12 agosto 2026

'El vecino 4', de Santiago García y Pepo Pérez (Astiberri)


[Atención: esta reseña puede contener spóilers graves] Cuando Santiago García y Pepo Pérez iniciaron El vecino (ver post relacionado aquí), su idea era recrear el tropo del superhéroe y su identidad secreta en clave personal, y de ahí tuvimos los tres primeros volúmenes, que aparecieron entre 2004 y 2019, más otro volumen de historias cortas. Siete años más tarde, el tándem nos sorprende con un cuarto volumen (¿final?), en formato apaisado, de la historia de Javier alias Titán, y su vecino funcionario José Ramón.

Curioso, muy curioso este cuarto volumen. Hace tiempo que leí las recopilaciones de Astiberri, pero creo que éste rompe un poco la dinámica de los demás. Si los dos volúmenes anteriores era una demostración de que el género de superhéroes es más bien un medio, una herramienta con la que contar todo tipo de historias, y aprovechaba para el desarrollo de tramas relacionadas con los personajes, en esta entrega García y Pérez se centran no tanto en la historia que cuentan, como en la gramática del género de superhéroes y su intención de (re)pensarla al mismo tiempo que juegan con ella.

Esto es: en primer lugar, el formato apaisado. Creo que es una decisión estética muy meditada que busca poner énfasis en lo visual. Otro tanto para las planificaciones de página: muchas veces nos encontraremos con splash-pages, páginas de 2, ¡y hasta de cuatro cuerpos (desplegados)!, como hemos visto en momentos puntuales de obras de Grant Morrison o Frank Miller. Precisamente Frank Miller es la referencia obligada en este volumen. García y Pérez (sobre todo este último, que lo ha estudiado a fondo y ha publicado artículos académicos e incluso su tesis doctoral sobre el autor) conocen perfectamente los recursos del creador de Sin City, y aquí se vuelcan en un cómic que tiene mucho de homenaje y algo de usar sus herramientas en la misma dirección que Miller en, sobre todo, DK2 y DK3

En su rocambolesca historia de facciones malignas que convergen todas en un mismo punto de la ciudad, muy al estilo Stan Lee/Jack Kirby, esta entrega de El vecino creo que busca la reflexión sobre los límites del género de superhéroes, y en sus convenciones llevadas al extremo. En lo que respecta a los límites de lo explícito: el género nos tiene acostumbrados a un gran nivel de violencia, pero no (al menos hasta las relecturas modernas del género) a sus consecuencias: no sólo a un nivel simpático, como el taxista que se queja de la destrucción de su taxi (y la posterior secuencia homenaje a los cómics Bruguera), sino que también tenemos amputaciones, golpes salvajes y muertes ultraviolentas. También en cuanto a lo que no es meramente violencia: Lamia bajándose la ropa y orinando en la cara de su agonizante enemigo. Otro tema que explora: nuestras tragaderas en lo que respecta al "deus ex machina", como con la llegada del Fantasma Azul para acabar con Lamia. 

Habría muchísimo que decir de El vecino 4. No ya sobre la historia que cuenta, que como hemos dicho es una aventura en la vena más clásica del género, sino en cómo se usa ese incipit para subvertirlo y convertirlo en un viaje en el que lo visual es la clave. El uso del color estridente, de las onomatopeyas que gritan, de los cambios súbitos de registro en el dibujo, de las elipsis algo más abiertas de lo habitual en el género... En el DK2 y DK3, Frank Miller demostró a los lectores que los cánones visuales del género podían ser subvertidos. Aquí pasa algo parecido. Siguiendo su estela (porque la deuda con Miller aquí es obvia), El vecino 4es un cómic de superhéroes que no se toma en serio a sí mismo, con humor negro, secuencias de color y planificación sesentera, o la tranquilización final de un Titán fuera de sí... a base de sexo. 

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