14 septiembre 2026

'Los gatos del Louvre', de Taiyo Matsumoto (Planeta)

 

En lo más recóndito de las buhardillas del Louvre vive una colonia de gatos. Desde que se tiene memoria, cuando el museo era un castillo, los gatos han habitado el lugar y convivido con los humanos. Entre ellos está Copo de Nieve, un pequeño gatito que parece haber quedado hechizado por la magia pictórica del museo: ha dejado de crecer y puede internarse a placer dentro de los cuadros de la galería. Y junto a esta colonia secreta de felinos, conoceremos a Cecile, una de las guías del museo, a Patrick, uno de los guardias, y a Marcel, el misterioso bedel que ha trabajado desde siempre en el museo, que custodia un extraño secreto.

Planeta recupera este mes Los gatos del Louvre, que antaño publicara en su momento ECC. ¿Conocéis a este autor? Porque el arte de Taiyō Matsumoto es simplemente espectacular. Ciertamente, Matsumoto es el menos mangaka de los mangakas que conozco. Lo descubrí en El samurái que vendió su alma (2006-2010) y me hechizó. Más tarde localicé algunas de sus primeras obras publicadas en español, Tekkonkinkreet (2008) y Sunny (publicada con posteridad en 2015, un manga que se inspiraba en su experiencia de niño acogido en un orfanato), y, aunque no me llamaron la atención en lo temático, estilísticamente ya apuntaban las maneras experimentales del autor. El samurái que vendió su alma ya era un manga que no parecía un manga, y en Los gatos del Louvre, encontramos al Matsumoto más europeo, nunca mejor dicho.

En 1986, cuando tenía 18 años, Matsumoto realizó un viaje a Francia que le resultaría de gran importancia en su carrera. Treinta años después, veía la luz este manga, una obra producida en colaboración con Musée du Louvre Éditions. Matsumoto nunca ha olvidado su influencia europea y esa visita parisina. Se nota, sobre todo, en el detalle de cómo reproduce los cuadros del Louvre, en cómo pone toda su atención en la arquitectura del museo (el autor hace un minucioso esfuerzo por recrear los alrededores y el contenido del Louvre). Pero, además, entre sus influencias declaradas se encuentran artistas europeos como Miguelanxo Prado, Moebius o Enki Bilal. Y efectivamente, en Los gatos del Louvre, creo que se pueden adivinar las líneas de Picasso, ¡las figuras estilizadas del Greco!, o las composiciones de mangakas clásicos como Shotaro Ishinomori, especialmente cuando Matsumoto retrata la cuadrilla de gatos del Louvre, que tienen la virtud de verse antropomorfizados cuando no hay seres humanos a su alrededor. Esta última característica debería ponernos sobre aviso de la manera que tiene encarar el mangaka la obra: la realidad se diluye en la ficción (el arte), especialmente con el planteamiento dual que hace Matsumoto entre el Louvre de día (el espacio de Cécile y el resto de seres humanos) y el de noche (posesión de los gatos, pero también de las obras de arte que habitan el museo). Y eso nos lleva a lo que el autor quiere contarnos.

Con Los gatos del Louvre, Matsumoto ganó su segundo Eisner. Y no es de extrañar para una historia de impecable y personalísima factura gráfica cuyo concepto gira, sobre todo, en torno a la mortalidad. La banda de gatos parecen habitar el museo desde tiempos inmemoriales: ellos mismos trascienden el tiempo, han estado ahí siempre. Pero es que, además, el propio Louvre actúa como ese testimonio de la inmortalidad del ser humano a través del arte: como esos gatos, el arte es eterno. Y aún más cuando Matsumoto explora el recuerdo, la infancia y la mortalidad en el personaje de Arrieta, la hermana perdida de Marcel. Ese recordatorio de la mortalidad, como tema (“el” tema) del arte, impregna todo el libro, desde el cuadro inicial que vemos (El cortejo fúnebre del Amor, de Antoine Charon) y un reloj detenido, a las pistas que nos van dando los personajes, como Copo de Nieve, eternamente joven como Arrieta, por su capacidad de introducirse en los cuadros, o ese fascinante y reflexivo personaje secundario de la araña que dialoga frecuentemente con el joven gato protagonista. Sabemos que los japoneses son muy fans de los mangas sobre gatos. Pero éste es diferente. No debería pasar desapercibido: Matsumoto eleva la propuesta a algo que trasciende un género aparentemente kawaii.

[Texto escrito para la revista Fórum

09 septiembre 2026

'Cello Song', de Jason (Astiberri)

Siempre que se edita una nueva obra de Jason ardo en deseos de ver qué ha armado. Pocos autores de cómic consiguen combinar de una forma tan particular la melancolía con la ironía y una apariencia gráfica sencilla con una enorme intensidad emocional como John Arne Sæterøy, conocido artísticamente como Jason. Nacido en Noruega en 1965, este autor ha construido a lo largo de su trayectoria un universo propio, reconocible a primera vista tanto por su particular estilo de dibujo como por su peculiar forma de contar historias.  

Una de las principales señas de identidad de su obra es su apartado gráfico. Sus protagonistas son animales antropomórficos representados mediante trazos precisos y depurados, deudores de la línea clara franco-belga, aunque eliminando cualquier elemento ornamental innecesario. Los rostros apenas muestran emociones, las figuras mantienen una actitud rígida y el color, cuando aparece, suele emplearse con gran moderación. Todo ello crea una apariencia distante y contenida que, de manera paradójica, consigue potenciar el impacto sentimental de sus historias. Jason utiliza esta simplicidad visual como una herramienta narrativa: detrás de unas imágenes aparentemente frías se esconden personajes y situaciones cargados de sentimientos.

En cuanto a los temas, la obra de Jason recorre territorios muy diversos, aunque existen determinadas preocupaciones que aparecen una y otra vez. La pérdida amorosa, el aislamiento, la fugacidad del tiempo, la muerte, el sinsentido de la vida y la añoranza por aquello que ya quedó atrás forman parte habitual de sus relatos. Esto puede comprobarse en su última obra, Cello Song, una novela gráfica que aborda la vida del músico Nick Drake. 

Nick Drake fue sin duda un tipo extraño. Hoy seguramente habría sido diagnosticado con algún tipo de trastorno del espectro autista, porque no pueden explicarse algunos de sus comportamientos de otra forma. Músico excepcionalmente dotado, publicó en vida tres largos maravillosos antes de dejarse morir con 26 años. No ayudó su actitud ante el márqueting de su propia música (no quería entrevistas, no sabía cómo interactuar con el público, tenía muy claras sus ideas respecto a cómo quería grabar sus canciones). Todo ellos hizo que su éxito en vida fuera nulo. Como un John Kennedy Toole, salvando las distancias, Drake fue retirándose del mundo, un mundo que de todas maneras no parecía interesarle. Años después de su muerte vendría el reconocimiento y el estatus de músico de culto. Siempre demasiado tarde.

Todo esto (el descubrimiento del músico, su firma con una discográfica, la lucha constante entre su visión de autor y la necesidad de vender, su deriva mental, su amargo final) es lo que Jason cuenta en Cello Song, ajustándose bastante a lo que sabemos de la biografía del músico. Su estilo, que antes esbozábamos, es ideal para contar esta historia de aislamiento, con soluciones gráficas muy bien halladas por parte de Jason para mostrar esa desconexión entre Drake y el mundo. 

Confieso que no había escuchado con atención la música de Nick Drake hasta el momento. Me sonaba su nombre, pero me faltaba contexto. Este cómic me ha descubierto la música de este ser tan especial. He de decir que seguramente si no hubiera tenido cierto bagaje en la música folk, neofolk, Leonard Cohen, etc., su música no me hubiera impactado de la manera que lo ha hecho. Pero debo a Jason el haberme enamorado de Five Leaves Left y de Pink Moon, dos álbums descarnados, de instrumentación íntima, donde aparece el Nick Drake más auténtico. Muy buena lectura.

31 agosto 2026

'Dos personas', de Teresa Ferreiro (La Cúpula)


Teresa Ferreiro, en su debut en la novela gráfica con Dos personas, demuestra que cualquier vida es digna de ser contada. Pero para que resulte una historia interesante, no basta sólo con una historia, sino en cómo es contada. Y eso es lo que precisamente consigue Teresa Ferreiro. 

Sin más ni más que la biografía de sus padres, una especie de Vidas paralelas de Plutarco, pero de andar por casa. Primero su padre José Manuel y luego su madre Teresa. La juventud de su padre, su paso por la mili, su años estando embarcado... Por su parte, su madre, que al principio de la obra dice no tener nada interesante que contar, se revela tanto o más reveladora que la biografía paternal, sobre todo en sus viajes en autoestop por la España de los 70/80, un periplo que para dos mujeres solos tenía mucho mérito (y si no, que se lo digan a Ulli Lust en Hoy es el último día del resto de tu vida). 

Ferreiro sorprende con un costumbrismo en un estilo que mezcla la línea barroca en blanco y negro de Robert Crumb con una formación estética más emparentada con el manga. Quizá su único defecto sea abusar de las cajas de texto cuando siente la necesidad de no obviar la información que quiere contar. 

En Dos personas, la autora ha sabido extraer de estos dos ejemplos de microhistoria el germen de toda buena historia.  Ferreiro no juzga ni siquiera apunta nada como narradora: simplemente da la voz a sus padres. Además, de forma muy inteligente, Ferreiro termina la historia cuando ambos personajes inician su relación, retratando así a sus padres como individuos completos antes de embarcarse en la paternidad (y en su resultado, que sería ella misma). Los anhelos, los miedos, las tragedias íntimas de quienes luego serán "los padres de..." son el tema principal de la obra, que no es más que la vida explicándose a sí misma.  Un muy buen tebeo que fue seleccionado entre los 30 esenciales de ACDCómic del primer trimestre de 2026

30 agosto 2026

'Historias de la guerra: Castillos en el cielo', de Garth Ennis y Matt Martin (Aleta)

 

 Garth Ennis, aparte de su faceta gamberra, cultivada en Predicador, Hitman o algunas de sus incursiones en Punisher, ha sabido labrarse un nombre de gran guionista, sobre todo al tratar temáticas bélicas. Sus series Battlefields y War Stories (Historias de la guerra en nuestro país) han demostrado cómo el interés que despierta al irlandés el tema bélico ha logrado sacar lo mejor de él, para escribir historias desgarradoras y crudas (sin duda, marca de la casa Ennis), pero basadas -o al menos inspiradas- en hechos reales. Aquí no se ensalzan las historias militares, esto no es un número añejo de Hazañas bélicas. La guerra es sucia, incoherente y sinsentido. Quienes se ven involucrados en ella pasan por un verdadero infierno. Y quizá el verdadero infierno es psicológico: la lucha por mantener la cordura cuando has visto y cometido todo tipo de atrocidades.

En esta nueva serie perteneciente a Historias de la guerra, titulada Castillos en el cielo (que recopila los primeros tres números de la serie), Ennis deja a la infantería y nos lleva a las tensas e imprevisibles batallas aéreas en la II Guerra Mundial, con el testimonio de aguerridos pilotos manejando verdaderas fortalezas volantes. Hemos visto muchas veces la épica de los pilotos de aviación, de las fortalezas volantes, de los B-17 "la reina de los cielos", pero había que ser muy aguerrido para montar dentro de un gigantesco armatoste que era un blanco perfecto en el cielo. Esto es lo que nos retrata este volumen de War Stories: la fragilidad de aquella lucha, en la que cuando despegabas nunca sabías si ese vuelo sería el último. Esa fragilidad es la que vuelve cínicos y/o vividores  a los pilotos, que ya no encontrarán jamás reposo ni en el aire ni en tierra.

En este primer tomo, el dibujante que acompaña a Ennis es Matt Martin, que recuerda en cierta forma a Tim Sale,  que se muestra algo irregular salvo en la reproducción de los aviones. No me acaba de convencer, pero por lo demás, está en la media de los dibujantes que suele tener Avatar Press. 

El Ennis bélico es siempre doloroso. Se encarga de recordarnos, casi a cada página, de un bofetazo en la cara, que no hay épica en la muerte, que la seguridad de la aniquilación es la que abre las conciencias del hombre, y que sin embargo en las horas más oscuras del ser humano brillan débiles rayos de luz que marcan precisamente su humanidad.

16 agosto 2026

[Retrorreseña] 'Paul en el norte', de Michel Rabagliati (Astiberri, 2016)


[Recupero esta reseña de 2016 que estaba en Librosyliteratura.es, web que ya ha cerrado y ha sido sustituida por una casa de apuestas]

Cada vez que sale un nuevo tomo de las aventuras de Paul, de Michel Rabagliati, sus seguidores le hacemos una ola. Este autor de Montreal ha conseguido, durante los casi dieciocho años que lleva unido a su personaje, congregar a un círculo de lectores muy fieles que aprecian su talante como autor costumbrista. Rabagliati es un autor que nunca se ha distanciado del género slice of life y ha creado un alter ego que ha capturado distintos momentos, tanto de la vida personal como de toda una época.

Paul en el norte es la séptima entrega en castellano de las vivencias de Paul. Rabagliati no las ha publicado en un orden cronológico, sino que ha atendido más bien a razones sentimentales. En esta ocasión, nos trasladamos a 1976. Paul es un adolescente y su única aspiración es conseguir dinero para comprar se una moto. Ese ese momento en el que Paul, que se ha mudado recientemente de barrio, empieza a alejarse de sus padres, su hermana se va de casa y hace nuevos amigos. Precisamente el conocer a Marc, un nuevo compañero de instituto, hará que Paul salga definitivamente de su infancia para convertirse realmente en un adolescente. Le esperan verdaderos ritos de paso, en un verano inolvidable por los juegos olímpicos que su ciudad natal organizaba aquel año.

En esa puerta de entrada a la madurez colaborará también su tío, esa figura entre paternal y díscola que le proporcionará sus primeros trabajos pero también sus primeros placeres como adulto: la bebida, el tabaco y las primeras experiencias más cercanas al otro sexo.

En Paul en el norte podemos decir que nuestro protagonista va haciéndose adulto: no sólo por aquellas experiencias que terminan por despertarle de su inocencia infantil (como el conductor que le propone veladamente un encuentro sexual cuando hace autoestop), sino también por el gran tema de este volumen: el descubrimiento del amor. Paul se enamora locamente, como sólo hacemos en la adolescencia, y repite, sin siquiera saberlo, cada estereotipo del primer amor. Rabagliati es consciente de ello, y una de las cosas que mejor se le dan es poder ver los hechos con una distancia que permite algo más de objetividad. El retrato de Paul es cariñoso, pero no exento de ironía. Nos vemos reflejados en Paul y eso es precisamente el gran mérito de Rabagliati.

A pesar de llevar ya casi veinte años con su saga, nuestro autor apenas ha modificado su estilo, un trazo limpio y sinuoso que nos recuerda a los caricaturistas americanos de los años 50 y 60. La única novedad que al respecto ofrece este tomo es la inclusión de unas páginas en un color muy vistoso, cuya intencionalidad está justificada dentro de la historia.

Paul en el norte es una invitación a rememorar esos años de adolescencia en las que hicimos cosas que hoy nos parecen absurdas. Una evocación nostálgica pero alegre, con un humor natural, sin estridencias: el que encierran las escenas cotidianas. Acercaos a Paul y acompañadle en sus descubrimientos, caminad hacia el norte con él. Si no lo conocéis, es, como cualquiera de sus volúmenes, una excelente manera de empezar. Y si, como yo, lo sentís ya como un amigo, os encantará volver a saber de él.

15 agosto 2026

'Anatomía de un esqueleto', de Pep Brocal (Astiberri)


Un dibujante de cómics muere arrollado en el metro en extrañas circunstancias. Una vez en el limbo y convertido en ectoplasma, la Muerte va a buscarlo para acompañarlo al hades, pero él se resiste y le explica que no le va bien morirse ahora que justamente tenía un maravilloso proyecto de cómic de 256 páginas que guarda bajo llave en un cajón de su estudio, pendiente de publicar. Con este argumento de película ligera de sobremesa, y que tantas veces hemos visto repetida, Pep Brocal monta en Anatomía de un esqueleto un cómic con un fondo de la Divina Comedia de Dante con formas de los tebeos de Bruguera. 

En Anatomía de un esqueleto tenemos aventura paranormal, tenemos caso detectivesco, inquietantes y minimalistas encuentros filosóficos con la muerte al estilo Max, parodia superheroica, grupos sectarios tintinescos, y en todo ello, una corrosiva crítica al mundo editorial, especialmente al de los cómics, donde burla burlando, Brocal se ríe de las miserias de autores, editores y arribistas en el panorama del cómic patrio. Todo ello con el habitual estilo de línea clara propia que caracteriza a Pep Brocal, formado en sus primeros años en las revistas Comix Internacional, Totem y Zona 84 

Pep Brocal, como Max, tiene un pie bien firme en la tradición del cómic y otro en la vanguardia, lo que le permite el conocimiento perfecto para experimentar y fusionar ambas tendencias en un cómic sumamente inteligente. Es un autor de una extraordinaria cultura (o quizá la que era habitual hace unas décadas, y ahora nos parece fuera de lo normal), y no tiene problemas para mezclar alta y baja cultura en sus cómics, porque, como entendió el propio Max o el poeta y teórico del cómic Luis Alberto de Cuenca, en realidad no existe tal diferenciación: un lugar donde Kafka y Munch y Kirby y Hergé puedan ir de la mano sin problema.  Todo esto no es nuevo: Brocal lo demuestra a cada cómic que hace, especialmente en la trilogía que conforman Cosmonauta, Inframundo y ahora este Anatomía de un esqueleto.

En definitiva, otro tebeardo de Pep Brocal, uno de los mejores de 2026. [Anatomía de un esqueleto ha estado también presente en la selección de los Esenciales ACDCómic 2026]  

14 agosto 2026

'El bosque de Oreka', de Paco Sordo (Astiberri)


Paco Sordo es otro de los grandes nombres del cómic español. Con El pacto, una deliciosa obra que homenajeaba la época Bruguera al mismo tiempo que le servía como campo de juego para jugar con su sintaxis, nuestro autor se hizo con el Premio Nacional de Cómic 2022. Además de haber colaborado con El Jueves, Sordo se ha enfocado en el cómic infantil-juvenil. Y con su nueva serie, El bosque de Oreka, ha dado con la fórmula para obtener el que quizá es el mejor cómic LIJ del año.

En El bosque de Oreka 1: Una larga noche, la protagonista, Hannah, una niña de ciudad, va a pasar el verano con su abuelo en el bosque. Lo que no sabe es que no es un guarda forestal cualquier ni el bosque tampoco es lo que parece: ¡los animales hablan! ¡hay un poblado de gnomos! Y en todo esto, parece que el Espíritu del Bosque, que una vez protegió a la familia de su abuelo, ahora no la quiere allí. Hannah deberá averiguar qué ocurre en el bosque de Oreka.

A Paco Sordo se le da muy bien esto del cómic infantil. Grandes viñetas, personajes expresivos, mucho humor y muy divertido (¡caracoles vampiro!, ¡lobos que discuten sobre recetas de cocina!), y aventuras morrocotudas.  Destaco de este cómic la visión de las relaciones familiares, el entrañable abuelo y su historia de fondo, el fantástico humor que destilan los diálogos con los animales y las criaturas del bosque, los golpes de imaginación (el cerdinfinito, el cuervo sacaojos), pero sobre todo, el hecho de que este volumen sea sólo la primera entrega de una serie que continuará. Una lectura obligatoria y uno de los cómics del año. Si esto no os ha convecido, mi hija de siete años lo hará: "¡Papá, este me ha gustado mucho, no lo dones a la biblioteca!" [El bosque de Oreka ha estado también presente en la selección de los Esenciales ACDCómic 2026

 

13 agosto 2026

Breves: 'Su olor después de la lluvia', de José Luis Munuera (Astiberri)


Hay obras (películas, libros… cómics) que te afectan especialmente si eres amante de los animales. Y Su olor después de la lluvia es uno de ellos. En él, José Luis Munuera adapta la aclamada novela homónima de Cédric Spain-Defour, que además tiene mucho de autobiográfica, donde relata los años de convivencia del protagonista con el perro que adopta. Todos los hechos importantes de ese tramo de su vida tienen a Ubac -su mascota- como telón de fondo, hasta que el propio perro, por el propio devenir de la vida se convierte en el tema. 

No es Su olor después de la lluvia una obra que busque el melodrama fácil, sino más bien la empatía, la expresión de esa dicha que sólo pueden conocer íntimamente los dueños de mascotas de haber compartido el tiempo con un amigo insobornablemente fiel, y el gran pesar de haberse tenido que despedir de él prematuramente. 

Munuera, que últimamente he encontrado su camino adaptando novelas (Wells, Melville… y ahora ésta), hace como siempre un despliegue de genio en su dibujo, apoyado en el color de Sedyas. Una experiencia muy personal que te toca si eres especialmente sensible con los animales. Ojo: si eres de los que no vas a ver una película si el perro se muere, éste no es tu cómic. 

12 agosto 2026

'El vecino 4', de Santiago García y Pepo Pérez (Astiberri)


[Atención: esta reseña puede contener spóilers graves] Cuando Santiago García y Pepo Pérez iniciaron El vecino (ver post relacionado aquí), su idea era recrear el tropo del superhéroe y su identidad secreta en clave personal, y de ahí tuvimos los tres primeros volúmenes, que aparecieron entre 2004 y 2019, más otro volumen de historias cortas. Siete años más tarde, el tándem nos sorprende con un cuarto volumen (¿final?), en formato apaisado, de la historia de Javier alias Titán, y su vecino funcionario José Ramón.

Curioso, muy curioso este cuarto volumen. Hace tiempo que leí las recopilaciones de Astiberri, pero creo que éste rompe un poco la dinámica de los demás. Si los dos volúmenes anteriores era una demostración de que el género de superhéroes es más bien un medio, una herramienta con la que contar todo tipo de historias, y aprovechaba para el desarrollo de tramas relacionadas con los personajes, en esta entrega García y Pérez se centran no tanto en la historia que cuentan, como en la gramática del género de superhéroes y su intención de (re)pensarla al mismo tiempo que juegan con ella.

Esto es: en primer lugar, el formato apaisado. Creo que es una decisión estética muy meditada que busca poner énfasis en lo visual. Otro tanto para las planificaciones de página: muchas veces nos encontraremos con splash-pages, páginas de 2, ¡y hasta de cuatro cuerpos (desplegados)!, como hemos visto en momentos puntuales de obras de Grant Morrison o Frank Miller. Precisamente Frank Miller es la referencia obligada en este volumen. García y Pérez (sobre todo este último, que lo ha estudiado a fondo y ha publicado artículos académicos e incluso su tesis doctoral sobre el autor) conocen perfectamente los recursos del creador de Sin City, y aquí se vuelcan en un cómic que tiene mucho de homenaje y algo de usar sus herramientas en la misma dirección que Miller en, sobre todo, DK2 y DK3

En su rocambolesca historia de facciones malignas que convergen todas en un mismo punto de la ciudad, muy al estilo Stan Lee/Jack Kirby, esta entrega de El vecino  creo que busca la reflexión sobre los límites del género de superhéroes, y en sus convenciones llevadas al extremo. En lo que respecta a los límites de lo explícito: el género nos tiene acostumbrados a un gran nivel de violencia, pero no (al menos hasta las relecturas modernas del género) a sus consecuencias: no sólo a un nivel simpático, como el taxista que se queja de la destrucción de su taxi (y la posterior secuencia homenaje a los cómics Bruguera), sino que también tenemos amputaciones, golpes salvajes y muertes ultraviolentas. También en cuanto a lo que no es meramente violencia: Lamia bajándose la ropa y orinando en la cara de su agonizante enemigo. Otro tema que explora: nuestras tragaderas en lo que respecta al "deus ex machina", como con la llegada del Fantasma Azul para acabar con Lamia. 

Habría muchísimo que decir de El vecino 4. No ya sobre la historia que cuenta, que como hemos dicho es una aventura en la vena más clásica del género, sino en cómo se usa ese incipit para subvertirlo y convertirlo en un viaje en el que lo visual es la clave. El uso del color estridente, de las onomatopeyas que gritan, de los cambios súbitos de registro en el dibujo, de las elipsis algo más abiertas de lo habitual en el género... En el DK2 y DK3, Frank Miller demostró a los lectores que los cánones visuales del género podían ser subvertidos. Aquí pasa algo parecido. Siguiendo su estela (por eso decíamos que la deuda con Miller aquí es obvia), El vecino 4 es un cómic de superhéroes que no se toma en serio a sí mismo, con humor negro, secuencias de color y planificación sesentera, o la tranquilización final de un Titán fuera de sí... a base de sexo. Una gran aportación a la serie de García y Pérez.

 [El vecino 4 ha estado también presente en la selección de los Esenciales ACDCómic 2026

11 agosto 2026

'Armada de locura: Leonora Carrington, la última surrealista', de Mary M. y Bryan Talbot (La Cúpula)


El matrimonio Talbot ha enfocado su trabajo de los últimos años en rescatar historias de mujeres. Lo hizo con Sally Heathcote, sufragista, una pionera en la lucha del voto femenino; con La virgen roja (la vida de Louise Michel, una de las protagonistas de la comuna de París), y con La niña de sus ojos (donde se explora la biografía del padre de la autora y la de Lucia Joyce, la hija del escritor James Joyce). La última de sus colaboraciones, Armada de locura, se centra en la vida de la pintora surrealista Leonora Carrington, una biografía cuyo eje principal son el libro Memorias de abajo (Alpha Decay, 2017, traducción de Francisco Torres Oliver), donde la autora cuenta

Los Talbot siempre tienen una extraordinaria capacidad de encontrar personajes femeninos ricos en matices y dignos de rescatar de la intrahistoria. El caso de Leonora Carrington, nombre que a menudo se obvia cuando se habla de las auténticas vanguardias artísticas de entreguerras, es uno de ellos. De recibir una educación privilegiada en Inglaterra a vivir la vanguardia parisina de los años treinta, donde se fraguaría una apasionada relación sentimental con el artista Max Ernst, hasta su retiro final en México, Leonora Carrington vivió en primera persona algunas de las situaciones más complicadas de la historia del siglo XX en Europa: el advenimiento de la guerra en Europa y la guerra civil española. Leonora tuvo una tumultuosa vida en la que hubo de huir a España, fue internada en un manicomio de Santander, sufrió varios episodios psicóticos que marcarían su vida y, para más inri, fue víctima de una espantosa violación cuyas consecuencias resonarían para siempre en su cabeza.  

Por este fresco que es una verdadera muestra del siglo XX pasan artistas como el mencionado Ernst, Picasso, Remedios Varo, Dalí, Lee Miller... Tanto la historia, como el guion y la paleta de colores utilizada por la pareja Talbot demuestra un profundo conocimiento de la obra pictórica y literaria de la Leonora. El propio surrealismo en el que se vio envuelta Carrington da la clave a los Talbot para reinterpretar sus pasajes más oscuros. Aunque hay que decir también una cosa: hay tanto por contar, y tan interesante (imprescindible la lectura de las notas finales, con las referencias bibliográficas a todo lo que se desribe en el cómic), que a veces los autores se ven obligados a hacer elipsis, en mi opinión, demasiado extremas (quizá de no ser así, el cómic hubiera tenido el doble de extensión). Pero eso no es algo que lastre la obra. Muy acertadamente, Mary Talbot sabe prescindir de grandes bloques de texto que dirijan la narrativa, y son los personajes y sus acciones los que la hacen avanzar. De manera que Armada de locura es una obra que se lee de forma muy amena. Una nueva adición a esas biografías de mujeres que apuntábamos al principio que vale mucho la pena, sobre un personaje que también vale la pena recuperar. 

10 agosto 2026

'Space Scouts', de Matt Kindt y David Rubín (Astiberri)


El tándem Matt Kindt lleva tiempo colaborando juntos: primero fue Ether y tras ello Cosmic Detective, dos cómics que se entregaban a una ciencia-ficción llena de acción, casi al servicio del insultante talento de Rubín. Ahora llega la edición española de la tercera colaboración de esta pareja: Space Scouts, una nueva obra cerrada que Astiberri publica en gran formato.

En Space Scouts conoceremos el concurso galáctico homónimo, donde centenares de jóvenes se enfrentan a unas pruebas físicas y mentales excepcionales para ganar el privilegio de convertirse en Space Scout, los protectores de élite de los Planetas Unidos. Unos lo hacen por la fama, otros por sus ideales y otros pensando en sus planetas natales, que ganarán una importante suma de dinero. 

Así pues, una joven Ember, procedente de un modesto planeta agrícola al estilo de Tatooine, recibe la noticia de que ha sido seleccionada. No es lo que ella haría, pero la presión que siente por no fallarle a su planeta es muy grande. Contrariamente a lo que ella querría, va avanzando en la competición hasta llegar a lo más alto... y desvelar cuál es el destino real de los Space Scouts.

Matt Kindt entrega una nueva obra de ciencia-ficción clásica, de aventura y un personaje que recorre el camino trágico del héroe. Sus influencias claras son todo el género de "concursos de supervivencia" (Perseguido, Battle Royale... o como referencia más moderna, El juego del calamar), con algunos préstamos de El juego de Ender y Starship Troopers. No puedo decir que sea la obra más original que he leído en este sentido, pero mantiene la intriga durante toda la serie. 

Space Scouts tiene, narrativamente, una serie de decisiones arriesgadas por parte de Kindt: le dedica mucho espacio a la construcción de personajes (el equipo de personajes que se enfrentará en el concurso - personajes que luego serán aniquilados muy rápidamente), pero luego, a veces, la historia parece acelerarse sin motivo aparente (como en la última parte del concurso, o el final de la obra). Quizá la causa de ello es la división en tres capítulos de la obra. Me da la impresión de que la resolución es muy rápida y algo descompensada en el conjunto general. 

En lo tocante a lo visual, tenemos a David Rubín en estado de excepción. Las composiciones abiertas de página, el maravilloso trabajo de color desbordante a cada página, la imaginería visual que despliega, las escenas de acción ilustradas de forma soberbia y brutal, no exentas de escenas escabrosas... hasta detalles tan nimios como la separación "volcánica" de las viñetas en la presentación de Krystal, o la que hacen las propias patas de Aye-Aye en su flashback... o ese personaje sospechosamente parecido a Frank Miller. Todo el conjunto, desde la portada a la separación de capítulos, es una maravilla para la vista. 

Completa el tomo una serie de portadas originales USA y alternativas, unos dossieres sobre los principales personajes y el estudio de personajes de Rubín.  En suma: obra de género que los amantes de la ciencia-ficción disfrutarán, mucho más si, además, aprecian el dibujo de uno de nuestros dibujantes más internacionales. 

08 agosto 2026

'Meseta', de Luis Bustos (Astiberri)


Meseta nos lleva a un road trip cañí. En medio de la noche y en un país en situación excepcional, tres desconocidos, cada uno con una intención diferente, se reúnen para compartir una especie de cabify que cruce la Península... El primer problema será evitar los controles policiales de las autovías... Pero eso será sólo el principio de una noche infernal.

Luis Bustos, que ha colaborado frecuentemente con guionistas como David Muñoz (Rayos y centellas, Residuos) o la pentalogía llevada a la gran pantalla ¡García! (con Santiago García). Pero como autor completo tiene auténticas joyas: sin ir más lejos, Endurance, su versión de la historia de la expedición de Shackleton (reseña aquí), o Versus, sobre un texto de Jack London (reseña aquí). Y ahora se añade este Meseta, este road cómic que es a la vez cómic de acción, película de terror setentera y alegoría de una sociedad donde actualmente la extrema derecha avanza sin freno. 

Aquí encontraremos al Bustos más Bustos, y sin embargo, podemos apreciar en su dibujo desbocado su amor por Kirby, por Ditko, pero también por el manga (¿apocalipsis final al estilo Otomo? ¡compro!). El autor se ha puesto a prueba, al igual que sus protagonistas en este tour de force completamente oscuro, trazando los visos de una España en toque de queda, la España mesetaria de los locales de alterne de carretera, los olivares vacíos y las ruinas de iglesias ocupadas por algo mucho peor que los temidos okupas. Una aventura vibrante, que se lee de una tacada y que se disfruta de principio a fin.

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