces del Bronx (Sapristi)
· 'Undercurrent', de Tetsuya Toyoda: la procesión va por dentro (Milky Way Ediciones)
· 'Y nunca volvió a suceder', de Sam Alden: melancolía a lápiz (DeHavilland Ediciones)
· 'El loro de Frida Kahlo', de Jason (Astiberri)
· 'Pies descalzos': una historia de Hiroshima (Reservoir Books)
· 'Brass Sun: La rueda de los mundos', de Edginton y Culbard (ECC)
· 'Sukkwan Island': Bienvenu adapta la pesadilla paternofilial de David Vann (Norma)
· 'Preciosa oscuridad': el fin de la inocencia (Spaceman Books)
· 'El fantasma de Gaudí', thriller modernista en Barcelona (Dibbuks)
· 'Las meninas' y 'Saga' triunfan en los Premios de la Crítica 2015
· 'El mundo a tus pies': el retrato generacional de Nadar (Astiberri)

En Cisne Negro:
En Diario de lecturas (X) comento brevemente Amnesia (Kati Rickenbach - La Cúpula, 2011), Primeros calores (Jean-Phillipe Peyraud - Dibbuks, 2007), Píldoras azules, de Frederik Peeters (Astiberri, 2005), La marea de San Pedro, de Tomeu Pinya (Astiberri, 2010), David Boring de Daniel Clowes (La Cúpula, 2003).

Y finalmente he puesto en marcha un canal de Youtube donde voy hablando de cómics y donde ya he publicado 4 vídeos: dos de novedades, un consejo a los lectores y una recomendación de 5 cómics de superhéroes para lectores ajenos al género.

14 agosto 2011

Algunas lecturas de verano (II)

· 2020 Visions: La tormenta. Jamie Delano y Warren Pleece. Recerca. Me ha sorprendido gratamente este cómic de Delano (Hellblazer) en la que retrata una Miami futurista y ciberpunk, que vive bajo la amenaza eterna del ciclón definitivo que se la lleve, y donde la detective Jack Atlanta (una outsider, andrógina, lesbiana y adicta al cibersexo) tendrá que investigar la desaparición de una chica, lo que la llevará a descubrir un turbio negocio de tráfico de niños. Todo eso, mientras campa por la ciudad un psychokiller que se hace llamar El Escultor, y que modifica grotescamente los cuerpos de sus víctimas. El ambiente de novela negra postnuclear está muy bien conseguido. Realmente se trata de una historia ciberpunk bien contada y con personajes llamativos, que crea una ambientación sólida y en la que el lector se zambulle, y una vez terminada queda uno con ganas de más. La única pega que se le puede poner a la obra es el mediocre trabajo de Warren Pleece y su uso de un blanco y negro muy soso y sin personalidad. Por lo demás, buena lectura.


· Iron Man: Extremis. Warren Ellis y Adi Granov. Panini, 2010. ¿Que tiene de interesante el personaje de Iron Man? Sin la armadura, es un tío cualquiera, un ricachón, un científico, un empresario. Si lo que es interesante es la armadura y su prodigiosa capacidad bélica, el que la lleva no es importante... El personaje de Tony Stark ha tenido que ser deconstruido sistemáticamente para poder encontrar algo en él que nos hiciera empatizar. Sabemos de él que depende de su armadura para vivir (o al menos, lo tuvo que hacer en algunos momentos), y que ha sido un alcohólico contumaz durante mucho tiempo. Pero más allá de esos fallos humanos, Iron Man no es un personaje que (me) llame mucho la atención. Pero Warren Ellis enfoca Extremis con nuevas perspectivas y crea por fin algo más interesante de lo habitual, aunque tenga que cortar con la continuidad de 60 años de personaje. Para Ellis, Stark es un científico de la carrera armamentística que tuvo negocios con los militares y que fue herido en la primera Guerra del Golfo. No puede evitar aborrecer de ese pasado sangrientamente culpable, ("Siempre tendré las manos llenas de sangre", confiesa), pero se debe a lo que es. En Extremis, Iron Man tiene que enfrentarse a una variedad de suero supersoldadesco que ha llevado a un resentido del gobierno a llevar su venganza a las calles de EEUU. Es una visión muy moderna, y muy en la línea del Warren Ellis de Stormwatch o del resto de sus obras que mezclan política con superhéroes, en la que la línea entre buenos y malos no está tan clara como parecía.


· Skyhawk. Jiro Taniguchi. Ponent Mon, 2010. Taniguchi nos ofrece en esta ocasión un western en toda regla, pero con sus condiciones: está protagonizado por dos japoneses, dos descastados que llegan desde Japón al Oeste tras perder en una guerra civil en su país. Su valor y su braveza les hacen ser merecedores pronto de un lugar entre los Sioux Oglagla durante los difíciles años en los que se está construyendo el tren transcontinental y se ha encargado al general Custer que acabe con los molestos indios. Estos por su parte, ven como cada uno de los tratados firmados con el hombre blanco se ha convertido sistemáticamente en papel mojado y que cada vez están más arrinconados y acosados, por lo que decidirán luchar hasta la muerte. Skyhawk no es un western al uso (esto es, los buenos son los vaqueros y los malos son los indios), sino que vemos las dos perspectivas de ese enfrentamiento por la tierra, como en los albums del Teniente Blueberry de Giraud, donde, por cierto, Custer también aparecía retratado como un sanguinario e inmisericorde hombre de guerra (no es casualidad: Taniguchi ha leído a Giraud, e incluso este último firma el prólogo de la obra). El resultado es una obra reivindicativa, violenta (de las más gráficas de Taniguchi) por necesidad, y donde el elemento japonés no chirría sino que se integra sin estridencias en la trama. Taniguchi nunca decepciona.

[En verano aprovechamos para retomar lecturas que no pudimos hacer durante el curso, cómics que no son novedad pero que vale la pena reseñar, o volvemos sobre aquellos que no pudimos comentar con profundidad anteriormente]

13 enero 2009

19ª Fireta de Llibres i Tebeos en Palma


Este domingo 18 de noviembre, de 9.30 a 14.30 horas, en el Patio de La Misericòrdia de Palma, tenemos Fireta de Llibres i Tebeos Vells, que en esta edición cuenta con cuentacuentos, música en directo, la presencia del autor Paco Roca (Arrugas), actividades... Si queréis echar un ojo a los particulares y tiendas que venden sus libros y cómics, no dudéis en pasar... Más información aquí.

Programa d´actes:

11,00 h Combat de picat entre Macià Ferrer i Mateu Matas Xurí , glosadors.

11,00 h. Taller de dibuix manga a càrrec de Totoros Mallorca. Places limitades.

11,45 h Teresetes Migjorn: Fantasies i llegendes del Rei en Jaume.

12,00 h Xerrada amb Paco Roca, autor d'ARRUGAS, Premio Nacional de Cómic 2008

13,15 h Concert de 2.dos Jazz Combo

(Totoros Mallorca desenvoluparà també les següents activitats:Hanetsuki, Twister Otaku i Jan-ken-pon.)


24 octubre 2008

18ª Fireta de llibres i tebeos vells en Manacor (II)

El domingo pasado se celebraba en Manacor la 18ª Fireta de Llibres i Tebeos Vells, con una asistencia de más de 2.000 personas que, durante toda la mañana se acercaron al claustre de Sant Vicenç para poder disfrutar de una jornada soleada de cómics, jazz y solidaridad. La Fireta se hace mayor de edad con esta brillante edición en la Part Forana, que también incluyó, paradetes aparte, talleres de cómic con Tolo Morey y una exposición de figuras de Tintín. Aquí tenéis unas imágenes del evento. Para más información, podéis visitar los blogs de Gotham Cómics, Jaume Martí o l´Univers del Còmic.

Una guapa chica atiende nuestro puestecito Cisne Negro & Black Aria. Nótese la camiseta de El joven Lovecraft que lleva.


Una de las figuras de Tintín que podía verse en la exposición de la Fireta.


Jaume (de Gotham, como puede verse en su camiseta) nos echó una mano con los bártulos y nos invitó a ensaimada. ¡Qué tío más dulce!


Mientras tanto, Rafa andaba ojo avizor en el puestecito de la tienda. Aquí lo tenemos con su penetrante mirada de hombre lobo.


Jaume Martí, fotógrafo y comiquero de pro, en su paradeta, con sus vástagos.


Blackie no da crédito a los mangas que algunos lectores de este blog compraban en su adolescencia.

Cisne camiseta homenaje a Kurt Cobain Negro y Black un momento, ahora le cobro Aria.
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