30 agosto 2026

'Historias de la guerra: Castillos en el cielo', de Garth Ennis y Matt Martin (Aleta)

 

 Garth Ennis, aparte de su faceta gamberra, cultivada en Predicador, Hitman o algunas de sus incursiones en Punisher, ha sabido labrarse un nombre de gran guionista, sobre todo al tratar temáticas bélicas. Sus series Battlefields y War Stories (Historias de la guerra en nuestro país) han demostrado cómo el interés que despierta al irlandés el tema bélico ha logrado sacar lo mejor de él, para escribir historias desgarradoras y crudas (sin duda, marca de la casa Ennis), pero basadas -o al menos inspiradas- en hechos reales. Aquí no se ensalzan las historias militares, esto no es un número añejo de Hazañas bélicas. La guerra es sucia, incoherente y sinsentido. Quienes se ven involucrados en ella pasan por un verdadero infierno. Y quizá el verdadero infierno es psicológico: la lucha por mantener la cordura cuando has visto y cometido todo tipo de atrocidades.

En esta nueva serie perteneciente a Historias de la guerra, titulada Castillos en el cielo (que recopila los primeros tres números de la serie), Ennis deja a la infantería y nos lleva a las tensas e imprevisibles batallas aéreas en la II Guerra Mundial, con el testimonio de aguerridos pilotos manejando verdaderas fortalezas volantes. Hemos visto muchas veces la épica de los pilotos de aviación, de las fortalezas volantes, de los B-17 "la reina de los cielos", pero había que ser muy aguerrido para montar dentro de un gigantesco armatoste que era un blanco perfecto en el cielo. Esto es lo que nos retrata este volumen de War Stories: la fragilidad de aquella lucha, en la que cuando despegabas nunca sabías si ese vuelo sería el último. Esa fragilidad es la que vuelve cínicos y/o vividores  a los pilotos, que ya no encontrarán jamás reposo ni en el aire ni en tierra.

En este primer tomo, el dibujante que acompaña a Ennis es Matt Martin, que recuerda en cierta forma a Tim Sale,  que se muestra algo irregular salvo en la reproducción de los aviones. No me acaba de convencer, pero por lo demás, está en la media de los dibujantes que suele tener Avatar Press. 

El Ennis bélico es siempre doloroso. Se encarga de recordarnos, casi a cada página, de un bofetazo en la cara, que no hay épica en la muerte, que la seguridad de la aniquilación es la que abre las conciencias del hombre, y que sin embargo en las horas más oscuras del ser humano brillan débiles rayos de luz que marcan precisamente su humanidad.

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