Ambientada en un Japón sumido en la guerra, la obra sigue a un grupo de artistas de feria —de los que hoy denominaríamos freaks, cuerpos considerados “anómalos”— que, lejos de ser tratados como simples símbolos de sufrimiento, se convierten en una familia profundamente humana. Recorren el país ofreciendo su espectáculo, pese a las estrecheces que pasan por culpa del conflicto bélico, pero las cosas cambiarán cuando se ven empujados a ir tras la pista de una criatura mítica (el kudan) que conoce el futuro y no puede mentir.
La autora, Yoko Kondo (1957), transforma el relato original de Yasumi Tsuhara (1964-2022) en una delicada experiencia visual. Al mismo tiempo que su trazo, deudor del feísmo del género, lo supera y le da una apariencia más amable, la destreza de Kondo estriba, sobre todo, en el uso del espacio y de la composición sobre los propios diálogos. Como en Una mujer y la guerra, hay una tristeza suspendida en cada página, pero también una extraña serenidad, y ambas las consigue la autora con el dominio de los elocuentes silencios.
Lo más interesante es cómo la obra desdibuja sus propios límites. En un gekiga no esperamos encontrar elementos fantásticos, y aquí la búsqueda de una criatura mágica (el kudan) por parte de la familia de freaks hace irrumpir un realismo mágico inesperado al lector, que se ve arrastrado a un terreno incierto donde lo posible y lo imposible conviven sin jerarquía. Pero ese elemento fantástico funciona, sobre todo, a nivel simbólico, como la barca del título, que deja de ser solo un escenario para convertirse en metáfora de un destino colectivo, de un Japón flotando entre versiones de sí mismo.
El resultado es una historia que rehúye las respuestas fáciles. La propia autora se encontraba ante un gran reto a la hora de adaptar el texto de Tsuhara, el cual también manifestó sus dudas sobre cómo podría tener sentido un manga sobre su obra. Si el gekiga es en el fondo un género que podría resumirse en "el ser humano, en busca de un sentido", La barca de los cinco colores podría ser su epítome. Porque, desde ese colectivo de freaks que se han reunido y formado una familia por encima de los lazos de sangre, pasando por las individualidades de esa familia -o del médico que les atiende y aconseja-, todos buscan su destino: el kudan es una forma de preguntarle a la pitia sobre ese destino, y los diferentes "mundos" que la criatura fantástica propone, las encrucijadas de la fortuna. Como ya hemos dicho, esa barca zozobrante, puede ser también un trasunto del país entero, imagen del mundo flotante (recuerden, el significado literal de "ukiyo-e"), perdido entre la tradición y la modernidad, traicionado por su clase gobernante.
Cuando uno se enfrenta a una obra de estas características ya sabe más o menos qué esperar o en qué mood nos va a disponer. En el caso de La barca de los cinco colores, considero que los autores introducen un factor nuevo -lo fantástico- que hace que el género respire un aire nuevo y revelador.
