
La reacciones no se hicieron esperar. El autor, comprensiblemente deseoso de no querer fomentar una polémica que no entendía, escribió en su blog unas disculpas, a mí modo de ver totalmente innecesarias. Dolmen por su parte también ha contestado con un comunicado oficial.
Con los días, al destaparse la polémica, la web ha cerrado los comentarios y borrado algunos ya publicados, entre ellos el mío. Con esta boba pataleta más cercana a los tiempos del índice de libros prohibidos de la Inquisición o del franquismo, lo único que ha conseguido la web ha sido darle una publicidad gratuita fantástica a Dolmen y a su libro. Desdramaticemos el asunto, que sólo se trata de una ficción y peores cosas vemos a diario en televisión. Dudo mucho que la fe de nadie se vea afectada por la lectura de un relato de zombies.
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