12 octubre 2026

'Astral Panic', de Katie Hicks (La Cúpula)


Gale es un chico con un gran talento para la ilustración, pero desgraciadamente, su talento social es nulo. Está enganchado a una gama de productos (Pura Pera) que prometen estabilidad emocional a través de consejos new age y productos de nutrición, pero su adicción a ellos indica que no están funcionando demasiado bien. Cuando Gale parecía que estaba en el pico de su ansiedad social, llega a su casa un nuevo compañero de piso que va a revolucionar su vida... ¿Para bien o para mal?

Astral Panic nos habla, sobre todo, de esa ansiedad social en un cómic con una estética rabiosamente siglo XXI. Katie Hicks, de la que no conocemos más obra larga que este cómic, ha trabajado sobre todo en ilustración. Su estilo parece nacer de la influencia que muchos autores jóvenes han recibido del legado de Pendleton Ward (Hora de Aventuras). Así, este dibujo tan redondeado y kawaii, de apagados colores pastel, parece tener un aire setentero, un deje manga, y un mucho de ese estilo que, a ratos, podemos ver también en Álvaro Ortiz, Anabel Colazo, Natasha Allegri... Os podréis hacer, así, una idea, de por dónde va Katie Hicks.

Astral Panic trata de manera amable, pero a la vez más cercana y realista, el que es su tema principal: la ansiedad y los problemas de relación social de personas introvertidas, que ven en esas interacciones una barrera que no son capaces de superar. También, asociado a este tema, está el de las promesas vacías de los productos comerciales, que buscan en la filosofía barata de la autoayuda el gancho para seguir lucrándose de quien más lo necesita. Y lo hace con una historia que es ciertamente algo trillada: persona introvertida ve su mundo puesto patas arriba por nuevo personaje totalmente distinto a ella. De esta unión tan improbable surge la amistad y un protagonista en vías de "mejorar" de lo suyo. Porque lo que más me ha gustado de Astral Panic es su franqueza. No hay recetas fáciles para alguien asocial. No hay Pura Pera que valga. Ni gurús, ni terapeutas. Hay mucho trabajo personal para, quizá, con mucha suerte, mejorar un poquito en algún aspecto de la vida. Y esto es lo que ocurre en Astral Panic. Por eso me parece creíble, y por ende, cercano y puedo empatizar (porque, por lo demás, son situaciones concretas que se escapan mucho, cada vez más, de mi experiencia personal). 

Yo veo Astral Panic como un producto muy de la época en la que vivimos, y no lo digo como cosa mala. Es la obra de una nueva autora pujante, con una temática actual, con una estética actual. Una obra que lidia con la salud mental y que puede ser una buena lectura desde jóvenes adultos en adelante, que verán aquí  representada su manera de ver el mundo.  

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