16 febrero 2007

Una reflexión personal sobre El joven Lovecraft


Cuando me topé con la idea de El joven Lovecraft, vi que había encontrado un filón que me sorprende que aún no se haya explotado mucho más de lo que lo ha hecho hasta ahora. La posibilidad de jugar con referentes reales y ficticios, y de usar todo un océano de elementos literarios es tan atractiva y a la vez tan amplia, que me asombra que no se haya usado más. Se me ocurre una explicación, y con ella no pretendo parecer presuntuoso o altivo: para jugar con tantos referentes hace falta que uno los haya asimilado antes. Así se explican las obras de Neil Gaiman o las de Alan Moore: no quiero, por el amor de Dios, compararme con estos genios, pero hay que convenir en que, más que guionistas de cómic (y a pesar del gran amor que profesan por el medio), estos dos autores son buenos escritores, y sobre todo, grandes lectores. Como Lovecraft, todo hay que decirlo. Hay muchos casos de guionistas buenos en el cómic, pero pocos de ellos no proceden del mundo endogámico del mismo cómic. En Alan Moore los referentes son muchos más amplios -y ahora estoy pensando en obras como La liga de los caballeros extraordinarios o Promethea-: la literatura se entiende como un todo, se juega con ella, se tuerce, se interpreta o reinterpreta; se acumulan las referencias, pero no por capricho, sino que todo tiene un sentido. Algo parecido pasa en ciertos grupos de música (Therion, Tool), donde las referencias herméticas y los significados ocultos tienen una gran importancia en el resultado final. Todo esto no hace sino estimular al lector, incitarle a encontrar aquello que se oculta tras la superficie, darle a entender que más allá de unos dibujos (sonidos, en el caso de la música) hay algo más que espera a ser revelado. La obra se convierte así en el símbolo de algo mayor.
Puede parecer ahora que todo esto son palabras mayores, y que no tengan nada que ver con El joven Lovecraft. Ni siquiera que estoy seguro de que eso se capte bien en nuestra obra, pero mi intención al escribirla es trascender los límites de la tira cómica en sí e ir más allá: escribir el equivalente al Aenima de Tool en cómic, por pretencioso que suene y por imposible que resulte después. Pero ésa era la intención (y ya decía un escritor que los ideales no están para conseguirlos, sino para vivir de ellos). Espero con el tiempo llegar a un resultado que me satisfaga.

1 comentario:

maialavida@sants3radio.cat dijo...

y q representa el aenima de tool?

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